«A medida que se avanza en la lectura, crece la conciencia de que todos están llamados a la ‘proximidad’, la percepción de ser capaces de vivirla y la liberadora convicción de que un estilo de vida de este tipo produce alegría y construye, ladrillo a ladrillo, el camino hacia un mundo más cohesionado».
Es el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, quien utiliza estas palabras en el prefacio del libro de Margaret Karram, presidenta del Movimiento de los Focolares, titulado «Prossimità, via alla pace. Pagine di vita».
Un texto fuertemente autobiográfico en el que la autora recorre la historia de su familia y nos habla de sí misma, de sus orígenes, de su infancia en Haifa (Israel), de las personas que encontró y de su decisión de consagrarse a Dios. Pero, al mismo tiempo, se trata de un verdadero itinerario, una guía o, como también lo describe Pizzaballa, «un viaje multidimensional: hacia el interior, hacia el exterior y hacia lo Alto», que permite al lector captar la invitación de la autora a involucrarse en el encuentro con los demás.
El texto fue presentado en la Sala Giubileo de la Universidad Lumsa (Roma, Italia) el 30 de enero de 2026 durante un evento que se transformó en una ocasión única de intercambio y diálogo y que, centrándose precisamente en el tema de la «proximidad», quiso hacer de ella una experiencia concreta.
Fue el Prof. Francesco Bonini, rector de la Lumsa, quien abrió los trabajos; con su saludo dio inicio a este encuentro, moderado por Alessandro Gisotti, vicedirector editorial del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede. Intervinieron junto a la autora el Imam Nader Akkad, consejero para los asuntos religiosos de la Gran Mezquita de Roma; Irene Kajon, miembro de la Comunidad judía y profesora emérita de Filosofía moral en la Universidad La Sapienza de Roma; y Alberto Lo Presti, profesor asociado de Historia de las doctrinas políticas en la Lumsa.
El debate, a la luz del libro de Karram, abordó varias temáticas. Entre las primeras intervenciones, una mirada atenta al valor de la identidad, como proceso, como movimiento. Un tema que se repite sobre todo en las primeras páginas —explica la profesora Kajon—, donde se muestra una realidad que revela el entretejido y la convivencia de muchas culturas, lenguas y religiones diferentes. En la lógica de la proximidad —continúa Kajon—, es bueno que la identidad, sea una identidad que, en el entrelazado de diferentes elementos, mantenga siempre una inquietud (…) porque precisamente esto garantiza la apertura al otro (…). Lo que unifica la identidad es precisamente la proximidad, es decir, el ser humano. Es la familia humana la que permite unificar las identidades que se encuentran en cada uno».
El imán Nader Akkad, al pensar en su ciudad, Alepo (Siria), habló de la proximidad como un concepto nada abstracto, sino más bien concreto que encuentra en la cercanía al otro y en la fraternidad el único camino posible de realización. La proximidad se convierte en la posibilidad de alcanzar un «significado compartido» y es el concepto de «familia» el que está a la base de la sociedad, —sigue diciendo el imán Akkad—: un puente colgante en sí no sirve para nada. Se necesitan dos orillas. A veces, las orillas se endurecen (…). La proximidad acorta las distancias, nos hace comprender lo cerca que estamos. Cuando me aproximo, reconozco al hermano, sus sufrimientos, sus alegrías. La proximidad nos ayuda a viajar entre las diversas identidades (…) y a sentirnos ‘no como minorías, sino como ciudadanías’, para construir juntos la paz.
El profesor Lo Presti, refiriéndose al concepto de «Amor inventivo» como agente de transformación social, política y cultural propuesto por Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, a la luz de las crisis actuales, afirma: «Cuando vemos que en el sistema internacional hay conflictos y divisiones, lo que entra en crisis no es la visión del mundo unido de Chiara Lubich (…), sino todas aquellas creencias, aquellas filosofías, aquellas visiones demasiado modernas, que creían que el hombre habría alcanzado los objetivos más hermosos de su aventura civil a base de racionalidad o confiando en el progreso científico y tecnológico, o simplemente logrando extender los mercados en una globalización indistinta, etc. (…). El mundo unido, que debería ser el fruto de la proximidad —continúa Lo Presti— no es una marcha triunfal, es una carrera de obstáculos. Se necesitan personalidades capaces de dirigir la mirada más allá del obstáculo y no rendirse ante él. Se necesitan figuras de personas tan capaces de albergar la esperanza que brota de su propio corazón, que ven en las crisis las oportunidades futuribles. Y todo esto significa, precisamente, ser inventivos, creativos».
Por lo tanto, un intento de levantar la mirada, un intento que, a partir de los encuentros con varias personas y personalidades, llevó a Margaret Karram a escribir ese texto. Este momento de diálogo auténtico, afirmó Karram, «me hace comprender que somos muchos los que llevamos en el corazón las esperanzas y los interrogantes de nuestro tiempo. Este libro no nace solo de mí. Es una historia plural. El tiempo en el que vivimos es particular, corre velozmente, vivimos constantemente conectados. Sin embargo, esto crea también nuevas distancias, a menudo invisibles, pero muy profundas. Por eso, entrar en el tema de la proximidad no ha sido para mí ni para el Movimiento de los Focolares una elección tomada a la ligera. Cuanto más escuchaba a las personas, a las comunidades, a los jóvenes, a las familias, más veía surgir una necesidad universal, la necesidad de sentirnos cercanos unos a otros, no cercanos a través de una pantalla, sino cercanos en la concreción de la vida».
