Movimiento de los Focolares
Mons. Stanislao Dziwisz: Chiara y Juan Pablo II

Mons. Stanislao Dziwisz: Chiara y Juan Pablo II

El 14 de marzo de 2009 recurría el primer aniversario de la muerte de Chiara Lubich. Con un evento en vivo con el título “Con Chiara. Un diálogo que continua” se hizo un recorrido de su vida. Uno de los testimonios más importantes fue precisamente el del Mons. Dziwisz, quien siguió de cerca, paso a paso a Juan Pablo II. Ordenado sacerdote por Wojtyla en 1963, estuvo a su lado durante casi 40 años como secretario. Hoy es obispo y cardenal de Cracovia, un papel que fue de su amigo Karol. He aquí cuanto nos dijo. Mons. Stanislao Dziwisz, cardenal de Cracovia: «El Santo Padre encontró primero a los focolarinos aquí en Polonia, en esta casa; venían en forma clandestina. El Papa trataba de leer los signos de los tiempos, y vio que Chiara hacía su misma lectura, la misma lectura de la Iglesia y también del mundo. Sentía siempre un gran respeto hacia ella, también hablando en forma privada y yo ví una gran sintonía, sintonía espiritual y también en el compromiso eclesial. Se creó una gran unidad entre estas dos personas. No necesitaban muchas palabras, ellos se entendían muy bien. Pienso que el Santo Padre encontró en ella y también en el Movimiento de los Focolares la confirmación de todo lo que él pensaba, de cómo él veía a la Iglesia; su apertura hacia el mundo, hacia las religiones cristianas y no cristianas. Chiara con sus más estrechos colaboradores venía donde el Santo Padre, no sólo oficialmente sino también en forma privada, para los así llamados almuerzos de trabajo. Eran siempre almuerzos familiares, no había ninguna oficialidad, como en familia. El Papa como sabemos tenía un espíritu artístico, el mismo espíritu que tenía Chiara. También por esto eran muy cercanos. El Papa daba gran importancia a los laicos porque no todos entendían la importancia de los Movimientos en la vida de la Iglesia. Ni tampoco de la mujer. Él hablaba del genio femenino. Chiara era este genio femenino, es increíble lo que pudo hacer pienso que fue el Espíritu Santo el que hizo a través de ella. Chiara no hacía discursos de filosofía, sino discursos sencillos pero llenos de amor, esto atraía a la gente. Mucha gente pide por intercesión del Siervo de Dios y obtiene gracias. Lo puedo confirmar yo mismo, pienso que lo mismo le pasa a los focolarinos, que cuando tienen un problema piden o buscan inspiración en Chiara. Quizás también su ayuda, y tal vez ahora su protección es más eficaz que antes. Esto lo veremos en el futuro. Yo creo que los dos nos miran, nos siguen, nos ayudan».

