31 Ene 2006 | Palabra de vida, Sin categorizar
¡Qué día pleno había vivido Jesús ese sábado en la ciudad de Cafarnaún! Había hablado en la sinagoga y asombrado a todos con sus enseñanzas. Había liberado a un hombre poseído por un espíritu inmundo. Al salir de la sinagoga se había dirigido a casa de Simón y de Andrés, y allí había curado a la suegra de Simón. Al llegar la noche, después de la caída del sol, le habían llevado a todos los enfermos y endemoniados, y había curado a muchos que padecían diversas enfermedades y expulsado muchos demonios. Después de un día y una noche tan intensas, a la mañana siguiente, cuando todavía estaba aclarando, Jesús se levantó y, al salir de la casa «… fue a un lugar desierto; allí estuvo orando» Era la nostalgia del Cielo. El había venido al mundo a revelarnos el amor de Dios, a abrirnos el camino del Cielo, a compartir en todo nuestra vida. Había recorrido los caminos de Palestina para enseñar a las multitudes, para curar toda clase de enfermedades y dolencias entre la gente, para formar a sus discípulos. Pero la linfa vital, que brotaba de su interior como agua de manantial, provenía de su relación constante con el Padre. Él y el Padre se conocen, se aman, están el uno en el otro, son una sola cosa. El Padre es el “Abba”, es decir, el papá al que puede dirigirse con expresiones de infinita confidencia y de amor ilimitado. «… fue a un lugar desierto; allí estuvo orando» Dado que el Hijo de Dios vino a la tierra por nosotros, no le bastó con estar él en esa condición privilegiada de oración. Al morir por nosotros, redimiéndonos, nos hizo hijos de Dios, hermanos suyos. Por eso, para nosotros también se hizo posible aquella divina invocación: “Abba, Padre”, con todo lo que ella comporta: certeza de su protección, seguridad, abandono a ciegas en su amor, consuelos divinos, fuerza, ardor; ardor que nace en el corazón de quien está seguro de ser amado… Una vez que hemos entrado en la “celda interior” de nuestra alma, podemos hablar con Él, adorarlo, expresarle nuestro amor, agradecerle, pedirle perdón, confiarle nuestras necesidades y las de toda la humanidad, como también nuestros sueños y deseos… ¿Hay algo que no podamos decir a una persona que es omnipotente, y que sabemos además que nos ama inmensamente? Y podemos hablar con el Verbo, con Jesús. Sobre todo podemos escucharlo, dejar que nos repita sus palabras: “Tranquilícense, soy yo; no teman”, “Yo estaré siempre con ustedes”; y sus invitaciones: “Ven y sígueme”, “Perdona setenta veces siete”, “Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos”. Puede tratarse de momentos prolongados, o bien de instantes breves y constantes a lo largo de todo el día, casi como una mirada de amor, un susurro: “Señor, tú eres mi único bien”, “Esto lo hago por ti”. No podemos prescindir de la oración. No podemos vivir sin respirar, y la oración es la respiración del alma, la expresión de nuestro amor a Dios. De este coloquio, de esta relación de comunión y amor, saldremos reconfortados, dispuestos a afrontar con nueva intensidad y confianza la vida de cada día. Reencontraremos también una relación más verdadera con los demás y con las cosas. «… fue a un lugar desierto; allí estuvo orando» Si no cerramos los postigos del alma con el recogimiento, tú, Señor, no puedes permanecer con nosotros, como tu amor a veces desearía. Pero cuando nos hemos desprendido de todo para recogernos en ti, ya no querríamos volver atrás, tan dulce es para el alma la unión contigo y tan pasajero todo el resto. Los que te aman sinceramente, muchas veces te sienten, Señor, en el silencio de su cuarto, en lo profundo de su corazón, y es una sensación que conmueve al alma como si cada vez tocara en lo vivo. Y te agradecen de tenerte tan cerca de ellos, de ser su Todo: el que da sentido al vivir y al morir. Te agradecen, pero a menudo no saben cómo hacerlo, ni decirlo: lo único que saben es que tú los amas y que no hay cosa más dulce, aquí en la Tierra, que pueda siquiera asemejársele. Lo que ellos sienten en el alma, cuando tú apareces, es el Cielo y “si el Cielo es así –dicen–, ¡oh, qué hermoso es!”. Te agradecen, Señor, por la vida entera, por haberlos traído hasta aquí. Y si afuera todavía hay sombras que podrían quitar brillo a su paraíso anticipado, cuando te manifiestas todo se vuelve remoto y lejano: no existe. Tú eres. Así es. Chiara Lubich
19 Ene 2006 | Sin categorizar
