Cada año, el primer domingo de mayo, a las 12:00 del mediodía, Run4Unity, la maratón mundial de los Chicos por un mundo unido, da comienzo en todos los países del mundo. Así, mientras decenas de chicos corren con las pirámides egipcias de fondo, en India se entregan los premios de la carrera de relevos recién concluida, y en Asunción, Paraguay, se preparan varias carreras de atletismo que comenzarán poco después en un gran parque de la ciudad. Estas carreras y torneos, en un espíritu de paz y solidaridad, comienzan en Oceanía y concluyen en América. Durante 24 horas, miles de chicos participan, listos para “comenzar” cuando su zona horaria marque el mediodía. En ese momento, reciben el relevo de los países de la zona horaria anterior y, una hora después, lo pasan a los países de la siguiente zona horaria.
Una idea brillante y sencilla que nació en el equipo del Centro Internacional de los Chicos por un mundo unido en 2005 junto con algunos gen 3, después de que Chiara Lubich, recién llegada de un viaje a la India, les contara la maravillosa experiencia que tuvo cuando fue invitada a participar en una gran manifestación de jóvenes del Movimiento Hindú Swandhyaya, muy vinculados con el deporte: “Quizás el deporte podría ser un camino para los chicos”, había dicho Chiara.
El formato Run4unity se extendió rápidamente, adaptándose localmente a las distintas naciones y a las características específicas de cada cultura: el deporte se combina con acciones de diálogo interreligioso, desarrollo para los más necesitados, defensa y cuidado de la naturaleza, y compromiso con la paz y la fraternidad entre los pueblos.
En 2025, la DG EAC (Dirección General de Educación, Juventud, Deporte y Cultura), un organismo de la Comisión Europea, y la EACEA (Agencia Ejecutiva Europea de Educación y Cultura), que gestiona la financiación para la educación, la cultura, lo audiovisual, el deporte, la ciudadanía y el voluntariado, lanzaron los premios deportivos europeos #BeActive EU Sport Awards.
New Humanity del Movimiento de los Focolares presentó su proyecto internacional plurianual Run4Unity, que fue seleccionado como finalista en la categoría de Paz. “Hace unas semanas, supimos que habíamos sido seleccionados entre 279 actividades deportivas presentadas y, por lo tanto, estábamos entre los 15 finalistas, tres por cada categoría”, comentaron. “La comunicación incluía una invitación para que dos representantes de cada proyecto viajaran a Bruselas el 23 de junio de 2026 para la ceremonia de entrega de premios. Agostino Spolti (ex codirector de Chicos por un mundo unido) y Elisabetta De Bernardi (una joven que ha participado como joven y adolescente en varias ediciones de Run4Unity centradas específicamente en la paz) nos representaron, ¡y ganamos!”. Un reconocimiento de alto nivel a esta propuesta en 2026 que, 21 años después de la primera Run4Unity, ha visto celebrarse carreras de relevos en todo el mundo, en más de 100 países, con miles de niños, acompañados por jóvenes y adultos en una fructífera relación intergeneracional.
El deporte es una forma de experimentar la inclusión, el cuidado de los demás, el respeto y el crecimiento conjunto, y —como se indicaba en el anuncio de la competición— es, sin duda, una manera de forjar y difundir una cultura de paz. “Ganamos”, afirma Agostino Spolti, “porque Run4Unity encarna precisamente estos elementos: el deporte, el relevo entre distintos países, el sentimiento de pertenecer a una misma familia humana, la reflexión y la oración por la paz con el Time Out, y todo ello con un gran valor educativo”.
El miércoles 24 de junio de 2026, a las 6:04 de la tarde, Venezuela cambió su rostro en menos de un minuto. Dos terremotos, de magnitud 7.1 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, sacudieron el centro-norte del país. El epicentro fue localizado cerca de Morón, en el estado de Carabobo, pero el impacto ha sido devastador, sobre todo en La Guaira, en Caracas y en las zonas limítrofes, en donde numerosos entre casas y edificios se derrumbaron. El balance de las víctimas, de los dispersos y de los heridos sigue subiendo mientras prosiguen las tareas de rescate. Equipos especializados provenientes de varios países están llegando para unirse a la búsqueda de los sobrevivientes, junto a las ayudas humanitarias y bienes de primera necesidad, en una respuesta internacional que crece hora tras hora.
