Movimiento de los Focolares

Eduardo Guedes y su viaje definitivo

Ene 28, 2011

Tantos lo conocieron. En Portugal, su país natal, y en Rusia, donde vivía desde hacía años, fue mensajero de unidad. Era también uno de nuestros traductores para el portugués y nos ayudó hasta el final, hasta que se lo permitió la enfermedad. Lo saludamos con un remembranza de Michele Zanzucchi.

«Nuestro corresponsal de Moscú nos dejó con 56 años, después de una rapidísima y despiadada enfermedad. Un ejemplo de seriedad profesional y humana».

Habíamos viajado juntos para reeditar el libro. En la vasta frontera. Historias de cristianos en el Cáucaso. De hecho era el corresponsal Ciudad Nueva, y de otras publicaciones portuguesas – Eduardo Guedes era de Lisboa, donde nació en julio de 1954- y gracias a su conocimiento del ruso y de los lugares era indispensable para completar la redacción de ese libro.

Recuerdo un viaje en taxi entre Vladikavkaz y Nazrán, capitales respectivamente de Osetia del Norte y de Ingusia. Era a finales de julio de 2007. La tensión era palpable, los acontecimientos del Cáucaso eran extremamente virulentos. El taxista le tenía miedo a ese viaje de pocas decenas de kilómetros, porque no se sabía cómo iban a reaccionar los soldados rusos en la frontera. Además se decía que en la región frecuentemente había secuestros con el fin de extorsionar a los extranjeros. Eduardo pasó todo el tiempo tranquilizando a ese hombre con una calma olímpica que siempre lo caracterizó.

En Nalcik, en cambio, en la capital de Cabardino-Balcaria, nos quedamos una semana para tratar de entrevistar a exponentes del mundo político y cultural de la República de Ciscaucasia. En dicha ocasión pude apreciar su forma de entrevistar, hecha sobre todo de silencios más que de palabras, en la seguridad de que en la entrevista lo que cuenta es que el interlocutor se sienta cómodo, de forma que pueda expresarse lo más clara y libremente posible.

Eduardo con Maria Voce all'incontro dei delegati di zona, ottobre 2010

En Beslán visitamos juntos al alcalde en la Escuela No. 1, la misma donde en septiembre de 2004 fueron asesinados alrededor de 300 niños, en el más feroz atentado que se recuerde de los acontecimientos de Cecenia e Ingusia.  Recuerdo que en un dado momento me encontré en un oscuro pasillo tan sofocado que no lograba contener las lágrimas mientras hojeaba el cuaderno de un niño, todavía manchado de sangre. Me dijo: «La barbarie es incomprensible. Sólo el rostro ensangrentado de Cristo me puede aplacar».

De él recordamos decenas de artículos sobre la compleja situación rusa, caracterizados por una valiente veracidad y al mismo tiempo por la delicadeza de explicar un mundo que para nosotros italianos está todavía sepultado bajo toneladas de prejuicios.

Gracias Eduardo, de todo corazón, por lo que nos diste. Sigue viajando y mandándonos reportajes de la tierra donde ya nadie muere. Recordamos con conmoción la frase del Evangelio de Juan que Chiara Lubich te había sugerido como programa de vida: «Si fueras del mundo, el mundo amaría lo que es suyo». Tú amaste el mundo, y el mundo te ha amado. ¡Hasta la vista!».

de Michele Zanzucchi

fuente: Città Nuova Online

www.cittanuova.it/contenuto.php?TipoContenuto=web&idContenuto=31069

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Suscríbete a la Newsletter

Pensamiento del día

Artículos relacionados

Batallas de nieve contra la guerra

Batallas de nieve contra la guerra

Una historia de cercanía. Un profundo anhelo y una intensa nevada. En enero, algunos niños de Gaza, acogidos en Italia para recibir tratamiento médico, vivieron un día especial de solidaridad, integración y esperanza.

Bolivia: encuentro y amistad sin fronteras

Bolivia: encuentro y amistad sin fronteras

Dos familias de Vicenza, Italia, vivieron una experiencia intensa y profundamente significativa en Bolivia, entrando en contacto directo con los proyectos de apoyo infantil promovidos por Azione Famiglie Nuove (AFN). No fue solo una visita, sino una inmersión en la vida cotidiana de quienes, día a día, transforman la solidaridad en una oportunidad de redención.

Vivir el Evangelio: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” (Jn 20,21).

Vivir el Evangelio: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” (Jn 20,21).

Jesús resucitado les da paz y alegría a sus discípulos y les confía su propia misión. El Espíritu Santo los “recrea” como una nueva humanidad, y esta vocación hoy no solo nos concierne a cada uno de nosotros, sino que se realiza plenamente cuando somos una “comunidad” y nos apoyamos mutuamente. Así es como el Evangelio se convierte en vida y la misión en un nuevo Pentecostés