Movimiento de los Focolares
Los Movimientos eclesiales con el Papa Francisco

Los Movimientos eclesiales con el Papa Francisco

Se esperan en Roma más de 120.000 personas de 150 movimientos y realidades eclesiales, provenientes de numerosos Países de cada continente. Es la Jornada de los Movimientos, de las nuevas comunidades, de las asociaciones y comunidades laicas, que se realizará en la plaza de San Pedro el sábado 18 y el domingo 19 de mayo.

El encuentro, en el contexto de las iniciativas del Año de la fe, fue presentado por el arzobispo Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, durante la conferencia de prensa que se desarrolló en la Sala de Prensa de la santa Sede.

Es significativo el slogan elegido: “¡Yo creo! Aumenta en nosotros la fe”. “Los pronombres personales –explicó el prelado– atestiguan el significado sobre entendido. Cada uno en la iglesia está llamado a pronunciar en primera persona su adhesión a Cristo y a la Iglesia”. Una elección libre, personal, pero que dice tambén que la fe es un hecho comunitario, «un “nostro” que se carga de valores de la comunidad como primer lugar de la Iglesia. Muchos jóvenes, hombres y mujeres –agregó– en estos movimientos y asociaciones, frecuentemente “han vuelto a encontrar no sólo la fe que habían perdido”, sino que “realizaron una verdadera conversión de vida”. “Las realidades eclesiales –afirmó– son uno de los frutos más evidentes del concilio Vaticano II”. Palabras que evocan la fuerte expresión usada por Benedicto XVI que, en Pentecostés del 2006, definía las nuevas realidades eclesiales como “una de las novedades más importantes suscitadas por el Espíritu Santo en la iglesia para encarnar el Concilio Vaticano II”.

La elección de Pentecostés, continúa mons. Fisichella, lleva a comprender que “en la Iglesia de hoy las nuevas realidades eclesiales son el signo de la presencia de Cristo Resucitado que guía su Iglesia en la obra de evangelización”.

El encuentro comienza en la plaza de San Pedro con la recepción a las 15 horas. Seguirá una sucesión de testimonios y momentos artísticos y musicales. Está prevista la participación del conjunto musical internacional Gen Verde y un coro compuesto por 150 personas de distintos movimientos.

El Papa Francisco llegará aproximadamente a las 18 horas, y después de escuchar los testimonios de personas de Irlanda y Pakistán, iniciará un diálogo respondiendo algunas preguntas.

El domingo 19 de mayo, el Papa celebrará la Misa a las 10.30 a.m. en la San Pedro y luego se recitará el Regina coeli.

En estos meses de preparación, con frecuencia recordamos las palabras que pronunció Juan Pablo II en el primer gran encuentro de Pentecostés de 1998: “¡Cuánta necesidad existe hoy de personalidades cristianas maduras, conscientes de su propia identidad bautismal, de su propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo! ¡Cuánta necesidad de comunidades vivas! Y aquí están, entonces, los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales: ellos son la respuesta, suscitada por el Espíritu Santo a este dramático desafío del fin del milenio. Ustedes son esta respuesta providencial”.

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Pentecostés: el Amor que circula entre los hermanos

«El Espíritu Santo que une criaturas y Creador genera una convivencia humano-divina.

Pentecostés, haciendo de la “multitud de los fieles un sólo corazón y una sola alma”, provocó como espontánea consecuencia de la unidad, la comunidad de vida. Por este motivo, la convivencia cotidiana en medio de las distracciones y rumores resulta una convivencia  divina, en donde los hermanos nos sirven para subir a Dios. Es más, cada hermano que encontramos nos da un suministro de vida divina porque, amándolo por Cristo, nos da acceso a Dios. Y así la marcha de la vida no resulta más, como se dijo, una marcha hacia la muerte, sino un crecimiento hacia la juventud eterna.

