22 Dic 2016 | Focolare Worldwide
Son los Gen 4, los niños de los Focolares, que explican a cada uno, con convicción que la Navidad no puede ser solamente una fiesta de colores, un conjunto de personajes creados por la persuasiva publicidad, una carrera frenética para comprar regalos: “hay que poner nuevamente a Jesús en el centro de la Navidad”, “es su fiesta”, explican ellos. Con paciencia y amor los Gen4, elaboran Niñitos Jesús en yeso que luego ofrecerán a los transeúntes. En Nueva York, una señora cuenta: «Mientras visitaba la ciudad con algunos amigos, en medio de la multitud, esa mesita atrajo mi atención… Esas palabras “Han desalojado a Jesús”, resonaron ¡tan bien en mi interior! Quisiera transmitir el mensaje de ustedes a otros. Fue la Navidad más linda, me llenó el corazón de calor». María Helena Benjamín y Pep Canoves, responsables de los Gen4 de todo el mundo, nos cuentan cómo estos pequeños, particularmente sensibles al amor evangélico, aprenden a concretar en sus acciones cotidianas verdaderos y adecuados gestos concretos de fraternidad; descubren que el amor, cuando es recíproco, trae la presencia de Jesús entre ellos. Aprenden a conocerlo y crean con Él una relación simple y directa. Logran involucrar a los compañeros de la escuela, a las familias, a los parientes, a sus maestros con su desarmadora simplicidad, entrando directamente en el corazón de cada uno.
Pep Canoves recuerda que Chiara Lubich, tenía muy adentro en su corazón a estos pequeños, y reservaba para ellos un lugar privilegiado, cuando se encontraba con ellos durante los diversos congresos internacionales, enviando mensajes y respondiendo sus preguntas. Y a ellos les dirigió la invitación de hacer que Jesús no fuese echado de la Navidad: «Hagan nacer a Jesús en medio de ustedes con su amor; ¡así siempre será Navidad! […]Podemos ofrecer a Jesús a los demás, Jesús en medio nuestro a todo el mundo; llevar este amor nuestro, esta alegría a las calles, a las escuelas, a los pequeños y a los grandes… ¡a cualquier lado!» Una linda iniciativa es la del Calendario del Adviento: los Gen4 llenan los días que anteceden a la Navidad con muchos actos de amor concretos, aparentemente sencillos, pero que a su pequeña edad son ya revolucionarios. Los Gen4 participan en muchas iniciativas, sobretodo a favor de los más pobres: «Durante el año – sigue comentando María Helena Benjamín- recibimos distintas noticias de todo el mundo sobre sus actividades en favor de los más necesitados. Tienen una innata capacidad de acoger a los otros niños que tal vez están marginados, como le pasa a Sonia de Rumania que tiene 5 años, que es amiga de una niña gitana que hace poco está en su clase» «Hemos recibido noticias de Madagascar y de Indonesia. También de Siria, donde se encuentran en plena guerra y viven días difíciles, nos han llegado noticias,– cuenta Pep. Desde Aleppo nos han mandado fotos inclusive: en esta situación de conflicto se vive con ellos creyendo aún en la construcción de la paz». Chiara Lubich, respondiendo a una pregunta de un Gen4, les dio una consigna: «¿Saben cuál es la verdadera felicidad? Prueben: es la que tiene la persona que ama, que ama, que ama. Cuando se ama somos felices y si amamos siempre somos felices siempre. ¿Qué pueden hacer ustedes en el mundo? Dar la felicidad, enseñar a amar». Y de verdad, ellos nos enseñan con su pureza y simplicidad cómo poner en práctica el amor evangélico, el secreto de la felicidad.
21 Dic 2016 | Sin categorizar

Aletta (la segunda a la derecha) con Chiara Lubich (la primera a la izquierda)
Nacida en Martignano (Trento) el 27 de noviembre de1924, Vittoria Salizzoni, se trasladó con su familia por un período a Francia. Con sólo trece años advierte el llamado de Dios: un guiño interior que por el momento trata de desatender. A los 21 años conoce a Chiara Lubich y queda fascinada por la novedad de vida que ella trae. No tiene dudas: el camino para responder al “llamado”, sentido cuando era una chica, es el focolar. Aletta –“Alita”- (así la llama Chiara invitándola a alzar el vuelo sin mirar atrás), durante veinte años vive cerca de ella el descubrimiento y la definición de los lineamientos del Carisma que el Espíritu Santo iba revelando. Entre ellos, además de la específica espiritualidad de la unidad que lo caracteriza, están los principales aspectos concretos de la vida cristiana. Uno de ellos, se adapta especialmente a la personalidad de Aletta. Es el cuidado de la salud y la salvaguarda del ambiente. Un aspecto que Chiara misma le explicó un día: «Es toda la humanidad de Jesús; la vida de Jesús en cuanto hombre. Jesús nacido de una mujer, tuvo frío, hambre, lloró, conoció el afecto humano… Dio de comer a los hambrientos, multiplicó los panes y los peces, curó a muchos enfermos, salvó las almas. Pero sobre todo sintió un gran amor por el ser humano y su sufrimiento… El sufrimiento, la muerte, la resurrección son también expresiones de este aspecto». En los años ‘60 -’70 Chiara le pide que vaya a abrir el focolar de Estambul, donde Aletta mantiene numerosos y profundos contactos con el Patriarca Atenágoras I. En distintas ocasiones tiene la posibilidad de acompañar a Chiara en sus visitas al Patriarca. Durante su permanencia en estas tierras, Aletta descubre la belleza de la Iglesia ortodoxa y de las Iglesias de Oriente, en las cuales se subraya la verdad de la vida, exaltando el amor. Las relaciones establecidas por ella son la premisa de un diálogo fecundo que se mantiene todavía con el actual Patriarca ecuménico, Bartolomé I.
