13 Jul 2021 | Sin categorizar
Su música recorría la sala del aeropuerto entre la indiferencia de la gente. Un juego de miradas y sonrisas. Estos son los misterios de las buenas relaciones, capaces de generar reciprocidad. Pequeños gestos que te hacen compartir algo con el otro y sentirte parte de la misma humanidad.
Regresaba al Paraguay luego de muchos años pasados en Europa. Me emocioné cuando vislumbré la tierra roja y el verde, tan caractéristicos, mientras el avión descendía para el aterrizaje. El aeropuerto internacional, Silvio Pettirossi, no había cambiado mucho. La primera impresión, al salir del avión, el calor sofocante que me traía recuerdos tan queridos. En vez de asfixiarme me pareció como un caluroso abrazo de tantas personas queridas que encontraría.
Mientras esperaba que saliera mi valija en la gran sala que sirve de embarque, desembarque, zona para recoger las maletas, negocios duty free y un bar en el centro, llegaron a mis oídos las maravillosas notas de un arpa paraguaya. Busqué con la mirada el origen de la música; y allí estaba, sentado delante del bar, como abrazado a su enorme instrumento musical, un hombre con un rostro sereno y de fuertes rasgos indígenas: el arpista paraguayo. Su música se esparcía por la sala, llenándola de armonía y de alegres notas de una polca paraguaya. Me llamaron la atención su discreción y la indiferencia de la gente, como si estuviera acostumbrada a la música del arpista; como si fuera parte de la escenografía de la sala, igual que el bar, los negocios o la zona para recoger las maletas. El hombre parecía resignado a tocar notas tan maravillosas, sin que nadie –en apariencia– lo tomara en cuenta. Instintivamente revisé en mis bolsillos y recordé que había apartado 5 dólares para dar la propina al maletero (en general niños) que se ofrecería a cargar con mis maletas hasta el vehículo que vendría a buscarme. Me acerqué discretamente al arpista, lo miré agradecido, y dejé los 5 dólares en la gorra que tenía delante, temiendo herir su sensibilidad, porque su música valía mucho más que eso. Fue un gesto simple, en el cual puse toda la intención de agradecer y reconocer su talento, también en nombre de quien no lo percibía. Pasaron tres semanas inolvidables, llenas de reencuentros con gente tan querida, y me volví a encontrar en la misma sala del aeropuerto, esta vez para tomar el avión que me reportaría de regreso a Montevideo, donde residía. Estaba aún saludando a mis amigos que, desde afuera, seguían levantando las manos, cuando a mis oídos esta vez me sorprendieron las notas de … ¡La cumparsita! El tango más famoso que ganó su popularidad gracias a la inolvidable voz de Carlos Gardel. ¿Qué había sucedido? Estábamos en Paraguay, donde se toca y escucha música paraguaya. ¿De dónde salía ese tango? Lo busqué con la mirada, con un pálpito. Y allí lo volví a encontrar, sentado con su inseparable arpa, que me miraba con una sonrisa cómplice, como diciendo: “¿Te gustó la sorpresa que te di?”. Yo le respondí “que me encantó”, con otra sonrisa cómplice, aunque también lo miraba como preguntándole cómo había hecho para reconocerme entre tanta gente que por allí va y viene y, sobre todo, cómo había adivinado que soy argentino. Son los misterios de las buenas relaciones, capaces de generar reciprocidad. Son pequeños gestos que te hacen compartir con el otro y sentirte parte de una misma humanidad. Desde entonces, cada vez que me ve aparecer en la sala de embarque, desembarque, zona de maletas y de duty free … interrumpe su polca y parte con un tango siempre diferente, dedicado a su amigo argentino.
