Movimiento de los Focolares

Pagine di luce

L’associazione culturale Net-One promuove, dal 10 al 13 Giugno prossimi, un convegno internazionale dal titolo “prove di dialogo”.

Conclusión Año Sacerdotal

“Sacerdotes hoy” es el título de una tarde de testimonios y aportes artísticos, con el que varios Movimientos eclesiales pretenden contribuir a la renovación de la vida y del ministerio de los sacerdotes, en la Iglesia y en la sociedad de hoy. Los animadores son los nuevos carismas, dones del Espíritu con los que Dios enriquece a la Iglesia, precisamente en este tiempo de particular dificultad, para conducirla hacia una “nueva primavera”.

El evento prepara la vigilia del 10 de junio con el Papa en la Plaza San Pedro y la solemne celebración eucarística del 11 de junio (v. www.annussacerdotalis.org).

La iniciativa es promovida por los sacerdotes del Movimiento de los Focolares y del Movimiento de Schoenstatt en colaboración con la Renovación Carismática Católica Internacional y otras asociaciones eclesiales.

Testimonios – Entre los protagonistas un sacerdote de Irlanda sobre la fidelidad al llamado de Dios; de Burundi, los sobrevivientes de un asalto al seminario menor de Buta en donde murieron mártires 40 jóvenes; desde Alemania, un sacerdote que superó el problema del alcohol con la ayuda de su comunidad. Otros aportes hablarán de la experiencia de la enfermedad; de la vida afectiva y del celibato vivido en un contexto de fraternidad; de la pastoral en el actual ambiente multicultural y multi-religioso. Y todavía, desde Brasil, una vasta acción de evangelización junto a los laicos en el sur del país.

Conexiones televisivas – El programa se podrá seguir desde muchos países del mundo gracias a Internet (http://www.sacerdotioggi.org/page.php?id=10) y a los satélites del Centro Televisivo Vaticano, de Telepace, EWTN, Canção Nova, Telelumière y Mariavision. Para mayor información sobre las transmisiones en distintos idiomas ver el sito: www.sacerdotioggi.org.

“Fazendas da Esperança”

“Fazendas da Esperança”

290 dirigentes de la Asociación “Família de la Esperanza” fueron el 28 de mayo pasado al Centro internacional del Movimiento de los Focolares, en Rocca di Papa, para festejar y agradecer a Chiara Lubich por el reconocimiento que acababan de recibir por parte del Consejo Pontificio para los Laicos. Los miembros de la Asociación -de origen brasileño pero hoy difundida en todo el mundo- están comprometidos en distintos campos sociales, principalmente con la recuperación de jóvenes drogadictos. En el centro de los Focolares, pudieron encontrarse con Eli Folonari, secretaria personal de Chiara Lubich, María Voce y Giancarlo Faletti, respectivamente presidente y co-presidente del Movimiento de los Focolares, para un momento de intercambio y de reflexión sobre el tema de “Dios Amor”.

“¿Cuál es el vínculo entre nosotros? El vínculo principal –dijo María Voce- es la vida de la Palabra que se traduce en acciones concretas, día tras día, y que nos lleva por un camino de santidad, sin importar de dónde partimos, pero que hay que vivir en el momento presente”. “La Palabra de Dios –prosiguió Giancarlo Faletti- no es como las otras palabras. Las otras palabras producen una planta que tiene pocos días de vida y después se marchita. En cambio, la Palabra de Dios produce una planta grande que dura para siempre. Yo creo que ustedes son los testigos de esta vitalidad”.

La historia de la Asociación tiene inicio en 1983 en un rincón de una calle de Guaratinguetà, en el interior del Estado de San Pablo. Nelson Giovanelli se acercó a un grupo de jóvenes drogadictos cerca de su casa empujado por el deseo de poner en práctica las palabras del apóstol Pablo, “He he hecho débil con los débiles….”. Uno de ellos, Eleutério, fue el primero que se sintió involucrado y pidió ayuda para salir de la dependencia de la droga. Siguieron tantos otros. Quien sostuvo la obra de Nelson Giovanelli desde un inicio fue el fraile alemán Hans Stapel, quien había conocido el carisma de la unidad de Chiara Lubich y el de la pobreza de San Francisco de Asís.

Nace y se desarrolla una vida comunitaria vivida con los jóvenes marginados basada en un estilo de vida evangélico. Hoy en día la Asociación tiene difusión mundial. Cuenta con 68 Fazendas (de las cuales sólo 40en Brasil) que asisten a 3.000 jóvenes. Está presente en otros nueve países del mundo: Alemania, Filipinas, Mozambique, México, Guatemala, Paraguay, Uruguay, Colombia y Argentina.

La Fazenda da Esperança se hizo más conocida después de la visita del Papa Benedicto XVI a la comunidad de Pedrinhas durante su viaje apostólico a Brasil en el 2007. El encuentro del Santo Padre con los muchachos de la Fazenda fue uno de los momentos más conmovedores de ese viaje. El Papa dirigió un llamado muy fuerte a quien siembra muerte a través de la droga: “Dios les pedirá cuentas de lo que han hecho”. Y a los jóvenes, vueltos a la vida gracias a la Fazenda da Esperança, les dio un mandato para el futuro: “¡Ustedes tienen que ser embajadores de la esperanza!”.

