Movimiento de los Focolares

junio 2008

Es suficiente con amar

Cuando se ama se querría estar siempre con la persona amada. Dios también tiene ese deseo, porque es Amor. Nos creó para que pudiéramos encontrarlo. No seremos plenamente felices hasta que no alcancemos una íntima unión con él, el único que puede saciar nuestro corazón. Bajó del cielo para estar con nosotros e introducirnos en su comunión.
Juan, en su carta, habla de “permanecer” el uno en el otro, Dios en nosotros y nosotros en él, recordando la exigencia más profunda que Jesús manifestó en la última cena: “Permanezcan en mí y yo en ustedes”. Así había dicho el Maestro, explicando con la alegoría de la vid y de los sarmientos lo fuerte que es el vínculo que nos une a él. (1)
¿Cómo podemos alcanzar la unión con Dios? Juan no demuestra perplejidad: basta con observar sus mandamientos:

“Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él”

¿Son muchos los mandamientos que hay que observar para llegar a esta unidad? No, desde el momento en que Jesús los condensó en un solo mandato. “Este es mi mandamiento – recuerda Juan antes de anunciar la Palabra de vida que elegimos para este mes–: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros tal como nos mandó.” (2)
Que creamos en Jesús y nos amemos como él nos amó: he aquí el único precepto. Si la existencia humana encuentra su cumplimiento cuando Dios habita entre nosotros, hay un solo modo para llegar a ser nosotros mismos: amar. Juan está tan convencido que sigue repitiéndolo durante toda su carta: “quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (3); “si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros…” (4).
Con respecto a esto, la tradición cuenta que cuando era ya anciano y le preguntaban sobre las enseñanzas del Señor, repetía siempre las palabras del mandamiento nuevo. Si le preguntaban por qué Juan no hablaba de otras cosas, respondía: “¡Porque es el mandamiento del Señor! Si se lo practica, es suficiente.”
Del mismo modo sucede con cada Palabra de Vida: conduce irremediablemente a amar. No podría ser de otra forma, porque Dios es Amor y su Palabra contiene al amor, lo expresa y, si se la vive, transforma todo en amor.

“Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él”

La Palabra de este mes nos invita a que creamos en Jesús, a que adhiramos con todo nuestro ser a su Persona y a su enseñanza. A que creamos que él es el amor de Dios – como nos enseña Juan en esta carta – y que por amor dio la vida por nosotros . Que creamos en él aun cuando parezca lejano, cuando no lo sintamos, cuando se presenten dificultades o llegue el dolor…
Si nos fortalecemos con esta fe, sabremos vivir siguiendo su ejemplo y, obedeciendo a su mandamiento, sabremos amarnos como él nos amó. Amar aún cuando el otro no nos parezca amable, cuando tengamos la impresión de que nuestro amor es inadecuado, inútil; cuando no es correspondido. De esta forma haremos revivir nuestros vínculos, cada vez más sinceros, más profundos, y nuestra unidad permitirá que Dios habite entre nosotros.

“Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él”

“Durante los primeros años de matrimonio, mi marido y yo estábamos enamorados y era muy fácil la relación entre nosotros. Este último tiempo él está muy cansado y estresado. En Japón el trabajo pesa en las espaldas de un hombre como si fuera un yugo.
Una noche, al regresar del trabajo, se sentó a la mesa a cenar. Intenté sentarme junto a él, pero me gritó que me fuera: ‘¡No tienes derecho a comer, porque no trabajas!’. Me pasé la noche llorando, rumiando la idea de irme de casa, de separarme. Al día siguiente me asaltaban mil pensamientos: ‘Me equivoqué casándome con él, no puedo más vivir a su lado’.
Esa tarde hablé con algunas amigas con quienes comparto mi vida cristiana. Me escucharon con amor y de la comunión con ellas reencontré la fuerza y la valentía necesarias para seguir. Una vez más, le preparé la cena mi marido. A medida que se acercaba la hora de que volviera a casa, mi temor aumentaba: ¿cómo reaccionará hoy? Pero una voz adentro me decía: ‘Acoge este dolor, no aflojes. Sigue amando’. Abrió la puerta y vi que me había traído una torta: ‘Perdóname – me dijo – por lo que pasó ayer”.