El premio intitulado a Klaus Hemmerle se le confirió este año al Obispo luterano Christian Krause, el pasado 20 de enero, en la catedral imperial de Aquisgrana. Para Christian Krause tiene un significado muy especial: «Es un premio que primero que nada me toca el corazón sobretodo porque es el recuerdo de una persona maravillosa: Klaus Hemmerle». Es la segunda vez que este premio es otorgado en conmemoración del difunto Obispo de Aquisgrana, un pionero de la vida ecuménica de la Iglesia alemana y al mismo tiempo gran teólogo, que en el ámbito de los Focolares había encontrado su “linfa vital”. La primera edición del premio fue para el profesor hebreo Ernst-Ludwig Ehrlich, en el 2003; esta segunda vez el beneficiario es un exponente eminente del luteranismo mundial y un ecumenista de verdadera pasión. Krause, amigo de Hemmerle, ha sido constructor de puentes en las más variadas situaciones de su vida. En 1971 fue llamado a dirigir un gran proyecto en favor de los refugiados de la Federación Luterana Mundial en Tanzania. De 1972 a 1985 le fueron confiadas las relaciones con el extranjero de la Iglesia evangélico-luterana en Alemania. En tal función, y sucesivamente como Secretario General de la “Jornada Evangélica de la Iglesia” (1985-1994), se dedicó con gran empeño al ecumenismo y a la solidaridad, a nivel mundial. Una profunda amistad lo une a numerosísimos cristianos en todo el mundo, sobre todo en África, Asia y América Latina. Fruto de esta confianza ha sido el hecho que, después de su consagración como obispo de la Iglesia regional de Braunschweig, durante la reunión plenaria de la Federación Mundial Luterana en Hong Kong en 1997, fue electo Presidente de la misma. En este papel firmó en 1999, en Augsburg, la Declaración conjunta sobre la Doctrina de la Justificación, junto con el Cardenal católico Edward I. Cassidy. Hoy el obispo Krause dirige el Centro luterano de Wittenberg, en la ciudad de la cual partió, en 1517, la reforma de Lutero. La idea que ha dado origen a este Centro es la de ofrecer al siempre creciente “turismo luterano” «un respiro espiritual, ecuménico y mundial». Para el futuro de la Iglesia, auspicia una nueva relación entre la jerarquía y los movimientos espirituales y carismáticos. «De allí podría nacer una comprensión de la Iglesia del todo nueva», afirmó Christian Krause. Su modelo de ecumenismo es el compartido con el mismo Klaus Hemmerle: «Debemos aprender, en todos los niveles, a ser amigos y a tratarnos como tales». (de Joachim Schwind – Revista Città Nuova – n. 1/06)
9 Ene 2006 | Sin categorizar
E. : Crecí en un pequeño pueblo sólo de católicos. Me di cuenta de la división entre las confesiones en el momento de proseguir los estudios para poder dar clases en la escuela. Vivía en Norimberg donde había una universidad evangélica de Pedagogía. Las escuelas entonces estaban rígidamente divididas en católicas y evangélicas. Para no correr el riesgo de no encontrar nunca un trabajo, tuve que buscarme una universidad católica y transferirme a Eichstätt.
P. : Transcurrí mi juventud en Ochsenfurt en el Meno. Nosotros evangélicos vivíamos en la diáspora. No teníamos ningún contacto con la parroquia católica. A finales de los años ’60 frecuenté en Munich un curso de especialización para escuelas diferenciales.
E. : También yo formaba parte del mismo curso y allí nos conocimos y empezamos a frecuentarnos. En un primer momento dejamos de lado la idea de formar una familia. Entonces nuestras dos Iglesias ponían en guardia contra los así llamados matrimonios “mixtos”.
Por una coincidencia recibí de una amiga una invitación para un viaje a Roma. Lo leí superficialmente, pensando en un paseo turístico, decidí formar parte. Me encontré en un encuentro ecuménico del “Centro Uno” del Movimiento de los Focolares, del cual no conocía nada. Al inicio no estaba para nada entusiasmada, pero después me fascinó la explicación hecha por Chiara Lubich de las palabras de Jesús del Evangelio de Mateo: “Donde dos o tres se reúnen en Mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18, 20). No se decía: “Donde dos o más católicos…”, ni tampoco “Donde dos o más evangélicos…”, sino “Donde dos o tres reunidos en Mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Al encuentro siguiente invité también a mi amigo.
P. : Encontramos el valor para formar juntos una familia. Me propuse amar a la Iglesia de mi esposa como a la mía. Naturalmente también yo tenía dificultades para aceptar formas de piedad típicamente católicas, como cuando nuestras hijas formaron parte con orgullo, todas vestidas de blanco, de la procesión del “Corpus Domini”. También yo fui, pero sólo por amor a mi familia.
E. : Para mí era nuevo e insólito que él leyera todos los días una parte de la Biblia, según su tradición evangélica. Por poco tiempo lo dejé solo, después –al inicio sólo por amor a él- lo acompañé. Hoy día no podría no hacerlo. Desde cuando hicimos nuestra la meditación de Chiara Lubich sobre Jesús en medio, concluimos con la promesa común de hacer de todo para que Él esté presente entre nosotros. A pesar de nuestros errores, límites y debilidades, tratamos de permanecer en el amor recíproco y de recomenzar siempre.
