Movimiento de los Focolares

Mamá, ¿somos pobres?

Jul 27, 2012

Episodios que se dan en cadena en el circuito del “den y se les dará”. Historias cotidianas de una familia italiana.

Problemas económicos, como en muchas familias. Sueldos atrasados, y finalmente, suspensión del trabajo. Con tres hijas pequeñas el futuro podría parecer amenazador. ¿Qué hacer? Medir las propias necesidades con respecto a las de los demás puede parecer una elección insensata, pero en este caso, es convencedora. Los hechos, contados por la mamá, lo demuestran.

“El bautismo de las chicas. Una fiesta simple y sin derroches, nada de confites y restaurante, abrimos la casa a los amigos y parientes. Siempre hemos recibido mucho y queremos compartirlo con aquellos menos afortunados, dando una parte del dinero recibido como regalo, para un proyecto en pro de los niños recién nacidos en Africa”. El último bautismo se produce simultáneamente a la suspensión del trabajo del marido…. Esos 250 € recogidos vendrían muy bien, pero decidimos igualmente enviarlos.

“A la distancia de algún mes nos enteramos que las personas que cuidan a los recién nacidos, habían pedido a Dios exactamente esa cifra, que llegó en el momento en el cual no tenían más dinero para la leche y que alcanzaría por 3 meses. A nosotros no nos había faltado nada, pero yo precisaba un tapado y un vestido, y recibí, un tapado, un vestido elegante, una chaqueta, 2 polleras y plata tres veces superior a la que habíamos mandado”

Siempre a la moda: ropa y accesorios. “Con varias familias hay un intercambio constante de ropa, sobre todo para las niñas, una especie de feria. Cuando llegan estos enormes paquetes tenemos un pequeño rito: abrimos juntos los paquetes y luego organizamos el desfile. Vestidos lindos, zapatos nuevísimos: mis hijas no han tenido nunca un guardarropa tan nutrido. Un día la más grande contó de estos “desfiles” a una compañera suya, que un poco fuera de tono le dijo: “¿Pero cómo haces para estar contenta si te pones ropa usada por otros” ¿Pero tu eres pobre?”.

Naturalmente, llegó a casa triste y un poco desilusionada. Hablamos bien del tema y nos pusimos de acuerdo que cuando le sirve algo en particular lo compramos, pero que es más hermoso dar y recibir que aquello que se tiene, no porque no tenemos la posibilidad de comprar sino porque es justo no despilfarrar, en beneficio de muchos niños pobres, como por ejemplo el niño que hemos adoptado a la distancia. La niña no solo se tranquilizó sino que fue a buscar su alcancía y me dio su platita para mandar a su hermanito del Pakistan. Luego me dijo: “Mamá, ¿pero nosotros somos pobres?”. Le expliqué que en realidad en ese período alguna dificultad teníamos, por la falta de trabajo del papá y de algunas mensualidades atrasadas. Fue la ocasión de explicarle que tal vez nos hace falta algo, pero tenemos una casa, el auto, buenas cosas para comer, pero sobre todo nos queremos y tenemos muchos amigos y somos felices. Y ella exclamó: “Pero entonces mamá, somos ricos!”

(F. & M. – Italia)

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