Salvaguardia de lo creado: sonreír al mundo
No hubo ningún anticipo sobre la encíclica del papa Francisco sobre la Creación, pero sí una gran expectativa por el documento que será presentado al inicio de junio. “El mundo espera escuchar su enseñanza y lo que dirá en la encíclica y en su discurso a la Asamblea de las Naciones Unidas el próximo 25 de septiembre”, declara Jeffrey Sachs, director de la agencia de la ONU para el desarrollo sostenible (UN sustainable Development Solutions Networks), entre los promotores de la cumbre, junto a la Academia Pontificia de las Ciencias participa ‘Religiones por la Paz’, de las cuales María Voce es una de las co-presidentes. Está presente el secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon, el presidente de la República italiana Sergio Mattarella y de la República de Ecuador, Rafael Vicente Correa.
Es un congreso que ha reunido a científicos, ecologistas, premios Nobel, líderes políticos y religiosos, para profundizar en el debate sobre los cambios climáticos y el desarrollo sostenible, precisamente en preparación a la presentación de la encíclica. El eje temático de la jornada es la dimensión moral del compromiso a favor del desarrollo sostenible. Es por eso que el hecho de haber involucrado a las comunidades religiosas, muy distintas entre ellas; es una novedad recibida como un buen auspicio. Para María Voce, de esta cumbre emerge una “nueva conciencia de que para obtener algo positivo es necesario trabajar juntos, porque nadie, por sí solo, tiene la receta para salir de las más dramáticas situaciones. Señala que la humanidad tiene en sí misma la capacidad de salir de las crisis, pero lo puede hacer sólo en sinergia con todos los componentes. Está surgiendo la necesidad recíproca de escucharse y hacer las cosas juntos”.
Y las respuestas que se encuentran no pueden ser sólo técnicas, sino que deben estar basadas en la dimensión moral, y orientadas al bienestar de la humanidad, como dijo el Card. Turkson, presidente del dicasterio Justicia y Paz. El progreso económico, científico, tecnológico ha introducido estilos de vida inimaginables por nuestros predecesores, pero también tiene “lados oscuros y costes inaceptables”. “Mientras la sociedad global se define sobre valores como el consumo y sobre indicadores económicos, el privilegiado de turno es torpe ante el grito de los pobres”. “Sobre 7 mil millones de personas, 3 viven en condiciones de pobreza, mientras que una élite consume una buena parte de los recursos”. Y se termina inevitablemente con el tema de la comida, que será el centro de la Expo mundial del 2015, y que ya está a las puertas. Tukson denuncia con fuerza la explotación laboral, el tráfico humano y las modernas formas de esclavitud. El papa Francisco deplora esta “cultura del descarte” y la “globalización de la indiferencia”, recordó el cardenal. “La Iglesia no es experta en ciencia, ni en tecnología, ni en economía”. –declara- “pero es experta en humanidad”. Para vencer el desafío del desarrollo sostenible “es necesaria la misma conversión, la transformación personal y la renovación que invocó hace 50 años Pablo VI y que hoy promueve el papa Francisco”. “Una posibilidad para actuar concretamente se nos ofrece a través de una iniciativa inspirada en el proyecto de Eco One”, explica María Voce en una entrevista. “Se trata del ‘Dado de la Tierra’. En las seis caras incluyen frases que ayudan a vivir la tutela del ambiente: ¡sonríe al mundo!, ¡descubre la belleza! También enseña a vivir la sobriedad, a tomar sólo lo necesario, como hacen los árboles. Se trata de gestos cotidianos, de actos concretos: no desperdiciar el agua, reciclar los desechos, reutilizar las cosas. La última cara dice: ahora es el momento, no esperes a mañana. Estas sencillas iniciativas pueden sostener a quienes quieren poner en práctica lo que dice el Papa, pero no saben cómo hacer”.