Chiara Lubich

1 Cf. Jn. 15, 1-5
2 1 Jn. 3, 23
3 Ibid. 4, 16
4 Ibid. 4. 12

 

Mayo 2008

“Donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” También hoy, como en los tiempos de Pablo, Jesús resucitado, el Señor, sigue actuando en la historia, y en particular en la comunidad cristiana a través del Espíritu Santo. Él nos permite comprender el Evangelio en toda su novedad, y lo escribe en nuestros corazones para que sea nuestra ley de vida. No somos guiados por leyes impuestas desde afuera, no somos esclavos sometidos a disposiciones de las que no estamos convencidos y que no compartimos. El cristiano es movido por un principio de vida interior, que el Espíritu ha depositado en él con el bautismo, por su voz, que repite las palabras de Jesús haciéndolas comprender en toda su belleza, expresión de vida y de gozo: las vuelve actuales, enseña cómo vivirlas y al mismo tiempo infunde la fuerza para ponerlas en práctica. Es el mismo Señor el que, gracias al Espíritu Santo, viene a vivir y a actuar en nosotros, haciéndonos Evangelio vivo. Ser guiados por el Señor, por su Espíritu, por su Palabra: ¡ésta es la verdadera libertad! Coincide con la realización más profunda de nuestro yo.

“Donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad”

 Todos sabemos que, para que el Espíritu Santo actúe, se requiere plena disponibilidad para escucharlo –dispuestos a cambiar nuestra mentalidad, si fuera necesario– y luego adherir plenamente a su voz. Es fácil dejarse esclavizar por las presiones que ejercen las costumbres y convenciones sociales, que pueden inducir a opciones equivocadas. Para vivir la Palabra de Vida de este mes es necesario aprender a decir un no decidido a lo negativo que aflora de nuestro corazón cada vez que nos sentimos tentados a acomodarnos a formas de actuar que no son conformes al Evangelio. Y, a su vez, aprender a decir un sí convencido a Dios cada vez que él nos llama a vivir en la verdad y en el amor. Descubriremos, entonces, el vínculo que existe entre la cruz y el Espíritu, como entre causa y efecto. Cada corte, cada poda, cada no a nuestro egoísmo es fuente de luz nueva, de paz, de gozo, de amor, de libertad interior, de realización de uno mismo; es una puerta abierta al Espíritu. En este tiempo de Pentecostés él nos podrá brindar con mayor abundancia sus dones; podrá guiarnos; seremos reconocidos como verdaderos hijos de Dios. Estaremos cada vez más libres del mal, cada vez más libres para amar.

“Donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” Esa es la libertad que encontró un funcionario de las Naciones Unidas durante la última misión que tuvo a cargo en los países balcánicos. Le habían encomendado un trabajo gratificante, aunque muy comprometido. Una de las mayores dificultades para él eran los largos períodos lejos de su familia. Además, cuando volvía a casa le resultaba muy difícil dejar atrás la carga de su trabajo y dedicarse a su esposa e hijos. Inesperadamente, lo trasfirieron a otra ciudad de esa misma región, donde era impensable llevar consigo a su familia porque, a pesar de los acuerdos de paz recién firmados, las hostilidades continuaban. ¿Qué hacer? ¿Qué era más valioso, la carrera o la familia? Conversó largamente con su esposa, quien comparte su compromiso de vida cristiana. Pidieron luz al Espíritu Santo y juntos buscaron la voluntad de Dios. Al fin, la decisión: dejar ese trabajo tan codiciado. Decisión realmente insólita en ese ambiente profesional. “La fuerza para esa elección – cuenta él mismo – fue fruto del amor recíproco con mi esposa, quien nunca me hizo pesar los inconvenientes que le ocasionaba. Por mi parte, al buscar el bien de mi familia, más allá de las seguridades económicas, encontré la libertad interior”. Chiara Lubich

