Movimiento de los Focolares
Bienaventurados los que trabajan por la Paz

Bienaventurados los que trabajan por la Paz

Pope Benedict XVI

1. Cada nuevo año trae consigo la esperanza de un mundo mejor. En esta perspectiva, pido a Dios, Padre de la humanidad, que nos conceda la concordia y la paz, para que se puedan cumplir las aspiraciones de una vida próspera y feliz para todos.

Trascurridos 50 años del Concilio Vaticano II, que ha contribuido a fortalecer la misión de la Iglesia en el mundo, es alentador constatar que los cristianos, como Pueblo de Dios en comunión con él y caminando con los hombres, se comprometen en la historia compartiendo las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias[1], anunciando la salvación de Cristo y promoviendo la paz para todos.

En efecto, este tiempo nuestro, caracterizado por la globalización, con sus aspectos positivos y negativos, así como por sangrientos conflictos aún en curso, y por amenazas de guerra, reclama un compromiso renovado y concertado en la búsqueda del bien común, del desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre.

Causan alarma los focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado. Aparte de las diversas formas de terrorismo y delincuencia internacional, representan un peligro para la paz los fundamentalismos y fanatismos que distorsionan la verdadera naturaleza de la religión, llamada a favorecer la comunión y la reconciliación entre los hombres.

Y, sin embargo, las numerosas iniciativas de paz que enriquecen el mundo atestiguan la vocación innata de la humanidad hacia la paz. El deseo de paz es una aspiración esencial de cada hombre, y coincide en cierto modo con el deseo de una vida humana plena, feliz y lograda. En otras palabras, el deseo de paz se corresponde con un principio moral fundamental, a saber, con el derecho y el deber a un desarrollo integral, social, comunitario, que forma parte del diseño de Dios sobre el hombre. El hombre está hecho para la paz, que es un don de Dios.

Todo esto me ha llevado a inspirarme para este mensaje en las palabras de Jesucristo: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). (leer más)

Enero 2013

El amor es para cada cristiano el programa de su vida, la ley fundamental de su modo de actuar, el criterio sobre el cual moverse.

Siempre el amor tiene que prevalecer sobre las otras leyes. De hecho: el amor hacia los otros debe ser para el cristiano la sólida base sobre la cual se pueden cumplir legítimamente todas las demás normas.

«… misericordia quiero, y no sacrificio».

Jesús quiere amor y la misericordia es una expresión de ello.

Y Él quiere que el cristiano viva así, sobretodo porque Dios es así.

Para Jesús, Dios es antes que todo el Misericordioso, el Padre que ama a todos, que hace salir el sol y hace llover sobre buenos y malos.

Jesús, porque ama a todos, no tiene miedo de estar con pecadores y en este modo nos revela quién es Dios.

Si Dios es así, si Jesús es igual, también tú debes tener idénticos sentimientos.

«… misericordia quiero, y no sacrificio».

«… y no sacrificio».Si no tienes nunca amor por el hermano, a Jesús no le gusta tu devoción por Él. No acepta tu oración, tu asistencia a la Eucaristía, las ofrendas que le puedas hacer, si todo esto no florece de tu corazón en paz con todos, rico de amor hacia todos.

¿Recuerdas sus palabras tan incisivas del discurso de la montaña? “Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.” (Mt 5, 23-24).

Esto te dice que el culto que más le gusta a Dios es el amor al prójimo, que está a la base del culto hacia Dios.

Si tú quisieras hacer un regalo a tu padre mientras estas enojado con tu hermano (o tu hermano contigo), ¿Qué diría tu padre? “Hagan las paces y después ven a ofrecerme lo que desees”.

Pero hay más. El amor no es solo la base del ser cristiano. Es también el camino más directo para estar en comunión con Dios. Lo dicen los santos, testigos del Evangelio que nos han precedido, lo experimentan los cristianos que viven su fe: si ayudan a sus hermanos, sobre todo los más necesitados, crece en ellos la devoción, la unión con Dios se hace más fuerte, advierten que existe una unión entre ellos y el Señor: y es eso lo que da más alegría a su vida.

«… misericordia quiero, y no sacrificio».

¿Cómo vivir entonces esta palabra de vida?

No hacer discriminación entre las personas que están en contacto contigo, no marginar a nadie, sino ofrecer a todos cuanto puedas dar, al imitar a Dios Padre. Arregla pequeños o grandes problemas que disgustan al Cielo y te amargan la vida, no dejes calar el sol – como dice la Escritura (cf Ef 4,26) – sobre tu ira, hacia cualquiera.

