Movimiento de los Focolares
Simposio budista-cristiano

Simposio budista-cristiano

Fue una “peregrinación de la Verdad”, como Benedicto XVI había definido el evento de Asís en el 2011”, comenta uno de los organizadores del quinto simposio promovido en Castel Gandolfo por el Movimiento de los focolares. Un centenar de personas, entre budistas y cristianos de proveniencias, corrientes y experiencias religiosas distintas.

Los budistas, que llegaron de Tailandia, Japón, Taiwán, Sri Lanka, Malasia y Corea, representaban distintas corrientes del budismo: theravada con un grupo de monjes Thai, mahayana del Japón, además la Rissho Kosei-kai, asociación budista que desde hace más de treinta años colabora con el Movimiento de los focolares. Estaban presentes también miembros de escuelas tradicionales como la Tendai-shu, la Nichiren-shu, y la Hosso-shu y el budismo chino representado por las monjas que vinieron de Taiwán, Sri Lanka y Malasia pertenecientes a dos nuevas asociaciones: el Drama Drum Mountain y el Fo-Guang-Shan. De Corea asistió un representante del Won Buddhism.

Los cristianos, en  total unos cuarenta, provenían de Tailandia, Japón, Corea, Taiwán, Estados Unidos, Austria, Suiza, Inglaterra e Italia, con la asistencia del cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el diálogo interreligioso, y también la asistencia de la presidente de los Focolares María Voce.

No solo encontrar los puntos en común, sino construir juntos un mundo lleno de amor y de compasión, permaneciendo fieles a la identidad de cada religión, es el aspecto extraordinario de este simposio que difícilmente se encuentra en otros lados”, escribía en su mensaje el Presidente de la Rissho Kosei kai, Nichiko Niwano, resumiendo muy bien el clima de profunda fe, construido en el transcurso de los años, que se respiraba en el simposio y que envolvió a los que asistían por primera vez a un evento de este tipo.

El título del convenio “Interpretar y vivir las Escrituras para construir la armonía y la paz universal”, fue profundizado por varios estudiosos que se alternaron en las distintas exposiciones. Ya en la fase de preparación existió una gran colaboración sea por el contenido de las intervenciones como por la traducción en cuatro idiomas. Todo este trabajo permitió que después de cada presentación existiese el tiempo suficiente para el diálogo que se expresaba sobre todo como comunión personal de los asistentes.

Las diferencias, no solo entre cristianismo y budismo sino también entre las diversas corrientes budistas, en este ámbito de profunda espiritualidad, no creaban dificultades o tensiones, al contrario, se convertían en un precioso don recíproco, afirmando al mismo tiempo la propia fe.

“Escuchando las Escrituras de cada religión he visto que hay puntos en común y las divergencias también las he visto, pero el simposio fue un aumento de sabiduría para cada uno de nosotros recíprocamente” decía Phrakhru Suplan, maestro de meditación Vipassana y abad del Templo Wat Ram Poeng en Chiang Mai (Tailandia)

Un dato que debemos señalar es el interés de los monjes de las escuelas tradicionales por los movimientos modernos budistas. Fue apreciada también la presencia entre los cristianos de un sacerdote anglicano, un pastor reformado y una laica luterana.

Durante el encuentro muchos resaltaron “la atmósfera especial” que percibían, a tal punto que recordaban las proféticas palabras de Juan Pablo II en 1986 en el encuentro con exponentes de las religiones no cristianas, en Madrás (India): “Dios está presente en medio nuestro, porque mientras nos abrimos uno al otro en el diálogo, nos abrimos también a Dios”

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Milán 2012: Saludo de Maria Voce – encuentro de las familias

Sábado en la mañana, 2 de junio. Sesto San Giovanni (Milán) acoge a 4.000 personas provenientes de Lombardía y de zonas limítrofes, son familias adherentes al Movimiento de los Focolares que participan activamente en el encuentro mundial. Entre la participación de la presidente María Voce y del copresidente Giancarlo Faletti.