Mons. Stanislao Dziwisz: Chiara y Juan Pablo II

Semana Mundo Unido 2011: balance de un cambio visible

¡Algo más! Involucrando con sus iniciatvas y proyectos a miles de jóvenes de toda cultura y tradición, supo presentar ese mundo unido que es el objetivo fundamental de los Jóvenes por un Mundo Unido (JMU), y que durante esta Semana –desde el ’95 en adelante- quiere salir cada vez más a la luz pública. Describir, incluso sólo brevemente, todas las iniciativas sería como darle la vuelta al mundo virtualmente. Apasionante seguramente, pero demasiado largo como para resumirlo en un artículo. Los centenares de eventos fueron reportados en una red social, multiplicando la visibilidad y las personas involucradas. Aquí nos limitamos a hacer una reseña, refiriendo al blog www.mondounito.net para ampliar la información. Empezamos por las muchas SMU que se desarrollaron en Medio Oriente, precisamente donde se está viviendo un momento de despertar y deseo de cambio, a partir de los jóvenes. Por lo tanto es rico de significado el título del video que los JMU de Egipto prepararon tomando el título del reciente congreso que tuvo lugar en días pasados y que dio inicio a la Semana Mundo Unido: “Make visible change”. (link http://www.youtube.com/watch?v=uYr664g4b6g&feature=player_embedded#at=63) Los jóvenes de Líbano en cambio animaron toda la Semana con un proyecto ecológico, un cine foro interreligioso, una jornada deportiva y una actividad social. Y a lo social se apuntó también en América Latina. Por ejemplo en la Habana, durante la SMU, los jóvenes de Cuba visitaron a los niños de un barrio marginal que nació bajo el puente de la ciudad. En Guatemala, en cambio, cada día tuvo un matiz distinto y una actividad correlacionada: Dar, los primeros en Amar, Paz, Morir por la propia gente, Perdonar, Ecología y Entretejer relaciones fueron los títulos de las varias jornadas. Un último ejemplo de este continente: Rosario, en Argentina. Aquí, divididos en dos grupos de 25 jóvenes cada uno, los JMU presentaron varios sketch sobre el Mundo Unido…¡ a los transeúntes y a las personas que esperaban delante de los semáforos! En varias partes del mundo se pensó en Japón, afectado el mes de marzo pasado por una grave catástrofe natural. En Los Ángeles, en los Estados Unidos, durante la SMU se lanzó la campaña “Hike a thon!”, una caminata para recoger fondos en favor de la población de Fukushima. En Florencia se realizó un maratón de baile en la plaza principal y en Frascati (Roma) animaron un taller abierto para descubrir la cultura japonesa. En Goa, en la región sur-occidental de India, se dedicó toda la jornada a Chiara Luce Badano. Para presentar a la joven de los Focolares que fue beatificada el pasado 25 de septiembre, los JMU de India prepararon canciones, danzas típicas indianas, experiencias y un vídeo sobre la vida de la joven. Y precisamente en Sasello, el pueblo natal de Chiara Luce, ante 1200 jóvenes, y con una transmisión en directo por Internet, se concluyó oficialmente la décimo sexta Semana Mundo Unido. Un musical, Living the dream, realizado por un grupo de muchachos de Génova después de la encantadora experiencia vivida en un taller del Gen Rosso, e inspirados por el ejemplo de dos jóvenes genoveses, también ellos encaminados hacia la beatificación: Alberto Michelotti y Carlo Grisolia. Es un tour especial, con Ruggero y María Teresa Badano, los padres de Chiara Luce, a visitar su casa. Para escuchar lo que ellos mismos cuentan, la repetición de la transmisión está disponible en: http://media.focolare.org/ClSMU2011.wmv. Como conclusión el gran anuncio: Genfest 2012 – 1 y 2 de septiembre en Budapest. Pero de esto hablaremos la próxima vez.

Mons. Stanislao Dziwisz: Chiara y Juan Pablo II

Papa Wojtyla: el testimonio de María Voce

En la vigilia de Pentecostés de 1998, Juan Pablo II llamó a los movimientos, grupos y nuevas asociaciones eclesiales, a encontrarse en la Plaza de San Pedro. Entre otros, estaba presente también el Movimiento de los Focolares, representado por la fundadora, Chiara Lubich. En aquella ocasión, el Papa Wojtyla reconoció públicamente el rol de estas realidades en la Iglesia, como nunca antes lo había hecho. En aquella ocasión, Chiara, se comprometió ante él, a acrecentar la relación de comunión entre los mismos movimientos.   Audio   Fue verdaderamente el protector de los movimientos, porque ha reconocido en éstos el soplo del Espíritu Santo para la Iglesia. Pero justo en aquella ocasión también pidió a los movimientos que salieran de una especie de infancia y que dieran frutos maduros de comunión y compromiso. Papa Wojtyla siguió de cerca al Movimiento de los Focolares a lo largo de todo su Pontificado… Podemos decir verdaderamente que hemos sentido a menudo su amor de predilección: en sus miradas, en sus saludos, también en muchos gestos concretos. Fue él –por ejemplo- quien quiso poner a disposición del Movimiento la ex-Sala de las Audiencias de Castelgandolfo, que se convirtió en nuestro Centro Mariápolis donde se suceden encuentros durante todo el año; después como no recordar la visita al Centro del Movimiento de los Focolares: en aquella ocasión, fue hermoso como él recordó justo el radicalismo del amor, que indicaba distintivo característico del Movimiento de los Focolares. Juan Pablo II tenía un entendimiento personal muy profundo con Chiara Lubich. ¿Cuál era el fundamento de esta sintonía espiritual? Yo creo que era justo por esta espiritualidad de comunión que él sentía presente por un carisma en Chiara, vivida por todo el Movimiento y que él anhelaba para toda la Iglesia. Después creo que también la apertura que encontraba en Chiara y en el Movimiento, hacia todos los hombres, sin diferencias de clases sociales, religiones, nacionalidad y que se correspondía con su mirada sobre el hombre, con su fe en el valor del hombre más allá de todo. María Voce, desde su punto de vista personal, ¿quién ha sido Juan Pablo II y que de modo particular, -piensa que quiera recordar hoy a la Iglesia y a toda la humanidad? Ha sido un grande, en todos los sentidos y bajo todos los aspectos. Lo que me parece muy importante en él  ha sido este  reconocer en cualquier hombre al Hijo de Dios y por tanto, esta altísima dignidad que él reconocía en los hombres a todas las latitudes y que le llevaba a privilegiar las relaciones con cualquiera y que ha dado también un grandísimo impulso a todos los diálogos en la Iglesia: yo estaba en Estambul cuando vino en el 79 a visitar al Patriarca Demetrio y recuerdo su alegría por encontrar a este Patriarca ecuménico. Pienso además que su figura puede dar a la Iglesia y al mundo esta esperanza y esta confianza en la acción del Espíritu Santo, que en los momentos más oscuros vuelve siempre a tomar en mano el destino de la historia. Esto él lo ha testimoniado, sobre todo con su apertura hacia los jóvenes que han acudido siempre de manera numerosa a sus invitaciones, porque sentían en él la Iglesia-joven. Por tanto, también a la humanidad, la Iglesia como una Iglesia joven, bella, capaz de dar sus respuestas a las exigencias del hombre de hoy. Del Radio periódico de Redio Vaticana del 30 de abril de 2011 Papa Wojtyla: testimonio de Kiko Argüello, Marco Impagliazzo, María Voce y Andrea Olivero