«Vivir el Espíritu de Dios, es dejar vivir al Espíritu Santo en sí. Y entonces en la medida en que se ama a Dios, se ama a los hermanos que son su representación (…). Y en la medida en que se comunican los dones del Espíritu Santo éstos se multiplican. Para desarrollarse y arder, la caridad debe expandirse, es sangre y quiere circular, es fuego y quiere irrumpir. Como la vida natural es constante circulación de calor, comunicado de una célula a otra, así desde la primera célula encendida por el Creador ha habido un continuo pasaje y un asiduo aumento de calor en el tiempo y en el espacio. Así la vida sobrenatural es una constante comunicación de calor –la gracia, la caridad- desde el sol que es Dios, a las almas que participan de Dios. Los hermanos son canales de transmisión de la gracia; son en cierto modo sacramentos de Dios. Si se excluye a los hermanos, el Espíritu Santo no pasa más, la vida se detiene. Y se comprende: el amor que pasa de mí al hermano y del hermano a mí es Dios que circula.

«El origen de todo este milagro hay que buscarlo en la encarnación y por lo tanto, en la caridad. Por lo tanto el hombre, siendo a imagen y semejanza de Dios, (…) es Dios que vive –encarnado por decir de alguna forma- en límites humanos. Si es así, debe ser visto y tratado por mí como si tratara de la esfinge de Dios. Recíprocamente, yo debo comportarme como un representante de Dios; de esto deriva mi dignidad vicaria y las obligaciones de mi forma de actuar.

«El hombre es hechura de Dios y lleva en cada célula del cuerpo y en cada pliegue del espíritu la marca de fábrica, que es la fábrica de lo Eterno. De tal artífice ha recibido una huella inconfundible, por eso el hombre es una obra maestra en sí. Él lleva en cada molécula la prueba de la existencia del Dios que lo trajo al mundo. El Espíritu Santo es el agente de tal divinización. Él es el principio activo de la encarnación de Dios. Todos los seres humanos participan de algún modo de la unión con Dios y es ese mismo amor que hace del hombre un Dios y de Dios un hombre».

Igino Giordani en: La divina aventura, Città Nuova, 1993, (Garzanti, 1953)

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La aventura de Oreste Basso

“He sido un hombre muy afortunado; quisiera expresar todo el amor de Dios pero creo que es imposible decir todo lo que he recibido [de Él] y poderlo comunicar”. En 1997, Oreste empieza así a contar su historia a un grupo de jóvenes, siguiendo el hilo de oro que la entretejió.

Nace en Florencia, el 1° de enero de 1922, en una familia que le trasmite los principios cristianos y una rectitud a toda prueba. Ama los estudios humanísticos, y sueña con una profesión y una vida cómoda. La experiencia de la guerra es “una lección terrible, porque allí se ve como caen todos los ideales humanos”. “Lo único que permanecía en pie después de la guerra –recuerda- eran los afectos naturales, los de la familia”. Habiendo conseguido el título de ingeniero, en el ’46 encuentra trabajo en una industria en Sesto San Giovanni (Milán), que entonces era considerada la “Stalingrado de Italia”. Vive en Milán y en las noches a menudo va a un comedor donde se encuentra con algunos amigos – Piero Pasolini, Danilo Zanzucchi, Guglielmo Boselli, Alfredo Zirondoli – quienes estarán entre los primerísimos que siguieron la aventura del focolar. Conversan sobre Maritain, el neotomismo, el arte, la música. Uno de ellos, Giorgio Battisti, un día propone a Oreste si quiere “conocer algo bello: chicas que viven el Evangelio”.

Una de ellas, Ginetta Calliari, entre las primeras que siguieron a Chiara Lubich, se encuentra con estos jóvenes quienes hacen una tempestad de preguntas y se quedan escuchándola hasta tarde “Empezamos a entender – cuenta Oreste – que el Evangelio lo podían vivir no sólo personas lejanas sino también nosotros”. Los frutos de esta nueva vida se hacen evidentes: Oreste se gana la estima de un subalterno políticamente muy activo quien observándolo conoce su ideal evangélico y le dice: “Si usted cree en Dios también yo puedo creer en Él como usted dice”.

En 1951, Oreste deja su casa y va a formar parte del focolar de Milán junto a otros compañeros que en el anuncio de Ginetta escucharon el llamado a seguir este camino; poco después conoce a Chiara Lubich: “¡Un encuentro bellísimo!” – afirm. Me pareció una persona estupenda de grandísima sencillez y luz”.

Mientras tanto, en varias ciudades de Italia iba aumentando el número de personas deseosas de conocer el Movimiento naciente, Oreste Basso se traslada a Parma junto con Lionello Bonfanti. Su relato sobre aquellos días el sabor de los orígenes: “Para poder dormir había un sofá, y para comer compramos una cocinita de espiral. Por lo general comíamos queso y tomábamos leche. ¡Muchas veces la leche era nuestra salvación! ¡Pero éramos realmente felices!”.