El evento, que partía de la presentación de un libro, se convirtió en un momento de comunión que abre a la visión del prójimo como el primer escalón hacia el camino de la paz; se transformó en oportunidad: la de reencontrarse, de escucharse de manera sinodal y descubrir que construir relaciones cotidianas, pequeñas chispas de esperanza, puede hacer la diferencia.
Soy Vida, y desde hace unos años, junto con algunas personas de la comunidad lituana, apoyamos a la familia de Julia, de Indonesia. La conocí en 2018 en Manila, Filipinas, en el Genfest, el encuentro internacional de jóvenes del Movimiento de los Focolares. Con los años, a pesar de la distancia, hemos desarrollado un vínculo fraterno. Su familia vive en Medan y forma parte de la comunidad de los Focolares. Hemos podido apoyarlos en varios momentos difíciles, y siempre que han recibido ayuda, me ha sorprendido y dado alegría que pensaran inmediatamente en otras personas.
Antes de Navidad, Julia me contó su deseo de ayudar a los niños de un asilo para huérfanos. Necesitaban almohadas y colchones, que habían quedado destruidos por la inundación. Como es una persona muy práctica, ya había calculado la cantidad necesaria. Así que escribí a la comunidad lituana en nuestra página web, con la esperanza de que alguien pudiera donar algo. ¡Me quedé maravillada! Rápidamente recaudamos una suma mayor, que envié de inmediato a Julia, quien hizo todo lo posible por hacer felices a los niños. Además de los colchones y las almohadas, también recibieron un árbol de Navidad por primera vez.
Soy un sacerdote anglicano de Uganda y descubrí la espiritualidad del Movimiento de los Focolares hace quince años, cuando cursaba mi formación ministerial en el seminario. Esta espiritualidad ha influido profundamente en mí, en mi familia y en mi Iglesia, ya que expresa idealmente dos aspectos fundamentales: el amor y la unidad. En ninguna parte de la Biblia encontramos pasajes que enfaticen la división, la separación, el odio, la malicia, el tribalismo, las divisiones denominacionales o la segregación racial. Al contrario, la Biblia invita a la unidad y al amor entre las personas, incluso cuando existen diferencias. Estamos llamados a amar al prójimo sobre todas las cosas, porque por medio de él amamos a Dios. Así he aprendido a ver a Jesús en cada persona cercana a mí (cf. Mt 25) y siento una gran paz cada vez que comparto lo poco que tengo con quienes lo necesitan.
Jesús en una de sus últimas oraciones antes de su ascensión, en Juan 17:21, dice: “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti”. Esto implica que la unidad debería ser nuestro objetivo en la vida. Gracias a esta consciencia, he tenido la oportunidad de conocer y dialogar con muchas personas de diferentes denominaciones, como católicos, ortodoxos, luteranos, y también con personas de otras religiones, budistas y seguidores de religiones tradicionales, de todos los niveles y edades. Esto me ha dado una visión más amplia de cómo vivir y gestionar la vida de forma integral. He experimentado la alegría de ver en ellos a hermanos y hermanas.
También he visto a obispos de la Iglesia anglicana de Uganda abrazar esta espiritualidad a través de nuestra experiencia, la expresión de sus vidas y su testimonio. Actualmente, cinco obispos son amigos del Movimiento, incluyendo al arzobispo de la Iglesia anglicana de Uganda. Algunos de ellos también han participado en las en las conferencias ecuménicas internacionales de obispos organizadas por el Movimiento de los Focolares.
Actualmente hemos creado un grupo de comunión en la Universidad Cristiana de Uganda, con el objetivo de poner en práctica el amor y la unidad entre los jóvenes universitarios. Al mismo tiempo, también compartimos el valor de “Ubuntu” [1] dentro de la iniciativa Together for a New Africa, en la que participo como tutor en esta segunda edición. Después de todo esto, la gente suele hacerme preguntas que me cuesta responder: “¿Por qué siempre estás feliz? ¿Nunca te enojas? ¿Por qué siempre estás disponible? ¿No tienes otras cosas que hacer? ¿Por qué eres tan generoso?”. Mi respuesta siempre ha sido: “Haz el bien, la recompensa está en el Cielo”.
Después de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, el quinto Evangelio que todos deberíamos leer es el del “tú” en el otro. Debemos considerarnos un testimonio vivo, para que nuestras obras y acciones reflejen la imagen de Dios, haciendo a los demás lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros. Poner en práctica lo que enseña la Biblia: amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente y con toda el alma, y al amar al prójimo como a nosotros mismos.