Gustavo E. Clariá
12 Jul 2021 | Sin categorizar
En junio de 1944 Chiara Lubich está en Trento sola después de que su familia, tras el bombardeo del 13 de mayo de 1944 que había destruido su casa, se desplazó a las montañas trentinas. Chiara se había quedado en la ciudad para acompañar a las jóvenes que habían seguido su Ideal. Las cartas de aquel periodo fueron el primer vínculo en la comunidad del Movimiento naciente. ¡Hermanita mía en el Inmenso Amor de Dios! ¡Escucha, te lo ruego, la voz de este pequeño corazón! Tú has sido deslumbrada como yo por la luminosidad ardiente de un Ideal que todo lo supera y todo lo resume: ¡por el Infinito Amor de Dios! ¡Oh! hermanita mía: es Él, Él, mi Dios y tu Dios, quien ha establecido entre nosotras un vínculo común más fuerte que la muerte, porque nunca se corrompe; uno como el espíritu; inmenso, infinito, dulcísimo, tenaz, inmortal ¡como el Amor de Dios! ¡Es el Amor el que nos hace hermanas! ¡Es el Amor el que nos ha llamado al Amor! ¡Es el Amor el que ha hablado en lo profundo de nuestros corazones y nos ha dicho: «Mira alrededor: en el mundo todo pasa; cada día tiene su atardecer y enseguida llega cada noche; cada vida tiene su ocaso, y enseguida está aquí también el atardecer de tu vida! Pero no desesperes: ¡sí, sí, todo pasa, porque nada de lo que ves y de lo que amas está destinado a ti eternamente! ¡Todo pasa y deja solo nostalgia y nueva esperanza!». Sin embargo, no desesperes: tu Esperanza constante, que trasciende los límites de la vida, te dice: «Sí, existe lo que buscas; hay en tu corazón un anhelo infinito e inmortal; una Esperanza que no muere; una fe que traspasa las tinieblas de la muerte y es luz para aquellos que creen: ¡no en vano esperas y crees! ¡No en vano!». Tú esperas y crees – para Amar. Ese es tu futuro, tu presente, tu pasado: todo se resume en esta palabra: ¡el Amor! Siempre has amado. ¡La vida es una continua búsqueda de deseos amorosos que nacen en el fondo del corazón! ¡Siempre has amado! ¡Pero has amado demasiado mal! Has amado lo que muere y es vano, y en el corazón ha quedado solo la vanidad. ¡Ama lo que no muere! ¡Ama a Aquel que es el Amor! Ama a Aquel que, al atardecer de tu vida, mirará sólo tu pequeño corazón: en ese momento estarás sola con Él: ¡terriblemente infeliz quien tenga el corazón lleno de vanidad, inmensamente feliz quien tenga el corazón colmado del infinito Amor de Dios! […]
Chiara Lubich
(Chiara Lubich, Existe lo que buscas, junio de 1944, en El primer amor, cartas de los inicios, Ciudad Nueva, 2011, pp. 53-55)
9 Jul 2021 | Sin categorizar
Ayudar al prójimo sin pedir nada a cambio, y hacerlo con fe. Ello nos permite también ser portadores de salvación “tocando” con ternura a quien está en el sufrimiento, en la necesidad, en la oscuridad o está desorientado. “Den…” Mi abuela se había comportado muy generosamente dándome una cifra consistente para mis gastos. Yo ya había hecho mis cálculos sobre cómo emplear ese dinero, cuando un amigo me habla de sus problemas familiares. Su padre estaba desocupado y se habían reducido a una sola comida al día. Más tarde, después de haberlo dejado, volviendo a casa, vienen a mi mente algunas experiencias que había leído en un libro que cada tanto encuentro por mi casa. Allí están citadas algunas palabras del Evangelio a las que nunca había prestado atención, o mejor dicho que nunca había tomado en serio: “Den y se les dará”. ¡Qué palabras tan extrañas! –me decía–. El que las pronunció podía sólo ser un loco… o un Dios. Ese “den” daba vueltas en mi cabeza. Al día siguiente fui a ver a mi amigo y le dejé todo lo que tenía en la billetera. Él quedó sorprendido y feliz, y yo experimenté una alegría incontenible. Pero no terminó allí. Algunos días después recibí una llamada telefónica de una revista importante: habían aceptado la idea de publicar algunos de mis artículos, y me hablaron de una importante compensación. (Vincenzo – Italia). En el hospital Una paciente muy anciana deliraba y decía cosas absurdas. Por su edad y sus condiciones de salud, con mis colegas nos pusimos de acuerdo para hacerle sentir más nuestra cercanía y una mañana le puse en la mesa de luz un saludo en nombre de todos. Cuando pasé a verla por los controles de rutina, la encontré serena. Me dijo: “Hijo mío, esta noche sentí la muerte cercana y pensé que llevaría conmigo toda mi maldad”. Me tomó de la mano, continuó: “Te pido a ti y les pido a todos perdón porque no me han juzgado”. Parecía otra persona. Esa viejecita nos ayudó a vivir mejor nuestro servicio. (K.V. – Hungría) Proyecto “El fardo” Con la llegada de la pandemia algunos laboratorios estacionales de un gran centro agrícola habían perdido el trabajo. Cuando supimos eso, con algunos amigos del Sur de la California (EE.UU.) hicimos nacer un proyecto al que llamamos “El fardo” que consistía en recoger ropa, libros, juegos de mesa, pequeños electrodomésticos y otras cosas útiles, que una vez que se hubieran repartido entre esas familias afectadas podrían aliviar algunos gastos y el malestar impuesto por las circunstancias. Esta iniciativa de compartir, vivida con gran entusiasmo, no involucró sólo a nuestra comunidad, sino que comprometió incluso a colegas de trabajo y a otras personas que nos conocen. En tres días conseguimos llenar un furgón con lo que habíamos recogido, que luego fue enviado a las comunidades de la California central. Como contrapartida recibimos un cajón de cerezas que distribuimos nuevamente entre nuestros amigos y vecinos. La experiencia hecha nos ha fortalecido y hecho felices. Fue haber visto que se realizaba ese “den y se les dará” del Evangelio. (G.S. – EE.UU.)