Juan Pablo II en el Centro Mariápolis internacional

Durante las distintas fases de nuestro encuentro he hecho muchas reflexiones. Intento ahora resumirlo todo en una constatación y en un deseo. La constatación atañe al núcleo central de vuestro Movimiento: el amor. Ciertamente el amor es el inicio de muchas instituciones y estructuras de todo el apostolado, de todas las familias religiosas. El amor es rico, lleva en sí distintas potencialidades y difunde en los corazones humanos los distintos carismas. Con este encuentro he podido acercarme un poco más a lo que forma el carisma propio de vuestro Movimiento o, por decirlo de otro modo, comprender mejor que el amor –que es un don del Espíritu Santo, por él difundido en nuestros corazones, su virtud más grande– constituye el camino más excelente, la animación principal de vuestro Movimiento. Es bueno que hayáis encontrado tal camino, esa vocación al amor. Escuchando los testimonios, me he convencido aún mayormente de algo que desde hace muchos años y cada día me doy cuenta: en el mundo de hoy, en la vida de las naciones, de las sociedades, de los distintos ámbitos, de las personas, el odio y la lucha son muy fuertes. Son programáticos. Por eso se requiere el amor. Se puede decir que el amor no tiene programa, mas los crea hermosísimos y riquísimos, como el vuestro. Se requiere la presencia del amor en el mundo para afrontar el gran peligro que acecha a la humanidad, que amenaza al hombre: el de encontrarse sin amor, con el odio, con la lucha, con varias guerras, con varias opresiones, con varias torturas, como hemos oído. El amor es más fuerte que todo y ésta es vuestra fe, la chispa inspiradora de todo lo que se hace bajo el nombre Focolares, de todo lo que sois, de todo lo que hacéis en el mundo. El amor es más fuerte. Es una revolución. En este mundo tan trabajado por las revoluciones, cuyos principios constitutivos son el odio y la lucha, se requiere la revolución del amor; es necesario que tal revolución demuestre ser más fuerte. Esto es también el radicalismo del amor. Ha habido en la historia de la Iglesia muchos radicalismo del amor, casi todos contenidos en el supremo radicalismo de Cristo Jesús. Hubo el radicalismo de san Francisco, el de San Ignacio de Loyola, el de Carlos de Foucauld y tantos otros hasta nuestros días. También hay un radicalismo del amor vuestro, de Chiara, de los focolarinos: un radicalismo que descubre la profundidad del amor y su simplicidad, todas las exigencias del amor en las distintas situaciones, y procura que siempre venza este amor en cualquier circunstancia, en cualquier dificultad; y donde el hombre –humanamente hablando– podría ser superado por el odio, no le permite tanto a este hombre, a este corazón humano, y hace que venza el amor. Bien, pues éste el radicalismo evangélico del amor que vosotros procuráis llevar a la vida de los hombres de hoy, a los ambientes de hoy, por todo el mundo. Y con esta certeza de que el amor debe ser siempre más fuerte, en cualquier circunstancia, ante cualquier dificultad, dais un testimonio de Dios que es amor. Podemos decir que vuestra obra de evangelización comienza por el amor para llegar a Dios. Muchas veces se empieza por Dios para llegar, quizás, al amor. Vosotros habéis acentuado esta fórmula de san Juan: Dios es amor. Esto quiere decir que, cuando se vive el amor, cuando se realiza el amor, cuando se hace que el amor venza en cualquier circunstancia, entonces dejamos que se vea a Dios. Esto no es sólo un programa abstracto, es un programa vivido. Está bien que atribuyáis mucha importancia a los testimonios, porque cada uno de estos testimonios conlleva la confirmación de este programa. Está bien que el programa se escriba más en los testimonios, en las experiencias vividas, que en el papel o las teorías. En todo esto he pensado durante mis visita a vuestro centro