Palabra de Vida – Mayo 2015
Cuando el Señor se apareció a Moisés en el Monte Sinaí, proclamó su propia identidad llamándose «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad» (Ex 34, 6). Para indicar la naturaleza de este amor de misericordia, la Biblia hebrea utiliza una palabra, raḥămîm, que se refiere al vientre materno, el lugar de donde proviene la vida. Al darse a conocer como «misericordioso», Dios muestra la premura que siente por toda criatura suya, semejante a la de una madre por su niño: lo quiere, está cerca de él, lo protege y se preocupa por él. La Biblia usa también otro término, ḥesed, para expresar otros aspectos del amor-misericordia: fidelidad, benevolencia, bondad y solidaridad.
También María canta en su Magnificat a la misericordia del Omnipotente, que se extiende de generación en generación (cf. Lc 1, 50).
El propio Jesús nos habló del amor de Dios, a quien reveló como un «Padre» cercano y atento a cualquier necesidad nuestra, dispuesto a perdonar, a dar todo aquello que necesitemos, que «hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos» (Mt 5, 45). Su amor es en verdad «rico» y «grande», tal como lo describe la carta a los Efesios, de la que está tomada la palabra de vida:
«Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo».
Pablo casi grita de alegría al contemplar la acción extraordinaria que Dios ha realizado con nosotros: estábamos muertos y nos ha hecho revivir, y así nos dio una nueva vida.
La frase comienza con un «pero» para indicar el contraste con lo que Pablo había observado anteriormente: la condición trágica de la humanidad, abrumada por culpas y pecados, prisionera de deseos egoístas y malvados, bajo el influjo de las fuerzas del mal y en abierta rebelión contra Dios. En esta situación merecería que se desencadenase su ira (cf. Ef 2, 1-3). Sin embargo, Dios, en lugar de castigar –y de ahí el gran estupor de Pablo– le da vida, no se deja guiar por la ira, sino por la misericordia y el amor.
Jesús ya había revelado este actuar de Dios al relatar la parábola del padre de los dos hijos que recibe con los brazos abiertos al más joven, sumido en una vida inhumana. Y lo mismo con la parábola del pastor bueno que va a buscar a la oveja perdida y se la carga sobre los hombros para llevarla de nuevo a casa; o la del buen samaritano, que le cura las heridas al hombre que había caído en manos de unos bandidos (cf. Lc 15, 11-32; 3-7; 10, 30-37).
Dios, Padre misericordioso, simbolizado en las parábolas, no solo nos ha perdonado, sino que nos ha dado la misma vida de su hijo Jesús y nos ha dado la plenitud de la vida divina.
De ahí el himno de gratitud:
«Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo».
Esta palabra de vida debería suscitar en nosotros la misma alegría y gratitud que en Pablo y en la primera comunidad cristiana. Dios también se muestra «rico en misericordia» y «grande en el amor» por cada uno de nosotros, dispuesto a perdonar y a devolvernos la confianza. No hay situación de pecado, de dolor o de soledad en la que Él no se haga presente, no se ponga a nuestro lado para acompañarnos en nuestro camino, no nos dé confianza, la posibilidad de rehacernos y la fuerza para volver a empezar siempre.
El 17 de marzo de hace dos años, en su primer Ángelus, el papa Francisco comenzó a hablar de la misericordia de Dios, un tema que luego se ha hecho habitual en él. En aquella ocasión dijo: «El rostro de Dios es el de un padre misericordioso, que siempre tiene paciencia… nos comprende, nos espera, no se cansa de perdonarnos…». Y concluyó aquel breve saludo recordando que «Él es el Padre amoroso que siempre perdona, que tiene ese corazón misericordioso con todos nosotros. Aprendamos también nosotros a ser misericordiosos con todos».
