Movimiento de los Focolares
Amazonia, tierra del cuidado y del futuro

Amazonia, tierra del cuidado y del futuro

Desde Santarém, tras siete horas de lancha (el medio de transporte más rápido), se llega a Juruti, en el Estado de Pará. Con orgullo, sus habitantes dicen que esta zona es el corazón de la baja Amazonia brasileña, en donde la única vía de contacto es el río Amazonas, el “río-mar”, como lo llaman los nativos del lugar. De hecho, es el primer río en el mundo por su caudal de agua y el segundo por su longitud. Este río es el que marca los tiempos, la vida social, el comercio y las relaciones entre los alrededor de 23 millones de habitantes de esa vastísima región, en donde vive el 55,9% de la población indígena brasileña. Además de ser uno de los ecosistemas más preciosos del planeta, los intereses políticos y económicos son la causa de conflictos y violencias que siguen multiplicándose día a día. Aquí, la exuberante belleza de la naturaleza es directamente proporcional a los problemas de la calidad de vida y de la supervivencia.

“Observar y escuchar es lo primero que podemos aprender en la Amazonia”, les explica Monseñor Bernardo Bahlmann O.F.M., Obispo de Óbidos, a Margaret Karram y a Jesús Morán, Presidente y Copresidente de los Focolares, quienes han llegado hasta aquí para conocer y vivir algunos días con las comunidades de los Focolares de la región. Los acompañan Marvia Vieira y Aurélio Martins de Oliveira Júnior, responsables nacionales del Movimiento, junto a Bernadette Ngabo y Ángel Bartol del Centro Internacional del Movimiento.

El Obispo habla de la cultura diferenciada de esta tierra, en donde características nativas conviven con aspectos del mundo occidental. La convivencia social presenta muchos retos, como la pobreza, la falta de respeto a los derechos humanos, la explotación de la mujer o la destrucción del patrimonio forestal. “Todo ello exige volver a pensar qué significa cuidar las riquezas de esta tierra, de sus tradiciones originarias, de la creación y de la unicidad de la persona, para encontrar, juntos, un camino nuevo hacia una cultura más integrada”.

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Es una tarea imposible si no se involucran los laicos, agrega Monseñor Ireneu Roman, Obispo de la Arquidiócesis de Santarém: “ellos son la verdadera fuerza de la Iglesia amazónica”. En sus comunidades parroquiales los catequistas son alrededor de mil y tienen en sus manos la formación cristiana, la liturgia de la Palabra y los proyectos sociales. Monseñor Roman le pide a la comunidad de los Focolares en la Amazonia que dé su aporte específico, que es “la unidad en las estructuras eclesiales y en la sociedad, porque lo que se necesita más en esta tierra es volver a aprender la comunión”.

La primera comunidad masculina del Focolar llegó de manera estable a Óbidos en 2020, a pedido de Monseñor Bahlmann y hace seis meses se abrió la comunidad femenina en Juruti. Hoy en Amazonia hay siete focolarinos, entre los cuales un médico, dos sacerdotes, una psicóloga y un economista.

“Estamos en Amazonia para sostener el gran trabajo misionera que la Iglesia lleva a cabo con los pueblos indígenas”, explican Marvia Vieira y Aurélio Martins de Oliveira Júnior. “En 2003, una de las líneas guía de la Conferencia Episcopal Brasileña era incrementar la presencia de la Iglesia en esta región amazónica, porque la vastedad del territorio y la falta de sacerdotes hacían que fuera difícil una adecuada asistencia espiritual y humana”.

Así nació el “Proyecto Amazonia” veinte años atrás, en el que miembros del Movimiento de los Focolares provenientes de todo Brasil van allí por un período, a sitios elegidos de común acuerdo con las Diócesis, con el fin de realizar acciones de evangelización, cursos de formación para familias, jóvenes, adolescentes y niños, consultas médicas y psicológicas, tratamientos odontológicos, entre otras actividades.

