26 Abr 2014 | Sin categorizar
«… comprendo cuán auténticas y sabias son las palabras del Papa Juan XXIII: “Yo debo hacer cada cosa, recitar cada oración, acatar cada norma como si no tuviera otra cosa que hacer, como si el Señor me hubiese traído al mundo sólo para hacer bien esa acción y que mi santificación dependiera del buen resultado de ella, sin pensar en el antes o el después”».
Con estas palabras escritas en su diario, y a menudo repetidas en público, Chiara Lubich reafirmaba la importancia para el cristiano de santificarse haciendo la voluntad de Dios momento por momento. Un concepto que le confirmaban las enseñanzas de Juan XXIII. En la misma página seguía escribiendo:
«A menudo veo mi alma como embestida, en el momento presente, por dos, tres cosas que hacer, que después me dejan inquieta. Veo que a menudo me asalta el deseo de llegar a todos, de hacer todo, de abrazar el mundo, yo lo interpreto en la práctica en un modo que no es correcto. Es una avidez espiritual que le pertenece al hombre viejo, aunque esté teñida de diligencia.
Éste no es el modo de vivir del cristiano. También quien está en un restaurante, si lo desea, come una cosa o la otra, pero no todas juntas y no todo lo que hay. Es necesario alimentarse, y por lo tanto saciarse, con lo que Dios quiere de nosotros en el presente.
He intentado hacer así en estos últimos días: es una experiencia maravillosa. Truncando con violencia todo lo que no es voluntad de Dios, para sumergirme sólo en ella, he experimentado la saciedad del alma: ¡es paz, gozo, felicidad! Una especie de beatitud».
Fuente: Città Nuova del 8-11-2010
26 Abr 2014 | Sin categorizar
Con ocasión de la canonización de Karol Wojtyla y Angelo Roncalli proponemos los momentos históricos de Juan Pablo II con el Movimiento de los Focolares en un breve video, regalo de Chiara Lubich al Santo Padre en el 2003, en ocasión del 25° de su Pontificado.
25 Abr 2014 | Focolare Worldwide
«Giorgio y yo nos casamos después de tres años de noviazgo durante los cuales nuestra unión creció cada día más. Por esto, juntos, pensamos formar una familia.
Después de algunos años nació una hermosa niña, que tenía una pequeña malformación cardíaca. A pesar de todo estaba feliz; sentía que este nacimiento nos había unido más. Pero pasado apenas un año, mientras estábamos en el hospital para un control de rutina, nuestra niña de improviso falleció. Fue un momento horrible. Sólo veía la oscuridad, estaba enojada con Dios que me había quitado lo que más amaba. Fue mi marido el que me sostuvo. Sin su amor no hubiera podido salir adelante.
Después de un año, nació Sofía y nosotros estábamos nuevamente felices. Poco después decidimos adoptar a un niño. Mientras iban pasando los años, me daba cuenta de que Giorgio, mi marido, no estaba sereno; se dedicaba poco a los hijos. Se notaba que los quería mucho, pero dejaba que yo tomara las decisiones sobre sus vidas. En determinado momento, decidió dejar su trabajo y emprender nuevas actividades. Comenzamos a frecuentar a otras personas que por lo general eran solteras, les gustaba viajar por el mundo, acostarse tarde.
Al principio traté de acompañar con amor a mi marido en este nuevo estilo de vida, pero luego comprendí que no tenía nada en común con ellos y así, poco a poco, nuestra vida en común fue tomando caminos distintos. Sabía que mi marido nos quería mucho a mí y a nuestros hijos, sin embargo estaba inquieto, se lo veía en búsqueda de algo. Pensé que tal vez como pareja, teníamos necesidad de ayuda, pero él no quiso saber nada; decía que no existían problemas. Mientras tanto sus negocios marchaban mal, también porque lo rodeaban personas sin escrúpulos.
Un día decidió irse porque “no quería más ser padre”, porque aunque nos quería mucho, tenía necesidad de reencontrarse a sí mismo. Yo no podía creer que después de tantos años vividos juntos, todo terminase así.
No lograba pensar en nada, me sentía desesperada. El dolor más grande era el sentimiento de fracaso que tenía y me sentía culpable. Fue un periodo duro. Durante el día trataba de ser fuerte por mis hijos que tenían 11 y 14 años, pero de noche, todo el dolor salía aflote y me hacía mil preguntas. Y ahora, ¿cómo haré? ¿Lograré que mis hijos crezcan bien en un momento tan delicado de sus vidas? Trataba de que ellos sintieran que yo estaba presente y de que el papá los quería mucho, aunque raramente llamaba.
