16 Mar 2014 | Focolare Worldwide
Contribuir a la realización de la unidad en el mundo. Si bien existen muchas etnias, culturas y tradiciones religiosas distintas, descubrir que, todos los hombres son hermanos y hermanas y juntos podemos lograr el nacimiento de la paz y la armonía universal. Este es el sueño de Chiara Lubich (1920-2008). Este es el objetivo por el cual ella vivió y trabajó. Este es el fin específicode su carisma y del Movimiento de los Focolares al que ella dio vida. Un evento fundacional en el camino del diálogo de los Focolares fue la entrega del Premio Templeton por el progreso de las religiones, acontecimiento que ocurrió en 1977 en Londres (Gran Bretaña). Hablando de su experiencia, Chiara Lubich contó que en aquella oportunidad tuvo la profunda sensación de que todos los presentes, aún siendo de credos distintos, pertenecían a una única familia. Fue una intuición que marcó un cambio: la apertura del Movimiento de los Focolares al diálogo con personas de cualquier tradición religiosa. Desde aquel momento, la difusión mundial de los Focolares contribuyó a desarrollar el diálogo interreligioso, con judíos ortodoxos, conservadores y reformados; con musulmanes sunitas y chiitas; con hindúes de distintas corrientes; con budistas mahayana y therevada; con seguidores de las religiones tradicionales africanas y de otras culturas originarias. Así como vínculos con taohistas, shintoistas, sikh y baha’i, entre otros.
El diálogo de los Focolares tiene como base la centralidad del amor, de la caridad, de la misericordia, de la compasión sintetizada en la ‘Regla de oro’ que está presente en las principales religiones y culturas, que invita a “Hacer a los demás lo que quisieras que te hicieran a ti”. Un diálogo que lleva, entre sus efectos, a profundizar la relación con Dios o con el Absoluto y al descubrimiento de las propias raíces religiosas y de la propia tradición. La apertura hacia el otro favorece el conocimiento y la confianza, y derriba ideas erróneas y preconceptos. Se descubre que las diversidades pueden ser un don de los unos hacia otros. Se emprende la búsqueda común de aquello que nos une. Nacen encuentros de profundización y simposios. La experiencia de la fraternidad refuerza el compromiso común en construirla sobre todo donde parece que prevalecen la violencia y la intolerancia religiosa. Se contribuye a sanar el tejido social curando tensiones e integrando comunidades en conflicto. Florecen significativas realizaciones humanitarias comunes. El 20 de marzo de 2014, en la Universidad Urbaniana de Roma tendrá lugar un evento dedicado a “Chiara y las religiones: juntos hacia la unidad de la familia humana”. Pretende poner en evidencia, seis años después de su desaparición, su compromiso a favor del diálogo interreligioso. La manifestación coincide con el 50° de la declaración conciliar “Nostra Aetate” sobre la Iglesia y las religiones no cristianas.
14 Mar 2014 | Sin categorizar
El 7 de diciembre de 1943, Silvia Lubich, joven maestra, nunca habría imaginado que tantas personalidades del mundo civil y religioso (entre los cuales cuatro Papas), algunas décadas después, habrían pronunciado palabras sumamente comprometedoras sobre su persona y sobre su familia espiritual.
No tenía ninguna idea de lo que habría visto y vivido en sus 88 años de vida. Ni podía pensar en los millones de personas que la seguirían.
No podía imaginar que con su Ideal habría llegado a 182 naciones. Ni imaginar que habría inaugurado una nueva estación de comunión en la Iglesia y que habría abierto canales de diálogo ecuménico hasta ahora nunca practicados. Mucho menos imaginaba que su familia acogería a fieles de otras religiones y personas sin una referencia religiosa. Es más, ni siquiera tenía idea de que iba a fundar un Movimiento.
Ese 7 de diciembre de 1943 “Silvia” tenía sólo los sentimientos de una joven y bella mujer enamorada de su Dios con quien estrechaba un pacto nupcial, sellado con tres claveles rojos. Esto le bastaba. ¿No podía imaginar la corona de gente de toda edad y extracción social, de todos los puntos de la tierra, que la habrían acompañado en sus viajes llamándola simplemente “Chiara” (un nombre que tomó de la admirada santa de Asís)?
