Movimiento de los Focolares
Espiritualidad de la Unidad: María,  Madre de Dios

Espiritualidad de la Unidad: María, Madre de Dios

Ave Cerquetti, 'Mater Christi' - Roma, 1971

María, la Madre de Dios, estuvo presente en la vida del movimiento desde el inicio. Chiara Lubich recordó innumerables veces un episodio que vivió bajo un terrible bombardeo, que podía ser fatal para ella y sus primeras compañeras, cuando percibió personalmente algo referente a María Santísima: “Llena de polvo, que invadía todo el refugio – recordaba – levantándome del suelo casi de milagro, en medio de los gritos de los presentes, dije a mis compañeras: ‘He sentido un dolor agudo en el alma, ahora, mientras estábamos en peligro: el dolor de no poder volver a recitar aquí en la tierra el Ave María’. Entonces no podía captar el sentido de esas palabras y de ese sufrimiento. Quizás expresaba inconscientemente la idea de que, si salvábamos la vida, con la gracia de Dios, podríamos dar gloria a María con la obra que estaba punto de nacer”. De consecuencia, que el Movimiento de los Focolares tenga como nombre oficial “Obra de María”, no sorprende. Ni que haya llamado ‘Mariápolis’ a sus principales encuentros y a las ciudadelas permanentes. Y que cada centro de congresos sea llamado un ‘Centro Mariápolis’. Chiara escribirá en el 2000: ”María había utilizado para nuestro Movimiento el mismo método que con la Iglesia: mantenerse en la sombra para dejarle todo el protagonismo a quien lo debía tener: a su hijo, que es Dios. Pero cuando llegó el momento de su entrada «oficial» –por así decir– en nuestro Movimiento, ella se mostró –o mejor, Dios nos la reveló– grande en la misma medida en que había sabido desaparecer. Fue en 1949 cuando María le dijo verdaderamente a nuestro corazón algo de sí misma. Aquel fue un año de gracias especiales, quizá un «período iluminativo» de nuestra historia. Comprendimos que María, engastada cual criatura única y singular en la Santísima Trinidad, era toda Palabra de Dios, estaba toda revestida de ella. Y si el Verbo, la Palabra, es la belleza del Padre, María, Palabra de Dios materializada, tenía una belleza incomparable. “Tuvimos una impresión tan fuerte ante esta comprensión, que hasta ahora no la hemos podido olvidar; es más, comprendemos por qué entonces nos parecía que sólo los ángeles podían balbucear algo de ella. El verla así nos atrajo a ella, y nació un amor nuevo por ella. Amor al cual ella res-pondió evangélicamente, manifestándose a nuestra alma más claramente como lo que era: Madre de Dios, Theotókos. Es decir, no sólo como la jovencita de Nazaret, la criatura más bella del mundo, el corazón que contiene y supera todos los amores de las madres del mundo, sino como Madre de Dios. “Y en ese momento, no sin una gracia de Dios, María nos reveló una nueva dimensión suya que hasta entonces nos había sido completamente desconocida. Sí, porque antes, por poner una compa-ración, veíamos a María ante Cristo y los santos como se ve la luna (María) en el cielo frente al sol (Cristo) y a las estrellas (los santos). Ahora no: la Madre de Dios envolvía, como un enorme cielo azul, al mismo sol (…) “Pero esta comprensión nueva y luminosa de María no se quedaba en pura contemplación (…). Nos resultó claro que María representaba para nosotros el modelo, nuestro “deber ser” y cada uno de nosotros por nuestra parte nos veíamos como un “poder ser” María”.

Paraná, Argentina: peregrinación en la fiesta de Chiara Luce Badano

29 de octubre de 2011. Fiesta de la Beata Chiara Luce Badano, un testimonio fuerte para los jóvenes de hoy: una chica como todos, que sin dejar de vivir plenamente su adolescencia y juventud decidió dar su sí a Jesús, especialmente en los momentos más dolorosos de la vida. Paraná es la capital de la Provincia de Entre Ríos. Fue uno de las primeras comunidades en recibir un focolar, allá por los años ’60, cuando todavía no existían todas las vías de comunicación que hoy están disponibles: puentes y un túnel subfluvial. Pocos días antes se había presentado el libro: “Entre Cielo y Tierra”, en el que Franz Coriasco, cuenta la historia de Chiara Luce desde la cercanía de quien vivió la cotidianeidad con ella. En esa oportunidad, en el sugestivo marco del Museo histórico Martiniano Leguizamón, se generó un diálogo vivaz con el autor. Ahora, bajo un cielo límpido en el atardecer de este sábado, casi un centenar de jóvenes caminan juntos desde los límites de la ciudad hasta el Centro Mariápolis “El Salvador”, ubicado en en medio de sembradíos de granos y grandes huertas. El crepúsculo forma un juego de colores espectaculares. Con ellos está también el Cardenal Estanislao Karlic, arzobispo emérito. Se canta, se escuchan relatos, fragmentos de sus escritos. Ya en destino, el Cardenal celebra la misa en la Capilla del Centro y al entronizar la imagen de Chiara Luce que quedará expuesta, expresa: “pidamos, por intercesión de Chiara Luce, que este sea su Santuario, un santuario de los jóvenes, donde puedan encontrar siempre acogida.” Un desafío y un programa, que trasciende la simple veneración, sino que invita a cada uno a seguir el testimonio de Chiara Luce allí donde vive y actúa. Ya cayó el sol y con antorchas se trasladan al salón del Centro donde ven un video que cuenta la historia de Chiara Luce. El Canal 11, el canal local, siguió todo el desarrollo del evento. Más tarde transmitió una entrevista con el padre José Carlos Badano, sacerdote de la Arquidiócesis de Paraná y pariente de Chiara Luce. http://www.elonce.com/videos/video.php?id=151714

