Movimiento de los Focolares
África: Fascinados por el misterio

África: Fascinados por el misterio

Más que una crónica de los “albores de los Focolares en África”, el nuevo volumen escrito por Lucio Dal Soglio, se presenta como un apasionante romance de amor contado en primera persona. Anticipamos un breve fragmento que pone en evidencia este amor que llegó a ser tan fecundo.

Lucio Dal Soglio: “Presi dal mistero, agli albori dei Focolari in Africa”, Editorial Città Nuova, Roma, 2013.

(próximamente la edición en castellano)

África: Fascinados por el misterio

Mujeres e Iglesia, un asunto para afrontar

Mujer carismática o mujer de acción. Sin embargo debería haber también un espacio para la mujer intelectual sin embargo no se percibe como algo esencial su aportación al magisterio. Son pocas las mujeres involucradas en la pastoral familiar, pocas las que tienen una cátedra de teología y es rarísima su presencia en la formación de los sacerdotes.

«La panorámica de la situación actual es bastante exacta. La mujer está poco considerada en cuanto a su aportación intelectual, también porque ha tenido pocas oportunidades para desarrollarla. Sólo recientemente ha sido aceptada en las universidades pontificias, donde se estudia teología. Es cierto que ha habido mujeres sabias y mujeres que han dado una aportación a nivel de pensamiento, pero la mayoría de las veces por inspiración directa del Espíritu Santo – como las grandes mujeres que han sido nombradas doctores de la Iglesia – que por haber desarrollado su pensamiento a través del estudio y la confrontación con otros pensadores. La mujer siempre ha tenido otras funciones en la Iglesia y en la humanidad».

Sobre el tema de la mujer, Francisco ha ofrecido sólo algunas alusiones. Él confía más en la fecundidad de los encuentros que en los momentos especulativos. ¿Cómo considerarías una iniciativa que crease un comité permanente, un F8, formado por mujeres con grandes responsabilidades en la Iglesia?

«Creo que todavía hay que esperar para ver un corpus sólo femenino a disposición del magisterio de la Iglesia. De todos modos prefiero que la mujer esté junto con los hombres, no separada para manifestar su propia diferencia. Lo que se necesita es entrar en los organismos de consulta, de pensamiento o de decisión, que poco a poco se están desarrollando en la Iglesia y hacer escuchar su voz femenina. No creo, por tanto, en un F8 sino un 8 de algún tipo, donde están representados hombres y mujeres, porque cada uno tiene su peculiaridad que ha de estar al servicio de la Iglesia. Un organismo de este tipo me entusiasmaría».

¿Cómo verías el conclave con la presencia de superiores y superioras generales de órdenes religiosas y de presidentes de agregaciones eclesiales internacionales? ¿Sería un reconocimiento a la mujer?

«Quisiera distinguir el cónclave como cumbre en la que se prepara la elección del Papa y el cónclave como momento de votación para la elección del Papa. Me parecería especialmente útil si en la primera fase hubiese una presencia también de personas que tienen un papel en la Iglesia y pueden ofrecer la contribución de su experiencia, sin duda distinta, pero no menos importante que la de los cardinales.

«Por lo que cuenta el Papa Bergoglio, las reuniones precedentes a la elección resultaron decisivas para la toma de posiciones y para la forma de guiar a la Iglesia hacia determinadas metas. Entonces, si esos análisis se madurasen en un contexto eclesial más amplio que el limitado sólo a los cardenales, estoy segura de que se le habrían ofrecido al actual Papa aportaciones más valiosas. Después, que a estas personas se les admita a votar para la elección del Papa, en este momento es secundario. Veremos cómo se desarrollan las cosas, la historia de la Iglesia está guiada por el Espíritu Santo

Si mañana suena tu teléfono celular y es el Papa Francisco que te invita a ir a verlo para un diálogo sobre mujeres e Iglesia. ¿Qué temas considerarías prioritarios en tu encuentro con él?

