Movimiento de los Focolares

Castel Gandolfo: congreso internacional de adherentes de los Focolares

«La unidad», punto fundacional de la espiritualidad del Movimiento de los Focolares, será profundizada durante estos días, con experiencias de varias ciudades, en las cuales la espiritualidad vivida provoca una incidencia en el propio territorio. Es el caso, entre otras muchas más, sólo para nombrar algunas, de la comunidad de Sszeged, en Hungría, o de Loppiano, en el Valdaron toscano; y también de Gran Bretaña en el tema Ecumenismo, y del Brasil en el área social. Entre los temas que se tratarán, está el aspecto de las comunicaciones como instrumento para llegar a la unidad; de los diálogos, en particular en el campo ecuménico e interreligioso, y el compromiso del Movimiento de los Focolares por la paz. Está anunciada la asistencia de personas mayormente de Italia, pero también asistirán de Francia, Hungría, Grecia e Inglaterra. El próximo congreso, -sobre los mismo temas- tendrá lugar del 3 al 5 de marzo. Por mayor información y para inscribirse:  info@focolare.org www.centromariapoli.org

Castel Gandolfo: Congreso de los Obispos

Unos sesenta Obispos procedentes de distintas partes del mundo se reencontrarán en Castel Gandolfo para profundizar la comunión entre ellos, compartir experiencias y reflexionar sobre el tema de la unidad, elemento central del carisma de los Focolares. El programa continuará, para quien lo desee, hasta el 28 por la tarde con una visita a la ciudadela internacional de Loppiano.

Apertura de las Puertas Santas. Entrevista a Maria Voce

Apertura de las Puertas Santas. Entrevista a Maria Voce

20151214MariaVoceTV2000Bel tempo si spera”, transmisión del canal de televisión católico TV2000, ha dedicado el programa del 14 de diciembre a los temas del Jubileo. Y lo ha hecho acompañando a los telespectadores en un viaje por las catedrales del mundo, al día siguiente de la apertura de las Puertas Santas. Maria Voce estaba en el estudio, invitada por la presentadora Lucia Ascione. Entre una y otra etapa de esta simbólica gira, se encamina un diálogo que se extiende sobre los más variados temas, a partir del significado del Jubileo. «El año de la misericordia – declara Maria Voce – renueva el valor de creer que Dios es Amor. Pienso que en este momento en el que parece que todo se ha hecho relativo, haga falta precisamente un retorno a lo esencial, creer en el Amor». Y en otro pasaje: «Lamentablemente la cultura actual habla de rabia, de reivindicaciones, de derechos violados, todas cosas que producen tristeza, abatimiento. Nosotros queremos aportar confianza, perdón, amor recíproco. Queremos mirar al mundo como una familia, la familia de los hijos de Dios. Y Dios es misericordia, Dios es Amor». «Me gusta recordar – continúa la presidente – que el Papa no ha abierto ‘la’ Puerta Santa, sino muchas Puertas Santas. También la puerta de la celda en una cárcel, ha dicho Francisco, puede ser una Puerta Santa. Es precisamente la señal del amor misericordioso del Padre que espera el regreso de todos, sin exclusión de nadie». Lucia Ascione recuerda las palabras del papa Francisco en el Angelus del día anterior en relación al diálogo de los Focolares con los musulmanes, Maria Voce afirma: «Esta conciliación entre personas de distintas religiones que nosotros experimentamos no es de ayer, sino que se construye día tras día, en el tiempo y por todas partes, a través de relaciones de amistad; en el respeto de las diferencias». «Si es tan sencillo para ustedes – alega Ascione – ¿por qué es tan difícil para el mundo? » Maria Voce: «El Papa ha dicho que lamentablemente hay mucho amor propio. Por el contrario hace falta saber ir más allá, estar dispuestos a acoger al otro aun cuando sea distinto. Es un amor que se aprende ejercitándolo, yendo al encuentro del otro. Ciertamente, la diversidad nos asusta, nos asusta a todos. Un temor que puede vencerse solamente con el amor. Empuñar las armas no conduce a ningún resultado ». «Usted estuvo en la ONU – pregunta la presentadora – y se ha visto allí delante de todos. ¿Qué hizo, presidente? ». «Les dije que era necesario convertirse, pero no con las palabras. Que es necesario considerar el diálogo no como uno de los muchos caminos, sino como el único factible. Es difícil aceptar esta visión porque no se ha comprendido el ‘escándalo de la cruz’. La misericordia nos lleva a hacer la parte del otro, como hizo Jesús que murió por cada uno de nosotros». «Es la experiencia – explica Maria Voce a propósito de los refugiados – que hacemos cotidianamente con todos aquellos que llaman a nuestras puertas. Recientemente han llegado 170 menores no acompañados a nuestra ciudadela de Holanda y los hemos acogido». Y recordando las palabras del comunicado que Maria Voce había difundido después de los sucesos de París, Ascione pregunta: «¿Qué quería decir con preguntarse si verdaderamente se había hecho todo lo que se debía hacer, para evitar reacciones tan violentas? » «Muchas veces nos quedamos impresionados por los sucesos más cercanos, olvidándonos de otros lugares en los que la tragedia de la guerra se vive cotidianamente. Allí tenemos a nuestras comunidades y sabemos que todavía es posible que construyamos algo. Tenemos médicos que ante un herido no hacen distinción ya sea cristiano o musulmán; si falta el agua quien tiene un pozo lo pone a disposición de todos, más allá de la religión que practiquen. Quizás no sabemos hacernos las preguntas adecuadas. Por esto nosotros hemos querido ser los primeros en interrogarnos. Quizás durante años no nos hemos interesado profundamente. Saber hacerse un examen de conciencia es los que puede abrir a la esperanza. Y frente a quien sufre, a quien es pobre, es necesario no tener miedo de abrir el corazón. Es necesario no tener miedo de abrir los bolsillos y las carteras y, viviendo en la sobriedad y en el respeto de lo creado, ver a los demás como hermanos de una misma familia.»