Espiritualidad de la Unidad: María,  Madre de Dios

Espiritualidad de la unidad: El Espíritu Santo

El Espíritu Santo es indudablemente un “Dios desconocido”. Se habla mucho sobre él, pero pocos saben quién es, cómo actúa, cuáles son las bellezas y fantasías divinas de las que se reviste. Sin manifestarse directamente, Chiara Lubich y sus primeras compañeras advirtieron que Él actuaba desde los primeros latidos de vida del movimiento. Un Dios, por así decir, que se mantuvo escondido con delicadeza, enseñándoles qué es el amor, él que lo personifica. Él, el comunicador, el amor entre el Padre y el Hijo, él el “soplo ligero”. Escribe Chiara: “Hemos asistido durante toda nuestra nueva vida, a su acción día tras día, a veces dulce, a veces fuerte, a veces hasta violenta; y casi no nos dimos cuenta de él. Pero desde la primera elección de Dios amor, la luz que iluminaba las palabras del Evangelio, desde la revelación de Jesús abandonado, la alegría, la paz y la luz que sentíamos brotar en nuestros corazones, viviendo el mandamiento nuevo, no fue otro que el Espíritu Santo que actuaba. Realmente podríamos reescribir la historia del movimiento, atribuyéndola toda al Espíritu Santo. Sólo ahora vemos, en efecto, que Él fue el gran protagonista de nuestra aventura, quien movió todo. “Pero ahora que él se reveló por lo que realmente fue para nosotros, podemos encontrar sus huellas luminosas, en innumerables signos de su acción constante e imprevisible. Aquella voz interior que nos guiaba en el nuevo camino, aquella atmósfera particular que se percibía en el aire de nuestros encuentros, aquella potente liberación de energías latentes, que purifica y renueva, aquella alquimia divina que transforma el dolor en amor, aquellas experiencias de muerte y resurrección: todo esto y muchos otros fenómenos sorprendentes que acompañaron nuestro camino de vida, tienen sólo un nombre, que aprendimos a reconocer, para estarle infinitamente agradecidos y sentirnos animados a pedirle su intervención en todos nuestros asuntos cotidianos, desde los más simples a los más exigentes. Él nos dio el coraje para afrontar las muchedumbres, para dejar la propia patria, para afrontar dificultades, adversidades, a menudo con alegría. Pero el efecto más profundo, más radical, más característico es ser entre nosotros vínculo de unidad”. El Espíritu Santo es el don que Jesús nos hizo para que fuéramos uno como él y el Padre. Sin dudas, el Espíritu Santo ya antes estaba en nosotros, porque somos cristianos; pero aquí hubo una nueva iluminación, una nueva manifestación suya dentro de nosotros, que nos hace partícipes y actores de una nueva Pentecostés, junto a todos aquellos movimientos eclesiales que hacen nuevo el rostro de la Iglesia”.

Espiritualidad de la Unidad: María,  Madre de Dios

Argentina: en Buenos Aires la santidad y los jóvenes

Una fiesta de los jóvenes. Así se recordó la beatificación de Chiara Luce Badano en Buenos Aires. Una manifestación de una santidad al alcance de cualquier persona. La jornada tuvo lugar en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, que se vió colmada con la presencia de más de 900 personas.

Franz Coriasco firma y dedica libros

El momento central del programa estaba reservado para una entrevista con Franz Coriasco, que viajó desde Italia especialmente para este momento, para presentar su libro «Entre cielo y tierra» (recientemente editado por Editorial Ciudad Nueva), que él, como no creyente, escribió sobre Chiara Luce. El diálogo fue transitando desde la sabiduría y la cotidianeidad que van a la par, y su testimonio de la santidad de la joven beata, de su vida como modelo para todos y la búsqueda sincera de la verdadera felicidad. Los jóvenes se sintieron involucrados desde el primer momento, prestando una escucha profunda y una atención especial. Fue una fiesta sencilla: los números eran esenciales, simples, pero trasparentaban autenticidad, frescura, radicalidad, con un lenguaje muy actual. Muchos se sintieron representados en las coreografías y partes de teatro que expresaban la incesante búsqueda de la luz y la verdad. Se confundían los rostros felices de los jóvenes y el de Chiara Luce Badano. Su testimonio sigue vivo y su antorcha encendida sigue pasando de mano en mano sin detener su marcha.