Esta última indicación nos sugiere un modo concreto de vivir la Palabra de vida. Si Dios es con nosotros rico en misericordia y grande en el amor, también nosotros estamos llamados a ser misericordiosos con los demás. Si Él ama a personas malas, que son sus enemigas, también nosotros tendremos que aprender a amar a quienes no son «amables», incluidos los enemigos. ¿No nos dijo Jesús: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5, 7)? ¿No nos pidió que fuésemos «misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6, 36)? También Pablo invitaba a sus comunidades, elegidas y amadas por Dios, a revestirse «de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia» (Col 3, 12).
Si hemos creído en el amor de Dios, también nosotros podremos amar a nuestra vez con ese amor que hace suya cualquier situación de dolor y de necesidad, que todo lo excusa, que protege y que sabe ocuparse.
Viviendo así podremos ser testigos del amor de Dios y ayudar a todos aquellos con quienes nos encontremos a descubrir que, también con ellos, Dios es rico en misericordia y grande en el amor.
FABIO CIARDI
Giordani: Historia de Light
«La cosa empezó, como las cosas de Dios, de una humilde semilla. Silvia Lubich era hija de un comerciante de vino, quien se había visto reducido a empleado municipal debido a la crisis económica de la Segunda Guerra Mundial, y de una ama de casa de Trento, quien siendo joven había trabajado en la tipografía de Cesare Battisti. Dos cristianos trentinos: sencillos, honestos, sin muchas historias. Ellos habían traído al mundo cuatro hijos, un varón, el primogénito, y tres chicas, entre las cuales Silvia, que nació el 22 de enero de 1920, era la mayor. A todos les impartieron una educación cristiana, la cual forjó en Silvia una piedad lineal desde la infancia. Lineal, porque no permitía dobleces: no permitía que se dividiera el deseo entre Dios y el mundo, que se pensara en el bien y el mal, que se mostrara una cosa y se escondiera otra. Estaba Dios: Dios era todo y por lo tanto era necesario ser todos de Dios: hacer la voluntad de Él, siempre, como un rayo de sol que sale del cielo para posarse en la tierra».
Es el inicio de Historia de Light, es decir la historia de Chiara Lubich escrita por uno de los protagonistas de los acontecimientos descritos: Igino Giordani, personalidad insigne de la cultura y de la política italiana, co-fundador del Movimiento de los Focolares.
«Ser una obra maestra no es nunca fácil para ninguna obra», escribe Alberto Lo Presti, director del Centro Igino Giordani, al introducir el primer capítulo. «Imaginen lo que será para un libro que tiene que disputar esa primacía con otro centenar, todos los que escribió Giordani. La historia de Light, en cambio, nunca ha visto la luz. No sólo: es un texto desconocido también para quienes –en estos años- lo han custodiado. Fue el mismo Giordani quien pidió que esperaran, cuando –en realidad- cualquier autor habría preferido lo contrario, sobre todo por lo que se refiere a sus mejores trabajos».
«Historia de Light no es una investigación conducida según las normas y la metodología de la historiografía. Podríamos definirla como la narración de la prodigiosa intervención suscitada por el Espíritu Santo –que se hace visible en la figura y en las acciones de Chiara Lubich- en la historia del siglo XX. En otras palabras, está constituida por una serie de cuadros narrativos en donde la línea biográfica de Chiara se entrelaza con el designio de Dios sobre la humanidad afligida, sin ideales y trastornada socialmente por las divisiones y las guerras mundiales. Por eso en la sutil trama de la Historia de Light, reconocemos algunos elementos básicos de la compleja personalidad de Giordani. Él vivió, como protagonista, todos los principales dramas del siglo XX, recibió heridas de guerra, sufrió persecuciones ideológicas, aceptó la marginación civil. Fue un hombre de fe, trabajó para la Iglesia y la cultura, consciente de que el mal radical sería vencido por un nuevo espíritu cristiano, que buscó tenazmente. Encontró a Chiara Lubich, en septiembre de 1948, y percibió en ella la luz (light) que estaba buscando. Fue su discípulo poniendo a disposición de la fundadora del Movimiento de los Focolares toda su inteligencia y voluntad. Nunca tuvo dudas de la fuerza y de la preminencia de la figura de Chiara para la Iglesia, para la sociedad, para la historia contemporánea y para el porvenir. Por lo tanto, Giordani no podía, ni si lo hubiese querido, escribir una historia completa de Chiara Lubich, tomando distancia, con una metodología inexpugnable. Su vinculación humana y espiritual no se lo podían conceder».
