Movimiento de los Focolares

Una nuova corrente di spiritualità

Un’unità che rende visibile il Risorto, lì dove ognuno vive: nelle famiglie, nei quartieri, nelle fabbriche, nei parlamenti. Quando il Risorto è fra noi, come da lui promesso quando due o tre si riuniscono nel suo nome, cioè nel suo amore, in qualche modo si tocca il divino, la sua pace, la sua luce, il suo amore, l’unità!

Che tutti siano uno

Come testimonia Chiara Lubich, «è stato proprio mentre si credeva di vivere semplicemente il Vangelo, che lo Spirito Santo ha scolpito a caratteri di fuoco nelle nostre anime quelli che sarebbero diventati i cardini della «spiritualità dell’unità», una nuova spiritualità, personale e comunitaria insieme».

La ciudad y el diálogo por un futuro de esperanza

La ciudad y el diálogo por un futuro de esperanza

La reflexión propuesta por Humanidad Nueva – ramificación que sintetiza las expresiones sociales de los Focolares –nos empuja a encontrar nuevamente la confianza necesaria, en este tiempo de crisis, para recorrer un camino ciertamente arduo pero fascinante.  Es la invitación contenida en la introducción del documento, cuando, citando a Don Carlo Gnocchi, se invita a amar “con un amor ardiente a nuestro tiempo (…) tan grande y tan abatido, tan rico y tan desesperado, tan dinámico y tan dolido, pero en todo caso siempre sincero y apasionado”.

La ocasión para esta reflexión la da la 46ª edición de la “Semana Social” de los católicos italianos, que tendrá lugar del 14 al 17 de3 octubre de 2010, en Reggio Calabria, en el Sur de Italia. “Católicos en la Italia de hoy. Una agenda de esperanza por el futuro del país” es el título del evento en cuya preparación está colaborando también el Movimiento Humanidad Nueva, mediante la publicación de un documento titulado “Estar en pie en un tiempo apasionante”.

Amar a nuestro tiempo por lo tanto. ¿Pero cómo? He aquí la propuesta: concentrar las energías en dos pistas de trabajo privilegiadas, la ciudad y el diálogo; la primera como lugar, la segunda como medio para concretar este “amor” por nuestra sociedad, por nuestro tiempo. “Dialogar” –se lee en el documento- “significa considerar al máximo al otro (…) Se dialoga entrando en la realidad del otro, en su condición, en el patrimonio del cual es expresión, considerándolo, a la luz de la fraternidad universal, como a sí mismo”.

Una premisa es que también un programa de trabajo allí donde está el resultado de muchos de los retos actuales: la ciudad, precisamente: “Existe un ulterior encanto al trabajar dentro de la ciudad. A lo largo de sus arterias viajan las contradicciones más escandalosas de la aldea global (…) Si se da vida a relaciones nuevas, se ofrece a la ciudad la respuesta que ella espera y que de ella debemos dejarnos contagiar. Se abre por lo tanto la posibilidad de que nuestras ciudades cambien de destino: en lugar de ir hacia la fragmentación total, con los consecuentes problemas de inseguridad, de desconfianza entre los distintos suburbios, sucede que se pueden encaminar procesos en dirección opuesta”.

En una ciudad que se construye “con” el otro y se convierte en lugar “para” el otro: no puede faltar, en este sentido una nota de reciprocidad: “es un término inusual” –se lee- “revelador de un enfoque cultural que ve en el amor y sobre todo en el amor recíproco la condición indispensable para hacer una lectura de la realidad más completa, más objetiva, más auténtica, más penetrante”.

Es un enfoque que valora el esfuerzo común pero también el aporte específico de cada sujeto, para un auténtico desarrollo de la población, sostenible, para todos y que da plena ciudadanía a esa cultura de la resurrección que apunta, como dice claramente el documento, “a lo global y a lo local en la perspectiva de la única familia humana cual meta de la historia y fin del proyecto de salvación que lleva al abrazo en el único Padre”.

Recientemente Lucia Crepaz – corresponsable de Humanidad Nueva – ha otorgado una entrevista a Città Nuova on line, que se puede leer aquí:  http://www.cittanuova.it/contenuto.php?TipoContenuto=web&idContenuto=26569

La ciudad y el diálogo por un futuro de esperanza

¡He descubierto el Cielo!

