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“Ante tantos retos de la humanidad, cada uno está llamado a hacer fructificar su espiritualidad para nutrir sueños de paz para nuestro tiempo”. Son estas las palabras finales del Secretario General del Consejo Ecuménico de las Iglesias de Ginebra, el Rev. Olav Fykse Tveit, al concluir la visita al Centro internacional del Movimiento de los Focolares, en Rocca di Papa, que tuvo un marcado timbre familiar.
Poco antes, el Dr. Olav Fykse Tveit, después de una presentación hecha por varias personas del Movimiento, subrayó “el compromiso del corazón”, “la acentuada atención hacia cada una de las personas”, “la fuerte conexión entre el compromiso personal y el global”.
“Esto –agregó- es el centro del movimiento ecuménico”. Hablando del Consejo Ecuménico de las Iglesias, hizo referencia al camino de fraternidad en el que 349 Iglesias de 110 países están comprometidas con la “continua búsqueda de nuevas vías de colaboración conjunta”.
El Secretario General vino acompañado por una delegación de directores de varios departamentos del Consejo Ecuménico de las Iglesias, que fue acogida por la presidente de los Focolares María Voce, por el co-presidente Giancarlo Faletti, por los responsables del “Centro Uno”, la secretaria para el diálogo ecuménico y algunos miembros del Consejo General. Al dirigirles el saludo, María Voce recordó la relación de profunda amistad que desde hace décadas une al Consejo Ecuménico de las Iglesias y al Movimiento de los Focolares. Recordando su primera visita a la sede de Ginebra en el 2009, María Voce subrayó el compromiso de llevar adelante la herencia de Chiara Lubich, quien instauró el primer contacto en 1967. “Nos sentimos hombro a hombro con el Consejo Ecuménico de las Iglesias –dijo- en el llevar adelante los ideales de unidad y de fraternidad universal”.
El motivo de este encuentro fue la visita del Rev. Olav Fykse Tveit, a Roma, al Vaticano, donde fue recibido por primera vez en audiencia por Benedicto XVI, se encontró con el Card. Koch Presidente del Consejo Pontificio para la unidad de los cristianos. Sostuvo encuentros en Roma con la comunidad metodista, con la Iglesia valdesa y con la Comunidad de San Egidio.
“En lo profundo de la crisis contemporánea actúa una poderosa instancia de unificación”: con estas palabras proféticas, Igino Giorndani, en 1954, indica que en el ejercicio cotidiano del amor recíproco está el camino principal para la reconstrucción del tejido social.
«Existe una cuestión social por resolver, porque existe una cuestión de caridad para poner en practica. La caridad es el sentimiento por el cual en el hombre se ve a un hermano: más bien, en el hombre se ve a Dios en imagen: casi un hombre Dios místico, resucitado por la redención.
Se habla del pueblo que abandona las iglesias. Pero quizás puede ser también la consecuencia de que no se haya puesto en practica la caridad , de que la fraternidad se haya quedado en el misal, de que la imagen de Dios haya sido eclipsada por un ateísmo práctico. Donde falta el amor, es necesario preguntarse si es el pueblo que dejó las iglesias o si son las iglesias que han abandonando al pueblo.
Digo las iglesias, no la Iglesia, que es en sí misma el pueblo -el pueblo de Dios- y no puede abandonarse a sí misma. Si los pobres se han alejado, la Iglesia no puede alejarse de ella misma, pueblo de pobres, del cual también los ricos forman parte si se hacen pobres en el espíritu, usando la riqueza como un ministerio de la caridad.
En los casos, donde los cristianos se han olvidado del prójimo, coagulando la fe en el sarcófago de si mismos, separada de las obras y por tanto asfixiada; los hermanos más débiles, no sintiendo la caridad, han perdido el sentido de Dios, que es amor y quiere encarnar esta caridad en las obras de los hombres hechos, por su servicio social, anunciadores y portadores de Dios. “Tienes la caridad, tienes la Trinidad”, decía el gran San Agustín.
Donde no se ha amado a los hermanos, el tejido conectivo se ha consumado y éstos se han separado. »
Igino Giordani, Il Fratello, 1954
El texto “Il Fratello”, de donde ha sido extraída esta página, próximamente se volverá a imprimir en italiano en la colección Opere Vive de Cittá Nuova Editrice
Corea del Sur. Un País condicionado por la relación con EEUU, con los vecinos asiáticos (China y Japón) y con Rusia. Y también por la situación con Corea del Norte, con las recientes tensiones creadas por el gobierno de Pyongyang, que parecen poner en peligro el acuerdo de armisticio, vigente desde que terminó la guerra de Corea. Como todos los países industrializados, también Corea del Sur fue víctima de los efectos negativos de la crisis internacional sobre la economía real. Pero el País parece soportar bien la crisis y la sensación que se prueba visitándolo es que, en comparación con otros Países más industrializados, hay un bienestar difundido entre la población: el desempleo no tiene picos preocupantes y los niveles de pobreza son bajos. Sorprende favorablemente, para un europeo, no ver en las calles mendigos, nadie que busca comida entre la basura. Estas escenas son más bien normales en otros países. Visitando uno de los palacios reales, una guía voluntaria nos explica con competencia y pasión cada detalle por más de dos horas y al terminar no sólo no pide ninguna propina, sino que se ofrece a guiarnos al día siguiente para visitar otro palacio.
¿Todo bien, entonces? Un dato impresionante nos trae de vuelta a una dolorosa realidad. La primera causa de muerte, en la franja de edad que va desde los 20 hasta los 40 años, es el suicidio: uno cada media hora. Más que los accidentes de carros, más que el cáncer. Un record negativo que antes pertenecía a Hungría. Un dato dramático que llama también el mundo político surcoreano a dar una respuesta. El Parlamento está examinando unos proyectos de leyes que puedan intervenir en la prevención de los suicidios juveniles. En esta perspectiva, bajo el patrocinio de la Asamblea Nacional, el Foro Político por la Unidad –el grupo parlamentario de investigación, promovidos por los deputados que participan en el Movimiento Político Por la Unidad – dio vida a una escuela de formación política dirigida jóvenes de Seúl (la edad promedio fue de 28 años).
El sábado 27 se desarrolló la ceremonia de clausura del primer ciclo, con una clase de la profesora Ahn Myong Och que tuvo por título “La política del amor, para la resolución de los conflictos”, a la cual siguió un acto oficial para la entrega de los diplomas, presentes los profesores, (algunos de ellos enseñan en el extranjero –Moscú o Tokio- pero igualmente quisieron estar presente en esta cita). Las impresiones recogidas entre los jóvenes participantes en la Escuela testimonian la esperanza de un auténtico capital social para el País. “Quisiera de verdad que esta semilla florezca”; “entendí que cada elección mía es un acto político”; “esta nueva visión de la política puede llevar felicidad a mucha gente”; “comprendí que los conflictos se pueden resolver con el amor y con el diálogo”; “descubrí que es la vocación a la política: un llamado que alcanza a todos”; “la política no tiene que apoyarse sólo en los hombros de los políticos de profesión, sino también en las mías”; “en cualquier lado yo esté en el futuro yo seré un político, es decir viviré en el espíritu justo para ser un ciudadano activo”; “en esta escuela entendí que de verdad es posible vivir la fraternidad en la política, también en este clima de tensión aquí en Corea”. No es normal ver rostros sonrientes de jóvenes que se acercan a la política. Aquí los había. Link: Corea del sur, tener confianza