El coraje de perdonar
La Palabra de vida de este mes nos invita a no responer a la ofensa que recibimos con una nueva ofensa sino – como sugiere Chiara Lubich – «con un acto de voluntad y lucidez, por lo tanto de libertad, recibiendo al hermano así como es, a pesar del mal que nos hizo, como Dios nos recibe a nosotros pecadores, a pesar de nuestros defectos». Algunos breves testimonios: Aquel muro se derribó «Viví una niñez y una juventud muy triste, a tal punto que no conservaba ni siquiera un recuerdo positivo. Incluso cuando me casé, las relaciones con mi familia de origen me dejaban siempre una profunda amargura; eran sólo críticas y desprecio. No fue fácil olvidar, pero traté de vivir las palabras del Evangelio: dar sin sin esperar la recompensa. Un día mis padres vinieron a pasar las vacaciones con nosotros. Decidí darles gusto sin esperar nada a cambio. Le di un beso a mi madre, algo que no sucedía desde mi infancia. Ella me abrazó y le saltaron las lágrimas. Sentí que el muro que nos dividía se derrumbaba. Y papá, el día de su cumpleaños, quiso que pusiera su música preferida y que bailara con él. ¡Fue una gran conquista lograr esta armonía con mi familia!» (Margherita . Suiza ) Una pelea que terminó dulcemente «Cuando estaba en la casa de mi hermana supe que mis padres se habían peleado. Desde hacía tres días no se hablaban y papá rechazaba comer la comida que mi mamá preparaba. Cuando llegué a casa, enseguida advertí una atmósfera pesada. Sin hacer preguntas, me puse a servir concretamente adelantando algunos trabajos; en la primera ocasión en que me encontré a solas con mi padre, traté de que me dijera qué había pasado. Se abrió conmigo y así también yo le pude decir mi compromiso en tratar de vivir las palabras de Jesús. Cuando mencioné el perdón del cual Jesús nos dio el ejemplo, se puso más atento. Al final nos pusimos de acuerdo en que cuando volviera mamá a casa la iba a escuchar atentamente. Desde la ventana de la cocina vi la escena de ella que volvía y de mi padre que le preguntaba dulcemente cómo le había ido en el trabajo» (P. F. – Camerun) Un simple “hola” «Existían desde hacía algún tiempo algunas incomprensiones entre mi hermana y yo, a tal punto que no nos saludábamos más. Un día decidí dar el primer paso para reconciliarnos. Pero no era nada fácil: yo era el hermano mayor, tenía mi dignidad…. Después de una noche agitada, de mañana en la cocina le dije “hola”, pero tan bajito que ella no escuchó. Armándome de coraje, repetí con más fuerza el “hola”. Ella se quedó sorprendida y enseguida hicimos las paces. Fue tal la alegría y el sentimiento de liberación que experimenté, que me puse a canturrear» (Dolfi – Italia)
Agentina: el impacto de “Arriesgarse”
«La fiesta fue increíble! Llegó al corazón y se disfrutó de un hermoso clima de fraternidad que ayuda a recargar pilas!». «Me di cuenta que puedo optar por quedarme en la cueva o salir de ella. Descubrí qué importante es abrirme y compartir lo que me pasa adentro con otros». «Pude ver en el grupo de jóvenes de la ciudadela una gran vitalidad, radicalidad, alegría, profundidad, capacidad de enfrentar las dificultades…». «Una experiencia muy linda de vivir. Parto con la convicción que sí es posible una vida distinta y que no estamos solos para ser quien de verdad queremos ser y arriesgarnos». Son algunas voces de los mil jóvenes congregados, el 24 y 25 septiempre pasados, para la Fiesta de los Jóvenes 2016, en la ciudadela argentina de los Focolares sumergida en la pampa. Una tradicional cita que se renueva cada año con la potencia creadora de los jóvenes al momento de transmitir los ideales por los cuales quieren gastar sus vidas. La participación de jóvenes desde distintos puntos del Cono Sur de Latinoamérica a la edición 2016, es un clásico que se repite y que enriquece culturalmente la Fiesta de los Jóvenes. Este año, convocados por el lema “Arriésgate, existe lo que buscas”, más de 1000 jóvenes llegaron desde Paraguay, Uruguay, Chile, Brasil y de distintas ciudades de Argentina. ¿De qué se trata la propuesta? De una experiencia de fraternidad, compartiendo por 48 horas el estilo de vida evangélico de esta ciudadela permanente del Movimiento de los Focolares, donde viven actualmente 85 jóvenes de 17 países, además de familias y adultos. Y no sólo eso, porque con la experiencia compartida, y a través de música, teatro y danza, se ponen en común problemáticas actuales que atraviesan toda la realidad juvenil: las relaciones familiares, el estudio, los éxitos y fracasos de la vida, las adicciones, los momentos de dolor, y sobre todo el encuentro con un Dios cercano que tiene una respuesta personal para cada uno. La idea no termina allí, ya que se busca involucrar a todas las personas en la construcción de un mundo unido sin distinción de credo o religión. E
