Movimiento de los Focolares
On line el nuevo sitio de Schoolmates

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Ideado y actuado por los Muchachos por la unidad de los Focolares, en colaboración con la AMU (Asociación Acción por un mundo Unido – ONLUS) y Humanidad Nueva, Schoolmates es un proyecto nacido en el 2002 que ha involucrado, en estos casi diez años, a cientos de escuelas. El objetivo es permitir a los muchachos de países distintos ponerse en contacto y conocerse, como sugiere el nombre, de un lado o del otro del mundo. Quien participa contribuye después, mediante numerosas actividades, a alimentar un fondo de solidaridad que permite distribuir, cada año, varias becas. En los últimos 12 meses se han asignado 376 en 25 naciones.

La renovación del sitio http://www.school-mates.org/ apunta a mejorar la comunicación, la participación y la interacción entre los salones de clase y los grupos que adhieren a las tres fases del proyecto. Se empieza comprometiéndose a vivir la “Regla de oro” que invita a “hacer a los demás lo que quisiéramos que nos hicieran”, norma presente en los libros sagrados de tantas religiones. La segunda fase permite conocerse: poniendo en red, a través de la web, a salones o grupos de muchachos de distintos países. El proyecto quiere ofrecer la posibilidad de conocer otras culturas creando un diálogo mediante el cual las diferencias se conviertan en fuente de riqueza las unas para con las otras. En esta fase encontramos una novedad en el sitio la posibilidad de administrar, para quien participa en las tres fases del proyecto, un espacio web propio. En éste los muchachos pueden presentar su salón de clase o grupo, dar a conocer su país desde el punto de vista histórico, geográfico y cultural, y compartir experiencias y testimonios de su compromiso en vivir la Regla de oro. Si la clase o el grupo desean ponerse en contacto con otras clases o grupos, esto puede realizarse en un área reservada. La tercera fase está caracterizada por el compartir: los salones de clase y los grupos que adhieren al proyecto se comprometen de hecho a sostener, todos los años, algunos micro-proyectos de solidaridad. El objetivo es permitir, mediante la asignación de becas a muchachos que de lo contrario no tendrían la posibilidad, frecuentar la escuela y completar su formación escolar o profesional. Entre las novedades del nuevo sitio está también una sección dedicada a los maestros, profesores y tutores, ideada para compartir materiales y experiencias didácticas realizadas en varios países y en escuelas de distinto origen y nivel.

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Armonía y ambiente

«Para nosotros cada objeto debe tener un sentido», repetía Marilen Holzhauser, una de las primeras focolarinas. La sobriedad, la esencialidad, fueron para las primeras compañeras de aventura de Chiara Lubich, el estilo de vida, la decoración, el vestir. La  belleza revela así el misterio de una flor que sólo consume lo que necesita y muestra de esta forma su auténtica belleza. La belleza se convierte en esplendor de la verdad. La armonía de la esencialidad hace descubrir que «la belleza salvará al mundo» y qué belleza salvará al mundo. En la Carta a Diogneto se lee a propósito de los primeros cristianos: «Viviendo en ciudades griegas o bárbaras, donde está cada uno, y adaptándose a las costumbres locales en el vestido, en la comida y en todo el resto, dan un testimonio de vida social admirable y sin duda sorprendente». Todo esto se refleja en la vida concreta de aquellos que se adhieren al “espíritu de la unidad”. Por ejemplo, los “Centros Mariápolis”, que acogen congresos y cursos de formación y las Ciudadelas de vida común, 22 en todo el mundo, son realidades concretas que se proponen restaurar en su integridad humana las relaciones sociales.  De igual modo, la producción de los Centro Ave y Azur, y las reuniones de “Art’è”, así como las obras de arte de pintores, músicos, pianistas, bailarines,… quieren expresar la continua novedad de Dios, fuente de belleza y armonía.

