Movimiento de los Focolares

De ateo a presidente del consejo parroquial

Ago 14, 2026

Una amistad que surge por casualidad y que se basa en pequeños detalles y gestos desinteresados puede dejar una huella duradera en la vida de una persona y convertirse en el comienzo de un cambio inesperado.

Hace algunos años, lejos de mi familia, tuve que compartir vivienda por un tiempo con un colega de trabajo. Alberto, mi colega, era ateo. Hablábamos de deportes, cultura, religiones, etc. Yo le compartí un par de veces lo que había sido para mí la conversión, el encuentro con Dios, en Jesús. Me agradecía cortésmente, aunque, por supuesto, permanecía en sus convicciones.

Por otro lado, yo sabía que poner en práctica la palabra de Dios significaba amar concretamente a esta persona. Comencé, entonces, a interesarme de su vida, de su familia, de lo que le gustaba, de lo que le molestaba o lo que lo hacía sufrir.

Viendo que Alberto estaba muy ocupado, me ofrecí a cocinar más de lo que me correspondía y también hasta lavarle la ropa. A él le gustaba salir a correr y, aunque no era mi deporte favorito, empecé a salir a correr con él para conectar más con sus intereses.

Un día me propuso salir «a mujeres». Cortésmente le dije que no y le expliqué que para mí el sexo era algo muy profundo. Me miró medio incrédulo y, me dijo: «tengo que pensar en lo que me dices».

Nuestros caminos se separaron. Volví a encontrarlo años después en un aeropuerto. Nos abrazamos y me dijo: “¿sabes de dónde vengo? De una junta. Soy el presidente del consejo parroquial”. ¡Sorpresa! Yo no podía creerlo.

Alberto agregó: «Miguel, ¿recuerdas hace tantos años, cuando tú cocinabas en días en los que yo tendría que haberlo hecho, o cuando me lavabas la ropa y salías a correr conmigo? Yo te observaba, y veía que tú tenías algo dentro de ti, una luz, una fuerza para tu vida que a mí me faltaba. Pues bien, fue eso lo que me tocó y empezó, poco a poco, a sacudir mi corazón y mi mente. ¿Cuál fue el resultado? Una profunda conversación interior con Dios. Empecé a leer el Evangelio y a cambiar mi estilo de vida. Llegó el bautismo y, heme aquí: de ateo a presidente del consejo parroquial. ¡Gracias por aquellos meses que vivimos juntos!”

M. N. – México
(de focolaresciudadnueva.com)

Foto: © Kampus by Pexels

1 Comentario

  1. Luis Zavala

    Gracias por la experiencia. Somos instrumentos en las manos de Dios, una gran responsabilidad que exige poco: ser fieles en el momento presente.

    Responder

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