Después de la muerte de Atenágoras, Aletta se traslada a Líbano. Son años atormentados por la guerra civil que, por los continuos bombardeos, repite las lecciones de los primeros tiempos en Trento: “todo cae, sólo Dios permanece”. Comparte con la gente del lugar la precariedad y el peligro de esos largos años de guerra, sosteniendo, consolando, infundiendo esperanza. Las dificultades y peligros no impiden la difusión del carisma de la unidad, no sólo en Líbano sino en todo el Medio Oriente, que Aletta visita periódicamente. En 1990 regresa a Roma para quedarse. «En los primeros años de Plaza Capuchinos – cuenta Palmira, también ella del primer grupo de focolarinas de Trento– íbamos con Aletta a los valles a visitar a las primeras comunidades que se estaban formando. Era como un ángel, se entiende porqué Chiara enseguida la llamó Aletta. Fue como el ala de un ángel para Chiara y para todos nosotros, en estos 70 años de vida de focolar. Hablaba poco, pero lo que decía ponía a todos en lo esencial. Lo que la caracterizaba era la sencillez, una serenidad innata; un equilibrio psicofísico envidiable». Diez días antes de su fallecimiento, Aletta grabó un video-mensaje para los jóvenes del Movimiento, los gen, reunidos en un Congreso: «Quiero saludar a todos los gen del mundo en el 50° de vida (de su Movimiento). Vayan adelante, son jóvenes, todavía tienen fuerzas, ¡pueden hacer lo que quieran!». La presidente de los Focolares, María Voce, al hacer el anuncio al Movimiento en el mundo del fallecimiento de Aletta, escribió: «Acompañamos en la alegría y con inmensa gratitud el regreso de Aletta a la casa del Padre. No podíamos tener un modelo mejor de quien como ella que dio la vida sin reservas». A cargo de Anna Friso
20 Dic 2016 | Sin categorizar
«Visitábamos a las familias con la hojita de la Palabra de vida y, entre una charla y otra se hacía un encuentro». Quien lo cuenta es Carmen, artífice junto a Mynor su marido y sus parientes más cercanos, de la Mariápolis realizada en las cercanías de su ciudad, Chimaltenango, a 54 km de Ciudad de Guatemala. La economía de la ciudad está basada en el comercio y la agricultura, y está integrada a los ritmos modernos de la producción y el consumo, pero sigue siendo una celosa custodia de una cultura de antiguas tradiciones. Carmen y Mynor son el corazón de la comunidad de los Focolares y su casa, bastante amplia, es la sede local. Hablan con cierto orgullo de las reuniones que se hacen allí. El Movimiento era poco conocido y, por lo que en primer término era necesario informar al párroco. Mynor, Carmen y su hermana Martha fueron a visitarlo. Pero un sacerdote en estos lugares tiene muchos compromisos, y Mynor no pudo quedarse esperándolo y se fue a su trabajo, en el Tribunal. «El sacerdote no lograba entender cuál era la novedad del Movimiento –prosigue Carmen- hasta que mi hermana Martha le contó las experiencias de sus hijos gen 3». La mayor había destinado el dinero de su fiesta de 15 años a los niños pobres de un pueblito remoto, el otro había perdonado a un compañero que le había hecho una zancadilla que le provocó la fractura de un brazo. A ese punto el párroco comprendió los efectos de vivir la espiritualidad de los Focolares. Después de obtener el apoyo de la iglesia local, era necesario cubrir los gastos porque «Cuando las personas son invitadas a un retiro – explica Mynor – entienden que son huéspedes». Por eso la preparación de la Mariápolis consiste también en actividades para recoger fondos. Una de ellas fue un Bingo realizado en el salón parroquial, para el cual se recogieron regalos donados para la ocasión.