Vivir la Palabra cambia la relación con Dios y con los hermanos

He aquí el último pensamiento preparado por Chiara Lubich para el Movimiento, desde su cama en el “hospital Gemelli”, poco antes de su “partida” y que ha sido difundido en estos días: “Quisiera esta vez subrayar el valor de la relación, de las relaciones entre nosotros. Viviendo la Palabra, en los inicios, en Trento, Cambió, ya sea nuestra relación con Dios que nuestra relación con los hermanos. Así nació aquella que entonces llamábamos “comunidad cristiana”. No nos olvidemos de estos orígenes. Construyamos nuestra obra sobre estas bases”. Reportamos a continuación algunas líneas extraídas del primer comentario sobre la Palabra de Vida, de hace más de 50 años, todavía de gran actualidad. Bien se podrían referir al pensamiento recién citado, para penetrarlo en profundidad y traducirlo en vida. “Las palabras del Evangelio quizás parezcan simples, Pero ¡qué transformación requieren! ¡Qué lejos están de nuestro habitual modo de pensar y de actuar! Pero ¡ánimo! Probemos. Una jornada así aprovechada vale una vida. Y en la noche no nos reconoceremos más a nosotros mismos. Una alegría jamás probada nos inundará. Una fuerza nos investirá. Dios estará con nosotros, porque Él está con quienes lo aman. Los días transcurrirán en plenitud. Alguna vez quizás aflojaremos, sentiremos la tentación de desilusionarnos, de detenernos. Y querremos volver a la vida de antes. ¡Pero no! ¡Ánimo! Dios nos da la gracia. Recomencemos siempre. Perseverando, veremos lentamente cambiar el mundo a nuestro alrededor. Comprenderemos que el Evangelio lleva a la vida más fascinante, enciende la luz en el mundo, da sabor a nuestra existencia, contiene el principio de la resolución de todos los problemas. Y no nos quedemos tranquilos, hasta que no comuniquemos nuestra extraordinaria experiencia a otros: a los amigos que nos puedan comprender, a los familiares, a cualquiera que nos sintamos impulsados a darla. Renacerá la esperanza”.

Poner en marcha la fraternidad en el deporte

Un horizonte hacia un deporte confiable y bello, libre de las amenazas que comporta la violencia, el doping, la comercialización exasperada, se ha abierto en el congreso 2008 de “Sportmeet”, con el título: “Sport In” – Confiable – Pon en marcha la fraternidad, desarrollado en Castel Gandolfo – Roma, del 28 al 30 de marzo. El desafío de la fraternidad en y a través del deporte, proviene de parte de los 420 deportistas, de 38 naciones diferentes, provenientes de los 5 continentes, que han participado en el evento, con testimonios significativos de vida, exposiciones de expertos internacionales, mesas redondas, talleres, momentos deportivos y juegos. Entre los numerosos testimonios de deportistas de todo nivel, estaba el de Josefa Idem, pluricampeona olímpica de canoa; la de Ippolito Sanfratello, medalla de oro de patinaje a velocidad en Turín 2006; la del “camiseta roja” (líder) de la Vuelta a Italia 2007 Marco Pinotti; del alpinista de los 8.000 metros de altura, Karl Unterkircher; la del pluricampeón mundial de “orienteering”, Nicoló Corradini; y la de la corredora de maratón Petra Teveli de Hungría, tercera en el último maratón de Milán. Junto a ellos han participado varios promotores de proyectos deportivos de carácter social en países en vías de desarrollo (Colombia, Brasil, Argentina, la República Democrática del Congo, Burundi, Líbano, Pakistán, Filipinas,…), y los animadores de proyectos de educación para la paz, antimafia y anticamorra, en Sicilia y en Campania. Además docentes y estudiantes de 17 universidades de todo el mundo, conectados en red con Sportmeet, han manifestado su compromiso de trabajar y difundir una cultura del deporte nueva, orientada a la fraternidad.

abril 2008

“… hasta que sea infundido en nosotros un espíritu desde lo alto. Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque”. Con estas palabras comienza el texto del cual se extrajo la Palabra de Vida de este mes. El profeta Isaías, en la segunda mitad del siglo VIII antes de Cristo, anuncia un futuro de esperanza para la humanidad, casi una nueva creación, un nuevo “vergel”, habitado por el derecho y la justicia, capaces de generar paz y seguridad.