Después de algunos años, el Movimiento de los Focolares – Obra de María (éste fue el nombre dado por Chiara a la nueva realidad eclesial) se  difunde y se delinean su múltiples aspectos. A Oreste entonces se le invita a transferirse a Florencia, para asumir un rol de responsabilidad. Su respuesta afirmativa es inmediata a pesar de que en su trabajo le habían hecho la propuesta de ascenderlo y el mismo director general estaba desolado por su partida. “Empezó otra vida –comenta Oreste- inmerso completamente en el carisma del que Chiara era portadora”.

A finales de los años ’50 es llamado a Roma, donde, junto a Chiara, desempeña con su estilo alegre y discreto, una tarea de orden en la  redacción de los Estatutos de la Obra que con los años se van adecuando a una realidad en constante crecimiento. En 1981, Oreste es ordenado sacerdote, un ministerio que considera un privilegio, un llamado a un amor más grande.

Elegido en 1996 co-presidente del Movimiento , ejerce un papel fundamental ante la muerte de Chiara (14 de marzo de 2008) y durante la sucesiva Asamblea General en donde se elige a quien tendría que tomar el lugar de la fundadora.

Los mensajes llegados ante la noticia de su fallecimiento por parte del Santo Padre, por parte del Secretario de Estado Vaticano, el Cardenal Bertone y de Mons. Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, dan crédito de la radicalidad de la vida evangélica y de la sencillez en las relaciones sinceras que Oreste Basso supo construir día tras día hasta el último día. Siguen llegando numerosísimos testimonios sobre él, que expresan afecto y gratitud.

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Diálogo judeo-cristiano: a dos voces y al unísono

No es ciertamente la primera vez que esta editorial se ocupa de diálogo interreligioso. En efecto, hace unos años editó “Ecumenismo y diálogo interreligioso en la Argentina”. En esa ocasión el prólogo lo firmó el cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy el papa Francisco. Entre otras cosas, escribía: “Este libro busca sostenernos en el camino, en la adoración del único Dios, en el cotidiano procurar ser irreprochables. Es un eslabón más en la nube de testigos. Este libro procura excitar más todavía nuestra fraternal sed de encuentro”.

La obra de Silvina Chemen y Francisco Canzani, sobre la que conversamos con ellos, representa una propuesta y un testimonio de esta forma de encuentro.

–¿Cómo surgió la idea de escribir juntos “Un diálogo para la vida”?

Silvina Chemen: Nosotros no nos encontramos para escribir, en realidad el libro fue fruto de un encuentro en la vida que se fue embelleciendo con el correr del tiempo. Y mientras lo escribíamos decidimos agregar un pequeño apéndice en cada capítulo titulado “Aprendizajes en el camino”, porque entendíamos que al poner esto blanco sobre negro estábamos también haciendo una experiencia en este sentido.

Francisco Canzani: Además fue una experiencia comunitaria, en un contexto de diálogo que nos incluye. No queríamos caer en lugares comunes, en cuestiones muy técnicas, académicas o políticamente correctas, sino en lo testimonial. No pensamos en un libro de buenos consejos sobre cómo dialogar sino partir de una experiencia personal y comunitaria y que a su vez tuviera los fundamentos teóricos suficientes que aportaran elementos para involucrarse en el diálogo judeo-cristiano y, tal vez, pretensión ambiciosa, en cualquier forma de diálogo.

–¿Cuál es el objetivo principal del libro?

Silvina Chemen: Nuestro intento es generar conciencia de que el diálogo es una oportunidad para vivir mejor, porque si algo tienen que hacer las religiones en este mundo globalizado es preservar ciertos sentidos éticos, de esperanza, darle sentido a la existencia. (…)

–Retomando el concepto de convivencia, el documento de la Iglesia católica Lumen Gentium habla de la “construcción de la familia humana”.

Francisco Canzani: No hay que tenerle miedo a las identidades: identidades sólidas ayudan mejor al diálogo. Más identidad, más vínculo. Además, la identidad incluye la honestidad intelectual y la honestidad espiritual.

Para leer la versión integral de la entrevista de José María Poirier y Santiago Durante (Buenos Aires), ingresar a Revista Cn.