¿Ni podía pensar, estando en su pequeña Trento que sus intuiciones místicas habrían abierto una cultura de unidad, apta para la sociedad multiétnica, multicultural y multireligiosa?
Chiara Lubich ha superado los tiempos. En la Iglesia –ella, mujer, laica- ha propuesto temas y nuevos caminos emprendidos más tarde por el Vaticano II. En la sociedad mundializada ha sabido indicar el camino de la fraternidad universal cuando nadie hablaba del acercamiento entre civilizaciones. Ha respetado la vida y ha buscado el sentido del dolor. Ha trazado un camino de santidad religiosa y civil practicable por cualquiera, no reservado a pocos elegidos.
En 1977, en el Congreso eucarístico de Pescara, dijo: «La pluma no sabe lo que tendrá que escribir, el pincel no sabe lo que tendrá que pintar ni el cincel lo que deberá esculpir. Cuando Dios toma en sus manos a una criatura para hacer surgir en la Iglesia una obra suya, la persona elegida no sabe lo que tendrá que hacer. Es un instrumento. Y esté, yo creo, es mi caso».
Y todavía: «Fecundidad y difusión desproporcionadas a cualquier fuerza o inteligencia humana, cruces, cruces, pero también frutos, frutos, frutos abundantísimos. Los instrumentos de Dios por lo general tienen una característica: la pequeñez, la debilidad… Mientras que el instrumento se mueve en las manos de Dios, él lo forma con miles y miles de cuidados dolorosos y alegres. Así lo vuelve cada vez más apto para el trabajo que debe desarrollar. Hasta que, adquiriendo un profundo conocimiento de sí y una cierta intuición de quién es Dios, pueda decir con competencia: yo soy nada, Dios es todo. Cuando la aventura empezó en Trento, yo no tenía un programa, no sabía nada. La idea del Movimiento estaba en Dios, el proyecto en el cielo».
Chiara Lubich es el origen del Movimiento de los Focolares. Nació el 22 de enero de 1920 en Trento, murió el 14 de marzo de 2008 en Rocca di Papa, rodeada por su gente. Los días posteriores miles de personas, desde simples obreros hasta personalidades del mundo político y religioso, llegan a Rocca di Papa para rendirle homenaje. El funeral tiene lugar en la Basílica romana de San Pablo extramuros, incapaz de contener la gran multitud acudida (40.000 personas). El Secretario de Estado Tarcisio Bertone, enviado por Benedicto XVI, preside la ceremonia eucarística junto a 9 cardenales, más de 40 obispos y cientos de sacerdotes. Lee un mensaje del Papa quien entre otras cosas, define a Chiara como una “Mujer de fe intrépida, dócil mensajera de esperanza y de paz”.
Resuenan las palabras que Chiara expresó un día: «Quisiera que la Obra de María, al final de los tiempos, cuando, compacta, se prepare a presentarse ante Jesús abandonado-resucitado, pueda repetirle: “Ese día, mi Dios, vendré hacia ti… con mi sueño más loco: ¡llevarte el mundo entre los brazos!”. ¡Padre que todos sean uno!».
13 Mar 2014 | Sin categorizar

11 Mar 2014 | Focolare Worldwide
Con los ancianos en una casa de salud. Con los presidiarios en la cárcel de la localidad, En un instituto de asistencia social. Con los coetáneos de distintas capacidades en un Centro de educación especial. Éstos no son los lugares donde normalmente los jóvenes pasan el tiempo. Sin embargo el 8 de febrero pasado, en Caldas da Rainha, en la región oeste de Portugal, un grupo de un centenar de Jóvenes por un Mundo Unido quiso dar una señal a la ciudad. Querían así sacudir la indiferencia que veían en ellos mismos y en los demás.
El punto de partida: un meeting en el auditorium del Centro social Parish, para focalizar el objetivo: el deseo de testimoniar el amor fraterno. Inspirados en las experiencias de jóvenes de otros países, ellos estaban convencidos de que “vivir por un mundo unido” puede ser una respuesta a los desafíos de hoy, Y a partir de ahí, en grupos, se trasladaron a distintos puntos de la ciudad hacia aquellas personas que tienen más necesidad de auxilio. También se diarigieron a lugares donde podían dejar un signo constructivo para la zona.
