Guillermo Curti

 
Incendiar todo con el amor (17 de febrero de 1934 - 9 de mayo de 2018)

Nacido en 1934 en Reggio Emilia, Italia, era el segundo de tres hijos. Su papá, por sus ideas socialistas, fue perseguido por el régimen fascista, tan es así que tuvo que transferirse a Génova con toda la familia. Aún siendo un niño, Guillermo tiene su primer encuentro con el dolor: le explota en la mano un dispositivo que encontró mientras jugaba, causándole graves heridas en las manos, que luego de varias operaciones logró rehabilitar.

Conoció e Ideal de la unidad gracias a un amigo y su testimonio conquistó a su hermana Norma, que quiso también responder a la llamada de Dios. Con el tiempo, también Noemí, su hermana mayor y su madre adhieren al movimiento. Su papá, en el momento de su partida para el cielo, lo tiene a su lado a Guillermo, quien lo preparó al encuentro con Dios.

Intensas son sus etapas de focolar en América latina: desde el ‘67 en Brasil, luego en Uruguay y en Argentina, en Buenos Aires y Rosario hasta establecerse con Victorio Sabbione en la Mariápolis permanente de O’Higgins. En 1988 fue ordenado sacerdote.

Como responsable de focolar, por costumbre, quiere siempre verificar bajo la luz de la unidad las decisiones que hay que tomar incluso con los focolarinos más jóvenes e inexpertos.

En consonancia con la Palabra de Vida recibida de Chiara: “Vayan e incendien todo con el amor” (tomada de una frase de San Ignacio de Loyola a San Francisco Javier), son muchos los testimonios que subrayan su juventud espiritual con la cual atrae la confianza de adultos y jóvenes. Se destacan su transparencia, su humildad, la simpatía, el amor por las personas y por la vida. Su sensibilidad es característica para comprender las necesidades de los demás y el compromiso para activarse silenciosamente para satisfacerlas. Su saber escuchar hacía surgir las realidades más profundas que el otro estaba viviendo. Algo semejante sucedía también durante las confesiones.

Esta actitud, adquirida con los años, nos muestra su relación con María. Escribía en 1991: “cada vez que rezo el rosario, durante el cuarto misterio glorioso, le digo a María que en unidad contigo quiero hacer de mi eventual santidad un pequeño regalo para ella, mi madre (…). Renuevo mi sí, para que lleve a término la obra que comenzó cuando tú me has dado el Ideal, la vida nueva”.

Su amor a Jesús abandonado es muy fuerte. Ya en el ’59 cuenta que había prometido de abrazarlo en todos los dolores. “pero cuando pienso que en ese todos estaba también el martirio… todo mi ser rechazaba morir mártir…”. Y seguidamente prosigue: “comprendí que el regalo más grande era morir mártir para ser un poco semejante a Jesús abandonado, con el cual deseo ardientemente encontrarme en cada momento del día porque sólo él, he comprendido, construye la obra de María”. Fiel a Jesús lo encontramos también recientemente cuando revela, manteniendo su sonrisa: “me encuentro en un momento de oscuridad… pero ¿qué puedo hacer? Me viene a la memoria lo que Chiara nos sugería: ponerse a amar al hermano. Y hago actos de amor…”.

Últimamente: “sí, es verdad tengo un tumor maligno. Pero estoy haciendo un tratamiento que está dando buenos resultados: ¡yo apunto a los 100 años, pero al mismo tiempo me preparo! En 1980 le había escrito a Chiara: “la idea de que los años pasan y que tenemos que pensar en la otra vida (…), me hizo descubrir en una dimensión nueva el vivir el instante presente “por Él”, para llevar esta vida al más allá. Es un impulso más grande en el Ideal, vivir más concretamente en el amor”.

Dios Padre le concedió la gracia de pasar de la vida a la Vida en un solo instante.

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