El país africano más extenso, en el que, de los 48 millones de habitantes, los cristianos son menos del 1 %. Argelia es el país que el papa León XIV ha elegido como primera etapa de su viaje por el continente africano, que le llevará posteriormente a Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Llegó allí el 13 de abril de 2026 y sus primeros encuentros con la comunidad argelina pusieron de relieve también la vida y las actividades de organizaciones e iniciativas interreligiosas, a veces poco conocidas, que operan en el país desde hace muchos años.
Una de ellas es el Movimiento de los Focolares, una red de unidades espirituales que llegó a Argelia, de mayoría musulmana, en 1966. Sus actividades en Argelia están animadas por miembros musulmanes, en su mayoría mujeres, que participan en ellas, trabajando en pequeños grupos por todo el país, ya sea prestando ayuda en centros locales para personas mayores, dando clases particulares a los estudiantes o estudiando junto a ellos.
La experiencia de una fe «verdadera» que «no aísla sino que abre, une pero no confunde, acerca sin uniformar y hace crecer una auténtica fraternidad» fue compartida en francés por Monia Zergane, una musulmana cuya vida se convierte en «signo de esperanza para nuestro mundo». En los servicios de la Iglesia católica en Argelia, cristianos y musulmanes trabajan «codo con codo», relató la mujer, «con las mismas preocupaciones» de «acoger, servir, escuchar, cuidar de los más frágiles, organizar, encontrar recursos financieros y esforzarse para que los centros de actividad sean lugares seguros que preserven la dignidad de las personas». Un servicio a los más «vulnerables», ya sean mujeres, niños, ancianos o enfermos, vivido «juntos» y capaz de crear una «fraternidad real», explicó, con la firme convicción de que «servir al hombre es, ante todo, servir a Dios». Un compromiso, subrayó, que se nutre de todas las cosas «hermosas» que se ponen en juego: competencias, dedicación, paciencia, perdón, compasión y benevolencia.
Hermanos y hermanas que han sido «de inmensa ayuda y consuelo» para Monia en la prueba de la enfermedad, cuando, confió con gratitud, «pude contar con su cercanía, con su inquebrantable solidaridad, con su delicadeza y con sus oraciones». En particular, la cercanía de una comunidad del movimiento de los Focolares y el compromiso diario por poner en práctica el amor al prójimo, «me interpela a menudo y me hace comprender que la vida no está hecha sobre todo de grandes obras visibles, sino de una comunión vivida día tras día», reconoció. Consciente de que la fraternidad se construye también «en los gestos sencillos: una sonrisa, un saludo que sale del corazón, una palabra amable, un servicio prestado sin esperar nada a cambio, y en las pequeñas cosas de la vida cotidiana: felicitarse por una fiesta, compartir una comida tras un tiempo de ayuno, escuchar el significado espiritual de una celebración».
En la vorágine de las noticias rápidas sobre la guerra en el Líbano, las historias individuales se pierden y los rostros humanos se desdibujan detrás de los números de los desplazados y las noticias sobre los bombardeos. Pero a pesar de ello la realidad, así como lo manifiestan los testimonios en el lugar, es mucho más profunda y dolorosa de lo que muestran los titulares. En este “tiempo de guerra”, cientos de miles de libaneses viven una condición de desplazamientos repetidos, como si fuera un destino que se renueva con cada oleada de violencia. Pero en el medio de esta oscuridad surgen también rostros humanos que tratan de devolverle a la vida su significado.
Desde el comienzo de la escalada y con la expansión de los raids aéreos y de las órdenes de evacuación, el desplazamiento ya no es un evento excepcional, sino que se ha vuelto un estilo de vida. No son áreas puntuales evacuadas, sino regiones enteras desplazadas, desde el sur hasta el Valle de la Becá, e incluso en el corazón de la capital Beirut. En ese escenario el número de los evacuados ha superado el millón, en una de las mayores oleadas de desplazamiento interno en la historia reciente del país. Son muchas las víctimas civiles.
Pero detrás de ese número se esconden historias humanas que resumen la tragedia. Zeina Chahine llevó a cabo algunas entrevistas para contar el dolor de la gente, y al mismo tiempo la grandeza de la acción humanitaria que se vuelve encuentro, consuelo y fuerza colectiva contra la injusticia.