“Hoy he descubierto el Cielo: Dios es Amor, Él nos ama inmensamente!” cantan las 780 gen 4 –niñas del Movimiento de los Focolares- reunidas en Castelgandolfo para su Congreso. La mayoría provenían de Italia y de otros países europeos, pero en primera fila estaban  también 50 provenientes de Burundi y Ruanda, Brasil, Argentina, Bolivia y Líbano.

Valeria de Bolivia: “Sinceramente el Congreso ha sido la cosa mejor que me ha sucedido.
Lo que más me gustó fue aprender a amar como Jesús, y ahora amo más que antes, no sé cómo agradecer a Dios…”.

Ir a Roma para ella habría sido impensable sin las más variadas iniciativas puestas en marcha por muchas gen 4 de todo el mundo:
la cifra recogida –más de 5.000 euros- hizo posible su participación y la de las otras que venían de fuera de Europa.

Como los gen 4, también ellas siguieron el hilo del Amor de Dios hacia su Pueblo elegido hasta Jesús, venido a la tierra para traernos el amor del Padre.  Un juego muy entretenido que duró toda la tarde las ayudó a descubrir a Jesús presente no sólo en el Cielo sino entre nosotros, cuando nos amamos, en el hermano, en la Palabra, en la Eucaristía.

“Tus respuestas eran realmente interesantes y se veía que respondías con el corazón” así le escribieron a María Voce
después del encuentro con ella donde le plantearon algunas preguntas más bien comprometedoras. Siguen escribiendo: “¡Gracias por haber respondido sabiamente a cada una de nuestras preguntas! Finalmente sé cómo realizar mi sueño: para llegar a ser santa es necesario amar a todos porque Jesús está en todos!”. “…El congreso me ha enseñado muchas cosas de Jesús, me ha cambiado el corazón, cuando volveré a casa ya no seré la misma, cuando tenga la posibilidad de ayudar seré la primera en ofrecerme”.

Una fiesta con danzas, canciones típicas y representaciones teatrales fue la ocasión para encontrarse con los primeros compañeros y compañeras de Chiara: un don recíproco, un momento de sintonía sencilla y profunda, del que no sebe quién salió más feliz.
Habiendo descubierto el amor de Dios, las gen 4 experimentaron que eran realmente hermanas más allá de su proveniencia, idioma, cultura: “Me sentí contenta de estar siempre con las otras gen 4 –escribe Laurette de Ruanda- nos amamos, y cuando llegue a Ruanda voy a amar a todos”.

En todo el mundo –de California a Hong Kong- grupos de gen 4 se reunieron para seguir por Internet algunos momentos del encuentro. Escriben desde Fontem, en Camerún: “¡La conexión por vídeo ha sido bellísima! Hemos entendido que no importa donde estamos, Dios está siempre con nosotros y al mismo tiempo en el Cielo… Estamos muy felices de poder donar la cosa más bella que tenemos a nuestros amigos, es decir a Dios,. Con el amor, podemos transformar el mundo lleno de odio. Haciendo así, Jesús estará feliz de nosotros y lo encontraremos en el Paraíso. ¡Gracias!”.

 

La ciudad y el diálogo por un futuro de esperanza

El Viaje, el Diálogo, el Fragmento

La primera de las ciudadelas del Movimiento de los Focolares, Loppiano, es uno de los lugares más encantadores del Valdarno (Italia), no sólo por las personas que allí viven y el mensaje que irradia, sino también por la naturaleza, el paisaje, la armonía de las construcciones y de las calles que denota un diseño arquitectónico que ciertamente no es casual: es importante decirlo, aquí las piedras “hablan”, y dicen una vida que contribuye a hacer del mundo una única familia. También en sus expresiones exteriores.

¿Cuál mejor lugar entonces para acoger a unos cuarenta arquitectos deseosos de hacer fructificar su experiencia profesional al servicio de la fraternidad universal? De hecho: el grupo se reunió allí del 11 al 13 de junio pasado para un “seminario de intercambio” dedicado a profundizar el conocimiento y la relación, un intercambio que se transformó en estudio, enriquecimiento recíproco y propuestas de trabajo concretas para el futuro.


Como reza el título: fueron tres los aspectos sobre los cuales se desarrolló la reflexión:
el viaje, entendido como la posibilidad de encuentro y relación entre culturas, que declinó en el tema del habitar, entre tradición e innovación de las formas arquitectónicas.