internacional, y os agradezco pro la oportunidad que me habéis dado de vivir todo esto, de reflexionar, de ver lo que constituye la vida de vuestro gran Movimiento de más de un millón de personas en todo el mundo, y lo que constituye la experiencia de cada uno de vosotros: la revelación de que Dios es amor, y además una solución personal para cada unos de vosotros. Esto hemos percibido profundamente en los testimonios. Si falta esta consciencia y esta experiencia, si falta esta gracia, hay un vacío. Y ahí, otra amenaza; aparte de la de la lucha y el odio, la de las varias guerras, la de la autodestrucción nuclear: el peligro del vacío en el corazón humano. Vosotros queréis poner remedio directamente este vacío con vuestra experiencia personal, una experiencia vivida que luego se transmite a los demás. Os deseo, pues, que sigáis por el mismo camino. Ya tenéis una orientación bien clara, una característica profundamente marcada, un carisma en la riqueza del amor, cuya fuente es Dios mismo, el Espíritu Santo. Habéis hallado vuestro campo, vuestra morada. Os deseo Que desarrolléis cada vez más esta realidad, propia de vuestra vocación, y que llevéis al mundo de hoy el amor, que tanta falta le hace, y que por medio del amor, llevéis a Dios. Éste es mi deseo. Os encomiendo de modo especial a la Virgen santísima, Madre de Cristo y de la Iglesia, Madre nuestra, de los apóstoles, de todas las Mariápolis del mundo. Os encomiendo a ella, porque ella, más que todos los hombres, ha sabido vivir el amor, el radicalismo del amor, y de la manera más simple, maravillosa y absolutamente original. Vosotros estáis fascinados por la Virgen, por su santidad, por ese amor que late en su corazón, y queréis imitarla. Os deseo que obtengáis esto cada vez más. Es más, os deseo que a través de María os acerquéis a Jesús, el cual nos ha mostrado que Dios es amor, al Espíritu Santo, que es quien elabora el amor en nuestros corazones, gracias a la cruz y la resurrección de Jesús. Os doy las gracias de nuevo por haberme recibido en vuestra casa, en vuestra familia. Quiero hacer extensivo estos deseos a todos los focolarinos del mundo, porque estáis muy unidos entre vosotros y procuráis formar una gran familia cristiana, evangélica, en todo el mundo. Me encomiendo a esta familia. Y tengo que agradeceros por vuestro apostolado, porque estoy aquí en cuanto sucesor de Pedro, preocupado por el apostolado de la Iglesia. Es más, estoy convencido, lo veo, lo experimento, cuál es el aspecto del apostolado de la Iglesia contemporánea propio de vosotros. Os deseo que seáis un fermento en la masa de la humanidad  y del pueblo de Dios. Os deseo que seáis un fermento evangélico en la Iglesia, que ha reconocido su dimensión con el Concilio Vaticano II en la constitución Lumen Gentium, en la constitución pastoral Gaudium et Spes. Veo que vosotros tenéis la intención de seguir auténticamente esa visión de la Iglesia, esa autodefinición que la Iglesia ha dado de sí misma en el Concilio Vaticano II. Por eso veo vuestros contactos tan fructíferos en la dimensión ecuménica, o con nuestros hermanos no cristianos, que poseen sus riquezas religiosas, tal y como he podido constatar, por ejemplo, durante una breve visita a Corea y a Tailandia, y luego los contactos con el mundo secularizado, con los no creyentes, con los ateos y los agnósticos. Por todas partes está la Iglesia y, como decía san Juan de la Cruz, donde no hay amor, lleva amor y encontrarás amor. Pienso que esto se puede aplicar muy bien a vuestro apostolado en todos los ámbitos, no solamente en los de la Iglesia, en su cuerpo católico, sino también en su dimensión ecuménica y en los contactos de diálogo con los no cristianos y con los no creyentes. El amor abre el camino. Espero que, gracias a vosotros, este camino esté cada vez más abierto para la Iglesia. © Copyright 1984 –  Libreria Editrice Vaticana