Movimiento de los Focolares

Evangelio vivido: “Si alguien me abre la puerta, yo vendré a él”

Nov 21, 2018

Para acoger la venida de Jesús, es necesario superar los temores y las divisiones.

Una hija con discapacidad Un padre nunca espera tener un hijo con discapacidad. Cuando nos sucedió a nosotros, mi esposa, que ya de por sí era frágil psicológicamente, cayó en una depresión. Me encontré que tenía que sostener a la familia en una forma imprevisiblemente nueva. Los primeros meses estaba lleno de cuestionamientos, me estaba aislando de los amigos y parientes. Un día encontré en la escalera del condominio a una pareja que, a pesar de tener una niña con síndrome de Down, parecía muy serena. Ante mi pregunta de, ¿cómo hacían para estar así?, su respuesta me dejó sin palabras: “Nuestra hija es el don más grande que podíamos recibir. Ella nos ha reconducido a la realidad y toda la familia se ha beneficiado”. Mi esposa y yo empezamos a ir a menudo a visitarlos. Conocimos su fe, y día tras día, también nosotros, gracias a ellos, redescubrimos valores que antes habíamos descuidado. (A. y G.F. – Italia) Un don inesperado Algunos parientes que se habían alejado de nosotros, debido a una herencia, aceptaron nuestra invitación a venir a casa por algunos días. Pero cuando nos comunicaron la fecha de su llegada, no era el mejor momento: teníamos dificultades económicas y no tenía el tiempo para preparar bien la casa como hubiera deseado. Después pensé que la paz reconstruida era el regalo más grande y decidimos, con toda la familia, hacer lo mejor posible para que tuvieran una feliz estadía. Hubiéramos querido hacerles un regalo, pero a falta de otra cosa el más pequeño les preparó un dibujo y la más grande una poesía de bienvenida. El día anterior a su llegada, en la empresa donde trabaja mi esposo, los empleados recibieron un premio como regalo. Cuando lo abrimos encontramos dos relojes, uno de mujer y otro de hombre: el don inesperado para nuestros parientes. (R.H. – Alemania Otra oportunidad Una de mis cuñadas me había pedido el favor de hospedarla en nuestra casa por un período y de firmar la garantía por un préstamo bancario del que tenía necesidad. La casa en la que vivimos es pequeña, pero la acogimos con gusto. Con relación al préstamo, veía a mi marido un poco preocupado, considerando que hacía algunos años le habíamos prestado una suma que ella nunca nos la había restituido. Le dije que cualquier decisión que tomara la aceptaría, pero agregué que toda persona siempre se merece una segunda oportunidad para reivindicarse. ¿No hace así Dios con nosotros? Firmamos la garantía por el préstamo, que mi cuñada está pagando, aunque con algunos retrasos. Por mi parte siento que tengo que ayudarla, y a veces conversamos mucho y ella se abre conmigo como si yo fuera su hermana, superando las barreras que nos dividían. (M.D. – Paraguay) A total disposición Después de la muerte de nuestra primera niña, con sólo 14 meses, también los otros dos hijos que habían llegado empezaron a presentar los mismos síntomas. Mi esposa y yo estábamos sin aliento, y nuestra casa se convirtió en un pequeño hospital. Sin embargo tratando de amarnos entre nosotros, los hijos crecían llenos de paz. ¡Muchas veces mirándolos, me convertí! Cuando llegaba a casa, después del trabajo, trataba de dejar fuera todas las preocupaciones y los problemas para estar completamente a su disposición. Sólo así podía funcionar. De lo contrario la angustia y las preocupaciones ante el futuro nos hubieran derrumbado. Palpamos que Dios todo lo puede, y nos hizo saborear un poquito de paraíso también en este contexto tan complicado. (G.M.B. – Italia)

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