«Es estos días, en los que nos concentramos en la realidad de la familia – dijo María Voce en su discurso –  surge la pregunta: ¿Cuál es el designio de Dios sobre ella?». Responde citando a Chiara Lubich en el Familyfest del ’81 en Roma: «Dios ha creado, ha plasmado una familia. Cuando se encarnó, se rodeó de una familia. Cuando Jesús empezó su misión y manifestó su gloria, se estaba festejando a una familia».

Haciendo referencia al tema de Milán 2021: El trabajo y la fiesta de la vida de la familia, subrayó la importancia del trabajo para su fundación y subsistencia.

«A su vez –afirmó la presidente-, la familia es importante para el trabajo. Por la educación a la laboriosidad y a los valores típicos que la familia conlleva, por el espíritu de cooperación y solidaridad que le son propios, por la importancia que da a la gratuidad, a la reciprocidad, al ser un don el uno para el otro, que garantizan las bases de la sociedad –aunque también subraya con fuerza que la finalidad del ser humano no es sólo el trabajo.

«Por ello es necesario que el trabajo se organice considerando no sólo las exigencias económicas de las personas, sino su efectivo y total bienestar. Por eso es importante que el tiempo destinado para el trabajo esté en armonía con el dedicado a la familia».

Seguidamente, la presidente de los Focolares recordó que Jesús también trabajó (así como José y María), y que «ellos, además de ser perfectos trabajadores, nos ofrecen también el auténtico significado de la fiesta». En este sentido recuerda la peregrinación a Jerusalén… y las bodas de Canaán «donde (Jesús), con María su madre, fueron a festejar a unos recién casados. (…) En la vida de la Sagrada Familia había trabajo, pero también fiesta, que quiere decir tiempo dedicado al descanso, a las relaciones con los demás».

Refiriéndose nuevamente a Chiara Lubich, María Voce concluyó subrayando que «En cierta forma (Chiara) ya había anticipado los términos de este binomio: trabajo y fiesta. Es decir, si vivimos bien los valores de la familia, también el trabajo y la fiesta se verán nutridos por estos valores, convirtiéndose así en testigos y constructores auténticos de una sociedad según el corazón de Dios»