El tema del diálogo, en cambio, llevó a los participantes a reflexionar sobre el sentido del trabajo, entendido como un largo proceso que involucra a los habitantes, los trabajadores cualificados, y a todos aquellos que, desde distintas especialidades, participan en el proyecto.

La reflexión sobre el fragmento, finalmente, puso en evidencia un mundo en el que hay más fragmentos que de elementos coherentes,
se dio así espacio al reto de los participantes de buscar esa recomposición de los detalles, de los desechos, de los pormenores, mediante la valoración de la diversidad como aporte a la unidad.

Verdadero cemento de estas sesiones fueron los momentos de familia y de intercambio durante las noches,
los almuerzos, los momentos de descanso… Todo contribuyó a percibir todavía mejor el aporte específico del Carisma de Chiara Lubich en el campo de la arquitectura, ya sea a nivel operativo que teórico, mostrando que la investigación que acaba de empezar no puede dejar de aportar un nuevo desarrollo, tal como auguró María Emmaus Voce –actual preside de los Focolares- en su mensaje a los participantes, “por el bien de la ciudad y de sus habitantes, para que también la arquitectura, en todas sus dimensiones, ayude a la realización del proyecto de Dios por el cual Chiara gastó su vida: hacer de la humanidad una sola familia humana”.

La ciudad y el diálogo por un futuro de esperanza

¡Una ola de amor cada vez más grande!

El título anunciaba “La más grande aventura del mundo”. Ya la preparación, hecha por los más grandes para los más pequeños, hacía intuir que el congreso habría sido un juego de amor a la luz del sol de Dios.

La importancia del evento la subrayó también su dimensión mundial. De hecho estaba siempre viva la conexión con otros gen 4 del mundo, a través de las experiencias, fotos, canciones y representaciones teatrales que mandaron, y después a través de la conexión en directo por Internet.  Lo que hizo todavía más precioso el encuentro fue que los gen 4 enfermos ofrecieron sus enfermedades, su dolor para que todo saliera bien.

Uno de los temas fundamentales fue el conocimiento de Dios así como se ha manifestado en la historia:
en la creación, en la amistad con su pueblo predilecto como protector, defensor, guía y salvador. Seguidamente el don más grande, Jesús que nos revela el corazón de Dios con la historia del padre misericordioso que acoge al hijo pródigo. Después el conocimiento de los profetas, de los santos, de todos aquellos que con su vida han sido y son los mensajeros del amor de Dios, y que a través de su voz, como la de Chiara, llega también a nosotros.

Precisamente Chiara, a través del video, repetía a los gen 4: “¿Saben cuál es la verdadera felicidad?
Intenten: es la de la persona que ama, que ama, que ama. Cuando amamos somos felices y si amamos siempre somos felices siempre. ¿Qué pueden hacer ustedes en el mundo? Dar la felicidad, enseñar a amar”.

Su mensaje fue acogido. Flavio decía: “En un juego había que correr de una parte a otra sin dejarse atrapar… pero después vi que en el suelo había un librito de apuntes. Me detuve, lo agarre y se lo llevé enseguida a su propietario”. Y Joe: “Construí un avioncito de papel, pero un niño lo tomó. Yo entonces le regalé el mío”.

El estímulo a “experimentar el secreto de la verdadera felicidad” además de las actividades y los espacios recreativos, fueron los encuentros con muchos amigos y amigas de Chiara.

Entre ellos Emmaus, quien les dejo una consigna comprometedora: “Si nosotros estamos unidos, podemos llevar adelante esta revolución que Dios ha mandado al mundo a través de Chiara. Tienen que llevar al mundo ‘una ola de amor’”.

Y la consigna fue acogida. Se nota a través de los ecos que llegan desde cuando regresaron a casa.  Un gran reto que los más pequeños han lanzado a todos. Uno de los gen 4 invitó a sus amigos a una fiesta y les contó lo que había vivido, otros pusieron al día a las comunidades de donde provenían. Esto es la garantía de la valor que han asumido. Un gen 4 declaró delante de muchos que quiere llegar a  ser santo.

Esto dejó maravillados a quienes lo escuchaban y ante la pregunta de cómo pensaba alcanzar este fin él explicó que es muy sencillo: la santidad es quererse, siempre y sin medida.

¡La ola de amor ya partió!