Kelly, la segunda de los 4 hijos de Carmen y Mynor, estudia Derecho como su papá. «Somos pocos –afirma- pero nos ayudamos. Somos sólo dos gen pero tratamos de tener siempre a Jesús en medio nuestro y con todos». Kelly siente admiración por la coherencia de vida de sus papás: «Cuando invitan a las personas a la Mariápolis cuentan experiencias que yo conozco. Y lo que dicen es verdad. En nuestra casa la Palabra de vida es una referencia en cada situación. Así, cuando hay algún problema, vamos a leerla para ponerla en práctica». El respeto por los ancianos es una de las riquezas de los Cakchiqueles. Delante de ellos, antes de hablar se hace una reverencia. La maternidad, el don de los hijos, es considerado una bendición de Dios y están por encima de cualquier otro cálculo. «Para mí el Movimiento –es siempre Carmen la que cuenta- es una gracia de Dios, nos acoge a grandes y pequeños, a todos, también acoge a personas de varias culturas e idiomas. Aquí nos aprecian, con nuestras tradiciones y nuestro modo de pensar». En la cultura Maya hay un fuerte vínculo con la naturaleza, «nosotros la invocamos dando gracias al corazón del cielo y al corazón de la tierra y decimos, como San Francisco: todos son mis hermanos. Chiara Lubich también veía las cosas así. El Espíritu Santo la movió en esta dirección por eso el Movimiento de los Focolares nos acoge así como somos». Y concluye Mynor: «La filosofía Maya resalta la armonía, el respeto y la solidaridad. Armonía en la familia, equilibrio entre el aspecto material y espiritual, solidaridad que es igual a fraternidad, para favorecer condiciones de cooperación». Más allá de las contradicciones que reinan en cada cultura, el pueblo Cakchiquel, conserva muchos valores humanos que, iluminados y purificados por el Evangelio, enriquecen a quien se acerca. Filippo Casabianca, de Ciudad de Guatemala
19 Dic 2016 | Focolare Worldwide
«Me pidieron que presentara una relación sobre el testimonio cristiano frente a la tradición africana. No fue fácil para mi, por dos simples motivos: el primero es que soy un Bangwa, el segundo es que no soy sólo un cristiano, sino que soy también el Obispo de Mamfe». Quien habla es Mons. Andrew Fuanya Nkea, en el ámbito de un simposio sobre el diálogo entre religiones tradicionales africanas y cristianismo en ocasión de los 50 años de la presencia del Movimiento de los Focolares en Fontem. Tiene 51 años, es originario de Widikum (Camerún), tiene estudios de Filosofía y Teología, es sacerdote desde 1992, fue párroco, secretario de la Diócesis, profesor y formador, y finalmente, es Secretario General de la Catholic University of Cameroon, su última tarea, antes de ser nombrado por el Santo Padre, en 2013, como Obispo Coadjutor de la diócesis de Mamfe. Mons. Andrew Fuanya es la demostración tangible de una posible superación del dualismo entre las dos tradiciones, sin caer en el riesgo de un sincretismo religioso. «He decidido dar un corte más práctico que teórico a mi relación». Afirma, recorriendo la historia de relaciones entre la cultura Bangwa (en particular en la zona sud-oeste del Camerún, el distrito de Lebialem) y el cristianismo, marcados por un encuentro, que se convirtió en una especie de “grieta” entre un “antes y un “después”: lo que fue el encuentro con el Movimiento de los Focolares. El cristianismo, llevado por los primeros misioneros que llegaron al Camerún, en los años Veinte, había puesto la población ante una bifurcación: «O convertirse en cristiano evitando todos los aspectos de la religión tradicional, o practicar la religlión Bangwa, permaneciendo como un pagano, bueno solamente para ser usado como leña para arder en el infierno». Poco o ningún diálogo entre cristianismo y cultura del lugar: los instrumentos musicales típicos eran desalojados de las iglesias así como también las oraciones tradicionales. A pesar de la rigidez y los métodos inflexibles de los primeros misioneros, muchas personas abrazaron el cristanismo, entre muchas dificultades y una fuerte oposición de su comunidad.