“Seguramente no lograremos solucionar todos los innumerables problemas de esta gente –dice Edson Gallego, focolarino sacerdote del focolar de Óbidos y párroco– pero podemos estar cerca de ellos, compartir sus alegrías y dolores. Tratamos de hacerlo desde que llegamos, en comunión con las diferentes realidades eclesiales de la ciudad”.

Las focolarinas explican que no siempre es fácil perder las propias categorías mentales: “A veces nos ilusionamos pensando que damos respuestas, pero sin embargo nosotras salimos enriquecidas de cada encuentro, por la fuerte presencia de Dios que se manifiesta en todos lados; en la naturaleza, pero sobre todo en las personas”.

En Juruti las focolarinas colaboran con las realidades de la Iglesia que desempeñan acciones de promoción humana y social. El “casulo” (capullo) Bom Pastor es una de los 24 jardines de infancia de la ciudad, con una específica línea pedagógica que forma a los niños en la consolidación de su propia cultura y tradiciones, en el sentido comunitario, en la conciencia de sí mismos y del otro. Una opción importante para una formación integral e integrada. Por otro lado, el Hospital “9 de Abril na Providência de Deus” se encuentra gestionado por la Fraternidad “São Francisco de Assis na Província de Deus”. Atiende a la población de la ciudad (alrededor de 51.000 habitantes), las localidades cercanas y las comunidades fluviales, con una particular atención al que no puede permitirse pagar los tratamientos médicos. Las Discípulas del Sagrado Corazón de Jesús, en cambio, son las animadoras del Centro de convivencia “Madre Clelia” en donde reciben a unos cien jóvenes por año, creando alternativas de formación profesional y contribuyendo al desarrollo personal, en particular de los jóvenes en situación de riesgo.

La comunidad del Focolar también actúa en sinergia con las parroquias y las organizaciones eclesiales. Encontrándose con ella, junto a otras comunidades que han llegado desde lejos, Margaret Karram agradece por la generosidad, la concreción evangélica y la acogida. Les dice: “Habéis reforzado en todos nosotros el sentimiento de ser una única familia mundial y por más que vivamos lejos los unos de los otros estamos unidos por el mismo don y misión: llevar la fraternidad allí donde vivimos y a todo el mundo”.

A través de una red de canales que se diversifican dentro de la selva amazónica, a una hora de embarcación de Óbidos, se llega al Mocambo Quilombo Pauxi, una comunidad indígena de unos mil afro-descendientes. Pertenece a la parroquia de Edson, que trata de ir por lo menos una vez al mes para celebrar la Misa y, junto con los focolarinos, compartir, escuchar y jugar con los niños. La comunidad está compuesta por unas mil personas que, por más que vivan sumergidas en una naturaleza paradisíaca, viven en condiciones especialmente desventajosas. Aislamiento, lucha por la supervivencia, violencia, falta de igualdad de derechos, de acceso a la instrucción y a los tratamientos médicos básicos, son los retos cotidianos que estas comunidades fluviales afrontan. Allí también, desde hace dos años, la diócesis de Óbidos ha puesto en marcha el proyecto “Força para as mulheres e crianças da Amazônia”. Está dirigido a las mujeres y a la infancia y promueve una formación integral de la persona en ámbito espiritual, sanitario, educacional, psicológico y de sostén económico. Una joven madre cuenta con orgullo sus progresos en la economía doméstica: “He aprendido mucho y me he dado cuenta de que tengo capacidades e ideas”.

Sin duda es sólo una gota en el gran mar de las necesidades de estos pueblos, “y es cierto –reflexiona Jesús Morán– que, solos, nosotros no solucionaremos nunca los grandes problemas sociales. Nuestra misión, aquí también en la Amazonia, es cambiar los corazones y construir la unidad en la Iglesia y en la sociedad. Tiene sentido lo que hacemos si las personas orientan su vida al bien. Ése es el cambio”.

Acoger, compartir, aprender: ésta es la “dinámica evangélica” que surge, escuchando a los focolarinos en la Amazonia, en donde cada uno y cada una se siente llamado personalmente por Dios a ser un instrumento suyo para “escuchar el grito de la Amazonia” (47-52) –como escribe el Papa Francisco en la extraordinaria exhortación post-sinodal Querida Amazonia– y para hacer crecer una “cultura del encuentro hacia una ‘multiforme armonía’”. (61).