Marwan, uno de los desplazados del sur, resume la experiencia con una frase dolorosa: “Nos estamos marchitando lentamente”. No es solo una metáfora, sino la descripción de una vida que se va consumiendo gradualmente, en donde el ser humano pierde su casa, su trabajo y su estabilidad, pero sin perder del todo la esperanza… que, sin embargo, se desgasta. Marwan agrega que incluso la idea de regresar ha cambiado: ya no sueña con su propia casa, sino simplemente con el retorno, de cualquier manera que sea posible.
Por su parte, Nawal cuenta el momento de la huida forzosa: una llamada telefónica en el medio de la noche, pocos minutos para recoger lo que cada uno puede llevarse consigo, luego la huida bajo los bombardeos. “¿Qué tenemos que llevarnos?” es una pregunta que manifiesta la impotencia frente a la rapidez del derrumbe. Una pequeña maleta en cambio de una vida entera que se deja detrás. Ella también, como muchos otros, no ha vivido una evacuación una sola vez, sino varias y repetidas veces, hasta cuando el regreso a la “tabula rasa” se ha vuelto parte de la experiencia misma.
Los niños y los jóvenes también pagan el precio. Suleiman, de dieciséis años, se encuentra fuera del colegio, en un refugio temporáneo, y resume la guerra diciendo: “Es mi cruz en esta vida”. Son palabras que muestran que la guerra no roba solo el presente, sino también la inocencia de la edad.
Pero junto a este dolor vive también otra imagen, no menos presente: la de la solidaridad humana. De escuelas transformadas en centros de acogida y sitios hacinados en las ciudades, surgen voluntarios e iniciativas individuales que tratan de colmar el vacío de la ausencia. Personas que duermen en el suelo, con una grave falta de los bienes más esenciales, e intentos graduales de proveer de colchones y mantas. La necesidad no tiene que ver solo con la comida y el agua, sino también con todo lo que preserva la dignidad humana, como productos para la higiene personal… porque también en una situación de desplazamiento el ser humano necesita sentir su dignidad.
Abir, madre y voluntaria, ve la ayuda como un deber humano ante todo. Dice que lo que más le impacta es “el miedo en la mirada de la gente”, esa ansiedad constante por un futuro incierto. Pero al mismo tiempo observa también el fuerte impulso a la solidaridad: “La gente corre a ayudar, sin pedir nada a cambio”. En un contexto en el que las instituciones a veces se ven limitadas, las iniciativas individuales se vuelven la primera línea de defensa de la humanidad.
Este encuentro entre el dolor y la solidaridad revela una fuerte contradicción: la guerra divide a las personas, pero al mismo tiempo crea espacios inesperados de solidaridad. Es como si la sociedad, en los momentos de colapso, se redescubriera a sí misma a través de sus individuos.
Pues bien, a pesar de las diferencias en las opiniones y en la pertenencia a una posición, el punto común sigue siendo el sentimiento de desarraigo y el rechazo de la guerra y de sus tragedias. Con el pasar del tiempo, incluso la forma de la esperanza cambia: de “si Dios quiere volveremos a encontrar nuestra casa” a simplemente “si Dios quiere volveremos”. Una esperanza que se reduce, pero no se apaga.
Queda suspendida en los labios de todos una pregunta: “Mañana, ¿adónde iremos?”. No es una pregunta acerca de un destino preciso, sino simplemente acerca del destino mismo.
Sin embargo, no obstante todo el dolor, estos testimonios manifiestan una doble verdad: la guerra hiere profundamente al ser humano, sí, pero no logra cancelar su humanidad. Entre una carpa y un refugio, entre pérdida y nostalgia, nace otra forma de resistencia, que es la resistencia de la solidaridad.
Entonces, mientras algunos se marchitan lentamente, otros los riegan con esa cantidad de solidaridad de la que son capaces, permitiendo que la vida continúe. Porque la fe en la fraternidad humana es una realidad que hemos interiorizado viviéndola y practicándola, transmitida por nuestros padres y nuestros abuelos, hasta volverse sangre en nuestras venas y parte de nuestra civilización.
