EcoOne, expresión del Movimiento de los Focolares que reúne a profesionales, docentes, técnicos, estudiantes y entusiastas de la ecología, ha organizado un encuentro internacional que se celebrará del 18 al 20 de septiembre de 2026 en Castel Gandolfo (Italia), con la participación de personas de los cinco continentes. Serán tres días dedicados a compartir, escuchar y dialogar sobre el cuidado de la creación.
Identidad, Red y Futuro: estos son los tres temas clave que se abordarán durante el seminario, invitando a los participantes a reflexionar sobre quiénes somos, cómo estamos conectados entre nosotros y cuáles son las metas de nuestro camino compartido.
18 de septiembre, IDENTIDAD: “Las raíces culturales y espirituales de nuestro compromiso”.
19 de septiembre, RED: “¿Cómo afrontar el desafío de los límites planetarios? Ser actores y promotores de una cultura de ecología integral”.
20 de septiembre, FUTURO: “La paz y el desafío ecológico. Transmitir una cultura y vías concretas de sostenibilidad relacional”.
No es casualidad que el evento tenga lugar durante este periodo en que se celebra del 1 de septiembre al 4 de octubre el Tiempo de la Creación —un camino ecuménico de oración y compromiso con el cuidado de nuestra Casa Común—. Es un tiempo en el que la Iglesia, junto con otras comunidades cristianas, está invitada a renovar su compromiso con la Creación, guiada por la oración, la conversión y acciones concretas de cuidado.
“EcoOne nace del deseo de crear una oportunidad para que personas con experiencias, conocimientos y trayectorias diversos —pero unidas por una preocupación común por el medio ambiente y el futuro del planeta— se reúnan e intercambien ideas”, explica Stefania Papa, responsable de EcoOne. “El objetivo es integrar aportaciones de la ciencia, la educación, el compromiso social y la espiritualidad para fomentar un diálogo capaz de generar ideas, colaboraciones e iniciativas concretas. Los desafíos ambientales y sociales de hoy están interconectados y requieren espacios de escucha recíproca, creación de vínculos y trabajo colaborativo. Por ello, el Encuentro también busca servir de espacio para compartir experiencias y buenas prácticas, establecer redes de contacto y fortalecer colaboraciones ya existentes”.
Desde hace años, EcoOne promueve el diálogo entre la ciencia, la ética y la sostenibilidad, inspirándose en la espiritualidad de la unidad de Chiara Lubich y en la ecología integral propuesta por el Papa Francisco en Laudato si’.
El encuentro será un paso más en esta dirección: un laboratorio de diálogo y colaboración donde la reflexión científica, la preocupación medioambiental y las relaciones humanas convergen para trazar nuevos caminos que recorrer juntos. Será un espacio donde jóvenes, educadores, profesionales y ciudadanos de a pie podrán compartir experiencias y explorar proyectos en curso por el bien de la Creación.
Mabih, de Costa de Marfil, protagonizó uno de los testimonios más conmovedores de los 35 años de la Economía de Comunión.
Propietaria de Mabs and Smalls Kitchen, nos contó cómo dejó de ser una jefa tradicional para convertirse en una facilitadora de dignidad al encontrar en la EdC un modo de vida.
Mabih comprendió que, en una economía empresarial basada en la comunión, el objetivo principal no es el lucro, sino la persona.
“Cuando pones al ser humano en el centro, el negocio no se perjudica. Prospera.”
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Franco y Anna estaban casados desde el año 1991 y habían tenido tres hijos: Benedetta, Francesca y Federico. En agosto de 2025 Franco partió de improviso al Cielo, a la edad de 63 años. Esta noticia conmovió a muchas personas, no solamente en su ciudad, Poggio Mirteto (Italia), sino también a los muchos amigos del Movimiento de los Focolares que lo habían conocido. Había sido un gen (jóvenes de los Focolares) y luego, siempre encendido por el Ideal de la Unidad, había dicho su sí al llamado a vivir por Jesús, tanto en su trabajo (durante años trabajó en la Casa Editorial Città Nuova – Ciudad Nueva italiana). Allí había tenido contacto con gran cantidad de personas.
Junto a Anna, ese “sí” inicial que había pronunciado, a formar una familia fiel al “donde dos o más…”, se enriqueció con un compromiso en la comunidad local, a lo largo del itinerario de vida que recorrieron juntos. De una manera particular fueron muy activos en el Movimiento Familias Nuevas (rama de los Focolares, compuesta por familias que se proponen vivir la espiritualidad de la unidad) y con el acompañamiento a parejas en su proceso de preparación al matrimonio y al bautismo de los hijos.
Tras un largo período en la Casa Editorial, Franco empezó una nueva experiencia laboral como docente de religión en un Instituto técnico, dedicándose completamente y con pasión para tratar de ayudar a sus alumnos en un crecimiento sereno, aun en medio de las dificultades y dolores personales que los mismos chicos le contaban. El recuerdo que todos conservan más vivamente son las clases al aire libre, a la sombra de los árboles, en el jardín externo del colegio; su profunda capacidad de escucha y su sonrisa. Esa sonrisa la habían conocido también sus compañeros de trabajo, sus colegas, juntamente con su compromiso a crear en la escuela un clima de familia, con paseos por las montañas y momentos de convivencia.