Dina Figueiredo, 'Eucarestia' - Hospital S.Chiara, Trento 2004

Escribía Chiara Lubich: «El artista verdadero es un grande. Todos lo dicen, aunque son pocos los críticos de arte; pero en todos se da la admiración y la fascinación por “lo bello”. El artista se aproxima en cierto modo al Creador. El verdadero artista posee su técnica, casi inconscientemente, y se sirve de los colores, de las notas, de la piedra, como nosotros nos servimos de las piernas para caminar. El punto de concentración del artista está en su alma, donde contempla una impresión, una idea que quiere expresar fuera de él. Por eso, con las infinitas limitaciones de su pequeñez de hombre en comparación con Dios, y, por tanto, con la infinita diversidad de las dos cosas “creadas”, (valga la palabra), el artista es, en cierto modo, uno que recrea, crea nuevamente; y una verdadera “recreación” para el hombre podrían ser las obras maestras de arte que otros hombres han producido. Por desgracia, por falta de verdaderos artistas, el hombre se recrea sobre todo en fantasías vacías, de cine, teatro, variedades, donde a menudo el arte ocupa poco sitio. «El artista verdadero nos da, en cierto modo, con sus obras maestras, que son como juguetes frente a la naturaleza, obra maestra de Dios, el sentido de quién es Dios y nos hace descubrir en la naturaleza la huella trinitaria del Creador: la materia, la ley que la informa como un Evangelio de la naturaleza, y la vida, que es casi consecuencia de la unidad de las dos primeras. El conjunto, además, es algo que al continuar “viendo” ofrece la imagen de la unidad de Dios, del Dios de los vivos. Las obras de los grandes artistas no mueren, y aquí está el termómetro de su grandeza, porque la idea del artista se ha expresado, en cierto modo, perfectamente en la tela o en la piedra, componiendo algo vivo».

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Chiara Lubich a la Jornada Mundial de la Juventud en Polonia 1991

Queridísimos jóvenes En esta primera parte, debemos llevar a cabo una tarea que nos dio la Iglesia, es decir, profundizar el tema que caracteriza esta Jornada, y presentar nuestro Movimiento, al menos su sector juvenil, a quien no lo conociera. Profundizar el tema, ‑y ya lo escucharon mencionar en las canciones‑ que dice así: han recibido un espíritu de hijos» (Rom. 8, 15); y además presentar el Movimiento. El carisma del Movimiento de los Focolares, de hecho, consiste fundamentalmente en esto: despierta en los corazones una conciencia nueva de la realidad de ser hijos de Dios, y de serlo hoy, según los planes que El tiene pensados para nuestro tiempo. «Han, nos repite este carisma, han recibido un espíritu de hijos». Recordemos el inicio del Movimiento. En el marco de la segunda guerra mundial, que sembraba por doquier destrucción completa, aquí está, por decirlo así, la gran revelación que el Espíritu ofreció a nuestro espíritu: Resplandece sobre vuestras cabezas un sol radiante: es Dios, Dios que es Amor, Dios que los ama inmensamente, que tiene contados incluso los cabellos de vuestra cabeza… El es el Padre y ustedes son sus hijos. Y una fe formidable en Dios que nos ama entró, desde ese momento, en el alma de los primeros miembros del Movimiento. Fe que después, cuantos en los años siguientes se fueron agregando, sintieron también ellos irrumpir con fuerza en sus corazones. Fe que les dio la fuerza de arriesgarlo todo en la vida con tal de ser fieles a esta extraordinaria vocación: comportarse como hijos de Dios. Llevar una vida en unión con el propio Padre del Cielo; ver en Dios Padre, en Dios Amor, el Ideal de la propia vida. El está por encima de todos sus pensamientos y El ocupa el primer lugar en sus corazones. Y haciendo así, todas sus aspiraciones fueron satisfechas completamente. Con El encontraron la plenitud de la alegría, la felicidad, aquella felicidad que hoy los jóvenes de todas las latitudes anhelan como ideal, pero que raramente alcanzan porque la buscan, muchas veces, en el afán de poseer, en el tener más que en el ser, la buscan en las diversiones o en simples metas terrenas. Nuestros jóvenes tratan de aspirar a mucho más y lo que otros piensan no alcanzar, ellos confían en hacerlo y trabajan para conseguirlo. Pueden dar testimonio al mundo entero (y quieren darlo, antes que nada, a sus coetáneos, como ustedes) que, porque viven como hijos de Dios, poseen el talento por excelencia, una fuerza interior superior, una nueva confianza, que los ayuda a ver accesibles las metas a las que los jóvenes hoy aspiran. Además nuestros jóvenes, sabiendo que Dios no sólo es creador del universo y de sus personas, sino que está presente y conduce la historia, están convencidos de que El tiene también proyectos maravillosos para cada uno de ellos. Entonces, mientras que los jóvenes de hoy, en su mayoría, únicamente piensan en un futuro inmediato, toman decisiones a corto plazo y posponen las opciones más serias, nuestros jóvenes programan sus vidas, pero no siguiendo únicamente sus propios criterios. Tratan, en cambio, de armonizar su actuación personal con la intervención de la providencia de Dios en el mundo; por consiguiente, se sintonizan con su divina voluntad y la viven plenamente, conscientes de haber emprendido junto a los demás una divina y maravillosa aventura.