Elaborado por Rima Saikali Al Madina Al Jadida
Está activa la emergencia Oriente Próximo. Todo aporte permite llevar alivio a las muchas familias afectadas por el flagelo de la guerra. Muchas han perdido la casa, otras buscan refugio en estructuras que abren sus puertas a pesar de los recursos cada vez más limitados.
Mongomo es un pequeño pueblo de Guinea Ecuatorial, en la frontera con Gabón. La hermana María escribe: “Es un gran regalo para nuestra comunidad pasar tiempo con la gente de aquí, tan abierta a la Palabra de Dios. Cada mes la esperan con ilusión en los pueblos cercanos. Los domingos, como casi nunca hay un sacerdote para celebrar la Santa Misa, se reúnen con algunos de nosotros para escuchar la explicación de la Palabra. Se congregan más de quinientas personas. Sin embargo, a las reuniones parroquiales de Mongomo, solo asisten unas cincuenta. Hay que tener en cuenta que no tienen relojes ni saben la fecha, así que es muy difícil concertar citas, por lo que su presencia no es constante. A veces tienen que caminar (obviamente) diez o veinte kilómetros para llegar. Es conmovedor ver que nunca se cansan de oír hablar de Dios. Me gustaría que escucharan cómo ponen en práctica el Evangelio: son experiencias sencillas y concretas… escucharlas basta para convertirte. A menudo he oído a algunos de ellos repetir que la Palabra de Dios es tan necesaria para ellos como la comida”.
(Hermana María – Guinea Ecuatorial)
Riconciliazione
Me impactó especialmente la frase del Evangelio: “Si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano…”. De hecho, no me llevaba bien con cierta señora. Armándome de valor, fui a hablar con ella. Por desgracia, no solo no me escuchó, sino que me gritó. Desmoralizada, no sabía qué hacer. Mientras tanto, mi hijo había recibido una carta de una conocida que quería disculparse por un pequeño malentendido que había ocurrido entre ellos unos días antes. Me sorprendió: primero, porque mi hijo es tan pequeño que aún no sabe leer, así que tuve que leerle la carta; segundo, porque un adulto se disculpaba con tanta sinceridad. Todo esto me inspiró a escribirle a esa señora, pidiéndole perdón. Unos días después, recibí una llamada suya: “¡Perdóname!”. Volví a hablar con ella y aclarar cada malentendido, nos reconciliamos con alegría.
25 de marzo de 2026. Nos encontramos en la Sala de la Conciliación del Palacio Lateranense en donde, tras décadas de enfrentamientos, la Iglesia católica y el Estado italiano firmaron en 1929 los Tratados Lateranenses. En este mismo ambiente histórico concluyó, en el año 2013, la fase diocesana de la Causa de beatificación de una de las figuras espirituales más relevantes de nuestro tiempo: el Cardenal vietnamita François-Xavier Nguyễn Văn Thuận.
Estuvieron presentes 220 personas, Cardenales, Obispos, familiares, sacerdotes, religiosas y laicos vietnamitas y de otros países. Otros miles estaban conectados a través del streaming en siete idiomas por los canales YouTube de Vatican Media. El motivo de este encuentro era el 50° aniversario de cuando Nguyễn Văn Thuận, en ese entonces un joven obispo, en los primeros meses de prisión iniciada el 15 de agosto de 1975, logró hacer llegar a sus fieles 1001 breves meditaciones escritas a mano en hojas de viejos almanaques. Organizaron el evento la Causa de Beatificación del Cardenal vietnamita junto con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, actor de la Causa, en colaboración con el Dicasterio para el Clero, la diócesis de Roma y las ediciones Città Nuova (Ciudad Nueva italiana).
El Papa León remarcó este acontecimiento con un Mensaje firmado por el Cardenal Parolin, su Secretario de Estado, en el deseo de que «el significativo evento favorezca un redescubrimiento del ferviente testimonio de tan intrépido discípulo del Evangelio y generoso Pastor». Su ejemplo – afirma en el texto– «está cargado de actualidad ya que recuerda que la esperanza cristiana nace del encuentro con Cristo y adquiere su forma en una vida donada a Dios y al prójimo».