Las réplicas no dan tregua; ya son más de 100. Algunas apenas se advierten, otras nos obligan a escapar de las casas continuamente. Vivimos en un estado de alerta constante. Dormimos poco. El cansancio pesa, pero también el miedo. A todo ello se suman las dificultades de una ciudad que trata de seguir funcionando. Las líneas telefónicas y la señal de internet funcionan en forma intermitente, la electricidad sufre continuas fluctuaciones y, en muchos edificios, la provisión de gas ha sido suspendida por precaución. Incluso las decisiones más simples requieren un gran esfuerzo: organizarse, concretar acciones, coordinar equipos o simplemente comunicarse con las personas queridas para saber si están bien. Todo se vuelve complicado cuando la tierra sigue recordándonos que aún no ha terminado de temblar.
Venezuela afronta este terremoto partiendo de una condición de vulnerabilidad. Muchos edificios se han construido sin criterios antisísmicos, que hoy son la norma en otras regiones, y algunos arrastran consigo años de desgaste y mantenimiento insuficiente. Esta emergencia se suma a una realidad socio-económica ya comprometida. Todo ello vuelve aún más complejo el proceso de respuesta.
Sin embargo, en medio de esta realidad tan frágil, estamos descubriendo también una fuerza inmensa que nace de la comunión.
Como Movimiento de los Focolares hemos abierto nuestras casas –los focolares, que afortunadamente no han sufrido daños estructurales– para acoger a los que han tenido que abandonar su vivienda. Algunas familias ya no pueden volver a sus casas, porque los edificios corren el riesgo de derrumbarse. Otras lo han perdido todo. Hemos ofrecido alojamiento, alimentos, ropa y todo lo que pueda aliviar las necesidades más urgentes e inmediatas.
Lamentablemente, el dolor ha tocado también a nuestra familia muy de cerca. Una voluntaria del Movimiento ha perdido a algunos familiares por el derrumbe de los edificios en donde vivían. Solo una sobrina se ha salvado y ya se ha recuperado tras su paso por el hospital. Como ellos, muchas familias esperan noticias entre los escombros; otras lloran a sus seres queridos y muchas siguen aferrándose a la esperanza de encontrar con vida a los que están dispersos.
La solidaridad forma parte de nuestra identidad y en estos días se hace tangible. Desde las primeras horas después del sismo se han multiplicado los viajes entre Caracas y La Guaira: se trata de autos privados, voluntarios, parroquias, organizaciones y vecinos que llevan agua, comida, medicamentos, ropa y artículos de primera necesidad. Enteras comunidades de otras regiones del país que nada más han advertido el terremoto se han organizado espontáneamente para equipar centros de recolección, distribución de las donaciones y preparar las ayudas que siguen llegando a las zonas más afectadas; a través de la Iglesia. Toda pequeña iniciativa, toda llamada telefónica, cada uno de los paquetes es preparado con cuidado, cada persona que ofrece su propio tiempo, teje una red de fraternidad que sostiene a quien más lo necesita.
Nos conmueve profundamente también la cantidad de personas, dentro y fuera de Venezuela, que desean ayudar. No hemos logrado aún responder a todos los mensajes que nos han llegado. Familiares, amigos, miembros del Movimiento y personas que quieren simplemente saber cómo estamos o preguntar cómo pueden colaborar. Estamos activando todas las sinergias posibles para que esta enorme generosidad encuentre canales concretos y llegue allí donde hay una necesidad mayor.
A todos ellos les queremos expresar un agradecimiento sincero. Gracias por las oraciones, por los mensajes de cercanía y por los gestos concretos de solidaridad que ya están actuando. En momentos como este experimentamos de una manera muy viva lo que Chiara Lubich nos ha dejado como horizonte: “Sean una familia”.
Tal vez el desafío más grande es vivir el momento presente. No anticipar el miedo al próximo temblor ni quedarse paralizados por la enormidad del dolor. Permanecer en el presente es, hoy más que nunca, el camino para descubrir lo que el Amor nos pide en cada momento.
Vivir el carisma de la unidad nos lleva, en este contexto, a dar una respuesta concreta: ser puentes en donde hay aislamiento, ofrecer fraternidad en donde el miedo divide y sembrar esperanza allí donde la incertidumbre parece imponerse.
Hay mucho camino por recorrer aún. La emergencia no ha terminado y la reconstrucción requerirá tiempo. Pero en el medio de tantas pérdidas somos también testigos de una humanidad que no se resigna, que se organiza, que comparte lo poco o lo mucho que tiene y que vuelve a recordarnos que cuando la tierra tiembla, el amor puede seguir siendo el terreno más sólido sobre el que reconstruir la esperanza.
