26 Feb 2018 | Palabra de vida, Sin categorizar
El rey y profeta David, autor de este salmo, está agobiado por la angustia y la pobreza y se siente en peligro frente a sus enemigos. Querría encontrar un camino para salir de esta situación dolorosa, pero siente su impotencia. Entonces eleva sus ojos hacia el Dios de Israel, que desde siempre ha protegido a su pueblo, y lo invoca con esperanza para que acuda en su ayuda. La Palabra de vida de este mes subraya en particular su petición de conocer los caminos y las sendas del Señor, como luz para nuestras propias decisiones, sobre todo en los momentos difíciles. «Muéstrame tus caminos, Yahvé, enséñame tus sendas». También a nosotros nos sucede que tenemos que tomar decisiones en la vida que afectan a la conciencia y a toda nuestra persona; a veces tenemos muchos posibles caminos ante nosotros y no estamos seguros de cuál es el mejor; otras veces nos parece que no hay ninguno… Buscar un camino por el que avanzar es profundamente humano, y a veces necesitamos pedirle ayuda a alguien a quien consideramos amigo. La fe cristiana nos lleva a entrar en la amistad con Dios: Él es el Padre que nos conoce íntimamente y que gusta de acompañarnos en nuestro camino. Todos los días Él nos invita a cada uno de nosotros a emprender libremente una aventura teniendo como brújula el amor desinteresado por Él y por todos sus hijos. Los caminos y sendas son también ocasiones de conocer a otros viajeros, de descubrir nuevas metas que compartir. El cristiano nunca es una persona aislada, sino que forma parte de un pueblo en camino hacia el designio de Dios Padre sobre la humanidad, que Jesús nos reveló con sus palabras y con toda su vida: la fraternidad universal, la civilización de la unidad. «Muéstrame tus caminos, Yahvé, enséñame tus sendas». Y los caminos del Señor son audaces, a veces parecen llevarnos al límite de nuestras posibilidades, como puentes colgantes entre paredes de roca. Estos caminos desafían hábitos egoístas, prejuicios, la falsa humildad, y nos abren horizontes de diálogo, encuentro y compromiso por el bien común. Sobre todo nos reclaman un amor siempre nuevo, arraigado en la roca del amor y de la fidelidad de Dios para con nosotros y capaz de llegar hasta el perdón. Es la condición irrenunciable para entablar relaciones de justicia y de paz entre personas y entre pueblos. También el testimonio de un gesto de amor sencillo pero auténtico puede iluminar el camino en el corazón de los demás. En Nigeria, durante un encuentro en el que jóvenes y adultos podían compartir sus experiencias de amor evangélico, una niña, Maya, contó: «Ayer, mientras estábamos jugando, un niño me empujó y me caí. Me dijo “perdón” y le perdoné». Estas palabras abrieron el corazón de un hombre cuyo padre había sido asesinado por Boko Haram: «Miré a Maya. Si ella, que es una niña, puede perdonar, significa que también yo puedo hacer lo mismo». «Muéstrame tus caminos, Yahvé, enséñame tus sendas» Si queremos encomendarnos a un guía de confianza en nuestro camino, recordemos que el propio Jesús dijo de sí mismo: «Yo soy el camino…» (Jn 14, 6). Dirigiéndose a los jóvenes en Santiago de Compostela en la Jornada Mundial de la Juventud de 1989, Chiara Lubich los animó con estas palabras: «[…] Al definirse a sí mismo como “el Camino”, quiso decir que debemos caminar como Él caminó […]. Se puede decir que el camino que recorrió Jesús tiene un nombre: amor […] El amor que Jesús vivió y llevó es un amor especial y único. […] Es el mismo amor que arde en Dios. […] Pero ¿a quién amar? Ciertamente, amar a Dios es nuestro primer deber. Y luego: amar a cada prójimo. […] »De la mañana a la noche, cada relación con los demás hay que vivirla con este amor. En casa, en la universidad, en el trabajo, en los campos de deporte, en vacaciones, en la iglesia o por la calle, debemos aprovechar las distintas ocasiones para amar a los demás como a nosotros mismos, viendo a Jesús en ellos, sin descuidar a nadie; es más, siendo los primeros en amar a todos. […] Entrar lo más profundamente posible en el ánimo del otro; comprender de verdad sus problemas, sus exigencias, sus tropiezos y también sus alegrías, para poder compartir con ellos todo. […] Hacerse, en cierto modo, el otro. Como Jesús, el cual, siendo Dios, por amor se hizo hombre como nosotros. Así el prójimo se siente comprendido y aliviado, porque hay alguien que lleva con él sus pesos, sus penas, y comparte sus pequeñas alegrías. »“Vivir el otro”, “vivir los otros”: este es un gran ideal, es superlativo […]». Letizia Magri