Reverendo Canónigo Bwanika Michael Eric
[1]Ubuntu es una palabra de origen bantú del África subsahariana que expresa una filosofía de vida centrada en la compasión, el respeto y la interdependencia humana, que se puede resumir en la máxima “Yo soy porque nosotros somos”, subrayando
Un viernes llegó Moisés por recomendación de otro muchacho venezolano que vive en la misma Casa-Refugio; le había dicho que pasara a vernos, ya que –le aseguró– nosotros íbamos a poder ayudarlo como migrante. Moisés se nos acercó unas semanas antes de Navidad. Venía viajando desde Colombia, y tenía solo tres mudas de ropa, y además típicamente caribeñas; las había traído consigo en el viaje. Tenía frío. Gracias a Dios enseguida encontró trabajo en un restaurante, como lavaplatos y ayudante de cocina. Son pocos días por semana en los que trabaja, pero por lo menos recibe almuerzo y cena.
Lo primero que hicimos fue entregarle ropa invernal y una manta porque dormía en el suelo sobre una colchoneta que le había prestado el dueño de casa, un señor que incluso había aceptado, muy amablemente, que pagara el alquiler cuando recibiera el primer sueldo. Sin duda, tuvo mucha suerte, porque nada más llegar había conseguido ese trabajo, una habitación y un dueño de casa muy generoso. No todos los migrantes son tan afortunados. Se puso a llorar cuando vio lo que le estábamos entregando y “el amor de la familia” (así lo definió) que recibía.
Es un joven profesional en el campo contable y comercial. Estamos rezando y le hemos pedido a Dios que en un futuro pueda ejercer su profesión.
(S.R. – Perù)
La verdadera riqueza
Con mi cuñado la relación seguía siendo difícil. Primero habían sido las deudas por una actividad suya que había resultado deficitaria comercialmente y que había sido gestionada con inexperiencia y poca previsión. Por otro lado, tenía graves problemas de salud, que le exigían tratamientos y operaciones costosas. En todas esas ocasiones lo ayudamos, proveyéndole del dinero necesario, a costa de hipotecar nuestra casa y de usar los fondos acumulados para los estudios de nuestros dos hijos. No era fácil ir más allá de los límites humanos de ese pariente nuestro, pero constatando a qué extremo penoso había llegado solo venía a nuestra mente ese Jesús Abandonado que mi marido y yo queríamos amar. Tal vez nadie nos habría reprochado si no hubiéramos seguido pagando por los errores ajenos; pero, sin embargo, como cristianos, se nos pedía que fuéramos fieles a otra lógica. Hablando de todo ello con mi esposo, él trajo a colación una cuenta bancaria que había abierto para eventuales emergencias. Por más que íbamos a perder los intereses, lo ponía a disposición de su hermano. Inmediatamente nos sentimos más en paz y más unidos entre nosotros. Creo que esa es nuestra verdadera riqueza.
(C. – Corea del Sur)
Maria Grazia Berretta
(extraído de Il Vangelo del Giorno, Città Nuova, año XII– número 1° enero-febrero 2026)
“En medio de la oscuridad que hoy nos toca vivir en Venezuela, recordemos que no estamos solos. Chiara Lubich descubrió, bajo el estruendo de las bombas en 1943, que hay un Ideal que nada ni nadie puede destruir: Dios nos ama inmensamente”.
Empieza así el “Mensaje de esperanza y unidad” que los Gen (jóvenes que se adhieren a la espiritualidad de los Focolares) venezolanos, que viven en su país y en otras partes del mundo, han compartido la noche del 5 de enero pasado, al encontrarse a través de la web para rezar y contarse cómo cada uno vive este tiempo crucial para todo el pueblo, sin olvidar nunca la opción por amar a todos. Es fuerte la exigencia de afrontar juntos este tiempo definido como “sagrado”: “No nos sentimos solos porque estamos apoyados por la oración de todos los que desde Venezuela y desde todo el mundo piden por la Paz”.
El mensaje así prosigue:
“Hoy el miedo quiere paralizarnos, pero la respuesta no es el odio, sino la unidad. Chiara nos enseñó quecuando todo se derrumba, lo único que queda es el Amor. Si nos hacemos ‘uno’, si nos cuidamos los unos a los otros y ponemos a Dios como nuestra roca, el miedo pierde su fuerza.
No tengamos miedo. Hagamos de este momento una oportunidad para:
Confiar radicalmente: Dios es Padre y no nos abandona, incluso cuando el panorama es difícil.
Hacernos uno: Que el dolor del vecino sea el nuestro. Ayudémonos, compartamos lo poco o mucho que tengamos y derribemos los muros de la indiferencia.
Ser constructores de paz: Que nuestra arma sea la solidaridad.
Si nos mantenemos unidos, Jesús está entre nosotros, y donde Él está, la luz termina por vencer a la sombra.
«Una nueva vida» es la historia de Hasan Mohammad, un migrante económico que llegó a Sicilia (Italia) desde Bangladesh. Gracias a la Cooperativa Fo.Co., encontró una casa, un trabajo y una nueva familia. El sistema de «acogida generalizada» no se limita a la integración del migrante, sino que tiende a la reciprocidad, donde el encuentro entre personas diversas se convierte en crecimiento para todos. Descubre cómo la solidaridad puede transformar vidas y territorios.