Día de la Reforma 2014

Congreso Internacional 2013

Kathrin (primera fila a la izquierda) con Maria Voce y Giancarlo Faletti y un grupo de focolarinos suizos – noviembre 2012

Chiara Lubich en el Grossmünster (2001)

Congreso Internacional 2013

Kathrin (primera fila a la izquierda) con Maria Voce y Giancarlo Faletti y un grupo de focolarinos suizos – noviembre 2012

Chiara Lubich en el Grossmünster (2001)
«Pensaba que mi vida acabaría como la de todos, sin desafíos, pero ahora “desperté” de un largo sueño porque durante este youth camp recibí mucha fuerza y valor (William, 20 años)». «Entendí lo que significa amar, servir a los demás. Hice muchos nuevos amigos y pasé uno de los momentos más felices de mi vida (Maung, 21 años)». «Estos tres días fueron como una vitamina para seguir adelante hacia mi futuro (Benjamin, 18 años)». Éstas son algunas de las primeras impresiones de los jóvenes después del “Youth Camp” que se desarrolló en Kanazogone, una pequeña aldea al sur de Myanmar (3- 5 de octubre). La idea surgió de los Jóvenes por un Mundo Unido de Yangon, conocida también como Rangoon (capital del país hasta el 2005). «Partimos en bus 23 jóvenes de Yangon – cuentan – y después de proseguir otro tramo en barco, porque la carretera no llega hasta allá, llegamos a esta aldea remota. Nos acogió una pequeña comunidad guiada por un sacerdote focolarino, Padre Carolus. En este pueblito la mayoría de los habitantes son cristianos y a este grupo se agregaron otros 60 jóvenes de los alrededores.
Para muchos de ellos era la primera vez que participaban a un encuentro de este tipo. Todos escucharon con atención desde el primer momento, acogiendo con seriedad nuestro mensaje». El programa estaba centrado en la figura de Chiara Luce Badano. «Cuando empezamos a ver el video síntesis de su beatificación – siguen los jóvenes –, caía una lluvia tan fuerte que nos impedía escuchar. Así, esperando que escampara, improvisamos unos juegos… Los presentadores propusieron rezar juntos, pidiendo a Chiara Luce que nos diera la posibilidad de escucharla. Poco tiempo después la lluvia disminuyó notablemente. Pero el mayor milagro fue que su testimonio tocó el corazón de cada uno de ellos. Fue un momento solemne. De la misma manera sucedió cuando hablamos de la paz: paz dentro de nosotros sabiendo perdonar, y con los vecinos. Concluimos con un time out por la paz en todo el mundo. Muchos jóvenes decidieron comprometerse a amar especialmente a los más cercanos, a los familiares».
«Queríamos realizar una actividad útil para la aldea – cuentan –. A pesar de la temperatura tan elevada por la tarde, nos fuimos todos con las herramientas traídas por los jóvenes del lugar a desherbar una zona de la selva y a lo largo del río. Trabajamos en medio del lodo, las serpientes, los zancudos…… Había quien se sorprendía de estar haciendo un trabajo de este tipo, ¡pero en todos rebosaba la alegría! Y detrás nuestro quedó un lindo jardín. Por la noche, la fiesta. Invitamos a todas las familias y agradecimos a las mujeres que nos habían ayudado a preparar las comidas de esos días. Salieron a flote muchos talentos, superando la timidez». «Aunque no había electricidad – excepto la del generador -, el teléfono era casi inexistente y por tanto tampoco había internet… oh, ¡cuánto nos costó dejar ese lugar!». El viaje de regreso a Yangon quedará inolvidable, por la alegría del grupo que se expresaba en fuertes carcajadas y canciones durante las cinco horas de bus. «Una vez en casa – concluyen –, con la excusa que uno de nosotros que partía al extranjero para estudiar, organizamos en seguida otra cita, en la misma semana, para ver las fotos y seguir conociendo la vida de Chiara Luce. Se volvió a crear el clima de esos días y también nuestros nuevos amigos expresaron el deseo de imitarla».