«Justo a él que nos ha hablado de su abuela y su madre, me gustaría preguntarle si esta experiencia con las mujeres de su familia no le ayuda a inspirar también una apertura a las mujeres en el magisterio de la Iglesia. En fin, me gustaría que volviese a esos ejemplos domésticos para poner de relieve que las mujeres pueden tener una influencia incluso mayor que la de un director espiritual o de un  profesor. Además, en su largo servicio pastoral en Argentina habrá conocido también a muchas mujeres, incluso responsables de órdenes religiosas. De hecho, su forma de relacionarse y de actuar me hacen pensar que ha tenido contactos profundos y auténticos con las mujeres. Qué se fíe de ellos hoy para hacer emerger lo mejor de las mujeres en la Iglesia».

Lee la entrevista completa

Entrevista a María Voce publicada en Città Nuova n.21/2013

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Filipinas: cuando todo se derrumba

«Viendo los efectos devastadores del terremoto que afectó a Filipinas el pasado 15 de octubre –de magnitud 7.2 en algunas islas-, nos pusimos a trabajar para ayudar a las víctimas. Especialmente queríamos hacerles sentir el amor de Dios, también en estos momentos en los que toda esperanza parece perdida.

En un primer momento, teníamos miedo de las réplicas que seguían sintiéndose, pero muy pronto nos dimos cuenta de que esto  era algo pequeño en comparación con el sufrimiento de las familias que habían perdido todo: sus casas y seres queridos.

Con el apoyo de la comunidad local de los Focolares, fuimos a Bahol (la zona afectada por el terremoto). Éramos alrededor de 15 Jóvenes por un Mundo Unido (JMU) y algunos adultos de Manila y Cebú. Preparamos unas 200 bolsitas que contenían lo más necesario (colchonetas, cobijas (frazadas)  y material para la fabricación de carpas)  y nos pusimos en viaje para llegar a destino, es decir, a  Sandigan Island, donde difícilmente llegaría la ayuda. Teníamos con nosotros 200 litros de agua,  200 bolsas preparadas la noche anterior, galletas y algunos insumos de primera necesidad.

Un momento difícil y fatigoso fue cuando tuvimos que atravesar un sendero estrecho y empinado en la montaña, y transportar todos los paquetes desde los camiones a las barcas que nos llevarían a la isla. Tardamos varias horas, hasta medianoche; y después tuvimos que empujar las barcas porque había marea baja.

Pero la decisión de ir a ayudar a estas personas, pensando que lo hacíamos a Jesús que se identificó con quienes más sufren, nos hizo superar las adversidades.

Entramos 6 kilómetros hasta Brgy Canigaan. Faltaba el agua porque las tuberías  y las casas quedaron destruidas por el terremoto. Por este motivo, la mayor parte de los residentes del lugar estaban durmiendo a la intemperie, en carpas, también por miedo a las constantes réplicas. Era un espectáculo desgarrador. Nos recordamos que estábamos allí para sostenerlos y ayudarlos, y así la distribución de agua y de los paquetes se desarrolló en una atmósfera festiva. Creamos también un espacio para permitir a los niños que contaran sus experiencias traumáticas vividas durante el terremoto y jugamos con ellos, junto con sus mamás, olvidando, al menos por un momento, lo que estaban atravesando.

Un anciano nos contó cómo vivió la tragedia. Estaba pescando cuando tuvo lugar el terremoto. Estaba aterrorizado al ver cómo su ciudad temblaba por los violentos sacudones. Estaba solo, el agua estaba muy agitada, había  remolinos y grandes olas. También vio surgir una pequeña isla en medio del mar… Agradecía a Dios por el milagro de haber sobrevivido, a pesar de que su casa quedó destruida. Le ofrecimos una almohada suave. Este pequeño gesto  lo conmovió hasta las lágrimas.

Renunciamos a nuestras vacaciones y tuvimos que superar también la barrera lingüística y otras dificultades, pero sentimos que ¡realmente valió la pena! Será todavía largo el camino que hay que recorrer para regresar a la normalidad, pero nos quedan las sonrisas en los rostros de estas personas, que nos confirman que el amor de Dios permanece también cuando todo el resto se destruye».