ste año el programa preveía una combinación de teatro, música y testimonios, con una impactante imagen que fue reproducida a gran escala a la entrada de la sala donde se llevaba a cabo la presentación, con un cartel que invitaba a todos: ARRIESGATE! El lenguaje elegido para transmitir las experiencias y armar las escenas de teatro, era directo e interpelaba a cada uno de manera personal. Las canciones, con mucha energía y musicalidad, ayudaban a hacer la síntesis de este compromiso en la búsqueda de algo grande para cada uno. Los momentos compartidos fuera de la sala como la visita a la ciudadela, los almuerzos, los paseos, sirvieron para este intercambio de jóvenes latinoamericanos que demostraron su deseo y capacidad de querer construir un mundo unido, una sociedad para todos. Como final, la propuesta a cada uno de los participantes de repetir este espacio de fraternidad en cada lugar del planeta donde estemos. Y los ecos no se hicieron esperar: “Desde Paraguay quiero darles las gracias porque nos hicieron vivir días inolvidables. Estamos emocionados y dispuesto a aceptar el desafío!» «Esta mañana viajando en el colectivo para ir al trabajo – escribe otro jóven participante – me volvían a a la mente los días vividos juntos y tenía ganas de vivir bien el día de hoy, de dar ese algo más, de arriesgar». Fuente: Cono Sur online
LoppianoLab 2016: acoger el grito de los últimos
No es un error haber puesto una “W” dentro del título en italiano sino que fue el desafío lanzado a los miles de participantes presentes y a cuantos se han conectado vía streaming. Si por un lado hay una Italia en la que los que se consideran pobres absolutos han aumentado del 130% en siete años, en la que cada día sus costas meridionales sirven de puente a centenares de miles de migrantes que huyen de la miseria y de las guerras, por otra parte existe el enorme deseo de hacer algo concreto: voluntarios, asociaciones, jóvenes que quieren experimentar nuevas formas empresariales para ayudar a las personas a sobrevivir en medio de la emergencia cotidiana. Sí, porque el empeño (que viene de “dar algo en-prenda”, según las palabras de Alberto Frassinetti, uno de los fundadores del Polo Lionello Polo Lionello), es el espíritu que anima a aquellos que han presentado sus experiencias en el marco de las iniciativas programadas para Loppiano Lab 2016: economía, pero también política, welfare, inmigración, comunicación, tecnología e instrucción. La iniciativa, que tiene como promotores al Polo Lionello Bonfanti , al Grupo Editorial Città Nuova, Instituto Universitario Sophia y a la Ciudadela de Loppiano, nació en el 2010 con la idea de crear un laboratorio nacional que pusiera en movimiento, como había deseado en su mensaje Maria Voce, Presidente de los Focolares, “las cualidades que han engrandecido a los italianos: su creatividad, su laboriosidad, la acogida y la solidaridad, la cultura y el arte”. Expertos del mundo de la cultura, de la economía y de la política se han alternado en los varios momentos del programa previsto, junto con otras muchas voces de la sociedad civil por medio de las iniciativas promovidas por los centenares de asociaciones, individuos y comunidades, reforzando y creando una red de personas apasionadas por traducir en práctica ideas, proyectos y estilos de vida.
Tres jornadas, tres temas focales para acoger diversos desafíos: el de la innovación tecno-científica, el del desarrollo y el de la pobreza para reinventar la paz. Y justamente en LoppianoLab han sido celebrados dos importantes aniversarios: el proyecto de Economía de Comunión (EdC) en su 25° año de vida y el de la revista de los Focolares, Ciudad Nueva, que cumple 60 años. Tres jornadas, treinta workshop multitemáticos, tres transmisiones en directa vía streaming, y también laboratorios para niños y adolescentes: “Loppiano Kids. Es hora de dar” con una serie de encuentros sobre el tema de la pobreza, de la solidaridad y de la ecología, y “Loppiano Young” con performance y presentaciones artísticas promovidas por la banda internacional Gen Verde.