Stefania Tanesini

Hacer que el Resucitado viva en nosotros cada momento

(…)  Se acerca la Pascua, la fiesta más grande del año, y con ella la Semana Santa, rebosante de los misterios más preciosos de la vida de Jesús.

Esos misterios nos los recuerdan, sobre todo, el Jueves, el Viernes, el Sábado Santo y el Domingo de Resurrección, y representan para nosotros otros tantos aspectos centrales de nuestra espiritualidad, como la entrega del mandamiento nuevo, la institución del sacerdocio y de la eucaristía, la oración por la unidad, la muerte de Jesús Abandonado en la cruz, la Desolada, el Resucitado.

Nosotros los celebramos con la Iglesia a través de la santa liturgia, pero ya que el nuestro es un “camino de la vida” nos disponemos a honrarlos también con nuestra vida. (…)

¿Qué vivir, entonces, mientras se aproxima la Semana Santa y durante esos días benditos?

Yo creo que, si vivimos la Pascua, es decir, si dejamos que el Resucitado viva en nosotros, tenemos la mejor manera de vivirlos todos.

Para que el Resucitado resplandezca en nosotros, debemos amar a Jesús Abandonado y estar siempre –como decimos nosotros– «más allá de su llaga» donde la caridad es reina. Es esta la que después nos impulsa a ser el mandamiento nuevo en acción; la que nos impulsa a acercarnos a la eucaristía, la cual alimenta esta caridad divina en nuestro corazón y realmente nos transforma en lo que recibimos como alimento, que es precisamente Jesús resucitado. Es la caridad la que nos lleva a vivir la unidad con Dios y con los hermanos. Es por la caridad que, en cierto modo, podemos ser ‘otra María’.

Sí. No se pueden vivir mejor los distintos aspectos de la vida de Jesús, que se recuerdan durante la Semana Santa, que proponiéndonos hacer que el Resucitado viva en nosotros cada momento. (…)

Chiara Lubich

(Chiara Lubich, Para ser un pueblo de Pascua, 24 de marzo de 1994 en Un pueblo de santos, Ciudad Nueva, Madrid, 2001, pp. 14-16)

Renacer cada día

Hoy, 1 de enero, celebramos la Jornada Mundial de la Paz y, con este motivo, ofrecemos un pensamiento de Igino Giordani (1894-1980) que recuerda cómo vivir en paz haría de cada día una Navidad.  
 La Navidad, es considerada por la mayoría de las personas como una gran fiesta entre otras, más suntuosa que sagrada. Es algo bueno considerar algunos aspectos temáticos de este evento, que dividió la historia del mundo en dos partes, una anterior, y otra posterior. (…) Existe un contraste abismal entre el nacimiento de un poderoso de la tierra, como lo soñaba y esperaba el mundo antiguo, y el nacimiento en la sombra, desconocido de Jesús; un contraste que ya caracteriza la originalidad infinita de un Cristo-rey que nace de una pobre mujer, en un pesebre. (…)
 El comienzo de su revolución no considera la soberbia, sino la humildad para traer al cielo a los hijos de Dios, para comenzar por aquéllos que comían y dormían en el suelo: los esclavos, los que no tenían trabajo, los extranjeros. Con ese niño nace la libertad y el amor. Su libertad es libertad de amor. Este es el descubrimiento inmenso. El amor universal enseñado por El trata de que desaparezca un sistema de convivencia hecho en gran parte por el poder  político, por el abuso de autoridad, por la usura ociosa, por el desprecio del trabajo, por la degradación de la mujer, por la envidia corrosiva. (…)
La vida, en la paz, permitirá hacer de cada día una Navidad.
Y ésta es la revolución de Cristo: hacernos renacer continuamente, yendo en contra de la maldición de la muerte. Por lo tanto el mayor mandamiento es el de amar al hombre; que es como amar a Dios. Amar al otro hasta dar la vida por él.