8 Feb 2018 | Sin categorizar
Es con este título que se está por inaugurar, en menos de tres semanas, una cita promovida por el Movimiento Humanidad Nueva, que tendrá lugar en el Hotel Príncipe a Pomezia (Roma). Cinco días de intercambio de experiencias, reflexiones, balances y nuevas pistas de trabajo: una auténtica “escuela” para “aprender”, una vez más, coómo actuar la fraternidad en la ciudad, a partir de la riqueza que comporta la diversidad de cada uno. Programa Para informaciones: Movimiento internacional Humanidad Nueva Telf +39-06 943156 35 newhumanity@focolare.org
6 Feb 2018 | Sin categorizar
Punto central del congreso que tendrá lugar en Roma, del 20 al 22 de abril, será el papel del deporte ante el límite y las barreras de cualquier tipo: físicas, psicológicas, relacionales, culturales, sociales, ambientales. La experiencia deportiva es por su naturaleza un lugar de confrontación con el límite. ¿Por qué el deporte se revela terreno eficaz para hacer las paces con los propios límites y para incluir, integrar y abatir las barreras? ¿Dónde está su magia? El objetivo es, como dice la misión de Sportmeet, afrontar este importante argumento a través de reflexiones culturales, testimonios y talleres prácticos, dialogando con los protagonistas de experiencias significativas en curso, en especial, en la ciudad de Roma. ¿Estás interesado? ¿Quieres inscribirte? Para informaciones: Sportmeet
25 Ene 2018 | Sin categorizar
Un rostro redondo, con dos ojos azules y atentos. Encuentro por primera vez a Peter Grimheden en Lund, Suecia, en el histórico encuentro entre católicos y luteranos para celebrar los 500 años de la Reforma. Peter es un joven pediatra muy apasionado de su trabajo al que se dedica con gran entusiasmo. Su particularidad es la de ser sueco, luterano y focolarino. Eligió un camino de donación total a Dios. Vive en Estocolmo en una pequeña comunidad con otros 4 focolarinos católicos: un belga, un argentino, dos italianos. ¿Creciste en un ambiente y en una familia cristiana? Formo parte de la Iglesia luterana sueca y provengo de una familia muy ligada a las tradiciones. Cuando era chico tenía la costumbre de ir a visitar a los abuelos. Antes íbamos a la Misa y después cenábamos juntos. Durante la cena, después de que la abuela había lavado los platos, nos sentábamos y debíamos escuchar a mi abuelo que nos leía un sermón de Lutero. ¡Como si el de la Misa no hubiera alcanzado! Lo único que me acuerdo es que jugaba a mantener la respiración. Mi récord fue el de resistir sin respirar durante un minuto seguido. Era una educación rígida y severa. Todo era o blanco o negro y no podía nunca ir al cine ni a jugar al hockey en el hielo. ¿Cómo conociste a los Focolares? Era muy amigo de una chica que me invitó a un concierto del Gen Verde, una banda musical inspirada en la espiritualidad de los Focolares. Me gustó la música, las palabras, la atmósfera que se construyó. El hermano de una de las que cantaban había muerto en una guerra civil y ella fue capaz de perdonar. Me gustaba un cristianismo positivo, no basado en las prohibiciones y en lo que no hay que hacer. Las personas de los Focolares se convirtieron en mis amigos y los visitaba junto con mi novia. Pero después de poco tiempo me sentía limitado en la relación con mi novia y terminamos. Seguí visitando a los Focolares y me sentí muy atraído por las personas que se donaban completamente a Dios viviendo en una comunidad. Para mí fue como resbalar en una cáscara de banana más que hacer una gran elección. Fue como enamorarme. Así, a los 21 años, viajé a Italia a Loppiano, cerca de Florencia, para asistir a la escuela de formación para focolarinos. Fue una ocasión única para conocer personas de todo el mundo aunque me sentía un poco “exótico” porque casi todos eran católicos. Hoy vives en un comunidad de Estocolmo. ¿Significa una dificultad convivir con personas de otra Iglesia? Tendríamos más o menos las mismas dificultades si viviéramos con personas de la misma Iglesia. El pertenecer a una Iglesia u otra no tiene un impacto en la vida cotidiana porque compartimos los mismos ideales. Tenemos en común la vida cristiana y no advierto diferencias entre nosotros. Me sentía un poco solo cuando asistía a mi iglesia luterana, pero, ahora mis amigos, de vez en cuando me acompañan porque están interesados en conocer mejor mi Iglesia, como yo también estoy interesado en conocer la de ellos. Tratamos de vivir con la presencia de Jesús entre nosotros y todos somos sus discípulos. Fuente: Città Nuova