Jesús Morán, copresidente de los Focolares y filósofo, ha concluido el último día hablando de los tres desafíos que hoy tiene que enfrentar la humanidad: el de la globalización y la post globalización, el desafío antropológico, el “post humano”, y el último, el humanitario, lo infrahumano, desafío que nos llama a elaborar una “cultura de la resurrección”, para asumir hasta el fondo el dolor del hombre que sufre. La pregunta que debemos hacernos – según Morán – es ¿cuánto espacio concedemos, en nuestra vida, a los últimos, a los “abandonados” de hoy? Y para finalizar, durante el forum “La riqueza de las pobrezas invisibles”, se lanzó la propuesta de crear un observatorio sobre la pobreza que, basándose en un plan de trabajo bienal, desarrolle un sistema informativo para monitorear los efectos de las ayudas de la EdC a nivel global, y estudie algunos casos específicos y significativos por los resultados obtenidos o por las metodologías adoptadas. Lee también: Città Nuova online: Speciale LoppianoLab Loppiano Economia di comunione
Anne: mi noche no conoce oscuridad
«Habiendo nacido prematuramente a las 14 semanas de gestación, en el momento de mi nacimiento pesaba sólo un kilo y medio. Los médicos dijeron que tenía una mínima posibilidad de sobrevivir y por ello mi madre llamó a un sacerdote para que me bautizara. Estuve en la incubadora durante cuatro meses y, a causa de la excesiva exposición al oxígeno, mi audición sufrió una pérdida del 80% en los dos oídos. Durante mi adolescencia empecé a preguntarme por qué no morí enseguida, por el enorme sufrimiento que esta grave pérdida auditiva me provocaba. Mis padres, que viven la espiritualidad de los Focolares, siempre me daban la misma respuesta: “Anne, Dios te ama inmensamente y te tiene reservado un proyecto sólo para ti”. Esta frase me hizo nacer el deseo de descubrir cuál era el proyecto que Él me reservaba. A los 18 años comencé a trabajar en la oficina de correos. Mi tarea era, entre otra cosas, la de responder al teléfono y esto me resultaba difícil porque era complicado para mí lograr entender las diferentes solicitudes. Muchas veces las personas, en el otro extremo de la línea telefónica, me tomaban el pelo diciendo que era estúpida y por eso volvía a casa llorando y le gritaba a mi mamá preguntándole ¡por qué la vida tenía que ser tan difícil para mí!
Su respuesta me tomó por sorpresa: “Prueba a dar tú el primer paso. Mañana, cuando respondas al teléfono, explica con sencillez a quien te escucha que tienes una deficiencia auditiva e invita a las personas a hablar lentamente y vocalizando”. Estas palabras me obligaron a enfrentarme sobre todo conmigo misma, pues no quería que se supiera que era sorda; de hecho quería mostrarme “normal” como todos los demás. Al día siguiente cuando el teléfono sonó, al mismo tiempo una voz en mi corazón me dijo “da el primer paso”. Por primera vez en mi vida respondí al teléfono invitando a hablar de forma clara porque tenía un déficit auditivo. Para mi sorpresa, la persona que me hablaba desde la otra parte del teléfono fue muy amable y comprensiva y, desde ese momento, esto me animó a llevar a cabo mi trabajo con más seguridad. Mis colegas, viendo mis dificultades y los esfuerzos que hacía para superarlas, trataron también ellos de ayudarme, respondiendo inmediatamente a las llamadas. Fue como tirar un guijarro en el agua que provocó un efecto en cadena. Recuerdo que fui a casa y le dije a mi mamá: “¡Funcionó!” Aquel día marcó un cambio radical en mi vida: entendí que tenía que aceptar mis límites día tras día y, tratando de dar el primer paso, siendo “la primera en amar” a los demás como Dios hizo con nosotros, encontraría una relación con el mundo y con las personas, además de una paz interior y una nueva libertad. El sufrimiento me ha llevado cerca de Dios, quien me ayuda siempre a ponerme a disposición de los demás. Después de un tiempo, sentí el deseo de darle mi vida en el camino del focolar. Las dificultades no faltaron, como la de aprender la lengua italiana para recibir mi formación. Pero he experimentado que no hay nada imposible para Dios. Aún ahora no es fácil. Por ejemplo, con las amigas con las que vivo en el focolar, hemos tenido que dar cotidianamente pequeños pasos. Quien hablaba casi murmurando, ahora se esfuerza en pronunciar bien las palabras de manera que pueda leerle los labios. ¡Al final vence el amor recíproco! Recibí de mi padre, fallecido hace nueve años, un mensaje personal que tenía que abrir después de su muerte, en el que estaba escrita esta frase: “Mi noche no conoce oscuridad”. Esta es mi experiencia diaria: cada vez que opto por amar y servir a quien está a mi lado, no existen tinieblas y experimento el amor que Dios me tiene».