(E. e P. – Alemania)
9 Ene 2006 | Sin categorizar
Para el 16 de enero de 2006, los fondos recibidos para la emergencia del Sureste asiático a través de las ONG AMU (Organización No gubernamental de desarrollo, que se inspira en la Espiritualidad de la Unidad), llegaba a alrededor de un millón de Euros. Han sido destinados en su mayoría a proyectos en Indonesia, en Sri Lanka, en Tailandia y en India.
Los fondos que restan serán asignados a nuevos proyectos que se están evaluando o a los mismos proyectos en curso, sobre la base de su estado de desarrollo y de las necesidades.
El origen de estos fondos, recogidos en todo el mundo, provienen a menudo de lo poco de muchos: de los niños de Kenya, de Colombia, de Rusia y de tantos otros países donde el dar solamente un euro es ya un gran acto de generosidad.
Referimos ahora los apuntes del viaje de Stefano Comazzi, representante de la AMU, a un año de la catástrofe ambiental que ha afectado el Sureste asiático:
Estuve de viaje para visitar las diversas actividades desarrolladas por nuestros voluntarios y colaboradores en la región, y he compartido una parte del recorrido con el grupo de jóvenes europeos del Movimiento de los Focolares, que ya precedentemente habían estado en las poblaciones ayudadas por los proyectos AMU en Indonesia.
Primero habían estado en la isla de Nias, en el Sur de Sumatra, donde han efectuado un campo de trabajo, colaborando con la reconstrucción de una aldea y animando muchas iniciativas para los niños. Seguidamente fueron a la provincia de Aceh, la más afectada por el maremoto del 26 de diciembre de 2004, en la extremidad septentrional de la Isla de Sumatra.
La llegada a Banda Aceh, y a la aldea cercana de Lampuuk, donde también los jóvenes indonesios del Movimiento han transcurrido muchas semanas conviviendo con la población local, ha sido verdaderamente impresionante. Después de tantos meses del maremoto han cambiado muchas cosas, pero permanecen algunos signos como recuerdo de la fuerza extraordinaria de la naturaleza y de este evento, como un enorme barco transportado por el mar a diversos kilómetros de la costa y que se destruyó en una urbanización de la ciudad. Barriadas enteras de Banda Aceh, totalmente desaparecidas, se han convertido en terrenos pantanosos, así como muchas aldeas cercanas, como Lampuuk.
Entre la población enteramente musulmana, nuestros jóvenes colaboradores se han ganado la estima y la amistad que se expresa con tantos pequeños gestos y atenciones; la casa que les han ofrecido gratuitamente durante estos meses, y donde muchos de nosotros nos hemos alojado, es un elocuente ejemplo. En Lampuuk con los fondos de la AMU se ha dado inicio a la construcción de embarcaciones para los pescadores.
En Medan, la más extensa ciudad de la isla y una de las principales de Indonesia, he podido conocer a muchos de los jóvenes que a lo largo de los meses pasados han colaborado con el proyecto que sostiene la AMU. Se trata de muchachos y muchachas pertenecientes al Movimiento de los Focolares; son cristianos, budistas y musulmanes, y esto es ya un testimonio fuerte.
Además no todos son indonesios, como por ejemplo está J. P. W., estudiante malayo, quien ha suspendido por algunos meses sus estudios universitarios para poderse dedicar a tiempo completo a las actividades del proyecto. También otros jóvenes se han comprometido a tiempo completo, ya sea en la administración de las actividades logísticas y de organización, como con estadías prolongadas en las provincias de Aceh y Nias.
Pasada la frontera entre la provincia de Medan y la de Aceh, hemos encontrado algunas comunidades de pescadores que viven en la parte meridional de la provincia, son “amigos” de nuestros voluntarios, y a nuestra llegada nos han acogido con calor y con una amistad extraordinaria, incluso con una pancarta de bienvenida de su recién nacida asociación llamada “SILATURRAHMI” (“todos son bienvenidos”).
Los jóvenes indonesios que nos acompañan ya los habían conocido durante los viajes precedentes, habían compartido con ellos los pocos bienes materiales que habían llevado con ellos, pero sobre todo habían escuchado las historias de cada uno, el sufrimiento y la desorientación de los sobrevivientes. Gracias a las ayudas recogidas, después tuvieron la posibilidad de regresar y organizar, junto con los habitantes de las aldeas, acciones de reconstrucción y resurgimiento.
En Blang Nibong y en Padan Kasab, siempre en la provincia de Aceh, hemos constatado directamente cuántas barcas ya se habían construido y cuántas estaban en construcción. En Blang Nibong nos esperaban para la entrega oficial de las primeras 10 ya completas y asignadas según los criterios de composición del núcleo familiar (las familias numerosas han recibido una barca, mientras que los grupos más pequeños compartirán la misma barca), y de los daños sufridos. Los jóvenes que nos han acompañado también han participado en el lanzamiento al agua de una de las embarcaciones ya listas, y todos hemos hecho el paseo inaugural en el cálido mar de Malacca.
Este viaje ha sido realmente constructivo y nos ha confirmado como es importante trabajar “con” las personas, desde la base, dando prioridad a la escucha y a un compartir que se vuelve reciprocidad.
(de la Revista AMU NOTICIAS n. 4/2005)