(Igino Giordani, Il Natale come rivoluzione, Città Nuova, Rome 1974, n.24, p.18)

Bruselas: en el espíritu de la solidaridad

Un compromiso que implica a fuerzas políticas, instituciones, movimientos eclesiales, organizaciones de la sociedad civil y, en primera línea, a los jóvenes. Este es el clima que se respiró durante la Conferencia “Cuerpo Europeo de Solidaridad y Servicio Civil en Europa” el 24 de octubre de 2023 en Bruselas (Bélgica). Jesús Morán, copresidente del Movimiento de los Focolares presente en el encuentro, nos comparte sus impresiones. El martes 24 de octubre, Bruselas (Bélgica) amaneció inesperadamente soleada, al contrario de lo que esperábamos la tarde del día 23, cuando llegamos a la capital belga y nos recibió una intensa lluvia. Para los habitantes de Bruselas, ciudadanos de innumerables países europeos, ver tanto sol era una novedad en pleno otoño; para nosotros era un buen presagio de lo que viviríamos esa mañana en el imponente edificio del Parlamento Europeo. A las 9:15 horas, en un aula de seminarios con capacidad para 30 personas, inició el encuentro promovido por tres asociaciones con inspiración muy diferente: el Movimiento Europeo, la Asociación ‘Caterinati’ y el Movimiento de los Focolares, en el marco del Cuerpo Europeo de Solidaridad (CES), una iniciativa de la Comisión Europea capaz de reunir a parlamentarios de todos los sectores políticos gracias a su bagaje de valores y constructivo. El acto fue también un homenaje y un recuerdo a David Sassoli, Presidente del Parlamento Europeo fallecido el 11 de enero de 2022. Para mí era la segunda vez que participaba en un acto de este tipo. La primera fue antes de la pandemia y se celebró en el Parlamento Europeo en Roma. La providencia quiso que precisamente este martes la Comisión de Cultura del Parlamento Europeo aprobara casi por unanimidad, mientras iniciábamos la sesión, el informe sobre las actividades del CES para el periodo 2021-27. El Movimiento de los Focolares estuvo representado no solo por mí, como copresidente, sino también por miembros del Movimiento Político por la Unidad, New Umanity (presente con tres jóvenes) y el “focolar europeo”, que tiene su sede precisamente en Bruselas y que interactúa con muchas personas de las instituciones europeas, acogiendo también a inmigrantes y promoviendo actividades de diálogo y compartición de ideales. No me detengo en los detalles del evento que pueden leerse en los diversos comunicados de prensa aparecidos en los últimos días. Quisiera, en cambio, subrayar la enorme importancia de estos acontecimientos aparentemente menores y minoritarios, que sin embargo pueden marcar la línea de un cambio de rumbo en las relaciones internacionales, en las dinámicas de la conformación social de las naciones y de los pueblos; que ofrece a Europa un rostro diferente, más acorde con la idea de los fundadores de la Unión de lo que estamos acostumbrados a ver, especialmente en estos tiempos, y más coherente con su verdadera identidad fundada en valores de indiscutibles raíces greco-latinas y cristianas, como la solidaridad, la apertura, la tolerancia, la comunión, la democracia, la trascendencia, la libertad, la fraternidad y la paz. También es muy significativo que iniciativas como el CES tengan a los jóvenes como protagonistas. De ellos depende, en efecto, liderar el cambio de paradigma que todos esperamos. Los más de 300.000 jóvenes que han participado en el programa de solidaridad de la Comisión a lo largo de los años demuestran que esos son los objetivos por los que están dispuestos a gastar todas sus energías intelectuales y morales. Los jóvenes no se echarán atrás si les ofrecemos objetivos elevados y les facilitamos su camino. En este momento dramático del mundo, la esperanza viene de ellos y de su deseo de cambio. Los jóvenes con la solidaridad en las venas pueden detener la deriva de incomprensión, polarización, odio y violencia que aflige al mundo. Con iniciativas como esta, estos jóvenes crean cultura –y alta cultura–, porque no solo trabajan por las causas más nobles, sino que también construyen nuevas relaciones, comparten experiencias y tradiciones, y se enriquecen de su diversidad. Al final del encuentro se percibió una alegría especial en todos los participantes, que no se daba por descontada, sobre todo entre los parlamentarios, acostumbrados a enfrentamientos interminables y a luchas de poder a veces despiadadas. El sol de Bruselas nos dijo, mientras nos dirigíamos al aeropuerto, que la niebla abandonará nuestros corazones si somos un poco más generosos y damos importancia a lo que realmente vale. Solo esto hace que todo sea más hermoso, también esta espléndida ciudad.