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Junio 2012

El “alimento que no perece” es la persona misma de Jesús y es también su enseñanza, ya que la enseñanza de Jesús es una sola cosa con su persona. Leyendo más adelante otras palabras de Jesús, se ve que este “pan que no perece” se identifica también con el cuerpo eucarístico de Jesús. Se puede decir entonces que el “pan que no perece” es Jesús en persona, el cual se dona a nosotros en su Palabra y en la Eucaristía. «Busquen no el alimento perecedero, sino el alimento que permanece para la vida eterna, el que les da el Hijo del hombre».  La imagen del pan se repite a menudo en la Biblia como, igualmente, la del agua. El pan y el agua representan los alimentos básicos, indispensables para la vida del hombre. Ahora Jesús, aplicando a sí mismo la imagen del pan, quiere decir que su persona y su enseñanza son indispensables para la vida espiritual del hombre como lo es el pan para la vida del cuerpo. El pan material es, sin duda, necesario. Jesús mismo lo procura milagrosamente a las turbas. Pero solo no basta. El hombre lleva en sí mismo – quizás sin darse cuenta perfectamente de ello – un hambre de verdad, de justicia, de bondad, de amor, de pureza, de luz, de paz, de alegría, de infinito, de eterno, que ninguna otra cosa en el mundo es capaz de satisfacer. Jesús se propone a sí mismo como el único capaz de saciar el hambre interior del hombre. «Busquen no el alimento perecedero, sino el alimento que permanece para la vida eterna, el que les da el Hijo del hombre». Pero, presentándose como el “pan de vida”, Jesús no se limita a afirmar la necesidad de nutrirse de él, es decir que es necesario creer en sus palabras para tener la vida eterna; sino que quiere impulsarnos a hacer la experiencia de Él; en efecto, con la Palabra: «Busquen el alimento que no perece» Él hace una apremiante invitación. Dice que es necesario esforzarse, poner en acción todas las tácticas posibles para procurarse este alimento. Jesús no se impone, sino que quiere que se le descubra, que se le experimente. Ciertamente el hombre con sus solas fuerzas no es capaz de alcanzar a Jesús. Puede hacerlo por un don de Dios. Todavía, Jesús invita continuamente al hombre a disponerse para acoger el don de sí mismo, que Jesús quiere hacerle. Y precisamente, esforzándose en poner en práctica su Palabra, es como el hombre llega a la fe plena en Él, a gustar su Palabra como se gustaría un pan fragante y sabroso. «Busquen no el alimento perecedero, sino el alimento que permanece para la vida eterna, el que les da el Hijo del hombre». La Palabra de este mes no tiene por objeto un punto particular de la enseñanza de Jesús (por ejemplo, el perdón de las ofensas, el desapego de las riquezas, etc.), sino que vuelve a conducirnos a la raíz misma de la vida cristiana, que es nuestra relación personal con Jesús. Yo pienso que quien ha comenzado a vivir con empeño su Palabra y, sobre todo, el mandamiento del amor al prójimo, síntesis de todas las palabras de Dios y de todos los mandamientos, advierte, al menos un poco, que Jesús es el “pan” de su vida, capaz de colmar los deseos de su corazón, la fuente de su alegría, de su luz. Poniéndola en práctica ha llegado a gustar la Palabra, al menos un poco, como la verdadera respuesta a los problemas del hombre y del mundo. Y, dado que Jesús es “pan de vida”, hace el don supremo de sí mismo en la Eucaristía, va espontáneamente a recibir con amor la Eucaristía y ella ocupa un puesto importante en su vida. Es necesario entonces que quien de nosotros ha hecho esta estupenda experiencia, con la misma premura con la que Jesús impulsa a procurarse el “pan de la vida”, no tenga para sí su descubrimiento, sino que lo comunique a otros para que muchos encuentren en Jesús lo que su corazón busca desde siempre. Es un enorme acto de amor que hará a los prójimos, para que también ellos puedan conocer lo que es la verdadera vida, ya desde esta tierra, y tengan la vida que no muere. ¿Y qué más podemos querer?

 Chiara Lubich

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Mujeres iglesia mundo: si la guía es femenina

Publicamos las primeras líneas de la entrevista a María Voce, a cargo de Lucetta Scaraffia. Pronnto estará disponible la traducción integral.

  •  «Queríamos que el nuevo encarte dedicado a las mujeres de «L’Osservatore Romano» saliera con su entrevista: usted es la única mujer que preside un Movimiento de tanta importancia. ¿Esta singularidad le pesa en sus contactos con la jerarquía eclesiástica?

 No me pesa, pero es una peculiaridad que cada vez más la reconocen el Papa, los cardenales, los obispos, según el significado original expresado por Juan Pablo II: ser signo y garantía del perfil mariano que expresa el primado del amor sobrenatural, de la santidad, y que es co-esencial al perfil apostólico-petrino. Ambas dimensiones concurren, dijo Wojtyła, «a hacer presente el Misterio de Cristo y su obra salvífica en el mundo». No fue así las primeras dos décadas de nuestra historia: ¡la novedad era tal! Detrás hay un largo itineraario no excento de sufrimiento. (…)

  •  La Iglesia en estos últimos años ha tenido que superar momentos de gran dificultad. ¿Cree que un nuevo papel y la presencia de las mujeres facilitaría su superación?

Es difícil decirlo. Yo diría que hay que mirar al hoy, cuando una profunda crisis  atraviesa no sólo la Iglesia, sino toda la humanidad. Si, como repite el Papa, en la raíz de la crisis hay una crisis de fe, la mujer, allí donde se encuentre tiene una vocación específica ser portadora de Dios, de ese amor sobrenatural que tiene el valor más grande y eficaz para renovar la Iglesia y la sociedad. de Lucetta Scaraffia  Lee la entrevista integral