El anfitrión fue el Cardenal Baldassare Reina, Vicario general del Papa para la diócesis de Roma, quien recordó la actualidad de la figura de Nguyễn Văn Thuận en continuación con el Jubileo de la esperanza, en un tiempo en el que el Evangelio se transmite sobre todo con el testimonio.
Cardinale Baldassare ReinaDr. Waldery HilgemanSig.ra Élisabeth Nguyễn Thị Thu Hồng
Pero, ¿quién era este Cardenal vietnamita? Respondió con breves trazos biográficos el doctor Waldery Hilgeman, postulador de la Causa de beatificación. François-Xavier desciende de una familia que en el siglo XIX tuvo algunos mártires entre sus antepasados. Él, desde joven, se sintió atraído por el ejemplo de los santos y luego por espiritualidades de su tiempo, entre las cuales Cursillos y los Focolares. Entró al seminario, se ordenó como sacerdote y obtuvo un doctorado en derecho canónico. En 1967 fue consagrado obispo de Nha Trang. Cuando en 1975 Paulo VI lo nombró Arzobispo coadjutor de Saigón, inició para él una larga prueba: tras un arresto, transcurrió trece años en prisión, y nueve de ellos en aislamiento. «Allí aprendí –cuenta– a elegir a Dios y no las obras de Dios». Comprendió que Dios lo quería en medio de los demás prisioneros, casi todos no católicos; fue una presencia de Dios y de su amor, «en el hambre, en el frío, en el trabajo extenuante, en la humillación y en la injusticia». Fue liberado en 1988, desde 1991 vivió en Roma, en donde Juan Pablo II lo nombró primero Vicepresidente, luego Presidente del que era entonces el Consejo para la Justicia y la Paz y en el año 2001 lo creó cardenal.
Elisabeth Nguyễn, hermana del Cardenal, cuenta la historia, llena de aventuras, de los 1001 pensamientos. Sustraídos de donde estaba el obispo en su arresto domiciliario, «comenzaron un viaje de evangelización de una familia a otra, de una celda de prisión a la otra, antes de atravesar con los boat people los océanos». Años más tarde nació el libro The Road of Hope (El camino de la esperanza).
Experiencias fuertes e impactantes, amplificadas, en la mitad del encuentro, por una pieza de piano ejecutada virtuosamente por el sacerdote Carlo Seno: “La Campanella” de Franz Liszt.
A lo largo de apenas una hora y media, moderada por el periodista Alessandro De Carolis de Vatican Media, surgieron ulteriores aspectos de Nguyễn Văn Thuận. El Cardenal Lazzaro You Heung-sik, Prefecto del Dicasterio para el Clero, habló de él como «evangelizador en toda circunstancia» haciendo referencia a la narración de un monje budista: «Era invierno, hacía dos grados bajo cero y nosotros, en el campo de reeducación, no teníamos suficientes mantas. Entonces el obispo salía todos los días varias veces para recoger ramas y trozos de madera para calentar de noche el campamento… Era lo que nosotros budistas llamamos un “Bo tac”: un hombre muy santo».
El Cardenal Luis Antonio Tagle, Prefecto del Dicasterio para la evangelización, recordó en cambio que en 1995 había nacido una amistad personal con Nguyễn Văn Thuận: «Me impactó el hecho de que mientras contaba experiencias dolorosas e incluso humillantes su voz permanecía calma y su rostro sereno. No había expresiones de amargura ni de odio en él. No podía quitar mi mirada de su rostro radiante y sonriente».
Junto con su estatura espiritual, surgió la marcada sensibilidad por las cuestiones mundiales de la justicia y la paz. De ello habla el Cardenal Michael Czerny, jesuita, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que para la ocasión publicó la traducción italiana de una nueva biografía de Nguyễn Văn Thuận, escrita por su hermana Elisabeth junto al sacerdote belga Stefaan Lecleir.
