8 Ene 2016 | Sin categorizar
La fecha tradicional para la celebración de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, en el hemisferio norte, es del 18 al 25 de enero. En el hemisferio sur, como enero cae en el período de vacaciones, las iglesias celebran la Semana de oración en otra fecha, por ejemplo en el período de Pentecostés. Aquí se pueden encontrar los textos preparados por un grupo de trabajo mixto de Letonia, nombrado por la Iglesia católica y por el Consejo ecuménico de Iglesias. Las Iglesias cristianas invitan a «encontrar oportunidades en el transcurso de todo el año para expresar el grado de comunión que ya se ha alcanzado entre las iglesias y para rezar juntos para llegar a la plena unidad que es la voluntad de Cristo», según la oración de Jesús al Padre: “para que todos sean una sola cosa”. (Jn. 17) El Movimiento de los Focolares en el mundo está comprometido en promover y sostener los distintos eventos locales que se han programado para celebrar la semana de oración, también a través del testimonio directo de la vida ecuménica entre sus miembros. La frase elegida para la Semana de oración de 2016 también inspira la Palabra de Vida del mes de enero: «Llamados a proclamar las obras maravillosas del Señor» (cfr 1 Pedro 2, 9)
7 Ene 2016 | Sin categorizar
¡Salvator noster natus est! Nuestros augurios de una Santa Navidad a todos los cristianos que el 7 de enero celebran el nacimiento del Salvador. FELIZ NAVIDAD BUON NATALE РОЖДЕСТВО ХРИСТОВO ΚΑΛΆ ΧΡΙΣΤΟΎΓΕΝΝΑ عيد ميلاد سعيد!
30 Dic 2015 | Sin categorizar
«Bruni tenía muy claro hacia donde lo hubiera conducido su razonamiento, si se ubicaba en el límite entre lo humano y lo deshumano y lamentablemente también yendo un poco más lejos, si entraba en el análisis de organizaciones complejas con móviles en los que prevalece lo material. Sabía perfectamente que escribir sobre ellas, es decir, sobre las organizaciones de “producción” y del “mercado” y, por lo tanto, de la creatividad, de las relaciones y del trabajo, lo llevaría a concentrarse también en las organizaciones con móviles ideales y sobre otros movimientos del espíritu humano», colocando ambas «delante del mismo desafío: renovarse sin perder las raíces y el alma». Así escribe Marco Tarquinio, director del periódico católico “Avvenire”, en la introducción del nuevo trabajo “La destrucción creadora”, del economista y filósofo Luigino Bruni. Se trata de un pequeño volumen publicado por la Editorial Cittá Nuova que agrupa una selección de artículos publicados durante el 2015 en el periódico “Avvenire” y extraídos de la serie “Las parteras de Egipto “ y “Regeneraciones”. “Es en las periferias donde se aprende a resurgir”, es el título del último capítulo en el cual Bruni llega a las conclusiones de su trabajo y a los desafíos de su reflexión, que duró varios meses. La frase elegida para introducir sus propuestas es la del poeta alemán Friedrich Hölderlin: “Dios ha creado al hombre como el mar crea los continentes: retirándose”. A modo de presentación, anticipamos algunos pasajes del libro: «Un movimiento que en el tiempo se convirtió en organización puede conocer una nueva primavera carismática, puede resurgir, si en alguna zona marginal del “reino” algunas minorías creativas comienzan a reconstituir las condiciones para revivir el mismo milagro de la primera fundación del carisma: el mismo entusiasmo, la misma alegría, los mismos frutos. El verdadero proceso que lleva a estas minorías a convertirse en mayoría se llama reforma […]. Un proceso decisivo que se debería hacer sin apuro e involucrando y activando los espacios vivos de la creatividad, alcanzándolos “en los confines del imperio”. Todo esto es ciertamente y antes que nada un don total (charis), pero es también sabiduría organizativa, profunda inteligencia espiritual, profética y transformadora. […] Muchas nuevas “evangelizaciones” ocurren cuando, al relatar a los demás la buena noticia, logramos nuevamente y de modo distinto volverla a sentir viva también en nosotros. Es así que renace una nueva-antigua historia de amor, un nuevo eros, nuevos deseos, nueva capacidad de generar, nuevos niños. […]. El carisma entonces puede florecer nuevamente volviendo a encontrar a las personas en las calles, olvidando las propias organizaciones para ocuparse de las heridas y de los dolores de los hombres y de las mujeres de hoy, sobre todo de los más pobres […] interpretando de forma creativa la propia misión en el momento actual».
