8 Abr 2017 | Focolare Worldwide
Félicité: Habíamos colocado todas nuestras esperanzas en nuestro hijo mayor. Era de verdad el más brillante de nuestros hijos: inteligente, colaborador, capaz. En 2008 gané un concurso como epidemióloga y me tuve que mudar a Bobo-Dioulasso, en Burkina Faso. Mi marido en cambio se quedó en Benín: tenía que ocuparse de las dos empresas de la familia que debido a la fuerte recesión económica estaban en crisis. Pero la soledad y la gran preocupación perjudicaron su salud. Preocupados por los hechos, decidimos cerrar una de las dos empresas y confiar la gestión de la otra – una agencia de viajes- a nuestro hijo. Isaac: Para recuperarme fui a Burkina a encontrarme con Félicité, pero de vez en cuando volvía a Benín para asegurarme del buen manejo de los negocios. Aunque notaba que algunas reglas no estaban siendo respetadas, no me había dado cuenta del enorme agujero económico que en dos años llevó la empresa a la quiebra. Como los pagos no estaban siendo respetados, confiscaron todos los bienes de la sociedad y cerraron las cuentas bancarias. Estando en Benín descubrí que nuestro hijo había sido engañado. Teniendo todavía confianza en él, le di algunos cheques firmados en blanco. Pero imprevistamente desapareció: nadie tenía noticias suyas, no sabíamos si estaba vivo o muerto. La deuda era altísima y yo, siendo todavía el titular de la empresa, corría el riesgo de ir a la prisión. Con Félicité nos comprometimos en pagos en cuotas, convenciendo a los acreedores que era una víctima inocente de la mala administración de nuestro hijo. ¿Cómo podía imaginar que mi hijo mayor habría abusado de mi confianza y que, peor, habría desaparecido sin dejar huella? Él no era más mi hijo. No me quedaba otra cosa que hacer, que borrarlo completamente de la memoria. Félicité: Para mí la herida era más profunda. Temía que, por no enfrentar la ira de nosotros sus padres, se hubiese suicidado o hubiera sido raptado por los acreedores. Viví unos meses durísimos. Fue muy grande la sorpresa cuando, en ocasión de mi cumpleaños, recibí sus saludos a través de internet. Isaac, sin embargo, no quería perdonarlo y mucho menos buscarlo. Justo en ese período fuimos invitados a un encuentro en Costa de Marfil organizado por los Focolares. Allí, en un video, vimos que Chiara Lubich explicaba que, en las situaciones difíciles hay que ser como la gallina que cuando un pollito se cae en una zanja, baja con todos los pollitos a buscar a ése que se cayó. Muy impresionados por esta enseñanza, compartimos nuestra situación con las otras familias y todas nos animaron a ir a buscar a nuestro hijo.
La misericordia venció a la cólera. Después de una misa para confiarle al Señor el largo viaje, fuimos a Níger pues un amigo suyo nos había dado un número de teléfono de ese país. Era la única referencia que teníamos. Después de haber atravesado dos países, llegamos a la capital, lo llamamos y él llegó enseguida al estacionamiento donde estábamos. Estaba muy contento de vernos y sobre todo de experimentar nuestro amor a pesar de todo. Había adelgazado mucho, estaba lleno de problemas que bien o mal trataba de resolver. Nosotros le aseguramos que la solución la habríamos encontrado juntos. La acogida y la paz que había vuelto le permitieron retomar vuelo, que se concretó con algunas importantes etapas resolutivas: arrepentimiento, vuelta a Dios y a la oración, renacimiento profesional, noviazgo y matrimonio. Isaac: Finalizando esta experiencia, podemos decir que comprobamos que la Misericordia y la Paz son las armas que no hacen libres.
