17 Jul 2005 | Sin categorizar
Una historia tormentosa, la de la relación entre hebreos y cristianos, hecha de siglos de violencia y de difamación, que sólo hace pocas décadas ha dejado paso a un camino en el cual “hermanos mayores” y “hermanos menores” empiezan a mirarse a los ojos y a hablarse. Si entre los hebreos aumentan los promotores del diálogo, por parte de los cristianos son cada vez más convincentes los reconocimientos de las raíces hebraicas de su fe. En el volumen, exponentes de primer plano del hebraísmo y del mundo católico aceptan contar a los lectores y responder a un cronista que los acosa con preguntas sobre los temas más candentes de ayer y de hoy: desde el papel de Pío XII durante la persecución de los hebreos, a la figura de Juan Pablo II, considerado por los hebreos como el mejor Papa en dos mil años de cristianismo; a la herencia que ahora queda en manos de su sucesor Benedicto XVI. En primer plano también el conflicto palestino-israelí, la expansión del terrorismo y los brotes de antisemitismo, pero también las iniciativas y las esperanzas de quien está comprometido en el diálogo y cree en la posibilidad de relaciones finalmente libres y sin prejuicios. Intervenciones de: Jack Bemporad, Riccardo Di Segni, Xavier Echevarria, Rino Fisichella, Innocenzo Gargano, Ada Janes, Leone Jehuda Kalon, Giuseppe Laras, Chiara Lubich, Amos Luzzatto, David Meghnagi, Jorge Maria Mejía, David Rosen, Manuela Sadun Paggi, Joseph Sievers, Ambrogio Spreafico, Elio Toaff, Maria Vingiani. La Cruz y la Sinagoga Hebreos y cristianos se confrontan a cargo de Giovan Battista Brunori Franco Angeli Editore Colección: La sociedad/Ensayos pp. 208, € 20,00
17 Jul 2005 | Sin categorizar
3 Jul 2005 | Sin categorizar
Desde hace algunos años estoy en Turquía por motivos de trabajo. Tengo mucho tiempo libre y me he dedicado a traducir del italiano algunos libros de espiritualidad. Horas y días transcurridos delante de la computadora a sudar para traducir en turco –que no tiene raíces cristianas- las expresiones de otra cultura, de una espiritualidad cristiana. En ciertos momentos me preguntaba por qué lo hacía; �no será un esfuerzo inútil? Pero confié toda preocupación al Padre. Sí, ese trabajo tenía un único sentido. darle a Él mi tiempo y mis fuerzas.
Una vida transformada
Estaba por salir de vacaciones, cuando me llamó por teléfono el tipógrafo que había impreso esos libros: “He sabido que se va; debería hablar con usted urgentemente”. A la mañana siguiente cuando le abro la puerta casi no lo reconozco. Ha adelgazado, envejecido, tiene los ojos rojos como si hubiese llorado. Lo hago acomodarse mientras le ofrezco un café. Empieza enseguida: “Discúlpeme si la molesto, pero sentí que no podía dejar de decirle lo que me ha sucedido. �Sabe que ese libro que me ha dado para imprimir ha transformado mi vida? Lo he leído y releído. Me ha dado una fuerza inimaginable. Y he recomenzado mi vida desde cero. Desde hace un mes y medio mi esposa me abandonó. Después de 26 años parecía imposible. Pero nuestra familia ha sido destruida por la brujería, por el mal de ojo… a propósito, �usted cree en estas cosas?”
Esa fuerza más fuerte que cualquier dificultad
Ante mi respuesta negativa y que creía en Dios Omnipotente y que Él guía nuestra vida, me dice: “Lo entendí leyendo ese libro; como quisiera que mi esposa lo leyera. �Sabe que he llegado al punto de querer suicidarme? Lo he intentado ya dos veces, pero no lo he logrado. Estuve en tratamiento con un psiquiatra. Ahora ya no voy más, ni siquiera tomo las medicinas. He entendido que dentro de mí existe una fuerza mayor y que puedo superar cada dificultad. Este punto central que he encontrado en este libro lo tengo aferrado a mí”. Mi amigo el tipógrafo hacía poco a poco el descubrimiento de un Dios vivo, cercano, que socorre a quien está en dificultad. Le prometí que rezaría para que su esposa regresara a casa. Saliendo parecía transformado, rejuvenecido, aliviado.