Giordani: la misericordia en el «Magnificat»

Giordani: la misericordia en el «Magnificat»

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«El Magnificat», vitral, comunidad de Taizé

En el centro de este potente himno que es el Magnificat, que expresa el ímpetu de los profetas con la profecía de la redención, está también expresada una referencia a la misericordia divina, que puede parecer un agregado retórico. Me parece que, en cambio, la alusión a la misericordia del Padre, en el centro del himno, tiene un valor capital, y contiene la explicación de la concisa, exuberante lista de hechos divinos, que dan una belleza inaudita e inmediatez constante a la improvisación poética de la jovencita quinceañera, que custodiaba y maduraba en su seno a Jesús. En la primera parte, María exalta al «Potente que hizo grandes cosas» en su «sierva», de modo que todas las generaciones futuras, la declararán bienaventurada. Dios hizo el milagro de la encarnación del Verbo en una joven pobre, humilde, de un desconocido pueblo de Israel; de donde llegará la salvación para la humanidad de todos los tiempos. Por lo tanto ella observa: «su nombre es santo – y su misericordia (va) de generación en generación…» La redención nace pues, de un acto de piedad del Padre divino hacia los hombres. Si él ha realizado ese prodigio de amor, que sólo un Dios podía realizar, que consiste en el nacimiento del Hijo en la tierra a través de una jovencita del pueblo y de hacerlo morir en un patíbulo por el bien de la humanidad, se debe a un acto de misericordia, se debe a un milagro de esa misericordia, que es el amor elevado al máximo grado. Esto exige que se perdone al hermano no hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete: prácticamente siempre, hasta el infinito; que se lo ame hasta dar la vida por él. Dios «ha socorrido a Israel, su siervo, – recordándose de la misericordia…». En síntesis, todo, en el gobierno divino, conduce a la misericordia. Y se verá confirmado y aclarado posteriormente en la conducta de ese Jesús, en nombre de quien María habla, sea cuando le dará de comer a las multitudes y curará enfermos, sea cuando echará a los mercaderes del templo y gritará palabras ásperas contra los fariseos y los soberbios. Es el himno de la total revolución cristiana. Pero el aspecto más revolucionario de ella está justamente en su principio: la misericordia. Por ella no destruye, sino que crea, porque el amor de Dios y del hombre no produce más que bien. El Magnificat precisa las directivas del proceso de evolución, cambio y renacimiento, en que social y políticamente, además de espiritualmente, se traduce el ideal evangélico. Un cambio que parte del amor, y se concreta en la misericordia. Un ideal similar asume hoy un carácter de urgencia y de actualidad nuevas. Irrumpen de todas partes ideologías y protestas, guerrillas y revoluciones: surgen aspiraciones grandes y hermosas y se introducen también programas destructivos de odio. María enseña cómo orientar y construir esta revolución. Es una mujer, la madre de Dios, que enseña con la palabra y la vida: la vida de la madre de la misericordia. El ejemplo de ella vale tanto más, hoy, cuanto más se revaloriza la femineidad.   María nos enseña el camino de la misericordia. Hoy día es evidente la inutilidad y lo absurdo de las guerras, es decir del odio, y la necesidad de sistemas racionales, elaborados mediante acuerdos, diálogo y, sobre todo, mediante intervenciones y dones, de quien puede en favor de quien no puede. Lo vemos: el envío de armas y dinero favoreciendo a éste o a aquél pueblo sirve para alimentar los conflictos, donde la gente sufre, agoniza y muere; y se depositan semillas de odio contra los mismos donadores. La perspectiva de esta jovencita, que entona entre la gente pobre el Magnificat , es decir el método de la misericordia, es una perspectiva de inteligencia divina y humana, la única capaz de resolver el problema de un mundo amenazado por una última definitiva catástrofe, provocada por la estupidez del odio, la droga del suicidio. En síntesis, para volver a tener la paz y el bienestar, es necesario que nosotros curemos las llagas materiales y morales de los que sufren, sea de esta parte o de la otra parte del Océano, sean de Europa o de Asia, de América o de África, usando una piedad, fruto de la comprensión; una caridad que no es debilidad, sino abolición de las injusticias y de los egoísmos para lograr que la coexistencia sea una convivencia, de las naciones, una familia. Así lo quiere Jesús, el hijo de María, como asegura también su Madre. Igino Giordani, en «Mater Ecclesiae» n. 4/1970 www.iginogiordani.info