En el último período de vida Franco respondió a un llamado que sintió: el de ser Diácono al servicio de la Iglesia. Lo hizo con humildad, en silencio pero estando siempre presente, dispuesto a ayudar a todo aquel que lo estuviera necesitando ante un problema. Todos los que se cruzaron con él recuerdan su gran sonrisa y que lograba transformar el humor de los que se le acercaban.
En las fotos: Franco con toda su familia; una excursión a la montaña; durante su servicio como diácono
Su casa estaba siempre abierta a todos y lo sigue estando, pues muchos amigos son un apoyo para Anna y sus hijos, gracias al amor que él sembró en estos años.
Incluso durante la internación de Franco en el hospital, la última semana antes del fallecimiento, los médicos quedaron impresionados por las continuas visitas de jóvenes que iban a verlo para despedirse de él, para darle un abrazo a la familia, o simplemente para estar allí presentes a su lado, y rezar juntos.
Un colega suyo, que se manifestaba como no creyente, lo saludó diciéndole que había sido “la persona más cercana al Evangelio” que hubiera conocido.
En la misa de despedida, su funeral, había muchísima gente, y numerosos los jóvenes que ocupaban incluso el atrio. Uno de los carteles que habían colgado decía: “Nos hablaste de fe pero nos ensañaste el amor”. Alrededor del altar un nutrido grupo de sacerdotes y diáconos junto al obispo, Monseñor Ernesto Mandara.
Durante la homilía, el padre Mauro Guida, párroco de la Catedral de la Asunción de Poggio Mirteto, citando a los Santos Lorenzo, Clara, Juana, Ponciano e Hipólito, recordados en los días anteriores, dijo: “Cada vez, cada nombre, cada palabra, cada rostro de santidad, parecía el retrato de nuestro querido Franco. Como hacían antes los niños, que se mostraban las figuritas y repetían el estribillo “la tengo, la tengo…”, de la misma manera Franco se había vuelto de golpe la imagen del que tuviera cualquier cualidad que se describiera, o que uno pudiera imaginar; ‘santidad de la puerta de al lado’, la llamó el Papa Francisco”.
“Hemos quedado profundamente conmovidos con la noticia de la partida al Cielo de Franco y encantados conociendo los detalles de su vida –afirmaron en una carta, Margaret Karram e Jesús Morán, Presidente y Copresidente (en 2025) de los Focolares–. Oraciones y profunda gratitud por su vida tan bella y luminosa. En la certeza de que ya ha sido recibido por Jesús, lo sentimos protector de Familias Nuevas y de las Nuevas Generaciones. Unidos de una manera muy especial a Anna e hijos”.
En las fotos: inauguración del aula al aire libre en el colegio donde daba clase
El colegio en el que Franco trabajó, el Instituto Gregorio da Catino de Poggio Mirteto, quiso dar su nombre a un aula al aire libre. El siguiente es el post publicado en la página del Facebook de la escuela: “Hay profesores que dejan una marca indeleble por su forma de mirar el mundo: Franco Fortuna era uno de ellos. Para recordar el amor que tenía por las clases al aire libre, hoy (5 de junio de 2026) hemos inaugurado una verdadera aula externa (…). Nuestro deseo es que pueda ser un lugar en donde los estudiantes sigan aprendiendo, dialogando y soñando, justamente como lo habría querido el profesor Fortuna”.
Lorenzo Russo Fotos: por cortesía de la familia Fortuna
Tonadico, un pequeño pueblo en las Dolomitas, al norte de Italia, se convirtió en un lugar de inmensa importancia para el Movimiento de los Focolares en 1949. La experiencia mística vivida en esas montañas por la fundadora del Movimiento, Chiara Lubich, junto con sus primeros compañeros y el renombrado parlamentario y periodista italiano Igino Giordani, continúa marcando la espiritualidad del Movimiento en todo el mundo. Ahora, 77 años después, el municipio de Primiero en Italia y el Movimiento de los Focolares han otorgado el primer premio internacional “Tonadico – Ciudad del Pacto”. El premio fue entregado a Gerhard Pross, de la YMCA de Esslingen, Alemania. Evangélico luterano, es cofundador y antiguo moderador del movimiento ecuménico «Insieme per l’Europa».
Un pacto que sigue vigente.
El 16 de julio de 1949, Chiara Lubich e Igino Giordani establecieron un pacto de unidad durante una celebración eucarística en la iglesia, lo que dio origen a una experiencia mística recordada como Paraíso 49 . Los compañeros de Chiara Lubich se unieron posteriormente a este pacto. Este “momento histórico” es mucho más que un simple recuerdo, subrayó el alcalde de Primiero, Daniele Depaoli, durante la ceremonia de entrega de premios. Gracias a una espiritualidad que “penetra en el mundo secular, en la vida civil y política”, este pacto sigue vigente, afirmó Depaoli, según recoge Vatican News.