A cargo de la Secretaría de los JMU de Manila

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Natalia Dallapiccola: una biografía

“Me dispongo a escribir esta biografía en «puntas de pie» y con un cierto temor”. Así comienza el prólogo, Matilde Cocchiaro, autora del libro sobre la biografía de Natalia Dallapiccola, la primera compañera de Chiara Lubich. En la historia de los Focolares, Natalia tuvo un rol particular. Tan especial que Chiara una vez dijo, que si no hubiese encontrado a una persona como ella, ya preparada por Dios, tal vez nunca hubiera comenzado esta vida, tan revolucionaria, basada en el Evangelio.

Por su amor incansable hacia todos, vivido siempre con la radicalidad de los comienzos, Chiara le dio  el sobrenombre de “Anzolon”, que en dialecto trentino significa “gran ángel”

Fue determinante su rol en la difusión del ideal de la unidad en los países del Bloque Comunista, más allá de la “Cortina” y en el campo del “diálogo interreligioso”, por el que puso en juego todo su talento y energía durante 30 años, hasta los últimos días de su vida terrenal.

Nichiko Niwano, presidente del movimiento budista japonés Rissho Kosei-kai, en el prólogo afirma: “Natalia fue durante largos años la ‘ventana abierta’ que nos unió con el Movimiento de los Focolares… prodigando en esta tarea los mejores talentos de su corazón y de su mente… Como dice un antiguo dicho: “Conoce el pasado y descubrirás lo nuevo”. Significa: examina la historia, estudia atentamente la tradición y obtendrás una nueva sabiduría. Por lo tanto, no deseo otra cosa y auguro que esta biografía de Natalia sea una guía preciosa en el camino hacia el futuro”

El 1º de abril de 2008 partió para el Cielo. Falleció apenas 18 días después de Chiara. Muchos tuvieron palabras de gratitud y aprecio hacia Natalia: “Entre Natalia y yo – dijo el Rabino David Rosen de Jerusalén – existía un profundo vínculo. Custodiaré siempre como un tesoro su amable y noble espíritu (…)”

Desde India, Shantilal Somaiya, Kala Acharya y Lalita Namjoshi, de Somaiya Bharatya (hindúes) dicen: “Recordamos con gran reverencia la visita que ella hizo a nuestro Instituto y  su forma de ser silenciosa, pero tan eficaz en la conducción de nuestros encuentros de diálogo”.

Desde Skopje, Azir Semani, en nombre de los amigos musulmanes de Macedonia, se dirige directamente a ella: ¡Gracias por tu mano siempre protectora!… Nosotros hemos acogido plenamente tu invitación: ‘Que todos sean uno’. La voz de Dios a través tuyo fue el llamado de amor y de confianza por el cual nosotros musulmanes, somos honrados en poder caminar juntos, hacia el mundo unido. ¡Que tu amor sea bendito!”

Monseñor Miloslav Vlk, Cardenal emérito de Praga, quien durante muchos años fue responsable de los Obispos amigos del Movimiento de los Focolares, comenta: “Puedo sinceramente decir que Natalia fue una madre del Ideal de la unidad para nuestra tierra. Con su vida, sin muchos discursos, dejaba que transparentara la luz del carisma recibido por Chiara, que ella nos transmitía en toda su profundidad. En 1968, encontrándose Natalia en las montañas de Tatra, – continúa el Cardenal– a casi seis horas de distancia de Checoslovaquia, organizó la primera Mariápolis. Oficialmente la Mariápolis era “algunos días de vacaciones” y, para evitar los controles de la policía, se realizaban largas caminatas, luego nos deteníamos y ella nos contaba algo….La vida que nos presentaba era genuina, verdadera. Cada uno de los presentes quedaba impactado por su sencillez totalmente mariana. Su amor conquistaba porque era natural y sobrenatural al mismo tiempo”.