La “Familia de la Esperanza” – nombre oficial de la Asociación de fieles apenas aprobada –no es una congregación ni un instituto secular, ni tampoco puede ser definida como un movimiento espiritual como los Carismáticos o los Focolares, sino que es una nueva comunidad de laicos. Es algo nuevo en la Iglesia. Al respecto María Voce dijo: “la Iglesia no aprueba un Reglamento. Aprueba una realidad que existe. Y por lo tanto este reconocimiento es un signo de alegría. Con esta alegríaen el corazón –vuestra, nuestra y de todoa la Iglesia- pienso que podamos verdaderamente agradecer a Dios”.

También lee en Città Nuova: «L’amore che dà speranza» de Daniel Fassa

Junio 2010 – Paradoja Cristiana

En esta palabra se ponen de relieve dos vidas diferentes: la terrenal, que se construye en este mundo; y la sobrenatural, dada por Dios a través de Jesús, vida que no termina con la muerte y que nadie nos puede quitar.
Frente a la existencia se pueden tomar dos actitudes. Una es apegarse a la vida terrenal, considerándola como el único bien; y entonces nos inclinaríamos a pensar en nosotros mismos, en nuestras cosas, en lo creado, nos encerraríamos en nuestro caparazón, afirmando solamente el propio yo, y encontraríamos como conclusión, al final, inevitablemente, sólo la muerte. Otra es creer que hemos recibido de Dios una existencia mucho más profunda y auténtica; y así tendríamos el valor de vivir de forma tal de merecer este don, hasta el punto de sacrificar nuestra vida terrenal por la otra.

“El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” 

Cuando Jesús dijo estas palabras, pensaba en el martirio. Nosotros, como todo cristiano, para seguir al Maestro y permanecer fieles al Evangelio, tenemos que estar dispuestos a perder nuestra vida, muriendo –si fuera necesario– también de forma violenta; y con la gracia de Dios nos sería dada la vida verdadera. Jesús fue el primero que “perdió su vida” y la recuperó glorificada. Él nos advirtió que no tenemos que temer a “los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma" (1).
Hoy nos dice:

“El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.”

Si lees atentamente el Evangelio, notarás que Jesús vuelve sobre esta idea nada menos que siete veces, lo cual demuestra su importancia y la consideración que le otorgaba.
Pero para Jesús la exhortación a perder la propia vida no es sólo una invitación al martirio. Se trata de una ley fundamental de la vida cristiana.
Tenemos que estar dispuestos a renunciar a ser nosotros mismos el ideal de la vida, renunciar a nuestra independencia egoísta. Si queremos ser verdaderos cristianos tiene que ser Cristo el centro de nuestra existencia. ¿Y qué quiere Èl de nosotros? El amor por los demás. Si asumimos esta propuesta, nos habremos perdido y habremos encontrado la vida.
Esta idea de no vivir para uno mismo no significa, como podría pensarse, una actitud de renuncia o de pasividad. El compromiso del cristiano es siempre grande y su sentido de responsabilidad, total.

“El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” 

Desde este momento podemos experimentar que la donación, el amor vivido, hace crecer en nosotros la vida. Cuando hayamos dedicado nuestra jornada al servicio de los demás, cuando hayamos sabido transformar el trabajo cotidiano, acaso monótono y duro, en un gesto de amor, probaremos la alegría de sentirnos más realizados.
Después de esta breve existencia, si seguimos los mandatos de Jesús, centrados todos en el amor, encontraremos la existencia eterna. Recordemos el juicio de Jesús en el último día. Él dirá a los que están a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre… porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; estaba de paso, y me alojaron; desnudo y me vistieron…” (2).
Para hacernos partícipes de esa existencia que no pasa, tendrá en cuenta únicamente si hemos amado al prójimo; y considerará si lo hemos tratado como si fuera Él.

“El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” 

¿Cómo vivir esta Palabra? ¿Cómo perder nuestra vida para encontrarla? Preparándonos para el grande y decisivo examen.
Miremos a nuestro alrededor y colmemos la jornada con actos de amor. Cristo se nos presenta en nuestros hijos, en la esposa, en el marido, en los compañeros de trabajo, de partido, de recreación… Hagamos el bien a todos. Y no olvidemos a aquellos de los que tomamos noticia por los diarios, a través de amigos o en la televisión… Hagamos algo por todos, de acuerdo con nuestras posibilidades. Y cuando nos parezcan agotadas, aún podremos rezar por ellos. Lo que cuenta es el amor.

Chiara Lubich

Publicación mensual del Movimiento de los Focolares. Este texto fue publicado en junio de 1999.

1. Evangelio de Mateo 20, 28.
2. Cf. Mateo, 25, 34 y siguientes.