Movimiento de los Focolares

Palabra de vida – Julio 2017

Fatigados y sobrecargados: palabras que nos sugieren la imagen de personas –hombres y mujeres, jóvenes, niños y ancianos– que de distintos modos llevan pesos a lo largo del camino de la vida y esperan que llegue el día en que se puedan liberar de ellos. En este pasaje del Evangelio de Mateo, Jesús les dirige una invitación: «Venid a mí…». Jesús tenía a su alrededor a la muchedumbre que había venido a verlo y a escucharlo; muchos de ellos eran personas sencillas, pobres, con poca formación, incapaces de conocer y respetar todas las complejas prescripciones religiosas de su tiempo. Además pesaban sobre ellos los impuestos y la administración romana, una carga muchas veces imposible de sobrellevar. Se encontraban en apuros y buscaban a alguien que les ofreciese una vida mejor. Con su enseñanza, Jesús mostraba una atención especial por ellos y por todos los que estaban excluidos de la sociedad porque se los consideraba pecadores. Él deseaba que todos pudiesen comprender y acoger la ley más importante, la que abre la puerta de la casa del Padre: la ley del amor. Pues Dios revela sus maravillas a quienes tienen un corazón abierto y sencillo. Pero Jesús nos invita hoy, también a nosotros, a acercarnos a Él. Él se manifestó como el rostro visible de Dios, que es amor, un Dios que nos ama inmensamente tal como somos, con nuestras capacidades y nuestras limitaciones, nuestras aspiraciones y nuestros fracasos. Y nos invita a fiarnos de su ley, que no es un peso que nos aplasta, sino un yugo ligero capaz de llenarles el corazón de alegría a cuantos la viven. Esa ley requiere que nos comprometamos a no replegarnos sobre nosotros mismos, sino a hacer de nuestra vida, día a día, un don cada vez más pleno a los demás. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso». Jesús también hace una promesa: «…os daré descanso». ¿De qué modo? Ante todo, con su presencia, que se hace más neta y profunda en nosotros si lo elegimos como punto firme de nuestra existencia; y luego, con una luz especial que ilumina nuestros pasos de cada día y nos hace descubrir el sentido de la vida incluso cuando las circunstancias externas son difíciles. Si además comenzamos a amar como Jesús mismo hizo, encontraremos en el amor la fuerza para seguir adelante y la plenitud de la libertad, porque de esta manera la vida de Dios se abre paso en nosotros. Escribe Chiara Lubich: «Un cristiano que no esté siempre en la tensión de amar no merece el nombre de cristiano. Porque todos los mandamientos de Jesús se resumen en uno solo: amar a Dios y al prójimo, en quien vemos y amamos a Jesús. El amor no es un mero sentimentalismo, sino que se traduce en vida concreta, en servir a los hermanos, en especial a los que tenemos al lado, y empezar por las pequeñas cosas, por los servicios más humildes. Dice Carlos de Foucauld: “Cuando amamos a alguien, estamos realmente en él, estamos en él con el amor, vivimos en él con el amor; ya no vivimos en nosotros mismos, estamos desapegados de nosotros mismos, fuera de nosotros mismos”1. Y precisamente gracias a este amor se abre paso en nosotros su luz, la luz de Jesús, según su promesa: “El que me ame… me manifestaré a él” (Jn 14, 21). El amor es fuente de luz: amando se comprende más a Dios, que es Amor»2. Acojamos la invitación de Jesús a acudir a Él y reconozcámoslo como fuente de nuestra esperanza y de nuestra paz. Acojamos su mandamiento y esforcémonos por amar como hizo Él, en las mil ocasiones que nos suceden cada día en la familia, en la parroquia, en el trabajo: respondamos a la ofensa con el perdón, construyamos puentes en lugar de muros y pongámonos al servicio de quienes sienten el peso de las dificultades. Descubriremos que esta ley no es un peso, sino un ala que nos llevará a volar alto. LETIZIA MAGRI _____________________________  

  1. C. DE FOUCAULD, Scritti spirituali VII, Città Nuova, Roma 1975, 110.
  2. Cf. C. LUBICH, «Palabra de vida», mayo 1999: Ciudad Nueva 354 (1999/5), p. 26

 