«El Autor había escrito numerosos volúmenes sobre las más grandes figuras espirituales: Catalina de Siena, Ignacio de Loyola, Magdalena de Canossa, Contardo Ferrini, Francisco de Paula, Vicente de Paúl, Francisco de Sales, Francisco de Asís, sólo para citar algunos trabajos monográficos. Se trata de una galería de personalidades extraordinarias, de épocas y contextos diferentes. El lugar de honor, en esta rica secuela, ha sido asignado a Chiara Lubich, de cuya historia hizo su “obra maestra”. Cuando, con 54 años, la historia lo llamó a la cita con Chiara, no llegó espiritualmente desarmando. Sabía evaluar la grandeza religiosa de un ideal, y tenía los instrumentos para medir la magnitud de una intuición mística. Por dicha razón […] podemos creer que Giordani advirtió una especie de supremo deber de dar testimonio de la verdad de quién fue realmente Chiara. Por otra parte, este papel él lo asumió desde los primeros momentos en que empezó a frecuentar a Chiara y al primer núcleo de focolarinas. Con su erudición, estaba en grado de revelar la importancia y la novedad de la figura de Chiara a las jóvenes que la seguían».
«Giordani vivió momentos difíciles en donde Chiara Lubich y los Focolares estuvieron bajo la lupa de la Congregación del Santo Oficio. De dicho período –estamos en los años Cincuenta- y todavía durante muchos años después, se produjo una difusa actitud de prudencia que inducía a la máxima discreción sobre la figura de Chiara. Si bien era necesario contener los sentimientos de afecto y de estima hacia Chiara, a Giordani no le cabía duda de que la verdad sobre ella se escribiría y se transmitiría. Por eso, Historia de Light, su “obra de arte”.
Introducción a la Historia de Light (texto integral en italiano) – publicado en Nuova Umanità, enero-marzo 2015
Mediterráneo: políticas urgentes de iniciativas coherentes
El Movimiento político por la unidad (MPPU), expresión en el ámbito político del Movimiento de los Focolares, hace sentir su voz ante el drama migratorio hacia Europa, voz que se suma a las de tantas asociaciones y gente sensible de todo el mundo.
«El plan presentado por la cumbre europea sobre la migración –escriben- que fue convocado de urgencia después de la enésima tragedia sucedida en el Canal de Sicilia con su pesadísimo balance de vidas perdidas, extiende el área de intervención de las operaciones de vigilancia marítima Tritón y Poseidón, de forma que los barcos dedicados a estas dos misiones, que fueron aumentados gracias a la triplicación de los recursos financieros, puedan ir más allá de las 30 millas costeras de los países de la UE. Todavía quedan acciones dentro del mandato de Frontex cuya función es la vigilancia marítima dentro de las 30 millas de la costa europea y no una política migratoria integral».
El MPPU denuncia que el plan contiene en sí mismo una fuerte contradicción: «De hecho, los Estados de la Unión, no han demostrado absolutamente la misma disponibilidad para acoger a los inmigrantes, como si no tuvieran que llegar más. Sin embargo todos sabemos que destruir las frágiles bancazas, si bien (podría ser) que en parte desanimara a los traficantes de seres humanos, ciertamente no va a servir para salvar a todas las víctimas de las migraciones ilegales, ni para detener el flujo migratorio». De hecho sabemos por las noticias de estos días que, en Macedonia, un tren atropelló y mató a 14 inmigrantes que caminaban a los largo de los rieles en la ruta que sigue la vía terrestre.