R.M. Turquía
Extraído de Cuando Dios interviene – Experiencias de todo el mundo Città Nuova Editrice 2004
1 Jul 2005 | Sin categorizar
Queridísimos jóvenes: 1. Este año hemos celebrado la XIX Jornada Mundial de la Juventud meditando sobre el deseo expresado por algunos griegos que con motivo de la Pascua llegaron a Jerusalén: «Queremos ver a Jesús» (Jn 12,21). Y ahora nos encontramos en camino hacia Colonia, donde en agosto de 2005 tendrá lugar la XX Jornada Mundial de la Juventud. «Hemos venido a adorarle» (Mt 2,2): este es el tema del próximo encuentro mundial juvenil. Es un tema que permite a los jóvenes de cada continente recorrer idealmente el itinerario de los Reyes Magos, cuyas reliquias se veneran según una pía tradición precisamente en aquella ciudad, y encontrar, como ellos, al Mesías de todas las naciones. En verdad, la luz de Cristo ya iluminaba la inteligencia y el corazón de los Reyes Magos. «Se pusieron en camino» (Mt 2,9), cuenta el evangelista, lanzándose con coraje por caminos desconocidos y emprendiendo un largo viaje nada fácil. No dudaron en dejar todo para seguir la estrella que habían visto salir en el Oriente (cfr. Mt 2,2). Imitando a los Reyes Magos, también vosotros, queridos jóvenes, os disponéis a emprender un «viaje» desde todas las partes del globo hacia Colonia. Es importante que os preocupéis no sólo de la organización práctica de la Jornada Mundial de la Juventud, sino que cuidéis en primer lugar la preparación espiritual en una atmósfera de fe y de escucha de la Palabra de Dios. 2. «Y la estrella … iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño» (Mt 2,9). Los Reyes Magos llegaron a Belén porque se dejaron guiar dócilmente por la estrella. Más aún, «al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría» (Mt 2,10). Es importante, queridos amigos, aprender a escrutar los signos con los que Dios nos llama y nos guía. Cuando se es consciente de ser guiado por Él, el corazón experimenta una auténtica y profunda alegría acompañada de un vivo deseo de encontrarlo y de un esfuerzo perseverante de seguirlo dócilmente. «Entraron en la casa, vieron al niño con María su madre» (Mt 2,11). Nada de extraordinario a simple vista. Sin embargo, aquel Niño es diferente a los demás: es el Hijo primogénito de Dios que se despojó de su gloria (cfr. Fil 2,7) y vino a la tierra para morir en la Cruz. Descendió entre nosotros y se hizo pobre para revelarnos la gloria divina que contemplaremos plenamente en el Cielo, nuestra patria celestial. �Quién podría haber inventado un signo de amor más grande? Permanecemos extasiados ante el misterio de un Dios que se humilla para asumir nuestra condición humana hasta inmolarse por nosotros en la cruz (cfr. Fil 2,6-8). En su pobreza, vino para ofrecer la salvación a los pecadores. Aquel que – como nos recuerda san Pablo – «siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza» (2Cor 8,9). �Cómo no dar gracias a Dios por tanta bondad condescendiente? 3. Los Reyes Magos encontraron a Jesús en «Bêt-lehem», que significa «casa del pan». En la humilde cueva de Belén yace, sobre un poco de paja, el «grano de trigo» que muriendo dará «mucho fruto» (cfr. Jn 12,24). Para hablar de sí mismo y de su misión salvífica, Jesús, en el curso de su vida pública, recurrirá a la imagen del pan. Dirá: «Yo soy el pan de vida», «Yo soy el pan que bajó del cielo», «El pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo» (Jn 6,35.41.51). Recorriendo con fe el itinerario del Redentor desde la pobreza del Pesebre hasta el abandono de la Cruz, comprendemos mejor el misterio de su amor que redime a la humanidad. El Niño, colocado suavemente en el pesebre por María, es el Hombre-Dios que veremos clavado en la Cruz. El mismo Redentor está presente en el sacramento de la Eucaristía. En el establo de Belén se dejó adorar, bajo la pobre apariencia de un neonato, por María, José y los pastores; en la Hostia consagrada lo adoramos sacramentalmente presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad, y Él se ofrece a nosotros como alimento de vida eterna. La santa Misa se convierte ahora en un verdadero encuentro de amor con Aquel que se nos ha dado enteramente. No dudéis, queridos jóvenes, en responderle cuando os invita «al banquete de bodas del Cordero» (cfr. Ap 19,9). Escuchadlo, preparaos adecuadamente y acercaos al Sacramento del Altar, especialmente en este Año de la Eucaristía (octubre 2004-2005) que he querido declarar para toda la Iglesia. 