Cardinale Michael Czerny, S.J.Cardinale Luis Antonio TagleCardinale Lazzaro You Heung-sik
«Su aporte principal a nivel mundial –precisó el Cardenal Czerny– es el rol desempañado en la génesis del Compendio de la Doctrina social de la Iglesia (2004)» y refirió esa vibrante pregunta planteada por el Arzobispo vietnamita: «Frente a la actual situación política y económica, hay personas que se preguntan: ¿lograremos atravesar con esperanza el umbral del nuevo milenio?». En respuesta, citaba una nota periodística que previó “tres fases catastróficas” para las sociedades empobrecidas: explotación – exclusión – eliminación. «Cuando pienso en todo ello –comentaba Nguyễn Văn Thuận– mi corazón se ve lacerado y quisiera gritar: “imposible”».
En la conclusión del encuentro, el actor y periodista Rosario Tronnolone leyó algunos trozos del Camino de la esperanza que resonaron como un sello de oro: «Tú quieres realizar una revolución: renovar el mundo. Podrás cumplir con esa preciosa misión que Dios te ha encomendado solamente con “la potencia del Espíritu Santo”. Cada día, allí en donde vives, prepara un nuevo Pentecostés. Involúcrate en una campaña que tiene por objetivo hacer que todos sean felices. Sacrifícate continuamente, con Jesús, para ofrecer la paz a las almas, desarrollo y prosperidad a los pueblos. Esa será tu espiritualidad, discreta y concreta al mismo tiempo».
Un regreso a Loppiano después de muchos años, con emociones y sueños renovados y la idea de emprender nuevos proyectos. Así lo describe Roberto Brundisini en el lanzamiento de la página web de los conciudadanos de Loppiano.
“Un día volví a visitar Loppiano, donde viví hace años. Me di cuenta de que estoy a gusto, como en casa. Me sorprende haber estado fuera tanto tiempo, y pienso en los muchos que, como yo, han perdido el contacto con esta realidad. Entiendo y comunico que este es el hogar no solo de quienes viven aquí, sino también de quienes lo aman. Y sé que son muchos.
Se corre la voz, se reactivan circuitos muertos y, como de un largo letargo, rostros antiguos y nuevos despiertan. ¡Loppiano está aquí, está allí, sigue aquí! Sueños latentes reviven con la determinación de la humildad. Porque los sueños que permanecen en el cajón se enmohecen.
Entonces, ¿qué debemos hacer? Nos preguntamos. ¿Por dónde empezamos?
Ah, mira, nos decimos, quizá podríamos crear una comunidad energética. ¡Claro! — responde uno —. Quizá podríamos establecer una agricultura alternativa. ¡Genial! Contribuir a la reurbanización urbana y ambiental de la ciudadela según los criterios de Laudato Si’.
¡Qué sueño! Nos dijimos: ¿Por qué no organizamos un centro de acogida donde podamos pasar unos días de relax y reeducarnos sobre la naturaleza y las relaciones humanas? Fantástico, continúa alguien. Me gustaría encontrar un centro, un lugar de encuentro para el intercambio cultural entre jóvenes y quizás incluso artistas. ¡Muy interesante! ¿Y si creáramos una radio web con alcance universal, dada la variedad de habilidades, experiencias y conocimientos que muchos de nosotros, dispersos por el mundo, hemos adquirido a lo largo de los años? ¡Otro sueño! (…)”.
Durante nuestra visita al Centro Internacional, entrevistamos al presidente de la Asociación, Alessandro Agostini, y a uno de sus miembros de la junta directiva, Nicola di Settimo.
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Nicola
Me llamo Nicola y soy miembro de la Asociación de conciudadanos. Significa ciudadanos constructores de Loppiano, porque vivimos allí de jóvenes un par de años y luego la vida nos llevó por todo el mundo. Casi todos hemos tenido experiencia profesional desde entonces.
Alessandro
Me llamo Alessandro, soy de Umbría y soy el presidente de esta nueva asociación llamada Co-cittadini di Loppiano. Se fundó hace unos tres años. Actualmente, nuestros miembros están en 11 países, y somos unos cincuenta hombres y mujeres de diversos orígenes y profesiones.
Nicola
Para nosotros, es un regreso, por un lado, a la juventud, pero también a la elección fundamental de nuestras vidas que nunca hemos abandonado: seguir el ideal de Chiara Lubich de “que todos sean uno”, del amor recíproco. Ahora queremos contribuir con acciones concretas por Loppiano.
