Movimiento de los Focolares

Evangelio vivido: fragmentos de fraternidad

Feb 29, 2016

El compromiso de los Jóvenes por un Mundo Unido, para dar el propio aporte a la paz y a la realización de un mundo más fraterno. Dos instantáneas extraídas de la recopilación de experiencias que se están haciendo en todo el mundo.

20160229-01Reinhard, austriaco de 55 años, nos cuenta su experiencia: «Hace algunos años – durante mi turno de trabajo en el correo –, un joven con trastornos síquicos me acuchilló. Las heridas fueron 27. El joven se detuvo sólo cuando, mirándolo a los ojos, ya con la seguridad que me iba a morir, le dije: “Yo te perdono”. Sólo entonces el joven dejó caer el cuchillo que tenía en la mano. Los psicólogos sostienen que no sufrí ningún trauma. Tuvieron que operarme, perdí un pulmón y ahora camino con la ayuda de unas muletas, pero estoy milagrosamente vivo. Hoy en día muchos me invitan a contar lo que pasó y por qué lo perdoné: docentes, sacerdotes, jóvenes, cristianos, musulmanes y ateos. Hasta ahora encontré a unas dos mil personas. Y siempre hablo del arte de Amar, porque desde hace años todas las mañanas, incluido ese fatídico día, tiro el dado del amor. Muchos jóvenes, al finalizar los encuentros, me piden conocer mejor esta forma de vida. Cada vez que me invitan, es una ocasión maravillosa para difundir el ideal de la fraternidad, la Regla de oro, en la región del Vorarlberg en donde vivo. Hace un tiempo, un joven ateo me dijo: “Sabes, a mí no me interesa la religión. Pero ¡tu manera de vivir me interesa muchísimo!”». (Feldkirch, Austria) «Una noche, hablamos por teléfono con Lina, una amiga nuestra que vive en Damasco (Siria). Nos contaba de lo difícil que es vivir en un contexto de guerra: los riesgos por los numerosos disparos de mortero; las dificultades debidas a la falta de alimentos, de agua y de ropa; los frecuentes cortes de energía y de calefacción… En fin, ella no nos pedía nada. Pero escuchando sus palabras, sentíamos en el corazón que ese grito de dolor no podía pasar desapercibido… aunque estábamos lejos, ¡teníamos que hacer algo! En seguida compartimos esta idea con otros amigos… Desde el primer momento nos sorprendió la gran cantidad de ayudas que llegaron… ¡cada uno contribuía como podía! Familias, parejas jóvenes, adolescentes, niños, comunidades, parroquias, otras asociaciones… Sin que nos diéramos cuenta, se había activado una competencia de amor. Por ejemplo, una señora vendió algunos objetos de oro y puso a disposición el dinero; un chico celebró su cumpleaños y en lugar de los regalos pidió una contribución para sus hermanos sirios; una familia compartió los ahorros de una vida porque “lo guardábamos para una ocasión especial. Y ¡ayudar a alguien es precisamente esto!”… En fin, en poco tiempo, recolectamos € 20.000. Con este monto, pudimos ayudar a muchas familias sirias que estaban en dificultad, entregándoles comida, ropa, bienes de primera necesidad… pero, sobre todo, les llevamos un abrazo grande como el mundo, haciendo nuestra parte para que no se sintieran abandonados, sino que hacían parte de una gran familia». (Rossana y Emanuele, Italia) Fuente: United World Project

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