12 Mar 2008 | Sin categorizar
Desde hace días Chiara Lubich había expresado el deseo de “regresar a casa”. Ayer en la tarde se tomó esta decisión. Desde el Policlínico Gemelli, donde estaba internada por una grave insuficiencia respiratoria, regresó a su casa en Rocca di Papa-
Como declaró el prof. Salvatore Valente, titular de la cátedra de Neumología del Policlínico: “Chiara Lubich fue trasladada a su domicilio según el deseo que ella expresó”. Y aseguró: “Sigue recibiendo todos los soportes farmacológicos y las terapias necesarias. Lamentablemente –agregó- hasta el momento ha habido respuesta alguna al tratamiento aplicado”.
28 Feb 2008 | Palabra de vida, Sin categorizar
Esta es una maravillosa palabra de Jesús que, en cierto sentido, todo cristiano puede repetir para sí mismo y que, si la pone en práctica, está en condiciones de llevarlo muy lejos en el Santo Viaje de la vida.
Jesús, sentado junto al pozo de Jacob, en Samaría, está concluyendo su diálogo con la samaritana. Los discípulos, que vuelven de la ciudad cercana, donde fueron a comprar provisiones, se asombran de que el Maestro esté hablando con una mujer, pero ninguno le pregunta por qué lo hace y, cuando la samaritana se va, lo invitan a comer. Jesús intuye sus pensamientos y les explica el motivo de aquella conversación, respondiéndoles: “Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen”.
Los discípulos no comprenden: piensan en el alimento material y se preguntan entre ellos si, durante su ausencia, alguien le ha traído de comer al Maestro. Entonces Jesús les dice abiertamente esta frase:
“Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra” (Jn 4, 34)
Todos los días tenemos necesidad de alimento para mantenernos con vida. Jesús no lo niega. Y aquí habla precisamente de su necesidad natural, pero lo hace para afirmar la existencia y la exigencia de otro alimento, de un alimento más importante, del cual él no puede prescindir.
Jesús bajó del Cielo para hacer la voluntad de aquel que lo envió a llevar a cabo su obra. No tiene ideas o proyectos suyos más que los del Padre. Las palabras que pronuncia, las obras que realiza, son las del Padre. No hace su propia voluntad sino la de aquel que lo ha enviado. Esa es la vida de Jesús. Realizarla es lo que sacia su hambre. Al hacer su voluntad, se alimenta.
La adhesión plena a la voluntad del Padre es lo que caracteriza su vida, hasta la muerte de cruz, donde verdaderamente habrá llevado a cabo en plenitud la obra que el Padre le había confiado.
“Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra” (Jn 4, 34)
Jesús considera la voluntad del Padre como su alimento, porque al actuarla, “asimilarla”, “comerla”, al identificarse con ella, recibe de ella la Vida.
Pero ¿cuál es la voluntad del Padre, esa obra suya que Jesús tiene que llevar a cabo? Es procurarle al hombre la salvación, darle la Vida que no muere.
Pues bien, un momento antes, con su conversación y su amor, Jesús le acababa de comunicar a la samaritana un germen de esa Vida. En efecto, los discípulos podrán ver muy pronto cómo esa Vida brota y se extiende, porque la samaritana comunicará la riqueza descubierta y recibida a otros samaritanos: “Vengan a ver a un hombre que… ¿No será el Mesías?”1.
Jesús, hablándole a la samaritana, revela el plan de Dios, que es Padre: que todos los hombres reciban el don de su vida. Esa es la obra que a Jesús le apremia llevar a cabo, para confiarla luego a sus discípulos, a la Iglesia.
“Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra” (Jn 4, 34)
¿Podemos nosotros vivir esta Palabra tan típica de Jesús, que refleja de modo tan particular su ser, su misión, su celo? Por cierto: será necesario que vivamos también nosotros nuestro ser hijos del Padre por la vida que Cristo nos ha comunicado, y alimentar así nuestra vida con su voluntad.
Lo podemos hacer llevando a cabo lo que él quiere de nosotros a cada momento de manera perfecta, como si no tuviéramos otra cosa que hacer. En efecto, Dios no quiere más que eso.
Alimentémonos, entonces, de lo que Dios nos pide en cada instante y experimentaremos que esta manera de actuar nos sacia: nos da paz, alegría, felicidad, nos da un anticipo –y no es exagerado decirlo– de la felicidad eterna.