Si te comportas así, todo lo que hagas será agradecido por Dios y quedará por la eternidad. Sea que tú trabajes o descanses, sea que tú juegues o estudies, sea que tú estés con tus hijos o con tu esposa o marido paseando, sea que tú reces o te sacrifiques o realices aquellas prácticas religiosas que van de acuerdo con tu vocación cristiana, todo, todo, todo será materia prima para el Reino de los Cielos.

El Paraíso es una casa que se construye desde aquí y se habita allí, y se construye con el amor.

Chiara Lubich

Publicado en Junio 1981

Bienaventurados los que trabajan por la Paz

“La guerra es un homicidio en grande”

“La guerra es un homicidio en grande”.

“Como la peste sirve para apestar, así la guerra sirve para matar”.

“Si quieres la paz, prepara la paz”.

“Sólo los locos y los incurables pueden desear la muerte. La muerte es la guerra”.

“No creo que exista ningún Jefe de Estado que haya admitido haber hecho una guerra con el fin de robar; siempre ha declarado hacerla con fines más nobles, uno más altruista, más ideal que el otro. Y –puerilidad del odio- siempre la rapacidad se le achaca al enemigo y la idealidad al amigo”.

“Los enemigos se aman. Ésta es la posición del cristianismo. Si se empezara una política de la caridad, se descubriría que la misma coincide con la más iluminada racionalidad, y se revelaría, también económicamente y socialmente, como un buen negocio”.

“Para merecerse el nombre de hijos de Dios los cristianos deben trabajar por la paz”.

“Nosotros debemos organizar la paz así como otros han organizado la guerra”.

“La obra pacificadora empieza por mí y por tí…”

Igino Giordani, L’inutilità della guerra, publicado por Città Nuova, Roma 2003

Bienaventurados los que trabajan por la Paz

Reinicia el «Time Out» por la paz

Es la propuesta de María Voce a los 350 jóvenes de los Focolares provenientes de varios países, reunidos en Castelgandolfo, para ser los primeros portadores en todo el mundo. Empujada por las noticias llegadas a través de algunas cartas de los miembros de los Focolares en Medio Oriente, María Voce expresó a la asamblea un deseo.

Ante “estas guerras absurdas, solamente Dios puede responder a la necesidad de paz que hay en la humanidad. Se necesitaría realmente una oración fuerte, potente”, “con una fe renovada de que Dios puede hacerlo, que si se pide en unidad Dios responde”.

Entonces la propuesta es: “¿Por qué no retomar el time-out a mediodía?”, en la jerga deportiva es una suspensión temporánea del juego. Chiara Lubich lo había lanzado –prosigue María Voce- durante la guerra del Golfo en 1991, esa vez Dios escuchó las oraciones de todos”.

Por lo tanto retomemos la práctica del Time Out empezando por los jóvenes. “Jesús es llamado el Príncipe de la Paz”, concluyó María Voce, pidiendo que le donemos a la humanidad esa “paz justa, que le permita a todos, de cualquier credo y condición o país, vivir serenamente la vida; y que comparta este don de la paz con todos los hombres”.

Con un tam-tam en las Redes Sociales los jóvenes que empezaron a difundir la noticia creando el evento Time Out for peace.

La cita para todos es a mediodía, en nuestras ciudades, para pedir, unidos, el don de la paz.

Bienaventurados los que trabajan por la Paz

Cada día puede ser Navidad


¡Es Navidad!

El Verbo se ha hecho hombre y ha encendido el amor en la tierra.

¡Es Navidad!

Y quisiéramos que este día no pasase jamás.

Enséñanos, Señor, a perpetuar tu presencia entre los hombres.

¡Es Navidad!

¡Que tu amor encendido en la tierra inflame nuestros corazones para que nos amemos como tú quieres!

Entonces estarás entre nosotros.

Y, si nos amamos, cada día puede ser Navidad.

Chiara Lubich

De Y vuelve la Navidad, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1997,  pag. 80


Bienaventurados los que trabajan por la Paz

Navidad 2012: tiempo de recomenzar


Christmas 2012

«Me parece que Dios nos ofrece en este año que comienza un año jubilar, no solo en el sentido de la alegría sino en el sentido de un año en el que se recomienza, se perdonan todas las deudas. Queremos partir desde cero, con un pacto de misericordia, concreto, verdadero, profundo.

Un año en el que ofrecemos perdón y pedimos perdón. Y declaramos oficialmente que pondremos todas nuestras fuerzas en mejorar nuestras relaciones. Estamos sostenidos en este esfuerzo por el compromiso de vivir el amor al hermano  con renovada intensidad.

Teniendo una misericordia que todo lo espera, que protege siempre, que da confianza, que cree, experimentaremos una amnistía completa en el corazón, un perdón recíproco universal.

A todos ¡Feliz Navidad! como “hijos de Dios” (Jn 1,12), pues Jesús nos da el poder serlo».

Maria Voce