Repintar las paredes del Centro juvenil, de acuerdo al pedido realizado por la Comuna. Distribuir café, volantes, una sonrisa, un saludo a los peatones distraidos y sorprendidos. Fue una propuesta original para los habitantes de Caldas da Reinha, que se contagiaron con el entusiasmo y la convicción de los jóvenes.
«Si cada uno hiciese algo allí donde se encuentra, todo podría cambiar», comentó el vice intendente Hugo Oliveira.
«Fui para dar, y he recibido», cuenta un joven cuando volvía de la visita a los presidiarios. Entre éstos, algunos expresaron el deseo de ser, también ellos, constructores de un mundo unido.
«Trataré de perdonar…», «Estableceré más vínculos con mi familia», escribieron después de esta experiencia.
Una jornada intensa, que no pasó inadvertida, y que involucró muchas realidades. Pero el desafío recién ha comenzado, dicen los jóvenes: «Queremos continuar juntos el camino de la fraternidad universal donde vivimos, comenzando por pequeñas acciones, en nuestras familias, en las relaciones con los amigos, en la escuela, en el trabajo»
Para aspirar luego a los desafíos más grandes.
10 Mar 2014 | Focolare Worldwide, Senza categoria

También este año el aniversario de la Sierva de Dios Renata Borlone (Civitavecchia 30/5/1930-Loppiano 27/2/1990) fue un momento de reflexión sobre la vida cristiana y la intrepidez en llevar la paz y la alegría de Cristo a todas partes.
La cita central fue la S. Misa celebrada en el Santuario María Theotókos, en Loppiano (Italia)
«La alegría del Evangelio – como afirma el Papa Francisco en la Evangelii gaudium –colma el corazón y la vida de aquellos que se encuentran con Jesús», así fue en la experiencia de Renata.
Una alegría que brota de un alma que desde la adolescencia se dedicó a la búsqueda de Dios y de las bellezas de su creación y que, conociendo el Movimiento de los Focolares, no ahorró energía ni entusiasmo en testimoniar cotidianamente el amor y en contribuir en la construcción de la unidad de la familia humana que Jesús pidió al Padre en su oración antes de la pasión.
«La alegría – escribía Renata en su diario – coincide con Dios… poseerla siempre quiere decir poseer a Dios », y es más: «Alegría en vivir por los demás», una alegría que «no puede estar condicionada por nada, por nadie» porque «Dios me ama, aunque sea incapaz, aunque haya cometido muchos embrollos en la vida y continúo haciéndolos», pero también esa alegría que, paradójicamente, existe «extraída del sufrimiento» y «excavada del dolor»
En los veintitres años como corresponsable de la ciudadela de Loppiano que ahora lleva su nombre, Renata Borlone ha testimoniado con coherencia y humildad a las miles de personas que por allí pasaron, sea para un curso de formación o también sólo por breves momentos, la alegría de la vida evangélica, dando su contribución esencial a la socialidad nueva que la ciudadela quiere mostrar, poniéndose siempre al servicio, y viviendo con excepcional fe la grave enfermedad que la llevará a la muerte. «Estoy feliz, soy demasiado feliz – repetía en los últimos instantes de su existencia terrena-. Quiero testimoniar que la muerte es Vida»
Y continuando entrelazando las palabras del Papa y las de Renata, impresiona ver que la alegría es no sólo un fruto sino también la causa de la transformación del mundo y de la superación de las dificultades. Recientemente el Papa Francisco en una homilía en Santa Marta decía: «No se puede caminar sin alegría, incluso en los problemas, también en las dificultades, en las propias equivocaciones y pecados existe la alegría de Jesús que siempre perdona y auxilia».
Y Renata escribía: «Si yo tuviese que hablar, pondría en evidencia que la alegría que existe en Loppiano nace de la decisión que cada uno asume de querer morir a sí mismo. Diría también que de esta manera la unidad de los pueblos ya se ha logrado, porque el aceite que sale de la oliva exprimida es aceite, y no se distingue más una oliva de la otra… »
Dolor y alegría, por lo tanto, desafío y conquista de renovarse siempre y nunca replegarse sobre sí mismo: «Haz que los otros sean felices, que nuestro Cielo aquí en la tierra sea la alegría de los otros», «Yo no me entregué a Dios para ser feliz, sino para que mi donación tuviese un sentido para la alegría, para la felicidad de todos los demás, de todos los que Dios me habría colocado cerca»
De Francesco Châtel