Así contribuiremos también nosotros, con Jesús, a que se realice día a día la obra del Padre. Será la mejor manera de vivir la Pascua.
Chiara Lubich
1) Evangelio de Juan 4, 29.
28 Feb 2008 | Sin categorizar
El mensaje evangélico se puede convertir en “fuerza transformadora y humanizadora en áreas de crisis”. Quienes dan testimonio de ello son algunos de los Obispos provenientes de todo el mundo reunidos desde el domingo pasado, 24 de febrero, hasta el viernes 29, en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo. De hecho, alrededor de 90 entre Obispos y Cardenales, de 42 naciones, participaron en el 32º Congreso internacional de los Obispos amigos del Movimiento de los Focolares que este año tiene como tema: “La Palabra está viva: personas, ambientes, estructuras que se transforman”. El miércoles pasado, después de haber participado en la Audiencia general del Papa, algunos Obispos, en representación de las diversas áreas geográficas, intervinieron en una rueda de prensa en la sede de la Federación de Prensa italiana. Tomando la palabra el Cardenal Ennio Antonelli, Arzobispo de Florencia, dijo que “en los muchos testimonios hemos podido constatar como la Palabra renueva la vida de las familias, de los jóvenes, de las parroquias, una renovación profunda en la comunión”. “Se ha reforzado en nosotros la convicción de que el testimonio de la Palabra de Dios, escuchada, vivida, encarnada en la vida, el intercambio de experiencias suscitado por la Palabra es un camino importantísimo para la evangelización hoy”. “La gente no sólo quiere escuchar hablar de Jesús, quiere verlo –como escribió Juan Pablo II en la Novo Millennio Ineunte-. Y los Movimientos de algún modo lo hacen ‘ver’, hacen palpar la presencia del Señor, la potencia de su palabra que es creadora de vida nueva”. Por su parte, el Arzobispo de Palmas (Brasil), Mons. Alberto Taveira Corrêa, puso de relieve la importancia del diálogo y de las sectas, subrayando que en este frente “el compromiso es doble: formar a los cristianos a la vida del Evangelio y crear relaciones también con las personas que participan en estos grupos, tratando de establecer un diálogo”. El Arzobispo emérito de Bamenda (Camerún), monseñor Paul Verzekov, dio testimonio del compromiso de la Iglesia en el difícil trabajo de reconciliación, tanto que “en nada menos que 4 países (Togo, Benín, Congo y República Democrática de Congo), a petición del pueblo, y con la autorización de la Santa Sede, las comisiones nacionales para la mediación y reconciliación, están presididas por Obispos católicos, sin ninguna intención de sustituir a los gobiernos”. Mons. Verzekov se refirió después a la acción pacificadora de Movimientos y Comunidades, como la Comunidad de San Egidio en Mozambique y la que lleva adelante el Movimiento de los Focolares, difundido en todo el continente, gracias al “compromiso de vivir el Evangelio en la vida cotidiana”. A este punto citó la vasta acción de evangelización que llevan adelante los mismos jefes de las tribus en Fontem y otras aldeas, involucrando al pueblo y habló de los frutos de reconciliación y de convivencia pacífica que se encuentran en estas áreas de su país. De la grave situación política y religiosa que atraviesa Líbano habló el Obispo maronita de Baalbek, Mons. Simón Atallah, quien dijo que “mientras que, precisamente los jóvenes habían creído que eran las armas las que abrirían caminos de esperanza para el país, ahora estos mismos jóvenes, musulmanes y cristianos, están descubriendo que la verdadera fuerza está sobre todo en la religión. Se han dado cuenta de que no hay esperanza ni en las armas ni en la política”. “Lo importante –dijo- es acompañar a la gente a leer a la luz de la Palabra los acontecimientos, a saber encontrar en la religión no odio hacia el otro, sino amor por el otro”. Sucesivamente habló del redescubrimiento del Evangelio y del Corán, de encuentros de jóvenes de las dos religiones y citó el Movimiento “Expectativas de juventud” que reúne a cristianos y musulmanes con encuentros de más de 1000 jóvenes: “Juntos leen las palabras del Evangelio y del Corán sobre la solidaridad, la fraternidad, el amor al prójimo”.