29 Dic 2015 | Palabra de vida, Sin categorizar
Cuando el Señor actúa, realiza proezas. Apenas hubo creado el universo, vio que era «bueno en gran manera», y el hombre y la mujer le parecieron «muy hermosos» (cf. Gn 1, 31). Pero su última obra supera a todas, es la que realiza Jesús: con su muerte y resurrección ha creado un mundo nuevo y un pueblo nuevo. Un pueblo al cual Jesús le ha dado la vida del cielo, una fraternidad auténtica con la acogida recíproca, el compartir, el don de uno mismo. La carta de Pedro hace que los primeros cristianos sean conscientes de que el amor de Dios los ha convertido en «un linaje escogido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo de Dios» (1 P 2, 9-10). Si también nosotros, como los primeros cristianos, tomásemos conciencia realmente de lo que somos, de lo mucho que la misericordia de Dios ha obrado en nosotros, entre nosotros y en torno a nosotros, nos quedaríamos atónitos, no podríamos contener la alegría y sentiríamos la necesidad de compartirla con los demás, de «anunciar las proezas del Señor». Pero es difícil, casi imposible, testimoniar de modo eficaz la belleza de la nueva «socialidad» a la que Jesús ha dado vida si permanecemos aislados unos de otros. Por eso es normal que la invitación de Pedro vaya dirigida a todo el pueblo. No podemos mostrarnos arrogantes y sectarios, o simplemente indiferentes unos con otros, y luego proclamar: «El Señor ha creado un pueblo nuevo, nos ha liberado del egoísmo, del odio y del rencor, nos ha dado como ley el amor recíproco, que hace de nosotros un corazón solo y un alma sola…». En nuestro pueblo cristiano claro que hay diferencias en el modo de pensar, en las tradiciones y culturas, pero estas diversidades hemos de acogerlas con respeto, reconociendo la belleza de esta gran variedad, conscientes de que la unidad no es uniformidad. Es el camino que recorreremos durante la «Semana de oración por la unidad de los cristianos» –que en el hemisferio norte se celebra del 18 al 25 de enero– y durante todo el año. La Palabra de vida nos invita a tratar de conocernos mejor entre los cristianos de Iglesias y comunidades diversas, a narrar mutuamente las proezas del Señor. Entonces podremos «anunciar» de manera creíble dichas obras, testimoniando que estamos unidos entre nosotros precisamente en esta diversidad y que nos sostenemos de modo concreto unos a otros. Chiara Lubich alentó con fuerza este camino: «El amor es la fuerza más potente del mundo: desencadena la revolución pacífica cristiana en torno a quien lo vive, de modo que los cristianos de hoy pueden repetir aquello que decían los primeros cristianos hace tantos siglos: “Somos de ayer y ya llenamos el mundo”[1]. […] ¡El amor! ¡Cuánta necesidad de amor en el mundo! ¡Y en los que somos cristianos! Todos nosotros juntos, de distintas Iglesias, somos más de mil millones. O sea, muchos, y deberíamos ser bien visibles. Pero estamos tan divididos, que muchos no nos ven ni ven a Jesús a través de nosotros. Él dijo que el mundo nos reconocería como suyos y, a través de nosotros, lo reconocería a Él por el amor recíproco, por la unidad: “En esto conocerán todos que son discípulos míos: si se aman unos a otros” (Jn 13, 35). […] De este modo, el tiempo presente reclama de cada uno de nosotros amor, reclama unidad, comunión, solidaridad. Y llama también a las Iglesias a recomponer la unidad rota desde hace siglos»[2]. FABIO CIARDI [1] Tertuliano, Apologético, 37, 4: «Biblioteca de Patrística» n. 38, Ciudad Nueva, Madrid 1997, p. 144. [2] C. Lubich, Il dialogo è vita, Roma 2007, pp. 42-43.
27 Dic 2015 | Sin categorizar
«Bruni tenía muy claro hacia donde lo hubiera conducido su razonamiento, si se ubicaba en el límite entre lo humano y lo deshumano y lamentablemente también yendo un poco más lejos, si entraba en el análisis de organizaciones complejas con móviles en los que prevalece lo material. Sabía perfectamente que escribir sobre ellas, es decir, sobre las organizaciones de “producción” y del “mercado” y, por lo tanto, de la creatividad, de las relaciones y del trabajo, lo llevaría a concentrarse también en las organizaciones con móviles ideales y sobre otros movimientos del espíritu humano», colocando ambas «delante del mismo desafío: renovarse sin perder las raíces y el alma». Así escribe Marco Tarquinio, director del periódico católico “Avvenire”, en la introducción del nuevo trabajo “La destrucción creadora”, del economista y filósofo Luigino Bruni. Se trata de un pequeño volumen publicado por la Editorial Cittá Nuova que agrupa una selección de artículos publicados durante el 2015 en el periódico “Avvenire” y extraídos de la serie “Las parteras de Egipto “ y “Regeneraciones”. “Es en las periferias donde se aprende a resurgir”, es el título del último capítulo en el cual Bruni llega a las conclusiones de su trabajo y a los desafíos de su reflexión, que duró varios meses. La frase elegida para introducir sus propuestas es la del poeta alemán Friedrich Hölderlin: “Dios ha creado al hombre como el mar crea los continentes: retirándose”. A modo de presentación, anticipamos algunos pasajes del libro: «Un movimiento que en el tiempo se convirtió en organización puede conocer una nueva primavera carismática, puede resurgir, si en alguna zona marginal del “reino” algunas minorías creativas comienzan a reconstituir las condiciones para revivir el mismo milagro de la primera fundación del carisma: el mismo entusiasmo, la misma alegría, los mismos frutos. El verdadero proceso que lleva a estas minorías a convertirse en mayoría se llama reforma […]. Un proceso decisivo que se debería hacer sin apuro e involucrando y activando los espacios vivos de la creatividad, alcanzándolos “en los confines del imperio”. Todo esto es ciertamente y antes que nada un don total (charis), pero es también sabiduría organizativa, profunda inteligencia espiritual, profética y transformadora. […] Muchas nuevas “evangelizaciones” ocurren cuando, al relatar a los demás la buena noticia, logramos nuevamente y de modo distinto volverla a sentir viva también en nosotros. Es así que renace una nueva-antigua historia de amor, un nuevo eros, nuevos deseos, nueva capacidad de generar, nuevos niños. […]. El carisma entonces puede florecer nuevamente volviendo a encontrar a las personas en las calles, olvidando las propias organizaciones para ocuparse de las heridas y de los dolores de los hombres y de las mujeres de hoy, sobre todo de los más pobres […] interpretando de forma creativa la propia misión en el momento actual».