“Natalia no dejó su historia escrita, pues estaba siempre en la tensión de amar y donarse a cada prójimo -concluye la autora del libro- . He tratado de reconstruirla… ha sido insustituible la colaboración de las primeras focolarinas y de los primeros focolarinos, que, junto con ella, vivieron con Chiara Lubich los albores del Movimiento. Pude transmitir, también algunos pensamientos espirituales de Natalia, pensamientos preciosos, escritos con su puño y letra en papeles sueltos o transmitidos verbalmente a alguien que trabajaba con ella, recogidos luego por testigos oculares y reconstruidos con fidelidad”

(Matilde Cocchiaro, “Natalia: la primera compañera de  Chiara  Lubich”, Editorial Città Nuova , Roma, 2013. Colección Città Nuova Per).

Email: info@focolare.org

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La humanidad una sola familia

Después de haber agradecido el haber otorgado tal prestigioso premio al Movimiento de los Focolares “un instrumento para fomentar en esta época – junto a muchas otras beneméritas y valiosas organizaciones, iniciativas, obras- la unidad y la paz en nuestro planeta”, Chiara Lubich delinea la Espiritualidad de la unidad:

Consiste en una nueva línea de vida, en un estilo nuevo adoptado por millones y millones de personas que, inspirándose fundamentalmente en principios cristianos – sin abandonar, más aún, evidenciando valores paralelos presentes en otros credos y culturas diferentes – ha dado a este mundo, necesitado de reencontrar y de consolidar la paz, paz justamente, y unidad.

Se trata de una nueva espiritualidad actual y moderna: la espiritualidad de la unidad.

Ahonda sus raíces en algunas palabras del Evangelio, que se engarzan la una en la otra. Cito aquí solamente algunas.

En primer lugar presupone, para los que la viven, una profunda consideración de Dios por aquello que Él es: Amor, Padre.

¿Cómo se podría pensar en la paz y en la unidad en el mundo sin la visión de toda la humanidad como una única familia? ¿Y cómo verla de ésta manera sin la presencia de un Padre de todos?

Requiere, pues, que abramos el corazón a Dios Padre, que no abandona a sus hijos a su propio destino, sino que los acompaña, los protege, los ayuda; que, conociendo al ser humano en lo más íntimo se ocupa de cada uno, en todos los detalles; cuenta hasta los cabellos de su cabeza… que no pone sobre sus espaldas cargas demasiado pesadas, sino que es el primero en llevarlas.

No deja únicamente en manos de los hombres la renovación de la sociedad, sino que Él mismo se ocupa.

Creer en su amor es el imperativo de esta nueva espiritualidad; creer que somos amados por Él personalmente e inmensamente.

Creer.

Y entre las mil posibilidades que la existencia ofrece, elegirlo a Él como Ideal de la vida. Ponerse inteligentemente en aquella actitud que cada ser humano asumirá en el futuro, cuando alcance el destino al que ha sido llamado: la Eternidad.

Pero es obvio, no basta creer en el amor de Dios, no basta haber hecho la gran opción de Él como Ideal. La presencia y los cuidados de un Padre para con todos, llama a cada uno a ser hijo, a amar a su vez al Padre, a realizar cada día aquel especial proyecto de amor que el Padre piensa para cada uno, es decir, ahacer, su voluntad.

Y sabemos que la primera voluntad de un padre es que los hijos se traten como hermanos, que se quieran, que se amen. Que conozcan y practiquen lo que se puede definir el arte de amar.

Su voluntad es que amemos a todos como a nosotros mismos, porque «Tú y yo -decía Gandhi- no somos sino una sola cosa. No puedo hacerte daño, sin herirme».

Quiere que seamos los primeros en amar, sin esperar a que los otros nos amen.

Significa, «hacerse uno» con los otros, asumir sus pesos, sus pensamientos, sus sufrimientos, sus alegrías.