Sobre la creciente persecución de los cristianos en la India y en especial en el Estado de Orissa, el Arzobispo de Delhi, Mons. Vincent Michael Concessao, dijo que “no podemos culpar a los hindúes, sino sólo a ciertas fuerzas violentas, que por otro lado están presentes en todas las religiones. Lamentablemente los partidos políticos están usando las religiones y estos grupos para sus fines”. “Se están obstaculizando las conversiones, porque se cree que tienen lugar mediante la fuerza o a través de incentivos deshonestos ¬–continuó- Hemos discutido este problema en las conferencias episcopales y estamos tratando de entender cómo responder”. “En éste contexto, participar en este encuentro de Obispos, refuerza en mí la convicción que la respuesta a todos los problemas es el amor, es la fuerza más potente, porque es participación a la vida misma de Dios que es amor”. Y “estas atrocidades contra los cristianos ¬–agregó- son una nueva oportunidad de dar testimonio del amor cristiano, del amor a los enemigos”. De esperanza habló el Cardenal Miloslav Vlk, Arzobispo de Praga y moderador del Congreso: “”Para mí estos encuentros son un refuerzo en la esperanza, sobre todo abren un horizonte mundial y ya se entrevé realizado cuanto está escrito en el Apocalipsis: “He aquí que yo hago nuevas todas las cosas. Ya aparecen los nuevos brotes, ¿no los ven?”. Después el Cardenal dio testimonio de esta esperanza, hablando de los años, del ’52 en adelante, cuando una vez concluidos los exámenes de bachillerato, vio que se le cerraban todas las posibilidades por no formar parte de la juventud comunista, y de cómo se sintió iluminado por la Palabra: “Sométanse a la potente mano de Dios, para que los ensalce en el tiempo oportuno”. A partir de entonces muchas puertas se han abierto: “La Palabra de Dios se realiza siempre. Ésta es mi gran experiencia, es más, es la seguridad que me ha acompañado toda mi vida”, concluyó. De la Agencia ZENIT del 28 de febrero de 2008
31 Ene 2008 | Palabra de vida, Sin categorizar
Jesús, rodeado por la multitud, sube a la montaña y proclama su célebre discurso. Sus primeras palabras, “Felices los que tienen alma de pobres, los pacientes…”, muestran enseguida la novedad del mensaje que ha venido a traer.
Son palabras de luz, de esperanza que Jesús trasmite a sus discípulos para que sean iluminados y su vida adquiera sabor y significado. Transformados por este gran mensaje, son invitados a trasmitir a su vez a otros las enseñanzas recibidas y convertidas en vida.
“El que cumpla y enseñe (estos mandamientos), será considerado grande en el Reino de los Cielos”
Nuestra sociedad necesita, hoy más que nunca, conocer las palabras del Evangelio y dejarse transformar por ellas. Jesús tiene que poder repetir nuevamente: nos se irriten con sus hermanos; perdonen y se les perdonará; digan la verdad a tal punto que no tengan necesidad de hacer juramentos; amen a sus enemigos; reconozcan que tienen un solo Padre y que son todos hermanos y hermanas; todo lo que quieran que los demás hagan por ustedes, háganlo ustedes por ellos. Éste es el sentido de algunas de las muchas palabras del “Sermón de la Montaña” que, si se las viviese, bastarían para cambiar el mundo.
Jesús nos invita a anunciar su Evangelio. Sin embargo, antes de “enseñar” sus palabras, nos pide “observarlas”. Para ser creíbles debemos convertirnos en “expertos” del Evangelio, un “Evangelio vivo”. Sólo entonces podremos ser testimonios con la vida y enseñarlo con la palabra.
“El que cumpla y enseñe (estos mandamientos), será considerado grande en el Reino de los Cielos”
¿Cuál es la mejor manera de vivir esta Palabra? Hacer que Jesús mismo sea quien nos enseñe, atrayéndolo a nosotros y entre nosotros con nuestro amor recíproco. Él será quien nos sugiera las palabras para acercarnos a los demás, quien nos indique el camino, quien nos abra resquicios para entrar en el corazón de los hermanos, para dar testimonio de él en cualquier lugar que estemos, aún en los ambientes más difíciles y en las situaciones más intrincadas. Veremos que el mundo, esa pequeña parte de mundo donde vivimos, se transforma, se convierte a la concordia, a la comprensión, a la paz.