La Coordinación de Emergencias del Movimiento de los Focolares ha puesto en marcha una recaudación extraordinaria de fondos en apoyo de la población de Venezuela, a través de Acción por un Mundo Unido (AMU) y Acción por Familias Nuevas (AFN). Las aportaciones recibidas serán gestionadas conjuntamente por AMU y AFN para hacer llegar a las poblaciones afectadas por el terremoto del 24 de junio de 2026 ayuda de primera necesidad para la alimentación, la atención médica, la vivienda y el acogimiento en diversas ciudades del país, también en colaboración con las Iglesias locales.
Cada contribución permitirá llevar alivio inmediato e imaginar, juntos, caminos de esperanza y reconstrucción.
O también a través de transferencia bancaria a las siguientes cuentas corrientes:
Azione per un Mondo Unito ETS (AMU) IBAN: IT 58 S 05018 03200 000011204344 presso Banca Popolare Etica Codice SWIFT/BIC: ETICIT22XXX
Azione per Famiglie Nuove ETS | Banca Etica – filiale 1 di Roma – Agenzia n. 0 | Codice IBAN: IT 92 J 05018 03200 000016978561 | BIC/SWIFT: ETICIT22XXX
Motivo: Emergencia Venezuela
En muchos países de la UE y en otros países del mundo existen ventajas fiscales para este tipo de donaciones, según las distintas normativas locales.Los contribuyentes italianos podrán obtener deducciones y desgravaciones fiscales, según la normativa para los Entes del Tercer Sector (ETS).
Hace un tiempo, la tecnología nos permitió reencontrarnos con mis ex compañeros de secundaria después de muchísimos años sin vernos: armamos un grupo de WhatsApp. Entre anécdotas y fotos viejas, logramos identificar a un compañero del que nadie tenía noticias y lo sumamos al grupo.
Él nos contó que estaba en situación de calle. Una serie de problemas de salud, la lucha con un tumor, la pérdida de su empleo y una separación familiar lo habían dejado sin nada. Al principio, algunos compañeros colaboraron con dinero, pero ante un segundo pedido de ayuda, la respuesta fue el silencio o la negativa.
Aunque en la escuela no fuimos amigos cercanos, sentí que no podía ser un espectador más. Me dije a mí mismo que, si él había aparecido en mi vida a través de ese grupo, yo tenía que hacer algo. No podía simplemente ignorarlo.
Decidí encontrarme con él. Quería ver con mis propios ojos cómo estaba y escucharlo. Había pasado unos días en una pensión, pero pronto volvió a la calle. Yo no tenía la capacidad de resolver su problema habitacional ni de ofrecerle un hogar, pero sentí la necesidad de preguntarle a Dios qué quería de mí en esa situación.
Nos juntamos y charlamos largo rato. Me conmovió ver su deterioro físico, así que le ofrecí ayudarlo con una medicina natural que yo podía conseguir para que, al menos, recuperara algo de tranquilidad y bienestar. Pero más allá de lo físico, recordé que él, alguna vez, había sentido una vocación religiosa fuerte, e incluso estuvo cerca de entrar al seminario. Le pregunté por su fe.
Mi ha confessato di essersi allontanato da tutto; erano anni che non metteva piede in chiesa né si avvicinava ai sacramenti. Con totale sincerità, gli ho consigliato che, dato che la sua malattia stava progredendo e si sentiva in pericolo, cercasse rifugio in Dio.
Le sugerí que fuera a misa, que hablara con un sacerdote y, si lo sentía, se confesara. Al día siguiente me llamó emocionado. Había ido a la iglesia, se había confesado y comulgado. Me agradeció profundamente porque se dio cuenta de que, habiendo perdido todo lo material, su relación con Dios era lo único que realmente le quedaba.
Hoy seguimos en contacto. Él logró conseguir una pensión y está un poco mejor. Yo lo sigo ayudando con esta medicación natural complementaria a su tratamiento y, cada tanto, nos juntamos a tomar un café o le acerco algo que necesita, como un par de zapatillas. Pero con el tiempo entendí que lo más importante no fue el remedio ni el calzado: fue el hecho de que alguien se detuviera a hablarle.