En el restaurante «Después de una discusión con un viejo amigo, él, sintiéndose ofendido, rompió la relación conmigo. Le escribí una carta pidiendo disculpas. Quizás usé sin querer palabras poco apropiadas para su sensibilidad. No recibí respuesta. A través de amigos comunes, me enteré que a él no había quien lo moviera. Se levantó así un muro entre nosotros. Empecé a sentir cierto temor de encontrármelo. Si en la calle lo entreveía desde lejos, algunas veces cambiaba de dirección. Hasta que llegó un sábado. A la noche, mi esposa y yo decidimos cenar en un restaurante. Cuando ya habíamos pedido el menú, vi llegar a esa persona con su esposa. Era él, mi amigo. Apenas él se dio cuenta de mi presencia, titubeó, como si se quisiera marcharse. Mi esposa y yo nos miramos un momento: nos entendimos al instante. Con una sonrisa fuimos a recibir a la pareja para invitarla a nuestra mesa. Él aceptó, al inicio perplejo, después visiblemente contento por la invitación. La velada transcurrió serena. Bastó poco para que la relación entre nosotros volviera a ser la de antes, como si nada hubiese sucedido» .R. S.- Francia ¿Milagro? «Durante una prueba escrita un compañero mío, considerado el peor de la clase, me pide insistentemente que lo deje copiar la tarea. No me parece justo y no se la paso. Como a la salida quería hacérmela pagar, mis amigas me sugieren que le avise al profesor. Sin embargo yo tengo en mi mente otra táctica. Me acerco y le pregunto: «¿Qué habrías ganado engañando a los profesores? Si quieres, podemos estudiar juntos, empezando el programa desde el inicio». Acepta. Ahora se esfuerza y estudia. Todos me dicen que hice un milagro… pero yo sé que éstos son los efectos del amor». E. – Camerún El terrorista «Soy maestra de primaria y a menudo me mandan a dar clases a las aldeas de las montañas, donde también tienen su refugio los terroristas de extrema izquierda. Ya me había encontrado con esos grupos pero había logrado esconderme entre las rocas. Pero una vez me raptaron y me llevaron a su campamento. Recuerdo días interminables en los que me sometían a largos interrogatorios. A pesar del temor, siempre trataba de responder con mucho respeto. A uno de ellos, que durante horas trató de adoctrinarme sobre la ideología socialista, le objeté diciendo que antes es necesario cambiarnos a nosotros mismos si queremos transformar las estructuras de poder que nos parecen injustas: «Lo que nos cambia es el amor que cada uno tiene por el otro». Quizás mis palabras le llegaron. El hecho es que después del interrogatorio me dejó ir. Desde ese día siempre he rezado por ese hombre. Recientemente lo reconocí en la televisión, mientras daban la noticia de que un terrorista había entregado las armas a los militares, dejando su grupo». N. – Filipinas
Y entonces brota del corazón un himno de alabanza y gratitud. Este es el primer paso necesario, la primera enseñanza que podemos extraer de las palabras del salmo: alabar y dar gracias a Dios por su obra, por las maravillas del cosmos y por ese hombre que vive y que es su gloria y la única criatura capaz de decirle: «en ti está la fuente viva». Pero al amor del Padre no le bastó con pronunciar la Palabra con la que todo fue creado. Quiso que su misma Palabra asumiese nuestra carne. Dios, el único Dios verdadero, se hizo hombre en Jesús y trajo a la tierra la fuente de la vida. La fuente de todo bien, de todo ser y de toda felicidad vino a establecerse entre nosotros para que la tuviésemos, por decirlo así, al alcance de la mano. «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Él ha llenado de sí mismo todo tiempo y espacio de nuestra existencia. Y ha querido permanecer con nosotros para siempre, de modo que podamos reconocerlo y amarlo bajo las apariencias más variadas. A veces nos da por pensar: «¡Qué estupendo sería vivir en tiempos de Jesús!». Pues bien, su amor inventó un modo de permanecer no en un rinconcito de Palestina, sino en todos los puntos de la tierra: Él se hace presente en la Eucaristía, tal como prometió. Y allí podemos acudir para