Esta nueva era de paz (shalom) será obra del Espíritu divino, una fuerza vital capaz de renovar la creación, y consecuencia del respeto del pacto entre Dios y su pueblo y entre los integrantes del mismo pueblo, en el que la comunión con Dios y la comunidad de los hombres serán inseparables.
Las palabras de Isaías evocan la necesidad de un compromiso serio y responsable de seguir las normas comunes de la convivencia civil que impiden el individualismo egoísta y la ciega arbitrariedad, favorecen la coexistencia armoniosa y la laboriosidad orientada al bien común.

“La obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre” (Is, 32,17)

¿Será posible vivir y practicar el derecho de manera justa? Sí, si se reconocen a todas las personas como a otros tantos hermanos y hermanas y se ve a la humanidad como una familia, en el espíritu de la fraternidad universal.
Ahora bien, ¿cómo verla así sin la presencia de una Padre para todos? Podría decirse que El ya ha inscripto la fraternidad universal en el ADN de cada persona. En efecto, el primer deseo de un padre es que los hijos se traten como hermanos y hermanas, y quieran el bien el uno del otro, se amen. Por eso el “Hijo” por excelencia del Padre, el Hermano de todo hombre, vino y nos dejó como norma de vida social el amor recíproco. Es expresión de amor respetar las reglas de la convivencia, cumplir con el deber. El amor es la norma última de cualquier acción; es lo que anima a la verdadera justicia y procura la paz. Las naciones necesitan leyes cada vez más adecuadas a las necesidades de la vida social e internacional, pero sobre todo tienen necesidad de hombres y mujeres que ordenen la caridad en su interior. Ese orden es justicia, y sólo en ese orden las leyes tienen valor.

“La obra de la justicia será la paz, y el fruto de la justicia, la tranquilidad y la seguridad para siempre” (Is, 32,17)

¿Cómo vivir, entonces, la Palabra de Vida de este mes? Poniendo más empeño en los deberes profesionales, en la ética, en la honestidad, en la legalidad. Reconociendo en los demás a personas de la misma familia que esperan de nosotros atención, respeto, cercanía solidaria.
Si tu vida, tus relaciones con el prójimo, se fundamentan en la mutua y continua caridad (que precede a todas las cosas), como la expresión más plena de tu amor a Dios, entonces tu justicia verdaderamente agradará a Dios.
Un guarda municipal del Sur de Italia que eligió compartir la situación de las personas más cadenciadas de la ciudad, tomó la decisión de ir a vivir con su familia a uno de los barrios formados recientemente: calles de tierra, sin iluminación pública, sin agua corriente ni cloacas; sin servicios civiles ni transporte público.

“Fuimos tratando de crear con cada familia y habitante del barrio – cuenta – una relación de conocimiento y de diálogo, tratando de restablecer el tejido roto entre los ciudadanos y la administración pública. Poco a poco, los casi tres mil habitantes se fueron convirtiendo en sujetos activos en la relación con las instituciones pública, por medio de un comité creado con ese objetivo.
Se llegó a obtener de la administración regional la adjudicación pública de una suma considerable para el saneamiento del barrio, que se ha convertido en un barrio-piloto y ha dado vida a actividades formativas para los representantes de todos los comités de barrio de la ciudad”.