4. «Y postrándose le adoraron» (Mt 2,11). Si en el Niño que María estrecha entre sus brazos los Reyes Magos reconocen y adoran al esperado de las gentes anunciado por los profetas, nosotros podemos adorarlo hoy en la Eucaristía y reconocerlo como nuestro Creador, único Señor y Salvador. «Abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra» (Mt 2,11). Los dones que los Reyes Magos ofrecen al Mesías simbolizan la verdadera adoración. Por medio del oro subrayan la divinidad real; con el incienso lo reconocen como sacerdote de la nueva Alianza; al ofrecerle la mirra celebran al profeta que derramará la propia sangre para reconciliar la humanidad con el Padre. Queridos jóvenes, ofreced también vosotros al Señor el oro de vuestra existencia, o sea la libertad de seguirlo por amor respondiendo fielmente a su llamada; elevad hacia Él el incienso de vuestra oración ardiente, para alabanza de su gloria; ofrecedle la mirra, es decir el afecto lleno de gratitud hacia Él, verdadero Hombre, que nos ha amado hasta morir como un malhechor en el Gólgota. 5. �Sed adoradores del único y verdadero Dios, reconociéndole el primer puesto en vuestra existencia! La idolatría es una tentación constante del hombre. Desgraciadamente hay gente que busca la solución de los problemas en prácticas religiosas incompatibles con la fe cristiana. Es fuerte el impulso de creer en los falsos mitos del éxito y del poder; es peligroso abrazar conceptos evanescentes de lo sagrado que presentan a Dios bajo la forma de energía cósmica, o de otras maneras no concordes con la doctrina católica. �Jóvenes, no creáis en falaces ilusiones y modas efímeras que no pocas veces dejan un trágico vacío espiritual! Rechazad las seducciones del dinero, del consumismo y de la violencia solapada que a veces ejercen los medios de comunicación. La adoración del Dios verdadero constituye un auténtico acto de resistencia contra toda forma de idolatría. Adorad a Cristo: Él es la Roca sobre la que construir vuestro futuro y un mundo más justo y solidario. Jesús es el Príncipe de la paz, la fuente del perdón y de la reconciliación, que puede hacer hermanos a todos los miembros de la familia humana. 6. «Se retiraron a su país por otro camino» (Mt 2,12). El Evangelio precisa que, después de haber encontrado a Cristo, los Reyes Magos regresaron a su país «por otro camino». Tal cambio de ruta puede simbolizar la conversión a la que están llamados los que encuentran a Jesús para convertirse en los verdaderos adoradores que Él desea (cfr. Jn 4,23-24). Esto conlleva la imitación de su modo de actuar transformándose, como escribe el apóstol Pablo, en una «hostia viva, santa, grata a Dios». Añade después el apóstol de no conformarse a la mentalidad de este siglo, sino de transformarse por la renovación de la mente, «para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta» (cfr. Rom 12,1-2). Escuchar a Cristo y adorarlo lleva a hacer elecciones valerosas, a tomar decisiones a veces heroicas. Jesús es exigente porque quiere nuestra auténtica felicidad. Llama a algunos a dejar todo para que le sigan en la vida sacerdotal o consagrada. Quien advierte esta invitación no tenga miedo de responderle «sí» y le siga generosamente. Pero más allá de las vocaciones de especial consagración, está la vocación propia de todo bautizado: también es esta una vocación a aquel «alto grado» de la vida cristiana ordinaria que se expresa en la santidad (cfr. Novo millennio ineunte, 31). Cuando se encuentra a Jesús y se acoge su Evangelio, la vida cambia y uno es empujado a comunicar a los demás la propia experiencia. Son tantos nuestros compañeros que todavía no conocen el amor de Dios, o buscan llenarse el corazón con sucedáneos insignificantes. Por lo tanto, es urgente ser testigos del amor contemplado en Cristo. La invitación a participar en la Jornada Mundial de la Juventud es también para vosotros, queridos amigos que no estáis bautizados o que no os identificáis con la Iglesia. �No será que también vosotros tenéis sed del Absoluto y estáis en la búsqueda de «algo» que dé significado a vuestra existencia? Dirigíos a Cristo y no seréis defraudados. 