«Esta iniciativa me llena el corazón de emoción». Después de haber vivido 24 años en Jerusalén, Margaret Karram regresa a la Ciudad Santa para participar en la inauguración del foro «Within Your Gates», promovido por el patriarca Pizzaballa y la Universidad de Notre Dame. El foro pretende ser un espacio abierto a académicos, intelectuales, líderes de movimientos y personas de distintas religiones, convocados a reunirse y trabajar juntos. El objetivo es ambicioso, pero también necesario: recuperar la misión universal de Jerusalén como ciudad de reconciliación y paz para toda la humanidad.
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Para ver la grabación completa de la inauguración del foro «Within Your Gates», promovido por el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, y organizado en colaboración con el centro académico de la Universidad de Notre Dame en Jerusalén, haz clic aquí.
El 25 de mayo de 2026, Margaret Karram y Roberto Almada, presidenta y copresidente del Movimiento de los Focolares, se reunieron con la comunidad de Trento (Italia), y subrayaron la importancia de vivir la unidad de una manera nueva y juntos, haciendo una verdadera conversión. Una oportunidad para permanecer anclados en el presente y mirar hacia al futuro.
«Jóvenes de todo el mundo, únanse»: esta es la invitación que Chiara Lubich dirigió hace 60 años a las nuevas generaciones para que cada uno pudiera responder a la llamada de Dios a vivir por la unidad de manera concreta. Hoy en día, esta misión sigue siendo de actualidad y, en una época sumamente lacerada, continúa siendo un camino —a menudo contracorriente— que no quiere dejar que el odio y las divisiones tengan la última palabra; un camino de familia hecho de esperanza y acciones que lleva en sí mismo el deseo, siempre vivo, de un mundo unido.
Un auténtico impulso pastoral, fruto de una profunda lectura del tiempo que estamos viviendo: así fueron, para nosotros, las palabras de León XIV en el encuentro del pasado 21 de marzo, un momento de gracia especial y profunda alegría que dejó una huella imborrable en los corazones de los 300 participantes en la audiencia en el Vaticano. Apenas habíamos concluido la Asamblea general, que se convoca cada cinco años para elegir a la presidenta, al copresidente y el gobierno del Movimiento Obra de María-Movimiento de los Focolares, y acogimos todo lo que el Papa nos decía como una sabia orientación para el futuro y para el servicio que estamos llamados a prestar hoy a la Iglesia y al mundo.
El Pontífice reconoció, en primer lugar, el don que el carisma de Chiara Lubich representa para la Iglesia: un don que ha plasmado la vida de muchas personas, familias, consagrados y consagradas, sacerdotes…, y que sigue generando frutos de comunión, de diálogo y de paz en los contextos más diversos. Al mismo tiempo, situó este don dentro del dinamismo vivo de la historia, recordándonos que todo carisma se confía a la responsabilidad de quienes lo reciben y están llamados a encarnarlo de forma siempre nueva.
León XIV nos reafirmó en la esencia de nuestro carisma: la unidad. Una unidad que no surge de equilibrios organizativos ni estrategias humanas, sino que es «fruto y reflejo de la unidad de Cristo con el Padre». Por esta razón —nos recordó— no debe confundirse con la uniformidad de pensamiento, sensibilidad o estilo de vida. Al contrario, la unidad auténticamente evangélica valora las diferencias, respeta la libertad y la conciencia de cada persona, y se construye mediante la escucha mutua y en la búsqueda compartida de la voluntad de Dios.
En una época marcada por profundas polarizaciones, tensiones sociales y conflictos armados, el Papa señaló la unidad como una verdadera fuerza profética. Una semilla sencilla pero poderosa, capaz de contrarrestar «el veneno de la división» ─que contamina los corazones y las relaciones─ a través del testimonio evangélico del diálogo, el perdón y la paz. Este es un llamado que sentimos profundamente nuestro y que interroga a cada miembro de nuestro movimiento para que sea fermento de reconciliación en los contextos cotidianos.
