Myanmar. «Sin el amor, ¿cómo podría perdonar?»
https://vimeo.com/192602510
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El verbo está en presente: Él viene. Es una certeza de ahora. No tenemos que esperar a mañana o al final de los tiempos, o a la otra vida. Dios actúa inmediatamente; el amor no admite dilación o demora. El profeta Isaías se dirige a un pueblo que esperaba con ansia el final del exilio y el regreso a la patria. En estos días de espera de la Navidad, no podemos dejar de recordar que a María se le hizo una promesa semejante: «El Señor está contigo» (Lc 1, 28); el ángel le anunciaba el nacimiento del Salvador. No viene para una visita cualquiera. Su intervención es decisiva, de la máxima importancia: ¡viene a salvarnos! ¿De qué? ¿Estamos en grave peligro? Sí. A veces somos conscientes de ello y a veces no nos damos cuenta. Dios interviene porque ve el egoísmo, la indiferencia hacia quienes sufren y están necesitados, el odio, las divisiones. El corazón de la humanidad está enfermo. Él viene lleno de compasión por su criatura; no quiere que se pierda. ¡Nos tiende la mano como a un náufrago que se está ahogando! Por desgracia, en estos tiempos tenemos siempre ante los ojos esta imagen, que se repite cada día con los refugiados intentando cruzar nuestros mares, y vemos con cuánta presteza se aferran a la mano tendida, al chaleco salvavidas. También nosotros, en todo momento, podemos aferrar la mano tendida de Dios y seguirlo con confianza. Él no solo nos cura el corazón de un replegarnos en nosotros mismos que nos cierra a los demás, sino que además nos hace capaces de ayudar a quienes están necesitados, tristes o pasando una prueba. Escribía Chiara Lubich: «Ciertamente no es el Jesús histórico o Jesús como Cabeza del Cuerpo místico quien resuelve los problemas. Lo hace Jesús-nosotros, Jesús-yo, Jesús-tú… Es Jesús en la persona, en esa persona determinada –cuando su gracia está en ella–, quien construye un puente o abre un camino… […] Todo ser humano, como otro Cristo, como miembro de su Cuerpo místico, da su propia aportación en todos los campos: en la ciencia, en el arte, en la política, en la comunicación, etc.». De ese modo el hombre es cocreador y corredentor con Cristo. «Así la encarnación continúa, la encarnación completa, que atañe a todos los Jesús del Cuerpo místico de Cristo»1. Precisamente eso le sucedió a Roberto, un exrecluso que encontró a alguien que lo «salvó» y se transformó a su vez en «salvador». Contó su experiencia ante el papa el 24 de abril, cuando intervino en la Mariápolis de Villa Borghese, en Roma. «Al final de un largo encarcelamiento quería comenzar una nueva vida, pero, como se sabe, aunque hayas cumplido tu pena, para la gente sigues siendo un tipo poco recomendable. Estaba buscando trabajo y se me cerraban todas las puertas. Tuve que pedir por la calle, y durante siete meses ejercí de mendigo. Hasta que me encontré con Alfonso, quien, mediante la asociación creada por él, ayuda a las familias de los presos. “Si quieres volver a empezar –me dijo–, ven conmigo”. Ahora, desde hace un año, ayudo a preparar los paquetes de la compra para las familias de presos que vamos a visitar. Para mí es una gracia inmensa, porque en estas familias me veo a mí mismo. Veo la dignidad de esas mujeres solas con hijos pequeños, que viven en situaciones desesperadas, que esperan que alguien vaya a llevarles un poco de consuelo, un poco de amor. Dándome, he recuperado mi dignidad de ser humano, mi vida tiene sentido. Tengo una fuerza añadida porque tengo a Dios en el corazón, me siento amado…». FABIO CIARDI
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« He visto con cuánto empeño se han preparado y esto me da una grandísima alegría, una gran tranquilidad para el futuro del Movimiento, porque he visto que han tomado en serio la consigna de Chiara (Lubich) que pasa la Obra a la segunda generación, […] con el mismo empuje» de los inicios del Movimiento. A las numerosas preguntas que los jóvenes le han dirigido sobre el punto de la espiritualidad de la unidad que se profundizará este año, Jesús abandonado, María Voce explica: « Dios mandó a su Hijo para restablecer estas relaciones (de unidad entre Dios y la humanidad y entre los seres humanos), es decir, para realizar una obra grandiosa». Y para actuar esto «Jesús no eligió venir con una armada […], sino que eligió un medio que quizás no se comprende enseguida: eligió como medio la cruz. Pero la cruz, que para Jesús quería decir: amor hasta el final, el amor más grande, asumir todos los dolores de la Humanidad, todos los sufrimientos, todas las humillaciones, ¡justamente, por amor! Y en el momento en el que lo hizo, Jesús realizó la nueva creación, creó esta nueva unidad, redimió a la Humanidad, es decir que restableció esa unidad que la Humanidad había perdido con Dios y los hombres habían perdido entre ellos, por tanto realizó la obra más grande». « Por consiguiente, Jesús