Pero, si este amor al otro, es vivido por más personas, se vuelve recíproco.

Y Cristo, el «Hijo» por excelencia del Padre, el Hermano de cada ser humano, dejó como norma para la humanidad precisamente el amor mutuo. Él sabía que era necesaria, para que exista la paz y la unidad en el mundo, para que todos formen una única familia.

Cierto que, para cualquiera que intente hoy mover las montañas del odio y de la violencia, la tarea es enorme, ardua. Pero lo que es imposible para millones de seres humanos aislados y divididos, parece que se vuelve posible para personas que han hecho del amor recíproco, de la comprensión recíproca, de la unidad el motivo esencial de la propia vida.

Leer más: Centro Chiara Lubich

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Quien sigue la voz de Dios se pone al servicio

La vida es como un teatro. En el teatro los que sobresalen son los casos patológicos: divorcios, adulterios, manías. En la vida, lo que más resalta son las guerras, las tragedias, los estragos y sus protagonistas: demagogos, ladrones, locos… Y uno cree que está en un teatro, donde la inspiración fue sustituida por la locura. Es necesaria la sensibilidad y la visibilidad del espíritu para advertir, más allá de los problemas las virtudes que surgen en las sombras, el heroísmo que se consume dentro de cuatro paredes, la resistencia de trabajadores y madres, de estudiosos y maestros. Es necesario volver a crear dentro de uno mismo, el silencio para sentir la corriente del bien, esa corriente en la que circula con la bondad de los hombres y la gracia de Dios, de la que muchos han perdido la noción e ignoran la experiencia.

Si bebemos de esa fuente, vemos que la imagen de hombres importantes, que hacen bulla en los periódicos y en la vida cotidiana, se convierte en una sombra débil. Si no bebemos de esa fuente, corremos el riesgo de empobrecernos, y de quedarnos solos, sin ayuda, cada uno solo ante la tragedia del mundo. Esta soledad se anida dentro de nosotros, pero el alma necesita la solidaridad de otras almas; requiere vida social. Las almas que aman, que donan solidaridad, son las de los santos, no sólo aquéllos eminentes de los altares y del martirologio, sino también aquellos humildes, esas innumerables almas que en este momento sufren con nosotros por las acciones dañinas de los hombres en los rincones del planeta. ¿Una ilusión?… No más que aquella que le permite a nuestro pensamiento dar un salto e ir  más allá de los confines del mundo.

Conocemos las fuerzas cósmicas por sus efectos. Experimentamos la comunión de los santos por sus frutos. Y sobre todo, por la energía que dan a nuestra vida interior, y por la ayuda que ofrecen en todas partes a nuestra vida externa. Si hoy tantas criaturas comparten lo que tienen para ayudar a las poblaciones en dificultad, si miles de misioneros, enfermeras, voluntarios de la humanidad van a asistir a seres humanos que nunca han visto y se prodigan por ellos hasta sacrificar sus vidas; si tantas personas sufren por el sufrimiento de otros y dan su vida para hacer el bien a favor de los hijos de otros, es porque siguen la voz del amor que es la voz de Dios.

Con los dones espirituales que derivan de estas acciones se actúa una convivencia de almas, que es superior a las divisiones políticas y territoriales, lingüísticas y de castas: una comunión que actúa en la sustancia y que está hecha de la sustancia misma de nuestras almas, así como salieron de las manos de Dios, por lo tanto, sustancia divina. Nosotros pensamos en todas estas criaturas humildes que visitan los tugurios, curan las llagas, llevan el pan a los hambrientos y la esperanza a los atribulados.

Y detrás de ellos y con ellos, pensamos en los grandes hermanos y las luminosas hermanas que los precedieron en la donación y en el esfuerzo: los santos de los altares y los que  no están en el santoral, pero están escritos en el libro de la Vida, e incansablemente participan en nuestra experiencia, sostienen nuestra paciencia y alimentan nuestra fuerza.

Igino Giordani en: Le Feste, Sociedad Editorial Internacional, 1954.