Movimiento de los Focolares

Septiembre 2010

Jesús le responde a Pedro con estas palabras después de que éste, tras haber oído cosas maravillosas de la boca de Jesús, le preguntara: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano si peca contra mí? ¿Hasta siete veces?». Y Jesús: «No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».
Bajo la influencia de la predicación del Maestro, Pedro, bueno y generoso como era, probablemente había pensado atenerse a esta nueva pauta haciendo algo excepcional: llegando a perdonar hasta siete veces. […]
Pero, al responder «hasta setenta veces siete», Jesús dice que para él el perdón tiene que ser ilimitado: es necesario perdonar siempre.

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

Esta Palabra nos recuerda el canto bíblico de Lámec, un descendiente de Adán: «Caín será vengado siete veces, Lámec setenta y siete» . Es así como empieza a extenderse el odio en las relaciones entre los hombres del mundo: crece como un río desbordado.
A ese extenderse del mal, Jesús opone un perdón sin límites, incondicionado, capaz de romper la cadena de la violencia.
El perdón es la única solución para frenar el desorden y abrir a la humanidad un futuro que no sea la autodestrucción.

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

Perdonar. Perdonar siempre. El perdón no es olvido, que muchas veces significa no querer mirar la realidad de frente. El perdón no es debilidad, es decir, pasar por alto una ofensa por miedo al que la ha cometido si es más fuerte. El perdón no consiste en decir que no tiene importancia lo que es grave o que es bueno lo que es malo.
El perdón no es indiferencia. El perdón es un acto de voluntad y de lucidez, por lo tanto de libertad, que consiste en acoger a los hermanos como son no obstante el mal que nos han hecho, como Dios nos acoge a nosotros, pecadores, no obstante nuestros defectos. El perdón consiste en no responder a la ofensa con la ofensa, sino en hacer lo que dice S. Pablo: «No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien» .
El perdón consiste en darle la oportunidad a quien te ha hecho un agravio de que pueda tener una relación nueva contigo; la oportunidad de que ambos podáis retomar la vida, tener un porvenir en el que el mal no tenga la última palabra.

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

¿Cómo se hará entonces para vivir esta Palabra?
Pedro le había peguntado a Jesús: “¿Cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano?”.
Y Jesús, entonces, al responder, tenía en la mira sobre todo las relaciones entre cristianos, entre miembros de la misma comunidad.
Y por lo tanto, antes que nada, que hace falta comportarse así con los otros hermanos y hermanas en la fe: en familia, en el trabajo, en la escuela o en la comunidad de la que se forma parte.
Sabemos que a menudo se quiere compensar con un acto, con una palabra correspondiente, la ofensa sufrida.
Se sabe que por diversidad de caracteres, o por nerviosismo, o por otras causas, las faltas de amor son frecuentes entre personas que viven juntas. Y bien, hace falta recordar que solamente una actitud de perdón, siempre renovada, puede mantener la paz y la unidad entre hermanos.
Estará siempre la tendencia a pensar en los defectos de las hermanas y de los hermanos, a acordarse de su pasado, a quererlos diferentes de cómo son… hace falta el hábito de verlos con un ojo nuevo, y nuevos ellos mismos, aceptándolos siempre, enseguida y hasta el fondo, aunque no se arrepientan.
Ánimo. Comenzamos una vida así, que nos asegura una paz jamás probada y mucha alegría desconocida.

Chiara Lubich

Publicación mensual del Movimiento de los Focolares

1. Este texto fue publicado en septiembre de 1999.
2. Gn. 4, 24.
3. Rom. 12, 21.

[:it]Casetta “Primi tempi”

Una siembra que comenzó hace cuatro años. Un barrio, en Santiago, viejo y pobre. Un par de zapatos número 42.Inicia así nuestra aventura, sumergidos en este trozo de mundo marginado de nuestra capital. El primer día, apenas llegamos, toca a la puerta “don Juan”, hombre anciano, pobre y ciego. Es fuerte la sensación de que es Jesús el que llega a darnos la bienvenida para esta nueva experiencia. Poco a poco “don Juan” se vuelve uno de la familia: todos los días nos visita para compartir una taza de té y para contarnos sus bellas historias.

El viernes es en cambio es el día en el cual abrimos las puertas a todos, especialmente a los amigos más necesitados que tratamos de recibir con todo el amor posible, tratando sobre todo de donar los frutos de la presencia espiritual de Jesús que custodiamos entre nosotros, con el amor recíproco.

En la vecina plaza Yungay, donde todos los años organizamos el almuerzo de Navidad con la ayuda de toda la comunidad, un día un amigo sin techo nos pide un par de zapatos número 42. Es inevitable pensar en la experiencia vivida por Chiara Lubich1 años atrás: precisamente como había hecho ella, le pedimos ayuda a Jesús y efectivamente, ¡al día siguiente, llega uno de nosotros – que no sabía nada de esta solicitud – justo con un par de zapatos número 42!

