«Jóvenes de todo el mundo, únanse»: esta es la invitación que Chiara Lubich dirigió hace 60 años a las nuevas generaciones para que cada uno pudiera responder a la llamada de Dios a vivir por la unidad de manera concreta. Hoy en día, esta misión sigue siendo de actualidad y, en una época sumamente lacerada, continúa siendo un camino —a menudo contracorriente— que no quiere dejar que el odio y las divisiones tengan la última palabra; un camino de familia hecho de esperanza y acciones que lleva en sí mismo el deseo, siempre vivo, de un mundo unido.
He aprendido a reírme de mí mismo; a veces me vuelvo bastante ridículo en esos momentos en los que me siento frágil. Estoy atento al sentido del humor de las personas que están a punto de morir o se enfrentan a una tragedia. Esto lo aprendí del fundador de la Logoterapia, Víctor Frankl.
¿Qué me fastidia?
Que la gente no entienda cosas bastante obvias.
¿El lema de mi vida?
Es una frase de Pablo VI: «Bienaventurados estos tiempos tormentosos y paradójicos, que casi nos obligan a la santidad». En palabras más laicas se puede decir que: son tiempos que nos obligan a ser íntegros.
¿Mi punto fuerte?
Diría que está relacionado con este lema: soy capaz de mantener la serenidad en situaciones de crisis. Tengo un «optimismo trágico».
¿Mi punto débil?
Soy un poco perezoso y, además, corro el riesgo de juzgar prematuramente las situaciones y a las personas, pero trato de estar atento a esto y convertirme.
¿Qué es lo que más me importa en mi nuevo servicio?
Humanizar las relaciones institucionales. Ser realista. Y, también, no salir nunca y con nadie de la dinámica del diálogo. La unidad con Margaret.
¿Mi lugar favorito?
Los barrios sencillos y pobres de las ciudades latinoamericanas donde se puede charlar sencillamente con la gente, ¡quizás tomando un mate juntos!
¿De dónde saco fuerzas?
Soy una persona religiosa, de pueblo, latinoamericana. Cuando puedo, o cuando tengo algún nudo que desatar, hago peregrinaciones a los santuarios marianos y también tengo imágenes de mis «santos protectores». En definitiva, saco fuerzas de la oración y también de estar con mis amigos. Me gustaría tener siempre tiempo para ellos.
¡También dormir bien me ayuda! Por la mañana todo parece posible.
¿Qué me preocupa?
Que nuestro carisma no se comprenda en toda su grandeza y, por eso, me preocupa si lograremos purificarlo del pecado del «dominio» y de la falta de autenticidad que ha contaminado nuestras relaciones.
Roberto Almada, nacido en 1956 en Rosario (Argentina), es el nuevo copresidente del Movimiento de los Focolares. Estudió medicina y es especialista en psiquiatría. Además, es doctor en filosofía y cofundador de la Escuela de Logoterapia en Uruguay y Paraguay. Conoció el Movimiento de los Focolares en 1976. Desde hace muchos años vive en las comunidades de los Focolares, entre otros lugares, en Uruguay, Paraguay, Argentina y en el Centro Internacional de Rocca di Papa. Roberto Almada es autor del libro «El cansancio de los buenos».
Tras la confirmación de su elección, Margaret Karram y Roberto Almada vuelven a lanzar un compromiso común: reavivar las relaciones, superar la indiferencia y caminar juntos por la paz.