Alessandro
Es cada vez más necesario unirnos como comunidad, como un todo. En tiempos tan difíciles como los que atraviesa el mundo, necesitamos que las personas se unan para luchar por una humanidad justa y correcta. Por eso, estamos aquí para aportar nuestro granito de arena. Muchos, como nosotros, han vivido Loppiano, y la ciudadela nos une porque la construimos durante los dos años que todos hemos pasado aquí. Esta es una oportunidad para reencontrarnos, y por eso, incluso a quienes ya no formen parte de la Obra, o que aún aprecian mucho esta ciudadela y la construcción de un mundo unido, nos complace darles la bienvenida e incluirlos en nuestra asociación.
Nicola
Sí, en cualquier caso, la idea es crear una comunidad abierta a todos, es decir, a quienes aman Loppiano y quieren que siga adelante. Así que nos gustaría canalizar estas fuerzas para, repito, contribuir a la construcción, para seguir ayudando a Loppiano a crecer.
“Si quieres permanecer firme en la fe, escoge el camino de la esperanza, destinado a tu alma de discípulo de Cristo”. Este es uno de los 1001 pensamientos dirigidos por el entonces Arzobispo François-Xavier Nguyễn Văn Thuận a sus fieles, durante los largos años de su detención en la cárcel a causa de su fe: una colección de reflexiones, recomendaciones e incentivos, recogidos posteriormente en el volumen “El camino de la esperanza”, considerado como el “testamento espiritual” del cardenal vietnamita, declarado Venerable por el Papa Francisco.
Con ocasión del 50° Aniversario de la redacción del libro, la Causa de Beatificación del Cardenal Văn Thuận y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral –que es Actor de la Causa– conjuntamente con el Dicasterio para el Clero, con la Editorial Città Nuova (Ciudad Nueva) y con la Diócesis de Roma, desean honrar la memoria del Cardenal vietnamita celebrando una conferencia cuyo título es: “François-Xavier Nguyễn Văn Thuận. Testigo de esperanza ”..
El evento tendrá lugar el próximo 25 de marzo en Roma, en la Sala de los Tratados Lateranenses, en el Palacio Apostólico Lateranense, de 16.00 a 17.30 horas (UTC +1).
Estará presente la Señora Élisabeth Nguyễn Thị Thu Hồng, hermana del Cardenal Văn Thuận.
A través del testimonio de quienes lo conocieron, y con música y textos extraídos de sus escritos, la conferencia quiere hacer hincapié en la actualidad de la figura del Cardenal Văn Thuận: un pastor fiel que supo transformar la experiencia de la prisión en un espacio de oración, perdón y entrega, mostrando que la luz del Evangelio puede vencer toda oscuridad. De sus palabras nos llega un mensaje de esperanza, que es un patrimonio espiritual universal.
Abrirá los trabajos Su Eminencia el Cardenal Baldassare Reina, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma. Intervendrán Su Eminencia el Cardenal Michael Czerny, S.J., Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; el Dr. Waldery Hilgeman, Postulador de la Causa de Beatificación del Cardenal Văn Thuận; Su Eminencia el Cardenal Lazzaro You Heung-sik, Prefecto del Dicasterio para el Clero; Su Eminencia el Cardenal Luis Antonio Tagle, Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización.
Tendrá su espacio en la ejecución del piano el Sacerdote Carlo Seno, presbítero de la Diócesis de Milán, responsable del Centro de Espiritualidad “Vinea mea”.
Moderará el encuentro el periodista Alessandro De Carolis, de Radio Vaticana – Vatican News.
En el contexto de la Conferencia se presentará la edición en italiano de la nueva biografía del Cardenal Văn Thuận, escrita por la hermana Élisabeth, publicada por la Editorial Città Nuova, con prólogo del Cardenal Michael Czerny.
El evento está abierto a la prensa, previa solicitud de acreditación ante la sala de Prensa de la Santa Sede, y se podrá seguir por streaming en italiano, con traducción simultánea en inglés, francés, español, portugués, alemán y vietnamita.
A cargo de la Causa de Beatificación del Cardenal Văn Thuận
La vida, las obras y la espiritualidad del Cardenal Văn Thuận también se ilustran en el portal a él dedicado y presentado en varios idiomas, accesible a través de la página: https://www.cardinalvanthuan.va/it.html