Nos viene espontáneo contar este hecho a Chiara, que en ese momento se encontraba internada en el Hospital Gemelli de Roma. ¡Qué sorpresa recibir, pocos días después, su respuesta, a pesar de su grave estado de salud. Nos daba el nombre que el habíamos pedido para nuestra pequeña casa, escogido propio a la luz de las experiencias vividas hasta ese momento: Casita “Primeros Tiempos”, en alusión al primer focolar. Su carta representó el sello de una nueva etapa para nuestra vida de compromiso evangélico en Chile.

Ya han pasado cuatro años. Hoy en la “casita” viven establemente tres gen, mientras que otros viven por dos semanas, a turno. Nos trasladamos definitivamente justo los días sucesivos al terremoto del 27 de febrero pasado. De ese modo pudimos ponernos en seguida a disposición de nuestros vecinos cuyas casas habían sufrido daños por el sismo.

Las visitas a nuestros amigos necesitados no se quedaron en simples gestos de amistad, sino que ahora con nuestra presencia existe un lugar estable donde podemos donarnos en primera persona, sin recibir quizás gratificaciones materiales, sino donde aprendemos a amar en modo sobrenatural. No ha faltado nunca la ayuda de Dios – a través de muchas personas – en bienes materiales para distribuir, y ha crecido la relación de familia con todos.

Un viernes al mes otros jóvenes adhieren a nuestro proyecto de crear un espacio de fraternidad. Provienen de distintas partes de Santiago y en nuestra casa, por el clima de fraternidad que existe, logran superar las distancias sociales que aún hieren a nuestra sociedad. Es con este amor recíproco construido primero entre nosotros que vamos al encuentro de nuestros amigos necesitados.

(A cargo de Edoardo Zenone – Extraído de la Revista “Gen” – julio-setiembre 2010)

Una economía al servicio de los pueblos

Una economía al servicio de los pueblos

Caux es un pequeño poblado suizo que se asoma al lago de Ginebra, alrededor de 1000 metros sobre el nivel del mar.  En su monumental castillo, hoy transformado en hotel, se hospedará del 12 al 17 de agoste de 2010 el congreso internacional con el título “Confianza e integridad en una economía globalizada”.

Seis días de debate y análisis, durante los cuales, con el aporte de expertos, personalidades académicas e internacionales del mundo de la economía, provenientes de todo el mundo, se tratarán de “explorar nuevas vías para una economía mundial más justa”, como reza el subtítulo del evento. Precisamente aquí, en esta nación que hospeda todos los años el Foro Económico Mundial de Davos.

El congreso es promovido por la fundación suiza Initiative et changement,
que trabaja en todo el país y a nivel internacional, para favorecer la prevención de los conflictos, el diálogo intercultural y la confianza entre los varios sujetos sociales más allá de las diferencias. De hecho la fundación forma parte de una red más amplia de sujetos que tienen como común denominador la fundación Initiative et changement internationale, una ONG que goza del estatus de miembro consultor del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC).

Ya en el 2003 Chiara Lubich intervino, por invitación del presidente de Iniciativas y cambio, Cornelio Sommaruga, con el tema: “¿Pueden las religiones ser compañeras en el camino de la paz?”. Para responder al reto sin precedentes emergido después del 1 de septiembre, “el aporte de las religiones es decisivo” afirmó entonces Chiara. Y prosiguió narrando una experiencia personal, el descubrimiento de ese arte de amar que tiene sus raíces en el Evangelio, y que lleva a un amor que no conoce “ningún tipo de discriminación”. (fragmentos del discurso)

El congreso 2101 está dirigido a los jóvenes, estudiantes, empresarios, economistas:
una inmersión total en la actualidad económica de nuestros países y de nuestras ciudades, para comprender las razones de la crisis global en la cual estamos sumergidos. A partir de esta perspectiva será necesario volver a empezar para proponer acciones también a nivel comunitario, que apunten a un régimen económico más equilibrado, en armonía con el desarrollo sostenible y un progreso que sea efectivo para todos los pueblos.

Entre las varias intervenciones es interesante notar un verdadero y auténtico diálogo entre el norte y el sur del mundo: intervendrán, entre otros, Lavinia Sommaruga Bodeo de Alliance Sud (Suiza), Myrna Roselind Jelman, consultora de la Ashridge Business School, el investigador  Juan Carlos Kaiten, de México, Amira Elmissiry del Banco Africano para el Desarrollo.

En la mañana del sábado 14 de Agosto está prevista la intervención de María Voce, Presidente del Movimiento de los Focolares, quien ilustrará la Economía de Comunión como instrumento al servicio de la persona, en la perspectiva de un mundo más unido.