7 Abr 2017 | Sin categorizar
A veces, escuchando la historia de una persona, uno tiene la impresión de admirar el panorama de toda una época. Es el caso de Luigina Nicolodi. Originaria de Trento, ojos azules, nacida en 1925. Una mujer diminuta, fuerte y luminosa, como la abundante cabellera canosa que le enmarca el rostro. Recientemente Luigina, quien actualmente vive en Roma, entregó el relato de su vida en las páginas de un libro, publicado por Città Nuova, «Serás completamente nueva». Mi vida con Chiara Lubich. El Novecientos que Luigina recorre es un siglo de contradicciones, guerras, tensiones fratricidas, que atraviesan y sacuden a las grandes potencias mundiales y a Europa. «Después de una infancia serena, toda hecha de juegos» se asoma a la juventud precisamente mientras acechan las nubes premonitorias de una nueva guerra. El 5 de mayo de 1936 las tropas italianas conquistan Adís Abeba. Miles de italianos se trasladan a Etiopía atraídos por las posibilidades del nuevo mercado. Entre éstos se encuentra la familia de Luigina. En junio de 1940 el segundo conflicto mundial irrumpe en la casa de la familia Nicolodi: «En seguida mi padre, como todos los hombres válidos, fue llamado a prestar servicio militar y tuvo que cerrar el taller». Es enrolado y combate, hasta que lo toman preso y lo envían a un campo de concentración. El resto de la familia, habiendo perdido todos sus bienes, tiene que someterse a una odisea para repatriarse a su ciudad natal, donde viven en la incertidumbre, bajo el continuo silbido de las bombas. Luigina se encarga de los trámites del seguro social de los agricultores y puede constatar las condiciones de explotación en las que viven. En 1945, la vigilia de Navidad, «hecho un trapo», reaparece el padre, irreconocible, doblegado por cinco años de guerra y los campos de concentración.
Mientras tanto, entre los escombros de una ciudad humeante por los bombardeos, nacía la primera comunidad focolarina. En 1947, invitada por una conocida, acontece el encuentro con Chiara Lubich. «Siempre había considerado – cuenta ella misma – que Dios estaba lejos, allá arriba, en lo alto del cielo. Para mí, había una distancia enorme entre tierra y cielo, con algo gris y opaco, como si en el medio hubiera nubes o cortinas, que se sobreponían. Escuchando las palabras de esa joven, me pareció que una infinidad de capas se corrían misteriosamente de un lado y del otro, como el telón de un escenario que se abre». El pequeño apartamento en el número 2 de plaza de los Capuchinos, en Trento, se convierte en el corazón de un grupo cada vez más numeroso. Decenas, luego centenares de personas atraídas por una manera nueva de vivir según la lógica del Evangelio. Luigina es la número dieciséis entre las compañeras de aventura de Chiara que entran a vivir de forma estable, en 1948, en el “focolar”, dejando decididamente a sus espaldas perspectivas de vida más seguras y adecuadas a la época.
Un día, mientras de la ventana observan a unos obreros que estaban excavando los cimientos de una casa, Chiara se dirige a Luigina, comparando ese trabajo de excavación en las almas, para «menoscabar, hacer que Dios penetre y se arraigue en ellas». Éste es, en síntesis, el trabajo al que Luigina se dedica desde entonces: la construcción de otra casa, la de Dios en el alma de las personas. Desde las montañas de Tonadico, a Trento, luego Milán, Turín, Roma, Bolzano, Trieste, Luigina, con su proverbial sencillez y autenticidad, es testigo de la difusión de una espiritualidad nueva en el seno de la Iglesia. En Trieste, tierra fronteriza con Yugoslavia, realiza numerosos viajes más allá de la “cortina de hierro”. Un día, «para no correr el riesgo de ser descubiertos y denunciados por los “ángeles de la guarda” omnipresentes, es decir los policías, en vez de reunirnos en el lugar establecido, nos encontramos en una lejana capillita abandonada. Fue en ese ambiente escuálido que anuncié nuestro revolucionario descubrimiento del Evangelio». Después de los años juveniles y la época de los inicios sorprendentes, durante muchos años Luigina ofrece su contribución en el Centro Internacional de Rocca di Papa, a lado de P. Foresi, primer copresidente del Movimiento, luego en la cercana zona de los “Castillos romanos”. En 1995, el encuentro con una enfermedad grave («me di cuenta de que todo lo que el mundo valora era basura y en cambio era una ganancia estar más cerca de Jesús»), de la que se cura completamente. La aventura de Luigina, compañera “de la primera hora” de Chiara Lubich, sigue preciosa. Todas las citas son extraídas de «Sarai tutta nuova». La mia vita con Chiara Lubich, Città nuova, febrero de 2017.