Abandonado en ese momento es verdaderamente ¡el Rey victorioso! No es solamente aquél que sufre; aunque sí, el sufrimiento fue el medio que Él eligió, para demostrar con ese sufrimiento el amor más grande, para dar testimonio ante los hombres de cuánto los amaba el Padre, y de cuánto Él estaba dispuesto a sufrir por amor del Padre y de ellos. Ahora Jesús Abandonado se presenta ante nosotros y nos dice lo mismo: «¿Quieren testimoniar a todo el mundo, a todos los hombres el amor de Dios?» Usen mi mismo medio, asuman los sufrimientos, los dolores, las dudas, las angustias que atraviesan la Humanidad» creando «cada vez más vínculos que harán de la familia humana una verdadera familia de Hijos de Dios unidos entre ellos y unidos con el Padre». Y con respecto a las preguntas de los jóvenes acerca de su futuro, María Voce responde: «¡Sean generosos con Dios! Si ustedes sienten verdaderamente que Dios los llama de alguna manera, que les dice una palabrita en el fondo del corazón, no presten atención a nada más, tengan en cuenta únicamente esta voz y respóndanle: Sí. […] Después Él los llevará a donde Él quiera», para realizar sobre cada uno «un plan de amor que les procurará la mayor felicidad. ¡Les deseo esto de todo corazón!». Gustavo Clariá https://vimeo.com/192601722
El Congreso reunió a 90 participantes, entre musulmanes y cristianos, procedentes de Jordania, Siria, Líbano, Grecia, Túnez, Francia, Italia, Suiza, Burkina Faso, Canadá y Argelia. Se trataron cuatro temas: el sufrimiento visto a la luz de Dios; la inspiración divina sobre la unidad según Chiara Lubich; las dificultades y los desafíos de hoy en día para los musulmanes; ser constructores de la fraternidad universal. “Juntos” fue el término más usado durante el Congreso, mostrando la experiencia madurada dentro del Movimiento de los Focolares: vivir juntos el ideal de la unidad, cristianos y musulmanes, según el carisma que Dios dio a Chiara Lubich con la plena conciencia de las respectivas identidades y respetando y aceptando las diferencias. La profunda experiencia espiritual que ella hizo en el verano de 1949, introducida por Jesús Morán (Copresidente del Movimiento de los Focolares), fue recibida por los presentes en un clima de gran fraternidad: “Chiara nos lleva a Dios Uno, más allá de las religiones particulares”, dijo Jalleh, escita, de origen iraní. Y otro dijo: “Chiara usa imágenes comprensibles para hablar de la Trinidad”. En este contexto, Rita Moussallem y Roberto Catalano (corresponsables del diálogo interreligioso de los Focolares), ilustraron la experiencia del Movimiento en contacto con las distintas religiones en distintas partes del mundo. “Se podría decir que Dios se manifestó y nos dio un poco de su luz”, fue el comentario de uno de los participantes. Después de haberse sumergido en la dimensión de la unidad nacida en el contexto cristiano, la mirada se dirigió a la realidad musulmana. El estudioso Adnane Mokrani, árgelo-tunecino, profesor en el PISAI (Pontificio Instituto de Estudios árabes e Islamitas en Roma), habló de la crisis que atraviesa hoy el Islam. Invitó al público a no dejarse tomar por las diversas teorías complotadas y a no atribuir la culpa a los otros, a ponerse a discutir, sin caer en el desaliento, porque «la mayoría de las personas desean la paz, tal vez son una mayoría inactiva… Pero somos nosotros, en cambio – afirmó con fuerza- una minoría activa la que debe hacer de todo para que esta mayoría se despierte. Es nuestra función»
Amer el Hafi, profesor de Religiones comparadas en la Universidad de Amán (Jordania), en conexión a través de skype, dijo: “Dios es grande, quiere decir que es más grande que nuestros miedos, que nuestros problemas y nuestras desgracias: es la llave de nuestra esperanza y de nuestra vida. Pero lamentablemente esta expresión hoy se ha convertido en signo de muerte”. Junto con el profesor Adnane Mokrani, respondieron a algunas preguntas espontáneas de la sala. Fue muy apreciada la presencia del arzobispo emérito de Argelia, Monseñor Henri Teissier, profundo conocedor de la cultura argelina y del Islam y de Monseñor Jean Paul Vesco, obispo de Orán. Ellos explicaron que «la amistad fundada en la comunión espiritual es el ápice del diálogo entre las religiones, con sus diferencias». Los jóvenes musulmanes argelinos del Movimiento animaron la asamblea con músicas y cantos. La visita al mausoleo del místico Sidi Boumediéne, introducida magistralmente por el estudioso argelino Dr. Sari-Ali Hikmet, ofreció a los congresistas una inmersión en la espiritualidad, en el arte y en la cultura musulmana. Después visitaron el museo El Mechouar, palacio de la dinastía zianide, la gran Mezquita y el moderno Centro de Estudios Andalusíes. Antes de dejar Tlemcen, Jesús Morán, resumió la experiencia vivida: «Se trató no sólo de estar de acuerdo sino de ser uno, de vivir la misma experiencia de Dios, de compartir lo que tenemos en lo más profundo». Jean-Louis Marechal