A veces, el «prójimo» aparece en un grupo de WhatsApp y corremos el riesgo de dejarlo atrapado en la virtualidad, donde nadie se hace cargo de nada. Mi amigo me enseñó que estar atento a la necesidad del otro, aunque no tengamos la solución definitiva en nuestras manos, ya es mucho. Si todos pudiéramos hacer apenas un poquito, ¿cómo cambiaría la situación de la gente? No dejemos que el otro sea solo un mensaje en una pantalla; hagamos que nuestra ayuda sea concreta, humana y, sobre todo, presente.
No es simplemente el final de una fiesta o una clausura de un recorrido, sino la etapa visible construida durante el año por cientos de chicos en toda Italia y en Albania, y que ya se proyecta hacia el futuro, apuntando hacia lo alto, con el deseo de involucrar a muchos otros chicos, otros equipos y otras acciones en los próximos años, tanto en Europa como en el resto del mundo.
Se ha concluido en Castel Gandolfo (cerca de Roma, Italia), el 6 y 7 de junio, la Expo Fest de Time to Change (Hora de cambiar), un itinerario que ha involucrado a alrededor de 1.300 jóvenes y 105 equipos, invitados a movilizarse con acciones concretas de solidaridad, ciudadanía activa, cuidado del ambiente, inclusión y paz por el bien común.
Los que se congregaron fueron casi 600 chicos y 52 equipos. “He tomado mayor conciencia de mis acciones y he prestado mucha más atención a todos aquellos que se encuentran en contextos incómodos”. “He entendido el valor de algunas amistades”, “Llevo en mi corazón la belleza de lo que ha nacido y la fuerza silenciosa que se ha generado en estos días”. Son algunas de las impresiones recogidas entre los participantes, protagonistas de un evento que ha dado voz no solamente a los 9 equipos finalistas, sino también a todas las realidades que intervinieron.
A lo largo de la manifestación se llevaron a cabo las votaciones y la premiación final. El equipo Trento Gen Time to Change de Trento se clasificó en el primer lugar; el segundo clasificado fue Children of the Sun de la ciudad de Taranto; el tercero clasificado fue Time to Change de Milán. Premios especiales fueron otorgados a los equipos de las regiones italianas de Piemonte y de Valle de Aosta, al Colegio “Alfonso Gatto” de la ciudad de Agropoli (en la provincia de Salerno) y al equipo albanés Alboomerang.
A través de momentos en los que se compartía, con testimonios, música, danza, diálogo, talleres y flash mobs, cada uno de los grupos pudo contar su propio aporte para el cambio. En el centro de las jornadas, un amplio espacio fue dedicado a las historias personales. Por ejemplo, la de algunos chicos que optaron por salir de sí mismos para ir al encuentro de los demás; o de colegios que transformaron la educación cívica en experiencia concreta; la de grupos territoriales que hicieron nacer momentos de actividades extraescolares, iniciativas artísticas, acciones ambientales y gestos de proximidad para con los que viven en situaciones de fragilidad.
Las acciones contadas muestran un cambio vivido en la cotidianeidad. El Liceo lingüístico Alfonso Gatto de Agropoli, por ejemplo, realizó un proyecto dedicado a la Declaración universal de los derechos humanos de 1948. Los estudiantes se encontraron con la gente por la calle, proponiendo preguntas sobre los derechos fundamentales, entregando insignias simbólicas a los “amigos de los derechos humanos” y entregando copias de la Declaración a los que querían conocerla mejor.
De Albania estuvieron presentes 18 chicos. El recorrido de Time to Change los ha involucrado en actividades de teatro y pintura para niños, caminos ecológicos, momentos de formación y encuentros con jóvenes acogidos en casas-familia. “En la comunidad –explica Regjina Paluca– viven chicos de los tres a los veinte años de edad; algunos nos contaron que han crecido en las casas-familia. Habían llegado de pequeños y ahora van a la universidad. Para nuestros chicos ha sido muy impactante. Han visto que esos jóvenes y niños viven todos en la misma casa, mientras que ellos, al terminar el día, volverían cada uno a su propio hogar. En el futuro iremos adelante, porque este proyecto se está propagando rápidamente. Los chicos tienen en su interior una belleza que quieren compartir con sus amigos”.
Una parte decisiva de este camino fue dedicada también a las fragilidades personales. Las experiencias de Edoardo, Francesca y Victoria narraron el aislamiento, la depresión, la ansiedad, el duelo, la exclusión y la reconciliación. Son caminos concretos, en los que el dolor puede volverse lugar de crecimiento, relación, una fe encontrada y una apertura a los demás.