Lo importante es tener viva su presencia entre nosotros con nuestro amor recíproco, ser dóciles para escuchar de su voz, la voz de la conciencia, que, si sabemos hacer callar a las demás, siempre nos habla.
Él nos enseñará cómo observar con alegría y creatividad incluso los preceptos “mínimos”, para cincelar así con perfección nuestra vida de unidad. Que se pueda repetir de nosotros, como un día se decía de los primeros cristianos: “Mira cómo se aman, y están dispuestos a morir el uno por el otro” (1). De cómo nuestras relaciones son renovadas por el amor se podrá ver que el Evangelio es capaz de generar una sociedad nueva.
No podemos guardar sólo para nosotros el don recibido. “¡Ay de mí, si no predicara el Evangelio!”, estamos llamados a repetir con San Pablo (2). Si nos dejamos guiar por la voz interior, descubriremos nuevas posibilidades de comunicar, hablando, escribiendo, dialogando. Que el Evangelio vuelva a brillar a través de nuestras personas, en nuestras casas, en nuestras ciudades, en nuestros países. Florecerá también en nosotros una nueva vida; en nuestros corazones crecerá la alegría; resplandecerá mejor el Resucitado… y él nos considerará “grandes en su Reino”.
La vida de Ginetta Calliari es una muestra excelente de esto. Habiendo llegado a Brasil en 1959, con el primer grupo de los Focolares, quedó impactada al encontrarse bruscamente con las graves desigualdades de ese país. Entonces puso todo su empeño en el amor recíproco, viviendo las palabras de Jesús: “Él nos abrirá el camino”, decía. Con el paso del tiempo, junto a ella se desarrolló y consolidó una comunidad que hoy alcanza a centenares de miles de personas de toda condición y edad, entre habitantes de las favelas y miembros de clases acomodadas, que se ponen al servicio de los más pobres. Es así como se han podido concretar obras sociales que le han cambiado la cara a favelas en distintas ciudades. Un pequeño “pueblo” unido que sigue mostrando que el Evangelio es verdadero. Esa es la dote que Ginetta se llevó consigo cuando partió para el Cielo.
Chiara Lubich
1) Tertuliano, Apologeticum, 39, 7; 2) Cf. 1 Cor. 9, 16.
15 Ene 2008 | Sin categorizar
Un diálogo intenso, espontáneo, profundo, ha marcado el encuentro del Card. Tarcisio Bertone, con más de 600 sacerdotes diocesanos focolarinos, procedentes de 54 naciones en el Centro Mariápolis de Castelgandolfo. Era la primera vez que, como Secretario de Estado, el Cardenal hacía una visita al Movimiento de los Focolares, en este centro internacional. Había sido invitado para un diálogo con los sacerdotes, reunidos para su encuentro anual. El Cardenal escuchó los testimonios de algunos “focolares sacerdotales” sobre los efectos que el “carisma de la unidad” vivido provoca en distintos contextos eclesiales y socio-culturales: en Irlanda donde, en un panorama de cresciente secularización, se injerta una relación renovada con el obispo y los demás sacerdotes, un fuerte compromiso en las universidades, en el campo ecuménico e interreligioso, una presencia eficaz en el mundo de los medios de comunicación; en Suiza, el testimonio de unidad hace que la vida en común entre sacerdotes se convierta en punto de referencia para varios presbíteros y antídoto para la crisis de vocaciones, así como causa de crecimiento en la asistencia dominical; la colaboración entre sacerdotes y laicos animados por la espiritualidad de comunión en Ascoli Piceno (Italia), infunde una nueva vida en la ciudad como sucedió durante el pasado mes de octubre cuando, con motivo de un evento promovido por los jóvenes de los Focolares, se logró involucrar a las instituciones civiles y a la ciudadanía. Sacerdotes de distintas partes del mundo, hicieron seis preguntas al Secretario de Estado: sobre la actuación del magisterio de Benedicto XVI, los desafíos de la Iglesia en el mundo de hoy, sobre las “lagunas” existentes en las comunidades eclesiales, así como sobre la prioridad en las elecciones pastorales. Y, luego, el papel de los Movimientos eclesiales, la realización de la “Iglesia-comunión”, la formación en los seminarios, la ayuda a los sacerdotes en dificultad. Y finalmente, sobre la relación personal, cotidiana, del Cardenal con el Papa. «La irrelevancia de la fe» y «el aislamiento y la soledad». Estos son los dos mayores desafíos que se encuentran los cristianos hoy. El Cardenal recordó una reflexión del entonces Card. Ratzinger, publicada en un reciente libro, en la que afirma que «la prueba extrema de la soledad incomunicable es el infierno». «Y esto dice que la soledad nosotros la comenzamos aquí y, por lo tanto, el infierno lo comenzamos aquí». Indicó dos citas. Sartre: “Los demás son para mí el infierno”. Gabriel Marcel: “Los demás son para mí el cielo”. Y añadió: «Entonces, el cielo, el paraíso lo comenzamos aquí con la espiritualidad de comunión, con el carisma de comunión. Lo contrario de la soledad». Como contestación al relativismo, «no hay que cansarse de buscar la verdad y los testigos de la verdad». Una pregunta personal: «Usted es un ilustre hijo de San Juan Bosco. ¿En qué modo esta ‘filiación carismática’ le ayuda en su actual ministerio?». «El carisma salesiano me ha ayudado siempre en mi vida, desde que era un muchacho» – ha respondido. «Después entré en la congregación, asimilé un poco este espíritu de familia, la capacidad de escucha y de acogida, de convivencia y de confidencia…».