«Una política seria de la Unión Europea (y no sólo) en materia de migración –prosigue el llamado- debería tener una perspectiva muy diferente y distinguir tres ámbitos distintos de iniciativa y acción pública y política. En primer lugar es necesario dar una señal fuerte de que se están activando todos los recursos disponibles a nivel institucional, de infraestructura, humanos y financieros en los países de acogida con el fin de encaminar una vasta movilización que pueda responder a la emergencia con instrumentos adecuados y en forma concreta, inmediata y eficaz. La acogida temporal de los emigrantes y de los refugiados se debe repartir equitativamente en el territorio, tomando en cuenta las estructuras disponibles, la composición y consistencia de la población residente y la presencia de redes locales que puedan intervenir en forma solidaria, organizada y responsable».
El llamado continúa dando ejemplos ya en acto de acogida y solidaridad y afirma que «el Movimiento político por la unidad asegura su total apoyo humano y político a todos aquellos funcionarios, llamados en este período, a asumir decisiones difíciles a menudo impopulares (…) Es un deber de todo administrador público, tanto a nivel local, como nacional o internacional, hacer comprender la razón de las medidas de emergencia de hospitalidad, adoptadas en el pleno respeto de los derechos y de las expectativas de las comunidades políticas, sin por ello sustraerse de los deberes humanitarios que exigen dar una respuesta a exigencias inmediatas y elementales de otros seres humanos».
«En segundo lugar – continúa el texto del MPPU, es necesario que la Unión Europea aclare la equivocación fundamental que mina las bases de cualquier política seria de gestión del flujo migratorio. No se puede hablar de un papel más incisivo de las instituciones presentes en Bruselas si al mismo tiempo no se le da a la Unión Europea la necesaria competencia y los recursos humanos y financieros que se requieren para que los Estados miembros, incluyendo los del Mediterráneo, puedan desarrollar las funciones que hasta ahora no han querido compartir en una perspectiva de verdadera integración».
«En tercer lugar – concluye el llamado –, los fenómenos migratorios que se manifiestan en el Mediterráneo tienen causas geográficamente y políticamente todavía más amplias, incluida la misma ingobernabilidad de Libia, Somalia y grandes regiones del África subsahariana, sin contar con el desmantelamiento en acto de los contextos de la región de Medio Oriente, en especial de Siria e Irak. La vastedad y complejidad de las cuestiones políticas, económicas, sociales y culturales que caracterizan dichas áreas exigiría ´la movilización de la comunidad internacional, empezando por las Naciones Unidas, con el fin de poner en marcha un plan de intervenciones y de medidas de emergencia , superando las contraposiciones y los vetos entrecruzados».
Llamamiento del Movimiento Político por la Unidad (texto integral en italiano)
Igino Giordani: perfecto en el amor
«No se puede decir aquí quién fue Igino Giordani para el Movimiento de los Focolares. Basta pensar que él es un cofundador del Movimiento. Ahora bien, ser fundadores o también cofundadores de una Obra que la Iglesia reconoce como suya, comporta una acción múltiple y compleja de la gracia de Dios, con impulsos varios y válidos del Espíritu Santo. Se trata de un comportamiento, por parte del sujeto, tan decisivo para la Obra, que la mayoría de las veces no se puede predecir porque es sugerido de lo Alto, que ocasiona sufrimientos profundos y prolongados, dona gracias de luz y de amor, extraordinarias, por lo que es mejor confiar a la historia de la Iglesia y de los Movimientos espirituales que embellecen con los siglos, la revelación de esta figura.
Se podría decir algo, aunque no es fácil, de Igino Giordani como focolarino.