nutrirnos y renovar nuestra vida. «en ti está la fuente viva». Otra fuente de la que podemos obtener el agua viva de la presencia de Dios es el hermano, la hermana. Cada prójimo, en especial el necesitado que pasa a nuestro lado, si lo amamos, no lo podemos considerar un beneficiario, sino un benefactor, porque nos da a Dios. En efecto, amando a Jesús en él –«Tuve hambre…, tuve sed…, fui forastero…, estuve en la cárcel…» (cf. Mt 25, 31-40)–, recibimos a cambio su amor, su vida, pues Él mismo, presente en nuestros hermanos y hermanas, es su fuente. También es un manantial rico de agua la presencia de Dios dentro de nosotros. Él siempre nos habla, y está en nuestra mano escuchar su voz, que es la voz de la conciencia. Cuanto más nos esforcemos en amar a Dios y al prójimo, más fuerte se hará su voz en nosotros y aventajará a todas las demás. Pero hay un momento privilegiado en que, como nunca, podemos acudir a su presencia dentro de nosotros: cuando rezamos y procuramos ahondar en la relación directa con Él, que habita en lo profundo de nuestra alma. Es como un torrente de agua profunda que no se seca nunca, que está siempre a nuestra disposición y que puede saciarnos en todo momento. Bastará con cerrar un instante los postigos del alma y recogernos para encontrar esta fuente, incluso en medio del desierto más árido. Hasta alcanzar esa unión con Él en la cual sintamos que ya no estamos solos, sino que somos dos: Él en mí y yo en Él. Y sin embargo somos uno –por un don suyo– como el agua y la fuente, como la flor y su semilla. […] La Palabra del salmo nos recuerda, pues, que solo Dios es la fuente de la vida, es decir, de la comunión plena, de la paz y de la alegría. Cuanto más bebamos de esa fuente, cuanto más vivamos de esa agua viva que es su Palabra, más nos acercaremos unos a otros y viviremos como hermanos y hermanas. Entonces se hará realidad, como sigue diciendo el salmo, que «tu luz nos hace ver la luz», esa luz que la humanidad espera.
CHIARA LUBICH
Jánoshalma es una pequeña ciudad de Hungría meridional de casi diez mil habitantes con una presencia de la etnia Rom del 3%, donde la integración social es un tema candente. Es la última en haber otorgado la ciudadanía honoraria a Chiara Lubich, cuando aún vivía, en febrero de 2008. En este contexto, el pasado 7 de octubre se inauguró una escultura del Dado de la Paz, del mismo modo que ya fue instalado en la ciudad natal de Chiara, Trento, hace algunos años. El Dado está en el parque ubicado en el centro de la ciudad, frente al municipio, casi como un símbolo de la aspiración de la ciudadanía. Está ubicado cerca del parque de diversiones que hace algunos años se realizó con el trabajo de la comunidad local de los Focolares y la Municipalidad, por pedido de algunos niños del país, que le decían al alcalde que no tenían un lugar lindo y público para jugar. La propuesta nació del Movimiento de los Focolares, pero la idea fue recibida unánimemente por la Municipalidad. En la construcción del Dado, cuyos lados son de 120 centímetros, con una estructura del tamaño de una persona, en posición diagonal, se trabajó junto con muchas personas, atrayendo la generosidad de algunos: por ejemplo la empresa que hizo una buena parte de los trabajos, ofreció gratuitamente sus servicios…
La originalidad de este gran Dado es que se puede “tirar”, como se hace con los dados de pequeñas dimensiones: se puede hacer girar, en varias direcciones para dejarse luego inspirar por la frase que sale…. En la inauguración estaban presentes 150 personas, entre ellos diversos alumnos de escuelas primarias y secundarias y algunos niños más pequeños, que asisten todavía al pre escolar. Los representantes de la escuela católica que desde hace años usan el dado en sus clases, querían proponerlo a todos los ciudadanos. Estaban también las y los gen 4, los niños que viven la espiritualidad de los Focolares, quienes contaron delante de todos algunas de sus experiencias y cómo tratan de amar a todos. La mañana siguiente algunos niños, yendo a la escuela, cambiaron de calle para pasar al lado del dado y poder “tirarlo” Si alguien quiere ejercitarse con el idioma húngaro, aquí están las seis frases del dado: megbocsátok a másiknak – perdonar al otro meghallgatom a másikat – escuchar al otro mindenkit szeretek – amar a todos elsőként szeretek – ser los primeros en amar szeretem a mellettem lévőt – amarse mutuamente szeretem a másikat – amar al otro
