Movimiento de los Focolares
Ecumenismo: el diálogo de la vida

Ecumenismo: el diálogo de la vida

“Viniendo a esta zona ha estallado algo. Ha estallado esta idea: realmente Dios nos dio una nueva forma de ecumenismo. Primero había un ecumenismo de la caridad, es decir, el diálogo de la caridad, como cuando Atenágoras llevaba los regalos al Papa y el Papa llevaba los regalos a Atenágoras, a Estambul; como cuando Ramsey llevaba los presentes al Papa, el Papa le daba los presentes… era una señal de un acercamiento. Después existía el diálogo de la oración, donde todos rezamos juntos, especialmente en la Semana por la unidad. Y después estaba el diálogo teológico, que está algo frenado en muchas partes, también aquí en Inglaterra está un poco… frenado. Sobre todo viniendo aquí nos hemos dado cuenta de que tenemos un cuarto diálogo, una cuarta línea. Nuestro diálogo es el diálogo de la vida, el diálogo de un pueblo que ya es católico, anglicano, luterano, reformado… de un pueblo que está ya unido y que es un pueblo… Es “el” pueblo cristiano del 2000, de hoy. Esta es nuestra manera de hacer ecumenismo: despertar en los cristianos su instinto cristiano, unirnos, porque la botella esta casi llena, unirnos y llevar adelante este pueblo. Ya desde hace años el Papa nos dice: «Son un pueblo», pero lo dice refiriéndose al número. Ahora nos hemos cuadruplicado, con respecto al número de entonces, cuando el Papa lo decía. Pero nosotros entendemos: ¿qué pueblo es? Es el pueblo cristiano. El pueblo… somos nosotros, nosotros. El otro día hablando a los focolarinos y estaban presentes Lesley y Callan(*), decía: «Pero, ¿quién me separará de Lesley y de Callan? ¡Nadie, porque es Cristo quien nos ha unido! Jesús en medio de nosotros nos ha unido. ¡Nadie nos separará!”. Pero, ¿quién habla así en el mundo cristiano, en general, entre ortodoxos y católicos y luteranos? Todos van por su cuenta. Todos van detrás de sus propias Iglesias, naturalmente por el momento es necesario hacer así. Van hacia las personas de su iglesia, hacia la propia corriente, la propia denominación; pero quién dice: «¿Nadie me separará, porque Cristo nos ha unido?”.    El hecho es que Cristo nos ha unido y nos ha hecho un único pueblo. Esta es la pequeña «bomba» que ha estallado aquí, en Inglaterra. Queridísimos, gracias también por este aplauso. Nunca agradezco los aplausos, pero es señal de que están de acuerdo con lo que he dicho, que coincidimos”. Chiara Lubich, Londres, 16 de Noviembre de 1996 – a la comunidad de los Focolares de Gran Bretaña e Irlanda (*) Focolarinos anglicanos

Ecumenismo: el diálogo de la vida

Te has casado con Dios, espérate cualquier cosa…

Soundtrack italiano © Charisma Productions (UK)

Siempre he tenido una fe fuerte y, junto a la fe, estaba el amor por Dios. Pero lo conocía un poco como todos: lejano, quizá más allá de las estrellas. El momento fulminante fue a los 23 años, cuando comenzó a funcionar este carisma”. “Dios habla a través de las circunstancias, las personas, los encuentros, lo que sucede. Yo recuerdo que estaba en casa, estudiaba, mi madre quería que yo estudiara siempre, que no perdiera tiempo en nada, solo estudiar; mientras que tenía dos hermanas, dos más pequeñas, que hacían muchas otras cosas. Un día, era un día muy frío. Nosotros éramos más bien pobres. Antes habíamos sido más ricos, después sin embargo, por las circunstancias… Y mi madre dijo: “Es necesario ir a buscar la leche”. Teníamos siempre que ir con la botella a buscar la leche a un kilómetro y medio de distancia. Y la primera de mis hermanas pequeñas, dijo: “Yo no voy, porque hace frío, está demasiado frío, es imposible”. Y la otra: “Yo no voy”. Yo ya había comprendido que era importante amar; ya había comprendido, antes todavía de nuestro Ideal, y dije: “Hago un acto de amor: voy yo”. Se lo dije a mi madre: “Mamá, voy yo”. Y cogí esa botella, fui a lo largo de ese camino hacia el lugar donde debía ir, y a mitad de camino… allí fue… tuve como la impresión, una simple impresión, pero era como si el Cielo se abriera, y sentí dentro de mí: “Date toda a mí, date toda a mí” y comprendí que era la llamada. Entonces fui a buscar la leche, volví, estuve callada con todos. Escribí al confesor, y él me dijo: “Venga que hablaremos” Entonces se usaba hacer así: hacer la parte, como se dice, del diablo: decir todas las dificultades. Y me dijo: “¡Ud. se quedará sola! Si quiere consagrarse a Dios quedará sola. Y su hermano y sus hermanas se casarán, y tendrán hijos; Ud. sola!” Yo respondí: “Mientras haya un sagrario, yo no estaré sola”. Y él consultó con una persona, un padre muy anciano, de esos expertos, y me dio el permiso en seguida de consagrarme a Dios inmediatamente, para toda la vida. Y aquel día fui, él había preparado un reclinatorio en una Iglesia; yo debía ir allí, oír Misa. Tenía un misal pequeño, bonito. Y recuerdo que antes de pronunciar: “Soy toda tuya”, comprendí lo que estaba haciendo; era como si detrás de mí cayera un puente: ya no podía volver atrás. Y me acuerdo que me cayó una lágrima. Pero hice mi voto, voto, en definitiva, desposé a Dios. Y después volví a casa, y mi impresión era ésta: te has casado con Dios: espérate cualquier cosa. Y yo estaba en espera de algo grande. No me habría jamás imaginado, naturalmente, un Movimiento como éste, que va más allá de todas las fuerzas humanas. Recuerdo que me habían dicho que pasara en vela la noche anterior, que rezara; pero me parecían prácticas un poco… no muy justas para mí. Estuve un par de horas y después… tenía un crucifijo. Al día siguiente, volviendo a casa, después de este voto, compré tres claveles rojos. Mi madre me dijo: “Pero, ¿a dónde vas?” “A una ceremonia”. Sentía que no era necesario decirlo. En efecto el Evangelio dice que no todos comprenden; solo aquellos que son llamados comprenden. Por otro lado, yo daba clases, daba clases a algunas compañeras, y con ellas enseguida… Me veían tan feliz: “Pero ¿qué tienes Chiara, que tienes? Entonces les conté y ellas: “Nosotras también”. Y poco a poco se prepararon: así comenzó el Movimiento. Pero mientras tanto, con mi voto, fue puesta la primera piedra, sólida, para siempre”. Extraído de “Cara a cara – Chiara Lubich y Sandra Hogget” (1º Parte) Rocca di Papa (Roma), 18 de abril de 2002