Todo lo que hace el focolarino, rezar, trabajar, sufrir, es para llegar a esta meta: ser perfecto en el amor. Pues bien, nos parece que podemos afirmar que Giordani alcanzó esta meta. Por lo que nosotros podemos apreciar, él ha sido perfecto en el amor.
Personificó el nombre de batalla con el que se le llamaba en el Movimiento: Foco, fuego, es decir, ese amor por Dios y por el prójimo, sobrenatural y natural, que es la base y el vértice de la vida cristiana, contribuyendo en forma única a mantener viva en medio nuestro la realidad de la realidad de la “palabra de vida” que se le indicó cuanto entró al Movimiento. “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”.
Quienes conocieron a fondo a Igino Giordani, concuerdan en constatar y afirmar que él vivió todas las bienaventuranzas.
“Puro de corazón” en forma excepcional, abrió a las personas casadas de ambos sexos, de varias partes del mundo, la posibilidad de una original consagración a Dios, aun en su estado matrimonial, mediante una virginidad espiritual, efecto de la más ardiente caridad.
Esta pureza de corazón le afinó los sentimientos más sagrados y se los potenció. Poseía un amor muy tierno hacia su esposa. Y al final de la vida conmovía e impresionaba la intensidad de su afecto hacia sus cuatro hijos. Igual que hacia sus nietos. Era un padre perfecto, un abuelo perfecto y un hombre todo de Dios.
Fue un “pobre de espíritu” con un desapego completo no sólo de todo lo que poseía, sino sobre todo, de todo lo que era.
Era rico de misericordia. Cerca de él también el más miserable pecador se sentía perdonado y el más pobre se sentía rey.
Una de sus características más destacadas, como documenta su historia de hombre político, era la de ser un “constructor de paz”.
Había llegado a poseer una tal mansedumbre que permitía entender por qué el Evangelio dice que quien tiene esa virtud poseerá la tierra: él con la más noble gentileza, con su trato, con su forma de hablar a cada uno, conquistaba a cuantos se le acercaban. Quienquiera que fuera se sentía a gusto, considerado, con dignidad. también los más jóvenes lograban establecer con él una relación de igual a igual. Y se constataba cómo, sobre todo en los últimos años, irradiaba, al hablar, algo sobrenatural.
“Tenía hambre y sed de justicia” y por ella combatió toda la vida. Sufrió persecuciones en nombre de Dios, por lo que hoy creemos que posee Su Reino.
Pero muchas otras palabras del Evangelio hacen recordar su figura.
Mirándolo se comprende lo que significa la conversión que Jesús pide, cuando dice que es necesario hacerse como niños. Fue un cristiano de primera clase, docto, apologista, apóstol, cuanto tuvo la impresión de que había encontrado una naciente de agua genuina, que brotaba de la Iglesia, supo “venderlo todo” para seguir a Jesús que lo llamaba a saciarse de esa agua.
Había sufrido mucho por la marginación espiritual que, en sus tiempos, le parecía entrever hacia el laicado, ambicionaba con todo su gran corazón abatir las paredes que dividían a las personas que tenían un estado de perfección y las otras que -agregaba bromeando- tenían un estado de imperfección. En la práctica, era muy sensible a los signos de los tiempos, es más, él mismo era un signo de los tiempos, de estos tiempos en los cuales el Espíritu Santo llama a todo el pueblo de Dios a la santidad.
Cuando Igino Giordani encontró el Movimiento, éste estaba conformado sólo por personas vírgenes. Fue él quien lo abrió de par en par a los casados, que siguiéndolo han advertido hambre de santidad y consagración, haciendo efectivo el proyecto, que al principio apenas se podía distinguir, de una convivencia de vírgenes y casados, en la medida que se puede permitir, según el modelo de la familia de Nazaret. Giordani ha sido uno de los más grandes dones que el cielo ha hecho al Movimiento de los Focolares».
(Tomado de: Chiara Lubich, Igino Giordani focolarino, «Città Nuova» n. 9-10 mayo 1980)