Recogido por Lorenzo Russo
(extraído de El Evangelio del Día, Città Nuova, año VII, número 4, julio-agosto 2021)
7 Jul 2021 | Sin categorizar
El encuentro con la presidente Margaret Karram y el copresidente Jesús Moran fue una oportunidad para el conocimiento mutuo y una comunión profunda en el compromiso común por la unidad.
El sábado 26 de junio una delegación de la Iglesia Luterana alemana visitó el Centro Internacional de los Focolares en Rocca di Papa (Italia). Recibidos por la presidente de los Focolares, Margaret Karram y el copresidente, Jesús Morán, los miembros de la delegación también se reunieron con el Centro “Uno” para la Unidad de los cristianos y algunos miembros del Consejo general del Movimiento. En la delegación estaban presentes el obispo Frank-Otfried July, presidente de la sección alemana de la Federación Luterana Mundial (DKN/FLM), los obispos Ralf Meister y Karl-Hinrich Manzke, respectivamente presidente y encargado de las relaciones con la Iglesia Católica de la Unión de las Iglesias Luteranas alemanas (VELKD). Una oportunidad para el conocimiento mutuo y comunión profunda. La escucha mutua les hizo experimentar la hermandad y la unidad en Cristo. El encuentro con la presidente Karram y el copresidente Morán, en particular, fue un momento de intercambio sobre cómo afrontar los desafíos del mundo actual.
Del diálogo emergió una sintonía en la “pasión por la unidad en Cristo” que, sin embargo, debe extenderse a toda la humanidad: el amor evangélico nos impulsa a buscar la hermana y el hermano junto a nosotros. El compartir ejemplos concretos de vida evangélica, de reconciliación incluso en lo pequeño, de elección de Dios en la vida cotidiana, ofreció a los participantes esperanza en el camino de la unidad que se intenta seguir también a nivel teológico e institucional. “Cambiar de perspectiva – dijo uno de los obispos – significa hacer más concreto lo que significa seguir al Mesías. Empezando por uno mismo, sin preguntarte ¿qué quiero recibir? Sino más bien, ¿qué quiero dar?, ¿qué puedo dar? Quien vive así está inspirado por el Espíritu y quien es inspirado por el Espíritu es esperanza para el mundo”. La delegación estaba en Roma con motivo de la conmemoración del quincuagésimo aniversario de la excomunión de Martín Lutero por el papa León X que marcó, cuatro años después del inicio de la Reforma (1517), la ruptura definitiva dentro de la Iglesia occidental. Un aniversario que se celebra hoy, sin embargo, no para ratificar la escisión, sino para resaltar, profundizar y desarrollar los más de “cincuenta años de diálogo ecuménico constante y fructífero entre católicos y luteranos” que, como se lee en el documento redactado con motivo de la Conmemoración conjunta católico-luterana de la Reforma de 2016, “nos ayudaron a superar muchas diferencias y han profundizado la comprensión y la confianza entre nosotros”[1]. El día anterior a su visita a los Focolares, el papa Francisco, reunido con los representantes de la Federación Luterana Mundial en el aniversario de la Confessio Augustana (25 de junio de 1530), dijo entre otras cosas: “Queridos hermanos y hermanas, en el camino del conflicto a la comunión, en el día de la conmemoración de la Confessio Augustana habéis venido a Roma para que crezca la unidad entre nosotros. (…) He dicho ‘en el camino del conflicto a la comunión’, y este camino se recorre solamente en crisis: la crisis nos ayuda a madurar lo que buscamos. Del conflicto que hemos vivido durante siglos y siglos, a la comunión que queremos, y para hacerlo entramos en crisis. Una crisis que es una bendición del Señor”[2]. Durante su estancia en Roma, la delegación de la Iglesia Luterana alemana mantuvo varios encuentros en el Vaticano, como el que tuvo con el cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los cristianos, en el que también se abordaron temas candentes de carácter pastoral como, por ejemplo, para los matrimonios mixtos la admisión a la Eucaristía del cónyuge no católico. Entre los encuentros previstos, además del con el Movimiento de los Focolares, también uno con la Comunidad de San Egidio.