Nuevo Patriarca greco-católico

Joseph Absi, vicario patriarcal de Damasco, fue elegido para guiar la Iglesia greco-católica. El nuevo Patriarca, que sucede a Gregorio III Laham, de 85 años, estudió Teología en Francia y en Líbano (Harissa), obtuvo una licenciatura en Filosofía en la Universidad estatal libanesa y un doctorado en Música en la Pontificia Universidad de Kaslik. Mons. Absi, quien es miembro de la Sociedad de los Misioneros de San Pablo (Paulinos), es sacerdote desde 1973 y superior general desde 1999. Consagrado obispo en 2001, fue presidente de Cáritas siria promoviendo, con sus colaboradores, más de 40 proyectos en Damasco, Alepo y Hassaké. Uno de los temas al que el nuevo Patriarca melquita es especialmente sensible, es la unidad entre las Iglesias católicas orientales.  

Cruz Peregrina de la GMG 2019

Luego de que llegara a Panamá la “Cruz Peregrina”, donde se desarrollará la Jornada Mundial de la Juventud 2019 (JMJ),el Arzobispo José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A., ha lanzado la iniciativa de «rezar juntos» el día 22 de cada mes, por este importante evento. La oración del pasado 22 de junio ha sido guiada por la comunidad local de los Focolares. A conclusión de la celebración eucarística, el arzopispo ha consignado la “Cruz Peregrina” y un ícono que representa la Virgen María, a los jóvenes de los Focolares. «Ha sido muy bonito recibir la Cruz de la JMJ – escriben los jóvenes – y hemos aprovechado de la ocasión para asegurarle al arzobispo que puede contar con nosotros; ´l nos respondió: “Sí, cuento con ustedes”. Ha sido una fiesta de la familia de la Iglesia!»

Contra el tráfico ilícito y abuso de drogas

Instituída en el 1987 por la Asamblea General de la ONU, el Día Internacional contra el Tráfico Ilícito y Abuso de Drogas se propone sostener todas la acciones posibles, para combatir uno de los peores dramas de nuestro planeta. Según la Relación 2016 del UNODC (United Nations Office on Drugs and Crime), 250 millones de personas de edad entre los 15 y 64 años han hecho uso de sustancias estupefacientes en el año precedente. La campaña se dirige a todos, pero en especial a los jóvenes, que a menudo hablan de los «efectos entusiasmantes” de las drogas, olvidando los muchos “efectos negativos”. El uso de drogas es preocupante y representa una llaga social que pesa en modo grave sobre la sanidad pública, sea en términos de prevención que en tratamientos y curas a causa de los disturbios ligados al uso de drogas..

El Evangelio vivido: Superar las divisiones

El Evangelio vivido: Superar las divisiones

Santa-Terezinha-C-Caris-Mendes-CSCEn la isla de Santa Teresina «Cuando se vive en una situación de miseria extrema, o se cae en la inercia, o se toma otra alternativa, pues existe sólo la violencia. Pero, por el carisma de la unidad comprendí que podía ser un agente de transformación social en mi ambiente: buscar trabajo para los habitantes, ayudar a reconstruir un mocambo, trabajar para que todas las familias tengan agua potable. Dos años más tarde fui elegido presidente de la Asociación de los habitantes de Santa Teresina. Le di continuidad al trabajo de mis antecesores, me ocupé de la transparencia de la gestión pública, haciendo comprender también que si cada uno ayudaba al otro, Dios nos habría ayudado a todos» (J. – Brasil) Cobrador de impuestos «Trabajo como cobrador de impuestos, un trabajo difícil que trato de llevar adelante como un servicio al país. Trato de servir a Jesús en cada persona, creando una relación con cada uno. Hace algunos años fui designado para el Departamento de Investigación y Ejecución. En la práctica, tengo que convencer, al que no está al día, de que pague los impuestos para que no sea sancionado. Ésto es bastante difícil y exige una gran dosis de paciencia. Poco a poco me he ido ganando el respeto de las personas con las que trato, muchas de ellas se han dado cuenta de la necesidad y de los beneficios de estar al día». (A.N. – Kenia) Solidaridad contagiosa «Hace algunos años, una amiga que es asistente social, nos había pedido que alojáramos durante una semana a una joven de diecisiete años casi ciega, que, por varios motivos, no podía quedarse en el Instituto ni volver a la casa de su familia. Después de haber hablado con los hijos, ya adolescentes, decidimos de común acuerdo decir que sí, aunque esta elección significaba algunos sacrificios para cada uno: la casa era ya pequeña para los 4 hijos estudiantes que tenían necesidad de más espacio. Miriam vino a nuestra casa y, ayudada por todos, se integró tan bien que nos ayudó a preparar el cumpleaños de uno de mis hijos que se festejaba en esos días. Ocurrió que en lugar de una semana de alojamiento, fueron tres semanas. La recordamos como un momento fuerte de la familia. Esa experiencia de acogida resultó eficaz años después. Nuestra hija, casada y madre de dos hijos, alojó a un niño desadaptado que, en Pascua, habría quedado sólo en el Instituto. Otro de nuestros hijos, también casado y con tres hijos, recibió para almorzar en Navidad, además de la suegra, una persona enferma mental. La solidaridad es contagiosa». (H.G. Austria)