Chiara Lubich

‘La heroica lección sobre qué es el Amor’

 Viernes santo: la muerte de Jesús en la cruz es la sublime, divina, heroica lección de Jesús sobre qué es el amor. Lo había dado todo: una vida al lado de María, en medio de las incomodidades y en la obediencia. Tres años de predicación revelando la Verdad, dando testimonio del Padre, prometiendo el Espíritu Santo y haciendo toda clase de milagros de amor. Tres horas en la cruz, desde la cual perdona a los verdugos, abre el Paraíso al ladrón, nos da a su Madre y, finalmente, su Cuerpo y su Sangre después de habérnoslos dado místicamente, en la Eucaristía. Le quedaba la divinidad. Su unión con el Padre, la dulcísima e inefable unión con Él, que lo había hecho tan potente en la tierra, como Hijo de Dios, y aún en la cruz mostraba su realeza, este sentimiento de la presencia de Dios, debía ir desapareciendo en el fondo de su alma, hasta no sentirlo más; separarlo de algún modo de Aquel del que dijo que era una sola cosa con Él: “El Padre y yo somos una sola cosa” (Jn 10, 30). En Él, el amor estaba anulado, la luz apagada; la sabiduría callaba. Se hacía nada, entonces, para hacernos partícipes del Todo; gusano de la tierra (Salmo 22, 7), para hacernos hijos de Dios. Estábamos separados del Padre. Era necesario que el Hijo, en el que todos nos encontrábamos, probara la separación del Padre. Tenía que experimentar el abandono de Dios para que nosotros nunca más nos sintiéramos abandonados. Él había enseñado que nadie tiene mayor caridad de quien da la vida por los amigos. Él, la Vida, daba todo de sí. Era el punto culminante, la expresión más bella del amor. Su rostro está detrás de todos los aspectos dolorosos de la vida; cada uno de ellos es Él. Sí, porque Jesús que grita el abandono es la figura del mudo: ya no sabe hablar. Es la figura del ciego: no ve; del sordo: no oye. Es el cansado que se queja. Roza la desesperación. Es el hambriento de unión con Dios. Es la figura del desilusionado, del traicionado, parece haber fracasado. Es miedoso, tímido, desorientado. Jesús abandonado es la tiniebla, la melancolía, el contraste, la figura de todo lo que es raro, indefinible, que parece monstruoso, porque es un Dios que pide ayuda. Es el solitario, el desamparado. Parece inútil, un descartado, trastornado. Lo podemos ver en cada hermano que sufre. Acercándonos a los que se parecen a Él, podemos hablarles de Jesús abandonado. A los que se descubren semejantes a Él y aceptan compartir su suerte, Él se convierte, para el mudo la palabra; para quien no sabe, la respuesta; para el ciego, la luz; para el sordo, la voz; para el cansado, el descanso; para el desesperado, la esperanza; para el separado, la unidad; para el inquieto, la paz. Con Él, las personas se transforman y lo absurdo del dolor adquiere sentido. Él había gritado el por qué, al que nadie había dado respuesta, para que tuviéramos la respuesta a cada por qué. El problema de la vida humana es el dolor. Cualquier tipo de dolor, por más terrible que sea, sabemos que Jesús lo ha hecho suyo y transforma, por una alquimia divina, el dolor en amor. Por experiencia puedo decir que apenas nos alegramos de un dolor, para ser como Él y luego seguimos amando haciendo la voluntad de Dios, el dolor, si es espiritual desaparece, y si es físico se convierte en yugo suave. Nuestro amor puro en contacto con el dolor, lo transforma en amor; en cierto modo lo diviniza, casi continuando en nosotros – si así podemos decir – la divinización que Jesús hizo del dolor. Y después de cada encuentro con Jesús abandonado, amado, encuentro a Dios de un modo nuevo, más cara a cara, más evidente, en una unidad más plena. La luz y la alegría vuelven y, con la alegría, la paz que es fruto del Espíritu. La luz, la alegría, la paz que nacen del dolor amado impactan y conquistan a las personas más difíciles. Clavados en la cruz se es madre y padre de almas. La máxima fecundidad es el efecto. Como escribe Olivier Clément “el abismo, que por un instante abrió aquel grito, se ve colmado por el gran soplo de la resurrección”. Se anula cualquier tipo de desunión, la separación y las rupturas son sanadas, resplandece la fraternidad universal, da lugar a milagros de resurrección, nace una nueva primavera en la Iglesia y en la humanidad