Yo no salía más con los amigos; todos tenían una familia, yo estaba sola. Lo único que me ayudaba a ir adelante era el amor hacia mis hijos; nuestra relación creció y se hizo más profunda. También mis familiares estaban cerca mío, aunque después de poco tiempo, comenzaron a decirme que debía rehacer mi vida, que yo era todavía joven. Pero para mí, el matrimonio era todavía un sacramento, aunque mi marido no estuviera más.
Más adelante alguien me invitó a participar en un encuentro para separados organizado por el Movimiento de los Focolares. Allí, entre tantas personas que tenían en común el mismo dolor, me sentí amada y aceptada por lo que era. Nuestra amistad vinculada a un camino de fe vivido juntos, me ayudó a superar el sentimiento de fracaso. Probé que el amor es más grande que el dolor; comprendí que yo soy todavía signo del sacramento y cuando recibo la Eucaristía, siento que Jesús me dice: ¡yo no te abandonaré jamás! Esto me da la fuerza cada día para permanecer fiel al sí para siempre pronunciado el día del casamiento, aunque esté separada civilmente. Sé que no estoy sola, porque Dios está conmigo, y me ayuda a ver mi vida como Él la ve: con todo su amor y su misericordia».
24 Abr 2014 | Focolare Worldwide
María Voce, presidente de los Focolares, concluyó recientemente su viaje por Brasil, en el que fue acompañada por el copresidente
Giancarlo Faletti. En los 55 años de presencia del Movimiento en el gran país sudamericano, la espiritualidad de la unidad ha impregnado diversos ambientes: el social (con numerosas obras de solidaridad); la Economía, con el desarrollo del proyecto de la Economía de Comunión (EdC) que nació en Brasil; el de la política, con el Movimiento Políticos por la Unidad (MPPU); el mundo eclesiástico, el ecumenismo, el diálogo con otras religiones y con la cultura contemporánea.
“Brasil vive un momento de veloces transformaciones no exentas de contradicciones – afirma Klaus Bruschke, director de la Editorial Cidade Nova-. Es la octava economía mundial, y sin embargo, ocupa el 12° lugar de los paises donde se ven más las desigualdades sociales, a pesar de que en los últimos años, 40 millones de brasileños salieron del nivel de miseria.
En sintonía con la Iglesia en América Latina y hoy también con el Papa Francisco, Chiara Lubich decía que la prioridad para este país es el aspecto social que se sana a través del amor por los menos favorecidos. En Recife, en el barrio marginal, donde el Movimiento tiene desde los comienzos una actividad social, en la Isla Santa Teresinha, precisamente ante el muro que separa el barrio de un centro comercial, María Voce subrayó: «La riqueza no está allí, en el centro comercial, sino que está de este lado del muro donde vive la comunidad de la isla, porque la verdadera riqueza está en la comunidad que vive la comunión”.
Desde la ciudadela “Ginetta Calliari”, situada en las cercanías de San Pablo, María Voce y Giancarlo Faletti se conectaron por internet con las numerosas comunidades de los Focolares esparcidas en el mundo y ofrecieron una síntesis del rico e intenso viaje por el inmenso Brasil.
¿Una impresión “inmediata” sobre este viaje? ¿Un título para definirlo?
Maria Voce: «Me encantó Brasil y si quisiéramos darle un título a este viaje diría una expresión de Chiara Lubich: “Bordados de luz”, porque tengo presente en el corazón todos los frutos maravillosos que hemos visto realizados por este pueblo de Chiara en Brasil. Pienso, por ejemplo, en las numerosas obras sociales, en los proyectos que realizan los jóvenes, en las empresas de Economía de Comunión….Y pienso también en muchos otros grupos, en los Movimientos eclesiales, en las personas que se sienten inspiradas por el carisma de Chiara y que viven la Palabra de Vida, o el amor a Jesús Abandonado. Pienso también en aquéllos, con quienes pudimos encontrarnos en estos días, que hicieron suyo el llamado de Chiara “Dame a todos los que están solos”, y desarrollaron obras maravillosass. En estas obras hemos visto los abundantes frutos de la espiritualidad de la unidad; cuya raíz está en el Movimiento de los Focolares, en el pueblo de Chiara. La raíz se alegra de estos frutos que nacieron de ella misma y agradece a Dios. Y estos frutos, a su vez agradecen a la raíz, porque se sienten alimentados por ella y quieren seguir alimentándose. Por lo tanto, es un gran amor recíproco que deja ver estos bordados de luz esparcidos en todo Brasil».
La inauguración de la cátedra Chiara Lubich en Recife nos confirma que muchas personas pueden vivir la espiritualidad de la unidad…
Giancarlo Faletti:
«En este período [pascual] en el que hemos sentido resonar particularmente fuertes las páginas del testamento de Jesús “Que todos sean uno” (Jn 15, 17), la impresión fuerte es que la categoría de la fraternidad, a través del carisma de la unidad, penetra en muchas disciplinas inclusive en las de una gran universidad como la de Recife. Por lo tanto es una experiencia muy dinámica, vinculada al testamento de Jesús».