Jesús Morán

Luna de miel en la JMJ

Luna de miel en la JMJ

Benoît y Chloé Mondou, una joven pareja francesa, han elegido iniciar su camino matrimonial participando juntos en la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa (Portugal).

“Al principio queríamos hacer el viaje de luna de miel por Europa, pero cuando se presentó la oportunidad de ir a la JMJ, ¡no lo dudamos ni un segundo!”. Benoît y Chloé Mondou, se casaron en Alta Saboya (Francia), una semana antes de la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa (Portugal). Veinticuatro años él y veintidós ella. Se conocieron hace siete años en un grupo scout en el que son muy activos, hoy son guías voluntarios. Benoît conoce la espiritualidad de los Focolares desde niño y, a través de él, Chloé también empezó a vivirla. Y fue precisamente con un grupo de jóvenes del Movimiento francófono de Francia, Bélgica y Suiza que partieron hacia Lisboa. “No dejamos de lado el viaje a Europa – explican – pero nos dijimos que era muy importante ir a la JMJ. Ahora podemos decir que marcó fuertemente una etapa en nuestro matrimonio”.

Benoît y Chloé también participan en un proyecto social en su ciudad en el que visitan a personas alojadas en residencias de ancianos. “Somos afortunados de haber sido educados en la misma religión – explica Chloé – pero también somos afortunados de estar felices de rezar juntos. Como resultado, la participación en la JMJ ha dado una dimensión aún mayor a la fe que ambos tenemos. Muchas veces estábamos separados, luego nos volvíamos a encontrar para la alabanza o la adoración, encontrando así momentos para orar juntos”. “Y fue muy fuerte – confiesa Benoît – porque en la vida cotidiana realmente no tenemos la oportunidad de orar juntos. En Lisboa, pasar tiempo juntos, incluso en grupo, fue genial. Personalmente creo que es una experiencia que debes tener al menos una vez en la vida. Y si es en pareja, mejor”.

Momentos fundamentales los vividos con el papa Francisco. “Para mí lo más importante que dijo el Papa – dice Cloé – es cuando recordó que todos somos amados como somos, porque cuando formas parte de un grupo, a veces tiendes a crear tu propia personalidad para aparecer, para ser aceptado. Pero en lugares como ese te das cuenta de que así es como vivimos unos con otros, así es como somos naturales, y así es como Dios nos ama más”.

“Yo de las palabras del Papa – continúa Benoît – siento que me asumo un desafío, que me llegó muy profundo: tratar de ser Jesús. Ha invitado al millón y medio de jóvenes que estábamos en Lisboa a regresar a nuestros países, difundir la buena noticia, ayudar a los demás y hacer progresar a los demás con la palabra de Cristo”.

“En la JMJ – reflexiona Chloé – descubrí una nueva forma de vivir mi fe. Comprendí que hay tantas maneras diferentes de vivir la fe y no importa si una persona va cantando en la calle y otra prefiere estar sola en el fondo de una iglesia. Dentro de una familia, cada uno necesita encontrar su lugar y su propia manera de orar”.

“Hemos partido de Portugal con mayor fe – concluye Benoît. Esta experiencia ha acrecentado el deseo, que ya teníamos, de educar a nuestros hijos en la fe y en el Evangelio. Después de la boda religiosa necesitábamos esta JMJ, peregrinación, recogimiento, oración. Nos ha hecho mucho bien”.

Anna Lisa Innocenti