Con particular claridad, el Santo Padre indicó después una responsabilidad específica de esta fase posterior a la fundación, o sea, tras el fallecimiento de nuestra fundadora, Chiara Lubich. No se trata de un periodo ya concluido, sino de un tiempo que continúa y que requiere un discernimiento constante, maduro y, sobre todo, compartido. Nos exhortó a distinguir lo esencial de nuestro carisma de aquello que, si bien ha formado parte de nuestra historia, ya no lo es, o ha mostrado a lo largo del tiempo limitaciones, ambigüedades y situaciones críticas. Este discernimiento ‒enfatizó‒ no puede confiarse a unos pocos, sino que involucra a todo el cuerpo del movimiento. En efecto, el carisma es un don del Espíritu Santo, y todos tienen el derecho y el deber de sentirse corresponsables de la Obra a la que se han unido con dedicación.
Me gustaría citar también las palabras que el nuevo copresidente, don Roberto Almada, pronunció al comentar esta parte del discurso del Santo Padre, captando su gran alcance. Reconoció que el Papa nos habló «como un padre». Añadió que nos animó en el camino que hemos emprendido en estos años, escuchando a quienes han sufrido y revisando nuestras prácticas, pero al mismo tiempo nos llamó a una conversión más profunda.
La conversión a la que el Papa nos llama comienza con un cambio personal de mentalidad y, por consiguiente, no se trata simplemente de reformar estructuras o instituciones. En el centro de todo está la forma de vivir las relaciones, el respeto a la dignidad de la persona y el correcto ejercicio de los roles de responsabilidad, vividos como servicio. En este sentido, el Papa nos recordó que solo un estilo evangélico puede hacer «brillar la belleza» del Evangelio en las relaciones y en las estructuras.
Me impactó especialmente la insistencia de León XIV en la caridad, como alimento indispensable de la unidad. Recordando la Primera Carta a los Corintios, nos recordó que la caridad es paciente, bondadosa, respetuosa, y que, sin ella, la unidad corre el riesgo de vaciarse. En estas palabras, redescubrí la esencia de la intuición de Chiara Lubich, quien veía la unidad no solo como un ideal espiritual, sino la «roca» sobre la que se asienta toda la vida del movimiento.
Ahora comienza para el Movimiento de los Focolares un nuevo mandato; cinco años en los que sentimos que mirar hacia el futuro significa acoger y propiciar un verdadero viraje. Un cambio que exige la conversión personal y comunitaria, una renovada escucha del grito de la humanidad de hoy y el compromiso de dar testimonio de la unidad, no tanto con palabras cuanto con nuestras vidas. Nuestra Asamblea general, compuesta por personas que representaban todas las vocaciones, numerosas culturas, lenguas y pueblos, nos permitió experimentar la riqueza de una corresponsabilidad generalizada y un nuevo entusiasmo: señales de que el Espíritu sigue acompañándonos también en esta delicada transición.
Con profunda gratitud, acogemos el estímulo del Santo Padre y su invitación a proseguir por este camino. Lo hacemos con humildad y confianza, seguros de que, si vivimos la unidad como un don gratuito y una tarea diaria, podrá contribuir a la misión de la Iglesia y ser cada vez más un fermento de paz para el mundo.
Margaret Karram Presidenta del Movimiento de los Focolares
Tras la confirmación de su elección, Margaret Karram y Roberto Almada vuelven a lanzar un compromiso común: reavivar las relaciones, superar la indiferencia y caminar juntos por la paz.
Los saludo en nombre del Movimiento de los Focolares en el mundo, que se une a la oración de esta Peregrinación digital. Junto con todos ustedes, queremos elevar nuestra voz a Dios para pedir el fin de la trata de personas y afirmar la dignidad de cada ser humano:
Señor, Dios nuestro,
Tú amas a tus criaturas. Has dado los bienes de la tierra para que todos puedan vivir en paz como hijos tuyos.
Hoy se eleva a ti el grito de quienes son violados, explotados de manera degradante, de quienes son víctima de la trata de personas.
Ayúdanos, Señor, a estar junto a estas hermanas y hermanos, multiplica las fuerzas del bien para alimentar su esperanza en la posibilidad de una nueva vida.
Sensibiliza los corazones de los indiferentes. Haz que, desde cada ciudadano, hasta quienes tienen en sus manos el destino de los pueblos, crezca la conciencia de luchar contra esta grave llaga social.
Señor, te pedimos que sepamos difundir por todas partes el llamamiento global que hoy se propone, para que se haga tu voluntad en la tierra como en el Cielo.
Unidos, sigamos rezando y trabajando por la justicia. Gracias a cada uno y a cada una por formar parte de esta cadena de esperanza y amor que atraviesa el mundo.
Margaret Karram
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