A propósito de la presencia de los Movimientos eclesiales: «Los Movimientos tienen ciudadanía plena en la Iglesia. Su presencia, viva, eficaz, transformante, suscita atención incluso entre los no cristianos». Dirigiendo una mirada a los carismas antiguos y nuevos: «El Señor sigue siendo creativo; la creación está presente en el universo, en el cosmos…, está presente, sobre todo, gracias a la acción del Espíritu». E invitó a que se «incremente el espíritu y la praxis de la comunión entre nuevos carismas e institutos históricos». El Secretario de Estado envió un «saludo calurosísimo» a Chiara Lubich, después de haber reconocido el papel fundamental de los fundadores en la vida de la Iglesia.
11 Ene 2008 | Sin categorizar
El programa es comprometedor: la “conquista” de la ciudad. Desde hace algunos años los Muchachos por la Unidad, han decidido arremangarse las mangas, en sus propias ciudades, donde, como sabemos, se juega el reto de la convivencia humana.
El lema está hecho con dos palabras en una: “ColoreAmos”. El campo de acción mantiene una preferencia: los rincones más grises de ciudades y pueblos. El objetivo: colorear con la fantasía del amor, en los cinco continentes, con un método que se expresa con el lema think globally, act locally ya que precisamente es lo que hace, pensar globalmente y actuar localmente, como exige la sociedad de hoy. En Milán los muchachos ponen en la mira un campo Rom . En Ruanda los objetivos son un instituto para niños huérfanos, el reparto de pediatría de un hospital, los enfermos de SIDA. En California, en una escuela donde hay un clima muy racista, fundan un club para difundir la cultura del respeto de la diversidad. En India, juntos, muchachos cristianos e hindúes ayudan a sus coetáneos con discapacidades. Pero pongamos el lente en lo ocurrido a un grupo de muchachos de África que decidieron ir a visitar a las detenidas en la cárcel de Iringa, en Tanzania:
«La primera dificultad era convencer a los vigilantes de que nos dejaran entrar. La segunda era lograr llevar los regalos que habíamos puesto en común: fruta, sal, jabón… pero también la ‘Palabra de Vida”, nuestras experiencias y canciones. Caminamos tres kilómetros antes de llegar frente a los militares que custodiaban la entrada. Estaban armados y en sus rostros ¡ni la sombra de una sonrisa! Recordándonos de que también en ellos debíamos reconocer el rostro de Jesús los saludamos, sonriendo nosotros primero. “¡No todos pueden entrar! Y los que elegiremos de entre ustedes, de todas formas no podrán cantar allá dentro”. En cambio nos permitieron llevar nuestros regalos. Con las reclusas leímos la Palabra de vida y testimoniamos cómo ella cambió nuestra existencia. Mientras hablábamos del amor de Dios que es para todos y que también nosotros podemos corresponder, los guardias nos escuchaban en silencio. Al final la alegría de las prisioneras estalló en cantos y danzas: era su modo para agradecernos. El personal de vigilancia, sin palabras, se preguntaba: “¿Pero quiénes son estos muchachos?” Regresamos a casa felices con fuerzas nuevas para seguir coloreando la ciudad».