Durante este viaje escucharon las historias de muchas personas, conocieron y participaron en la vida de muchas comunidades locales. ¿Cómo ir adelante?
Maria Voce: «Me parece que es necesario seguir bordando estos bordados de luz de los que hablamos antes. En la humildad del momento presente, haciendo lo que Dios nos hace ver en cada momento, sin nunca perder de vista el designio total de la fraternidad universal, el designio del mundo unido. Por lo tanto que cada una de estas bellísimas obras que hemos conocido, sienta que forma parte de este designio universal y que juntas puedan dar al mundo el modelo, el ejemplo de una unidad que nace de la abundancia de los dones de Dios, en todo Brasil y en el mundo, para no perder nunca el sueño de Dios: hacer de todos los pueblos una única familia»
“Estos días – concluye Klaus Bruschke– nos dieron un fuerte impulso para tratar de transmitir con mayor entusiasmo el mensaje de la unidad que atenúa las desigualdades y contiene las diferencias y riquezas, que son expresión de la riqueza de Dios”.
Las etapas del viaje en: Revista Mariápolis – Área reservada
Website: www.focolares.org.br/sitenacional
23 Abr 2014 | Focolare Worldwide, Senza categoria
Todavía están impresas en la memoria las trágicas imágenes del tifón Haiyan o Yolanda (“pájaro de las tempestades”) que se desencadenó en algunos países del Pacífico, especialmente en Filipinas, en noviembre de 2013. Fue uno de los ciclones tropicales más fuertes que se hayan registrado en todo el mundo. Países y organizaciones de solidaridad se movilizaron para hacer llegar ayuda a las víctimas del desastre.
También las comunidades de los Focolares, especialmente las de los países cercanos, dieron su aporte. Como desde el inmenso archipiélago que compone Indonesia (245 millones de habitantes), un país que ciertamente no nada en la abundancia. En la ciudad de Yogyakarta, en la Isla de Java, jóvenes y adultos del Movimiento pusieron manos a la obra. No tenían dinero, sin embargo –se dijeron- “siempre hay algo que se puede dar”. Así organizaron una gran colecta de bienes que “estaban de más” en sus casas, para preparar un “Bazar”. “Se constituyó un comité para coordinar el trabajo –cuentan-. El centro de los Focolares se convirtió en punto de acopio de las donaciones, por lo que había un ir y venir de personas que seleccionaban las piezas y las agrupaban por categorías, con mucho entusiasmo y alegría.
La fecha del Bazar se fijó para el 3 y 4 de marzo, en una parroquia a 20 km de Yogyakarta. Pero en el ínterin ocurrieron las erupciones de los volcanes Sinabung y Kelud, “y las víctimas eran nuestros compatriotas –recuerda Tegar-. Nos preguntamos si la gente iba a apoyar nuestra iniciativa por víctimas más lejanas, en Filipinas”.
No nos desanimamos, y sin dejar de lado la nueva emergencia, proseguimos en el intento de ayudar a estos hermanos todavía más necesitados. “Fui elegida como coordinadora del evento –recuerda Endang-. Habiendo sido yo misma víctima de un terremoto anterior, sabía lo que significaba y cuánta tristeza se siente. Por eso me comprometí y aunque no tenía dinero, doné mi tiempo y mis energías. Pocos días antes del “Bazar”, durante un encuentro comprendí lo que significa esa frase que a menudo se escucha decir en el Movimiento de los Focolares, que cuando nos reunimos en el nombre de Jesús, Él está presente entre nosotros. De hecho experimentamos que poniéndonos juntos y trabajando en Su nombre, Él optimiza nuestro trabajo.
También para William “fue una experiencia increíble. Me comprometí de lleno en la actividad. Invitamos sobre todo a la gente de la aldea que venía a las Misas el sábado y el domingo. Éramos unos veinte al servicio de la gente. Alguno orientaba a las personas, otro atendía a los ‘clientes’ conforme venían a ver y a ‘comprar’. ¡Estaba quién proveía a nuestra merienda! Fue una experiencia bellísima: experimentamos que cuando se ama a los demás Dios nos da la felicidad en lo hondo del corazón.
En total recogimos Rupiah 5,115,700.00 (US$ 452), una suma considerable si se tiene en cuenta que alrededor de la mitad de la población vive con dos dólares al día. “Pero la alegría de todos no era sólo porque recogimos una buena suma –precisa William- sino por el amor y el aporte que cada uno pudo dar para las víctimas de Haiyan”.
“Creo que a través de este ‘Bazar’ –concluye Wulan – donamos un poco de felicidad no sólo a las personas que recibieron el dinero sino también a quienes contribuyeron con su ‘compras’. Estoy seguro de que el amor no termina aquí sino que se ha expandido a otros lugares”.