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Vivir el Carisma: Naturaleza y Vida física

Recita el salmo: “Enséñanos a contar nuestros días y adquiriremos un corazón sabio” (Sal. 90, 12). Esta sabiduría es la madre que nos enseña a reconocer lo que no pasa nunca y lo que se manifiesta de la eternidad a través del tiempo. Sana los temores, deshace la ansiedad, colma los vacíos, abre nuestro corazón hacia el prójimo. “La enfermedad me ha sanado –escribe una madre- me ha dado una visión completa de la existencia que el frenesí de la vida me había quitado. Ahora me parece que sé amar a mi familia”. Caridad que se perpetúa en el tiempo son las biografías que nos recuerdan a los que han pasado por esta tierra antes que nosotros y permiten que el mensaje de su existencia llegue hasta nosotros. Es la comunión de los santos. Este aspecto subraya la relación del hombre no sólo con la Vida sino también con la Muerte. Chiara Lubich en 1973 escribió: “Si hoy tuviese que dejar esta tierra y me pidiesen una última palabra para expresar nuestro Ideal, les diría -segura de que me comprenderán en el sentido más exacto- : “Sean una familia”.¿Hay entre ustedes quienes sufren por pruebas espirituales o morales? Compréndanlos como y más que una madre, ilumínenlos con la palabra o con el ejemplo. No dejen que les falte, es más, incrementen alrededor de ellos el calor de la familia.¿Hay entre ustedes quienes sufren físicamente? Que sean los hermanos predilectos. Sufran con ellos. Traten de comprender hasta el fondo sus dolores. Háganlos partícipes de los frutos de su vida apostólica para que sepan que ellos han contribuido más que los demás.¿Hay quien muere? Imaginen que ustedes están en su lugar y hagan cuanto desearían que les hicieran a ustedes hasta el último instante.¿Hay alguien que goza por un logro o por cualquier motivo? Gocen con él para que su consolación no se vea entristecida y el ánimo no decaiga, sino que la alegría sea de todos.¿Hay alguien que se va? No dejen que se vaya sin haberle llenado el corazón de una sola herencia: el sentido de la familia, para que lo lleve adonde lo han destinado.No antepongan nunca ninguna actividad de ningún tipo, ni espiritual ni apostólica, al espíritu de familia con los hermanos con los que viven”.

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Vivir el Carisma: espiritualidad y oración

Contaba Natalia Dallapiccola, la primera chica del núcleo inicial que siguió a Chiara Lubich en la aventura del focolar: «Una noche alrededor de una mesa, la única superviviente de varios muebles, a la luz de la vela, porque por los apagones no se podía usar la luz eléctrica, Chiara leyó en el Evangelio: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado. De esto reconocerán que son mis discípulos: si se aman los unos a los otros”. Estas palabras –prosiguió Natalia- cayeron como gasolina sobre el fuego. Nosotros queríamos saber cuál era el deseo más profundo de Jesús, una palabra que nos dijera enseguida lo que Él quería de nosotros. Y he aquí la palabra síntesis, el eureka de nuestra búsqueda». Y concluía: «Entonces, antes de ir a la escuela, antes del trabajo en la oficina, antes de comprar algo, incluso antes de ir a los pobres, antes de rezar, es necesario que tengamos entre nosotros el mismo amor de Jesús –nos dijimos- porque esto es lo que Él quiere. Cuando salimos de allí sentíamos que la vida había cambiado, tenía un sabor diferente, había encontrado su verdadero sentido».

Foto ©Adriana Avellaneda

La vida de oración, personal, es la linfa vital para cualquiera que se adhiere a la “espiritualidad de la unidad”. La relación con Dios es el fundamento de toda acción. Pero esta vida de oración es también una experiencia profundamente comunitaria: desde los cantos que se entonaban en las vacaciones frecuentes en las montañas trentinas de los años Cincuenta, hasta los musicales actualísimos de los conjuntos Gen Verde y Gen Rosso, desde la participación en la liturgia hasta las oraciones de la noche en las comunidades esparcidas en el mundo, en todas sus acciones los focolarinos viven la “espiritualidad de comunión”. Esta comunión no se limita a una oración interior, sino que se refleja en la vida personal y social. Nace, por ejemplo, una medida elevada de justicia, una necesidad de legalidad absoluta, como trata testimoniar a través de distintas iniciativas, “Comunión y Derecho” . Escribe Chiara Lubich: «Nosotros tenemos una vida interior y una vida externa. Una florece de la otra; una es raíz de la otra; una de la otra es copa del árbol de nuestra vida. «La vida interior se alimenta de la vida externa. En la medida en que penetro en el alma del hermano, penetro en Dios dentro de mí; en la medida en que penetro en Dios dentro de mí, penetro en el hermano. «Dios-yo-el hermano: es todo un mundo, es todo un reino…» Y todavía: «Cuanto más crece el amor por los hermanos, más aumenta el amor por Dios».