La novedad representada por la primera visita de Chiara Lubich al palacio real del Fon de Fontem, en 1966, está sintetizada por una imagen, utilizada por la fundadora de los Focolares, para describir la primera chispa, la inspiración del diálogo interreligioso que se habría desarrollado a continuación: «De forma imprevista tuve una fuerte impresión de Dios como de un enorme sol, que nos abraza a todos, a nosotros y a ellos, con Su amor». Una era nueva había comenzado, empujada por el viento post conciliar y por la extraordinaria historia de amistad entre los primeros focolarinos que llegaron al lugar (muchos de ellos médicos, que acudieron para erradicar la enfermedad del sueño que estaba diezmando la población) y el pueblo Bangwa. Desde aquél momento, las relaciones entre los fieles de las dos religiones se caracterizaron por un profundo y recíproco respeto, que devolvió la dignidad a la cultura tradicional, verdadera matriz identificatoria también de los cristianos. Explica el obispo: existen tradiciones religiosas locales que los cristianos mantuvieron (la oración a los difuntos, para que intercedan por la familia, o el “Cry die”, dedicado a ellos); otras en cambio se hicieron extrañas para su fe (la poligamia, el sacrificio de animales, la brujería). La nueva inculturación, concluye el Obispo, según el espíritu del Vaticano II, no proviene de una imposición o de una rígida uniformidad, sino que se inspira en los valores del diálogo y de la colaboración, en la búsqueda de las “semillas del Verbo” esparcidas en cada tradición. «El desafío de los cristianos de Lebialem para los próximos 50 años será el de reconocer que su credibilidad dependerá de cuánto serán capaces de amar a todos, independientemente de la religión a la que pertenezcan». Sólo así serán auténticamente cristianos y juntos auténticamente africanos. Chiara Favotti
18 Dic 2016 | Focolare Worldwide
La República Democrática del Congo (RDC) atraviesa un momento político muy delicado, por la renuencia, el pasado 14 de noviembre, del premier Augustin Matata Ponyo después del acuerdo firmado en octubre pasado, que prolonga el mandato del presidente Joseph Kabila. Kabila tenía que terminar su encargo el próximo 19 de diciembre, pero su coalición y una parte de la oposición decidieron que continuará hasta las próximas elecciones, previstas para abril de 2018. En este contexto incandescente, el pasado 29 de octubre se constituyó el Movimiento Político por la Unidad (MPPU) congolés, que se inspira en los valores de la espiritualidad de Chiara Lubich. «En este período la Iglesia, mediante la Conferencia Episcopal, está trabajando para evitar el caos en el país –cuentan Damien Kasereka y Aga Ghislaine Kahambu, responsables locales del Movimiento de los Focolares-. El lanzamiento del MPPU en este momento es precisamente una respuesta a una necesidad. Estamos felices de ver que los miembros del Movimiento más comprometidos en la política, sobre todo los jóvenes, están convencidos de que las cosas pueden cambiar. A pesar de todo no se pierde la esperanza». El pasado 3 de diciembre, el MPPU se presentó oficialmente en la sala polivalente del centro médico Moyi Mwa Ntongo, en Kinshasa. El periódico Le potentiel dedicó un largo artículo al evento, titulándolo “Amor y fraternidad en la sociedad: lanzamiento de un movimiento de concientización de masa”. «Lejos de ser un partido político, el MPPU es más bien una red de reflexión y de acción para promover la fraternidad en la vida política congolesa. Sus iniciadores están convencidos de que la fraternidad universal es el fundamento y el motor esencial para lograr un cambio positivo en la sociedad, sobre todo la congolesa, en donde los antivalores están muy arraigados», escribe el periódico. Entre los presentes había profesores universitarios e investigadores, diputados y otros actores políticos, periodistas, abogados, religiosos, médicos, activistas sociales y exponentes de otras categorías socio-profesionales. Durante el encuentro se subrayó la oportunidad y la importancia del MPPU en la RDC, en cuanto ayuda a “hacer política para la unidad”, de la cual hay tanta necesidad en este difícil momento.
El diputado Dieudonné Upira, uno de los iniciadores del MPPU en la RDC, afirmó: «Quisiéramos preparar una juventud que no crezca con miedo como nosotros. Ciertamente no hemos hecho mucho por este país. Quizás no estamos formados, y esta es la razón de nuestro temor. Por eso queremos formar jóvenes interesados en hacer el bien, en grado de denunciar, anunciar y renunciar. De jóvenes que, delante de la bipolarización del espacio político congolés, puedan decir: “Tenemos que trabajar por nuestra nación”. Una juventud formada puede influir en la sociedad con su forma de comportarse». Y Georgine Madiko, ex diputada, también ella entre los iniciadores: «Vamos a empezar a realizar cursos universitarios periódicos, que nos permitan formar a los jóvenes mediante módulos de estudio. Procederemos formando una especie de tela de araña para cubrir, poco a poco todo el país y todos los campos. Esta telaraña nos servirá de soporte, si no para erradicar, al menos para atenuar el mal en nuestra sociedad y promover el bien». Se va a empezar con un primer grupo de 50-60 personas. Como conclusión, Aga Ghislaine Kahambu, agradeció a todos: «Su presencia demuestra que desean que haya cambios en nuestro país. No hace falta una multitud para cambiar la sociedad. Cada individuo realiza muchas acciones positivas. Ahora pretendemos que estas acciones no permanezcan aisladas. Gustavo Clariá