7. Queridos jóvenes, la Iglesia necesita auténticos testigos para la nueva evangelización: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jesús; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los demás. La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad. En este camino de heroísmo evangélico nos han precedido tantos, y es a su intercesión a la que os exhorto recurrir a menudo. Al encontraros en Colonia, aprenderéis a conocer mejor a algunos de ellos, como a san Bonifacio, el apóstol de Alemania, a los Santos de Colonia, en particular a Úrsula, Alberto Magno, Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) y al beato Adolfo Kolping. Entre éstos quisiera citar en modo particular a san Alberto y a santa Teresa Benedicta de la Cruz que, con la misma actitud interior de los Reyes Magos, buscaron la verdad apasionadamente. No dudaron en poner sus capacidades intelectuales al servicio de la fe, testimoniando así que la fe y la razón están ligadas y se atraen recíprocamente. Queridísimos jóvenes encaminados idealmente hacia Colonia, el Papa os acompaña con su oración. Que María, «mujer eucarística» y Madre de la Sabiduría, os ayude en vuestro caminar, ilumine vuestras decisiones y os enseñe a amar lo que es verdadero, bueno y bello. Que Ella os conduzca a su Hijo, el único que puede satisfacer las esperanzas más íntimas de la inteligencia y del corazón del hombre. �Con mi bendición! Desde Castel Gandolfo, 6 de agosto de 2004 JUAN PABLO II
1 Jul 2005 | Sin categorizar
Jóvenes de los Focolares, provenientes de varios continentes, darán su testimonio y presentarán algunas coreografías en el ámbito de las catequesis programadas en Colonia el 17-18-19 de agosto, durante la Jornada Mundial de la Juventud, como preparación a las jornadas conclusivas con el Santo Padre. “Colourdome” es el nombre que los “Jóvenes por un Mundo Unido”, de los Focolares, han dado a las iniciativas que están preparando en Colonia con ocasión de la JMJ. “Colourdome”, quiere decir que el amor evangélico colorea la vida, transformándola en sus más variados aspectos.
Desde el martes 16 hasta el viernes 19 de agosto, el Friedenspark, el Parque de la Paz, en el Centro Sur de Colonia, a lo largo del Oberländer Wall, se transformará en un colorido festival con un palco principal y siete áreas, con pabellones con los colores del arco iris. A través del lenguaje de la música, del teatro, de la danza, los jóvenes serán invitados a hacer deporte o a dialogar, pero también a descansar, reflexionar y rezar. Cada área ofrecerá un programa sobre temas varios: desde la cultura del dar, al diálogo con otras religiones, a la búsqueda del sentido del dolor, para nombrar sólo algunos. Uno de los ámbitos será dedicado a deportes, como el voleibol, futbolito y a otros juegos para favorecer el conocimiento entre jóvenes de todo el mundo. Después, en el palco central, están programados cada día los conciertos. Señalamos en especial: el miércoles, 17 de agosto, a las 19.30, el espectáculo GIVE PEACE A HAND del conjunto internacional GEN ROSSO. El miércoles 17 y el viernes 19 de agosto en la tarde, en el palco del Colourdome tendrán lugar dos mesas redondas una de la Conferencia Episcopal Alemana y otra de la Protección Civil (Technisches Hilfswerk) sobre las ayudas por el Tsunami y la solidaridad global.

Las áreas interactivas Rojo: Time to share Tiempo para compartir: por una cultura del dar – economía, trabajo, consumismo. Naranja: Face the world Mira al mundo: diálogo a 360� – diálogo, etnias, religiones Amarillo: To be with You Contigo: �qué lugar tiene el dolor? – dolor, sufrimiento, enfermedad Verde: Get the feeling Captura la emoción: vivir en todos los sentidos – deporte y tiempo libre Azul: Discover His Beauty Descubre Su belleza: Dios en la cultura – arte, música, cultura Índigo: Think about life Perspectivas y proyectos – sociedad, política y mucho más Violeta: Hold the line Permanece en línea: comunicación y medios – entretenimiento, medios de comunicación, publicidad Para saber más puedes escribir a: sgmu@focolare.org wjt2005@geeintewelt.de
31 May 2005 | Palabra de vida, Sin categorizar
Al salir de Cafarnaún, Jesús vio sentado a su mesa a un recaudador de impuestos llamado Mateo. Este hombre ejercía un oficio que lo hacía odioso para la gente, y se lo asociaba a los usureros y explotadores que se enriquecían a costa de los demás. Los escribas y los fariseos los consideraban pecadores públicos, tanto que le achacaban a Jesús que fuera “amigo de publicanos y pecadores” y se sentara a comer con ellos1.