Giordani: la grandeza del ser humano

Giordani: la grandeza del ser humano

20170625-01A la luz de la fe cristiana el hombre se presenta tal cual es, un ejemplar de Dios. El Creador –enseña el Antiguo Testamento- lo hizo a su imagen y semejanza. Este origen confiere a sus andrajos y a sus llagas, a su rostro, y a su espíritu una belleza sobrehumana. Esta belleza es aún más grande en el cristianismo, porque el hombre no sólo es la imagen de Dios, sino que también como criatura Suya es la criatura digna del Creador, así como la obra de arte es digna del artista. El Omnipotente no podía no hacer seres dignos de sí. En el hombre suscitó una obra de arte, y sólo al verlo da vértigo: al componer una estructura admirable, para perdurar y generar, una inteligencia para iluminar, un corazón para proyectarse sobre otros seres humanos, un alma capaz de ir más allá de los límites espacio-temporales y permanecer, con los ángeles, en la eternidad. El hombre cayó, es verdad, abusando de su libertad; pero también es verdad que ante su caída surgió el más exterminado prodigio del amor divino: la Redención, por medio de la sangre de Cristo. Visto así el hombre –aunque sea un mendigo que se arrastra en la acera o un indígena que vive a miles de miles de millas- es un ser tan grande, tan noble, tan divino que querrías, ante su presencia, inclinarte, ansioso y conmovido, reconociendo en él la majestad de lo que ha imaginado y realizado el prodigio de su creación, el privilegio de la Redención, el objeto de la vida sobrenatural de su naturaleza. Se comprende enseguida qué implica una perspectiva así; lleva a comprender la absurdidad y la imposibilidad de la explotación del hombre, de denigrarlo, de dañarlo, de suprimirlo, sin violentar la Obra de Dios, sin atentar contra el patrimonio del Creador. Es hijo de Dios; y la ofensa es un ultraje al Padre; el homicidio implica un tentativo de deicidio; casi como un asesinato de la esfinge de Dios. El hombre mercantiliza su dignidad cuando se desvía hacia el mal y obra mal. Y entre los pecados está la soberbia que se pone en lugar de la humilde gratitud del hombre al saberse obra de arte de Dios. De la soberbia nace la explotación, que tiene un impacto antisocial; mientras que de la humildad cristiana nace el servicio; y también en este hombre está la copia de ese otro “Hijo de hombre”, “venido no para ser servido sino para servir”. Y aquí tiene lugar la vinculación entre el individuo y la sociedad, su integración, su expansión. El hombre en sí mismo, en abstracto, no existe, existe el padre, el ciudadano, el creyente, etc. Es decir existe el hombre animal social. Pero él entra en la sociedad por un impulso de amor. Porque ama, sale del encierro de su propio ser, y se expande –se integra- en la vida de los demás. Cuando ama, el hombre se revela naturalmente cristiano. Después el cristianismo lo eleva y sostiene este amor, sin el cual la sociedad en lugar de ofrecerle protección, complemento y una alegría para la persona humana, se vuelve una compresión y una mutilación de ella. Puede volverse una amenaza para su dignidad. La explotación social empieza cuando no se ama al hombre; cuando no se respeta su dignidad, porque se ven los músculos y no se ve el espíritu.   Igino Giordani, La società cristiana (La sociedad cristiana), Città Nuova, Roma, (1942) 2010, págs. 32-36