Heike Vesper
[1] Declaración conjunta en ocasión de la Conmemoración conjunta católica-luterana de la Reforma, Lund (Suecia), 31 de octubre de 2016 en https://www.vatican.va/content/francesco/it/events/event.dir.html/content/vaticanevents/it/2016/10/31/dichiarazione-congiunta.html [2] Discurso de papa Francisco a los representantes de la Federación Luterana Mundial, Roma (Italia), 25 de junio de 2021 en https://www.vatican.va/content/francesco/it/speeches/2021/june/documents/20210625-federazione-luterana.html
5 Jul 2021 | Sin categorizar
Chiara Lubich subraya que si queremos ser fieles al carisma de la unidad debemos abrir completamente las puertas del corazón a Jesús Abandonado. Crecer en la unidad en todos los frentes. Unidad: palabra clave para todos nosotros, palabra síntesis de toda nuestra espiritualidad, conditio sine qua non para mantener la vida que ya existe e incrementarla. […] No se puede concebir la unidad sin dolor, sin morir, porque la unidad es un don, pero es también fruto de nuestra auténtica vida cristiana y no existe verdadera expresión de vida cristiana sin la cruz. Debemos tenerlo presente siempre. […] Tenemos que recordarnos que la vida la hemos entregado solo a uno: a Jesús Abandonado. Por tanto, no podemos ni debemos sustituirlo, ni traicionarlo nunca. Él nos enseña el inmenso valor del sufrimiento para la unidad: y precisamente, es con su cruz, con su abandono como ha unido a los hombres con Dios y entre sí. Él está, pues, allí para decirnos que la unidad cuesta, aunque con Él y actuando como Él, se alcanza. Por tanto, si queremos ser fieles al carisma de la unidad, que nos dio el Espíritu Santo, abramos de par en par, una vez más, las puertas del corazón a Jesús Abandonado y ofrezcámosle el mejor lugar. […] Para subrayar un aspecto concreto de este amor, amémoslo en las dificultades que conlleva precisamente la unidad entre nosotros […]. Esto significa estar siempre dispuestos a vernos nuevos; quiere decir tener paciencia; soportar; saber pasar por alto; significa manifestar confianza; esperar siempre; creer siempre. Sobre todo, no juzgar. Juzgar a los otros, sobre todo a los responsables, es terrible, es la hendidura a través de la cual entra el demonio de la desunión; con ese juicio cualquier bien del alma se disuelve lentamente, la vocación misma puede tambalearse. Por lo tanto cuidemos este amor por los demás, lleno de matices dolorosos: son el aspecto concreto de nuestro estar dispuestos a morir el uno por el otro; son los pequeños o grandes obstáculos que hay que superar con el amor a Jesús Abandonado para que la unidad siempre sea plena.
Chiara Lubich
(En una conferencia telefónica, Rocca di Papa 25 de octubre de 1990) Cf. Chiara Lubich, Santificarse juntos, Ciudad Nueva, Madrid, 1994 pp. 60-64.
2 Jul 2021 | Sin categorizar
Político, escritor y periodista, fue uno de los primeros focolarinos casados. El 3 de julio de 2021 su ciudad natal le dedicará una escalera mecánica ubicada en el Centro y recordará su compromiso civil y político en un encuentro que tendrá lugar en el teatro de la ciudad.
