Movimiento de los Focolares

Viaje a Cuba

Nov 15, 2013

Una familia italiana de los Focolares cuenta sobre su viaje a la isla caribeña. Casi 3.000 km recorridos, con distintos medios, para encontrar grupos de familias con las que comparten la espiritualidad de la unidad.

 «El pueblo cubano es maravilloso, más allá del estado de abandono que se encuentra dando vueltas por las calles de La Habana y otras ciudades».

Agostino y Marisa cuentan algo de su viaje a Cuba. Ellos son una familia de los Focolares, de Vicenza, que después de haber vivido por 11 años en República Dominicana, ahora residen en Roma.

«Podríamos decir que vivimos esos días en Cuba en una constante conmoción por la autenticidad de la vida que encontramos en las personas. Vida heroica osaríamos decir, por la situación en la que tienen que vivir. Una familia nos contaba que a duras penas habían ahorrado $20 para comprarle un par de zapatos a uno de los niños. Un sábado en la tarde salieron para comprarlos pero, por ese precio o encontraron nada que valiera la pena y decidieron renunciar por el momento. Regresando a casa se encontraron con una familia muy pobre, papá, mamá y un niño con los zapatos destruidos. Se miraron y, juntos, decidieron dar una parte del dinero para los zapatos de ese niño; no iban a ser de buena calidad pero seguramente mejores que los que tenía. Algunos días después vino a visitarlos la abuela con un sobre; había llegado dinero de los parientes y había pensado compartir una parte para sus necesidades. Era la cifra que faltaba para poder comprar los zapatos del niño.

«Recorrimos alrededor de 3.000 km con los medios de transporte más variados; en las ciudades nos movíamos a pie, en bicicleta, con volanta y caballo, con bici-taxi.

En Cienfuegos, Santiago de Cuba, Camagüey, Florida, Holguin, Banes nos encontramos con grupos de familias, pero también de novios, para profundizar en la espiritualidad de la unidad, con especial atención a su incidencia en la familia. Entre los presentas estaban también algunos que no tenían una referencia religiosa; pero eran precisamente ellos quienes subrayaban que esta es una espiritualidad para todos.

«Fuimos a almorzar y a cenar a la casa de  muchas familias amigas. ¡Qué bella experiencia entrar en sus casas y compartir con ellos la vida! Nos contaron muchos episodios de amor concreto. Como por ejemplo ésta: una familia fue a visitar a una pareja que hacía poco había tenido un niño: se dieron cuenta de que se les estaba terminando el azúcar que todos los meses reciben del Estado: comprar más habría sido muy costoso. Regresando a casa, tomaron el azúcar que les quedaba a ellos y se los llevaron. La pareja, sorprendida, exclamó: “Pero ustedes ahora ¿cómo hacen?”. Esa misma noche vino a verlos la abuela; traía el azúcar que no podía consumir por motivos de salud.

«Al tratar de compartir las alegrías de nuestros nuevos amigos, entendimos por qué la espiritualidad nació en tiempos de guerra. De hecho, Chiara Lubich no esperó “tiempos mejores” para empezar y amar con los hechos, sino que empezó en medio de las dificultades. Ha sido la confirmación de que es posible vivir el Evangelio en todas las situaciones».

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