6 Abr 2017 | Sin categorizar
254 muertos (entre los cuales 62 menores), más de 400 heridos y otros tantos desaparecidos: éste es el dramático balance de las fuertes inundaciones que causaron, en días pasados, una verdadera catástrofe en la ciudad de Mocoa, a 500 kilómetros al sur de Bogotá, en el sur de Colombia. El presidente colombiano, Juan Manuel Santos se dirigió al lugar del desastre, reducido a una montaña de barro, y declaró que aún no se conoce el número de los desaparecidos. El ejército nacional trabaja sin descanso en la búsqueda de los sobrevivientes y de personas que han quedado aisladas, para hacerles llegar las ayudas humanitarias. Se declaró el estado de emergencia en toda la zona afectada, también para agilizar las operaciones de recuperación de las víctimas. «Es difícil lograr describir no sólo la gravedad de lo sucedido, sino también lo que están viviendo las personas, incluidas las de nuestras comunidades en el lugar», nos escribe Alejandra del focolar de Bogotá. «17 barrios de la ciudad de Mocoa (36.000 habitantes) quedaron destruidos. El terminal de buses fue arrasado. Intentamos retomar los contactos con cada uno, pero la situación es muy difícil para todos. En la zona, ya asolada por la pobreza y la guerrilla, hay muchos sacerdotes del Movimiento. P. Luis Fernando ofició uno de los funerales colectivos, P. Oscar Geovanny está todavía en búsqueda de sus familiares. P. Jorge nos envió algunas fotos de sus parroquianos mientras ayudan y les brindan apoyo a quienes lo perdieron todo. P. Oscar Claros contó que 5 de los 17 barrios desaparecidos hacían parte de su parroquia: familias enteras, que recibían la Palabra de vida, han desaparecido. Él está trabajando personalmente en la distribución de las ayudas, animando a sus parroquianos».
«En todo el país, las comunidades de los Focolares se están activando para realizar una recaudación de fondos que harán llegar lo más pronto al lugar del desastre, a través de los sacerdotes del Movimiento. Los focolarinos de Bogotá activaron también un canal rápido de comunicación con las personas del lugar, y tratan de animarlos y darles esperanza en estos momentos difíciles. Esta mañana hablamos con P. Oscar Claros: la situación sigue siendo muy caótica, la zona todavía está sin agua y luz, con un peligro real de epidemias».
5 Abr 2017 | Sin categorizar
«Nuestro mundo, desgarrado por la violencia ciega —que también ha golpeado el corazón de vuestra querida tierra— tiene necesidad de paz, de amor y de misericordia». Lee el mensaje
5 Abr 2017 | Sin categorizar
Un viaje en el signo de la Paz. Así se anuncia la visita del Papa a Egipto – País africano recientemente golpeado por graves atentados- en programa para el 28 al 29 de abril 2017. Será presente el Patriarca Bartolomé invitado por el Gran Imam de Al-Azhar Ahmad al-Tayyib. Un testimonio de cristianos unidos. El programa del 28 prevé: visita de cortesía al Presidente de la República Abd al-Fattah al-Sisi, al Gran Imam de Al-Azhar y al papa copto Tawadros II; seguirá la intervención del Papa Francisco a la Conferencia internacional sobre la Paz. Sábado 29: almuerzo con los obispos católicos egipcios, encuentro de oración con el clero, religiosos y seminaristas y ceremonia de despedida.