Un alma abierta de par en par al mundo y profundamente vinculada a su tierra de origen a favor de la cual se comprometió constante y valientemente promoviendo el desarrollo social y cultural. Spartaco Lucarini fue un periodista, escritor, político y hombre de cultura. Uno de los primeros focolarinos casados, dirigió durante varios años la revista Città Nuova de los Focolares y ofreció su colaboración en el Centro internacional del Movimiento cerca de Roma. Allí se transfirió con su familia desde su ciudad de origen, Cortona en Toscana, donde nació el 6 de mayo de 1924. En esta localidad, que es una joya de arte, todavía hoy muchos lo recuerdan, sobre todo por su compromiso en campo social, político y civil. Spartaco, entre otras cosas, dio vida a una empresa de Hotelería y turismo que dio a conocer su ciudad no sólo en Italia, sino también en el extranjero, a través de un premio periodístico y de otros eventos. Desde joven se preocupó por los problemas de su territorio, principalmente de la desocupación y de las condiciones laborales precarias. “A pesar de los compromisos de su trabajo profesional siempre participó con compromiso y afecto de los acontecimientos de Cortona – confirma Walter Checcarelli, presidente de la Asociación Cortona Cristiana y del periódico local “L’Etruria.it” – A principios de los años Sesenta intuyó las grandes potencialidades del anticuario y fundó la Expo del mueble antiguo que, con el pasar del tiempo, se convirtió en una de las más importantes a nivel nacional. Dio su aporte como Consejero Comunal, y se convirtió en el jefe del grupo de la Democracia Cristiana con un estilo abierto y dialógico, poco comunes en esos años de fuerte contraposición ideológica. Personalmente recuerdo unas vacaciones junto a su numerosa familia durante el período de Pascua, su presencia y su oración el Viernes Santo me quedaron grabadas de forma imborrable en mi mente y en mi corazón”. Y precisamente como signo de reconocimiento por su compromiso político como Consejero Comunal, pero también como reconocimiento por su aporte como constructor de la cultura social del territorio, es que el 2 de marzo de 2021 el Consejo Comunal de Cortona, por unanimidad, decidió dedicarle las escaleras mecánicas que desde el parqueo del Espíritu Santo conducen a la plaza Garibaldi. La ceremonia de la dedicación tendrá lugar el 3 de julio de 2021 durante el Festival de Música Sagrada, a las 10.30 (hora italiana). Se proseguirá con un encuentro en el Teatro Signorelli de Cortona donde se recordará su figura poliédrica y su aporte al panorama político y cultural del ‘900.
La idea de hacer un homenaje a Spartaco nació el año pasado y estaba previsto que formara parte de los eventos programados con ocasión del Centenario del nacimiento de Chiara Lubich Lubich, fundadora de los Focolares (1920-2020). Pero la situación sanitaria mundial obligó a postergar el evento dedicado a Lucarini. Fue precisamente Chiara Lubich quien propuso a Spartaco, a su esposa Iolanda (para todos Lalla) Castellani y a los 5 hijos de la pareja, si podían transferirse de Cortona a Roma para trabajar en la sede internacional de los Focolares. Lucarini también contribuyó al desarrollo de los Movimientos “Familias Nuevas” y “Humanidad Nueva” de los Focolares. Pero permaneció siempre vinculado a Toscana, además de contribuir al nacimiento de la comunidad local del Movimiento, ofreció un importante aporte también al desarrollo de la ciudadela de Loppiano (Incisa y Figline in Valdarno-Italia), en especial al nacimiento de la cooperativa agrícola y al nacimiento de la escuela internacional para familias que todavía hoy tiene su sede en la ciudadela. En abril de 1974 se le diagnosticó una grave enfermedad que le causó la muerte con solo 51 años. En los últimos tiempos, Spartaco, aun estando enfermo, volvió a Cortona. “Spartaco siempre parecía sereno -recuerda su esposa Lalla-, pero ya no era el de antes”. “Me encontré completamente cambiado -escribía Spartaco- yo siempre fui un tipo muy activo, tengo un temperamento muy dinámico por lo que siempre traté de dar todo de mí; ahora entendí que no cuenta tanto lo que haces, también cuenta no hacer nada. He descubierto el valor de “vivir dentro” más que fuera, porque viviendo dentro, en estrecha relación con Dios tu puedes llegar a las personas más lejanas, mientras cuando vives proyectado fuera puedes llegar solo a los más cercanos, a los que te rodean. Creo que he visto lo esencial. En este siglo María ha creado una Obra para ayudar a la Iglesia, y realmente quiere hacerlo rápido, quiere realizar la unidad no sólo entre nosotros los católicos, no sólo entre las Iglesias, sino también entre todos los hombres. Un programa que va más allá de cualquier programa humano”[1].
Lorenzo Russo
[1] Alfredo Zirondoli, Coraggio! Inchiesta su Spartaco Lucarini, Citta Nuova, 2000, p. 96-97.