Fue inspiradora de este itinerario también una poesía escrita en 2005 por Margaret Karram, Presidente del Movimiento de los Focolares, que delante “del largo muro, alto, gris” de Jerusalén, “que avanza en medio de la ciudad, dividiendo barrios, calles, terrenos y familias”, vuelve a interpretar el sentido de la propia vida y las divisiones de su Tierra Santa a la luz de Jesús crucificado y abandonado, esperanza contra toda esperanza.
Margaret Karram, durante el evento entregó una copa itinerante al equipo ganador, Trento Gen Time to Change: un símbolo que acompañará las próximas ediciones y que pasará cada año al nuevo equipo vencedor.
En su breve saludo recordó que se requiere la valentía para vivir la paz, una paz que parte del cambio personal. “La primera paz es Jesús –dijo– que murió por nosotros, pero que resucitó para darnos la paz y para redimir a cada uno de nosotros”.
Como escribió uno de los participantes, Time to Change “no se limita a hablar de cambio, sino que lo hace posible”. Es una onda expansiva que ha partido de esos chicos y que ahora continúa. Apuntando hacia lo alto.
Encuentro, celebración y compromiso: tres palabras que resumen los 35 años de la Economía de Comunión (EdC), conmemorados entre el 25 y el 30 de mayo de 2026. Más de 400 personas participaron en un programa dividido en dos fases. En la primera, los participantes vivieron una experiencia inmersiva en 16 comunidades y empresas latinoamericanas que ponen en práctica la cultura de comunión. En la segunda, se reunieron en Buenos Aires, Argentina, para un foro internacional dedicado a celebrar la trayectoria y el presente de la EdC y a construir compromisos para el futuro.
Regenerar las “heridas” de adentro hacia afuera
La comunión, como posibilitadora de la regeneración, deja de centrarse únicamente en las pobrezas de un territorio y pone de relieve las riquezas sociales, culturales y espirituales del mismo. Por eso se decidió comenzar precisamente por ahí, entrando en lo más profundo de quienes sufren a diario para entrar en relación y pensar juntos una economía diferente. Dieciséis iniciativas de tres países de América Latina abrieron sus puertas a los participantes del evento para vivir la primera parte de esta celebración. A través de actividades en grupo, visitas guiadas, dinámicas participativas y momentos de diálogo, cada persona pudo escuchar, acoger la realidad del otro, tocarla, comprenderla, expresarla y compartirla.
“Participé en la experiencia en los Centros Nuevo Sol, en Buenos Aires. Lo que más me impactó no fue la pobreza ni siquiera el abismo de desigualdades que existe en las periferias de Buenos Aires, sino la fuerza con la que el amor teje comunidades en esta región. Los desafíos son más difíciles, por eso el amor es más concreto, más activo y más cercano”, contó Luz Villafañe, de Tucumán, en Argentina.
El camino del emprendimiento en la Economía de Comunión
Después de esta experiencia, los participantes se reunieron en Buenos Aires los días 29 y 30 para asistir a un foro celebrado en elCentro Cultural “Usina del Arte”.
Voces de diferentes países, culturas y clases sociales, como empresarios, emprendedores, líderes comunitarios y de pueblos originarios, se alternaron en el escenario mostrando la fuerza transformadora de esta vocación. Experiencias de pequeños emprendedores, de grandes empresarios, de quienes se dedican al cuidado de la tierra a través de sus proyectos, de quienes viven la interculturalidad como una riqueza, de elecciones de la comunión como vocación, como estilo de vida.
Compromisos para el futuro
El punto culminante de la celebración fue un pacto mundial sellado entre todos los presentes, personal y colectivamente, para promover, en la economía, una cultura que ponga de relieve las relaciones humanas y busque vivir prácticas regenerativas, capaces de generar comunión. En una conexión global celebrada la mañana del día 30, otras casi 300 personas se unieron a la sala de Buenos Aires, conectadas desde todo el mundo para reafirmar solemnemente el pacto que une a toda la red de la Economía de Comunión.
La EdC también presentó dos novedades para celebrar el presente y el futuro: una nueva identidad visual, y una nueva aplicación para conectar a personas, empresas y proyectos a nivel global. Para conocerla, visitá https://www.globaledc.org/.
Esta gran comunidad global aspira a llevar adelante la cultura del encuentro, a vivir por una economía más justa, a reconocer el protagonismo de las personas en situación de vulnerabilidad y a contribuir a la construcción de comunidades más fraternas a través de los vínculos. Porque, como muchos compartieron durante el evento, “nadie es tan pobre como para no tener nada que dar y nadie es tan rico como para no tener nada que recibir”.