Por eso, contra toda convención social, Jesús llamó a Mateo a seguirlo y aceptó ir a comer a su casa, lo mismo que hará más adelante con Zaqueo, el jefe de los recaudadores de Jericó. Ante la exigencia de que explicara su comportamiento, Jesús dirá que él vino a curar a los enfermos, no a los sanos, y a llamar no a los justos, sino a los pecadores. Su invitación, también esta vez, estaba dirigida justamente a uno de ellos.
«Sígueme»
Jesús ya les había pedido esto a Andrés, Pedro, Santiago y Juan a orillas del lago. La misma invitación, con distintas palabras, la haría a Pablo camino de Damasco.
Pero Jesús no se detuvo entonces: a lo largo de los siglos ha seguido llamando a hombres y mujeres de todos los pueblos y naciones. Hoy también pasa por nuestra vida, nos encuentra en lugares distintos, lo expresa de diversas maneras, y nos hace sentir nuevamente su invitación a seguirlo.
Nos llama a estar con él porque quiere instaurar una relación personal, y al mismo tiempo nos invita a colaborar en el gran proyecto de una humanidad nueva.
Nuestras debilidades, nuestros pecados, nuestras miserias, no le importan. El nos ama y nos elige tal cual somos. Su amor será el que nos transforme y nos dé la fuerza de responderle y el coraje de seguirlo, como hizo Mateo.
Tiene, además, un proyecto de vida, un llamado particular para cada uno. Se lo siente interiormente por una inspiración del Espíritu Santo, o a través de determinadas circunstancias, o por un consejo, una señal de que nos quiere… Aunque se manifieste de distintas maneras, resuena la misma palabra:
«Sígueme»
Recuerdo cuando yo misma advertí este llamado de Dios. Era una mañana muy fría de invierno en Trento. Mi mamá le había pedido a mi hermana menor que fuera a comprar la leche, a dos kilómetros de casa, pero hacía demasiado frío y ella no estaba de ánimo; mi otra hermana también se negó. Entonces me ofrecí: “Voy yo, mamá”, y tomé la botella. Salí de casa y, a mitad de camino, sucedió algo especial: sentí como si el cielo se abriera y Dios me invitara a seguirlo: “Date toda a mí”, percibí en mi interior.
Era un llamado explícito, al que quise responder enseguida. Lo hablé con mi confesor, quien me permitió darme a Dios para siempre. Era el 7 de diciembre de 1943. Nunca lograré explicar cabalmente lo que pasó ese día en mi corazón: había desposado a Dios. De él podía esperarlo todo.
«Sígueme»
Esta palabra no tiene que ver sólo con un momento determinante de elección de nuestra vida, Jesús nos la sigue diciendo cada día. “Sígueme”, parece sugerirnos ante los más simples deberes cotidianos; “Sígueme”, en esa prueba que has de abrazar, en esa tentación que has de vencer, en ese servicio que has de cumplir.
¿Cómo responderle concretamente?
Haciendo lo que Dios quiere de nosotros en el presente, que siempre lleva consigo una gracia particular. El empeño de este mes será, por lo tanto, darse a la voluntad de Dios con decisión, darse al hermano y a la hermana que hemos de amar, al trabajo, al estudio, a la oración, al descanso, a la actividad que tenemos que hacer.
Aprender a escuchar en lo profundo del corazón la voz de Dios, que habla también con la voz de la conciencia y que nos dirá lo que él quiere de nosotros en cada momento, dispuestos a sacrificar todo para realizarlo.
“Oh Dios, haz que te amemos no sólo cada día más, porque pueden ser demasiado pocos los días que nos restan; haz que te amemos en cada instante presente con todo el corazón, el alma y las fuerzas, en esa que es tu voluntad”.
Es el mejor sistema para seguir a Jesús.
Chiara Lubich
1) Cf Mt 11, 19; 9, 10-11.