«El año pasado tuve el gusto de participar en un taller de Economía de Comunión en Loppiano. Allí se me abrieron los ojos. Hasta ese momento estaba proyectada en entender “qué hago”, sin plantearme la pregunta “quién soy”. Entendí que el trabajo es una vocación, por lo tanto, tenía que encontrar mi vocación, lo que me haría feliz. Estaba terminando micarrera universitaria en ingeniería biomédica. En octubre de 2013 me gradué en el Politécnico de Turín, luego de haber elaborado mi tesis en el Politécnico de Lausana en Suiza. Pasé cinco años dentro del Politécnico, con ocho horas diarias de clase. Estudiaba de noche y pasaba jornadas enteras sin entablar relaciones auténticas con los colegas. En ambientes de una cierta fama, el individualismo es muy fuerte, así como el temor a ser superados. También los profesores transmiten la “ansiedad de ser los primeros”. Luego de tantos sacrificios, estaba a punto de graduarme a tiempo e inclusive con la máxima calificación. Tenía muchas probabilidades de ganar una beca para hacer un doctorado en Suiza con un buen sueldo, una casa cerca del lago y buenos amigos que me esperaban. Era un momento fundamental de mi vida, en donde podía optar por grandes cosas. Sin embargo algo me asustaba: el apego a la carrera, al dinero. Deseaba tener las herramientas para poder empezar a trabajar, diría, “en contra de la corriente”. En tiempo de crisis, para muchos jóvenes como yo, es difícil encontrar trabajo y yo no quería encerrarme en mi carrera sin volver a ver a nadie. De manera que llegué al taller de EdC con un montón de preguntas en la cabeza. No encontré todas las respuestas, pero sí un clima de apertura, en el que empresarios, profesores y jóvenes estaban todos juntos, en posición de igualdad, mirando los desafíos de la Italia de hoy. Entendí que ese montón de dinero hubiera sido el primer obstáculo para mi felicidad, que para mí consistía en otra cosa. Tuve la confirmación cuando fui a Filipinasantes de empezar el doctorado,: ¡desde que estaba en el avión supe que había ganado! Se trataba de un viaje social que ya había organizado, en el que pude palpar una cultura muy distinta de la mía.
En noviembre de 2013, viví el tifón más fuerte del mundo, el tifón Yolanda. El pueblo filipino, aunque a menudo ha sido sacudido por tragedias de este tipo, conservaba esa dignidad que también yo sentía… ¡lo tenía todo para ser feliz! Entendí la diferencia entre “pobreza” y “miseria”. La “pobreza” es la que vi en Filipinas, la “miseria” es una pobreza sin confianza, sin esperanza, que había percibido en los rostros de muchos amigos italianos como consecuencia de esta crisis. Aquí en Europa entran en juego la depresión y los psicólogos… Es verdad, la crisis existe. Pero tenemos un techo y comidatodos los días. La dignidad que descubrí en Filipinas es una lección que será muy útil para mi carrera laboral. Es por esto que renuncié a mi carrera en Suiza y ahora trabajo en Loppiano, en una empresa que adhiere al proyecto de Economía de Comunión y que surgió para formar a los jóvenes no sólo a nivel relacional-social, sino también a través del trabajo. Aquí, donde no existen máquinas automáticas, no me desempeño como ingeniera, sino como obrera. Trabajo la arcilla con mis manos. Y siento que, para ser una buena ingeniera, después de haber pasado años metida en los libros, importantes necesario también ponerme del lado del obrero. De pronto a alguien le parecerá que estoy perdiendo el tiempo, pero yo quisiera ser esa ingeniera que, cuando mira a los obreros, sabe que está mirando a personas que tienen su dignidad, y las considera el centro de su trabajo». (María Antonietta Casulli, 25 años, Italia)