La decisión de otorgar el premio, de reciente creación, en primera instancia al alemán Gerhard Pross fue explicada por el sociólogo Bruno Turra durante el evento: Pross es un “ingeniero de relaciones”, un “maestro tejedor de comunidades”.
Un ecumenismo de corazones
Durante la ceremonia, Pross rememoró los inicios del movimiento ecuménico “Juntos por Europa”, describiendo una reunión en el centro ecuménico del Movimiento de los Focolares en Ottmaring, Alemania, inmediatamente después de la firma de la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación por representantes de la Iglesia Católica Romana y la Federación Luterana Mundial en Augsburgo. Allí, cerca de 50 líderes de diversas iglesias y movimientos cristianos, en presencia de Chiara Lubich, oraron juntos y se pidieron perdón por los sufrimientos del pasado. “Después, fue como si los cielos se hubieran abierto y un mar de gracia se hubiese derramado sobre nosotros”, recordó Pross en Tonadico. Nunca había vivido un momento tan profundo. Allí nació un “verdadero ecumenismo de corazón”.
No existen fronteras entre el cielo y la tierra.
Para él, fue un momento tan místico como el pacto entre Chiara Lubich e Igino Giordani: “Aquí en Tonadico, el cielo y la tierra se han unido, porque la experiencia mística de Chiara Lubich ha abolido las fronteras entre el cielo y la tierra”.
Silvana “Ave” Cerquetti, artista, escultora y figura destacada del Movimiento de los Focolares, falleció el 3 de julio de 2026 en Padua, Italia, a la edad de 95 años. Nació en Roma el 9 de agosto de 1930, dedicó toda su vida a la búsqueda de la belleza como camino hacia Dios, dejando una profunda huella.
Desde su infancia, transcurrida entre Roma y Montefalco (Umbría, Italia) durante los difíciles años de la guerra, Ave demostró una extraordinaria sensibilidad hacia la creación. Fue en este pueblo de Umbría donde tuvo su primer contacto con el arte: pasaba horas observando a un alfarero trabajar, hasta que comprendió que esa misma arcilla podía convertirse en una herramienta para dar forma al mundo que llevaba dentro. Con el apoyo de su madre, creó un gran pesebre que atrajo la atención de todo el pueblo, anticipando una vocación que se desarrollaría años más adelante.
Después de estudiar en la Escuela de Arte y la Academia de Bellas Artes de Roma, donde se graduó en escultura en 1953, pronto se consolidó como una de las jóvenes promesas del arte italiano. Ya en 1952, una de sus obras fue seleccionada para representar a los estudiantes de la Academia en la Bienal de Venecia. Pero el éxito profesional no bastaba para satisfacer su inquietud interior.
El episodio que marcaría definitivamente su carrera tuvo lugar durante una visita a una exposición de Georges Rouault en el Palazzo Venezia. Ante un rostro de Cristo pintado por el artista francés, Ave vivió una experiencia que ella misma describió como deslumbrante: comprendió que el arte podía convertirse en una herramienta para comunicar a Dios a la humanidad. Desde ese momento, nació una convicción que la acompañaría toda la vida: “Haré arte sacro”.
En los años siguientes, se dedicó principalmente al retrato, ganándose el reconocimiento y la aclamación de los círculos artísticos romanos y un lugar destacado en las exposiciones de Via Margutta, la calle de los artistas de Roma. Quienes contemplaban su obra destacaban su habilidad para captar la esencia de las personas. Para Ave, de hecho, cada rostro merecía un respeto casi sagrado, pues era un reflejo de la obra creadora de Dios.
Un punto de inflexión decisivo se produjo en 1955, durante una estancia en Sassari (Cerdeña, Italia), un tiempo de profunda introspección. Allí descubrió el Movimiento de los Focolares gracias a una visita al focolar de la ciudad, que describió como un redescubrimiento de la armonía y la belleza que siempre había buscado. Marisa Cerini y Caterina Ruggiu la recibieron con alegría. Ave relata: “Aún estábamos en el pequeño vestíbulo, e inmediatamente tuve la extraordinaria sensación de entrar en esa unidad, armonía y belleza de la creación que tantas veces había contemplado, y me dije: ¡Aquí está Dios, aquí está la Iglesia!”. Este fue el episodio culminante en su búsqueda por regresar a la Iglesia Católica, dado que toda su familia se había unido en un momento dado a la Iglesia Valdense. Por ello, Ave siempre atesorará un amor especial por el ecumenismo, sin olvidar jamás orar por la unidad de las Iglesias.
Entre 1958 y 1960, vivió una intensa experiencia en Latinoamérica. Invitada a San Salvador para un intercambio cultural, pronto se estableció allí. Ave impartió clases de escultura en la Academia de Bellas Artes, donde recibió varios premios. Participó en la creación de la primera galería permanente de arte contemporáneo del país y creó obras significativas, incluyendo una estatua monumental de San Ignacio. Su éxito profesional fue notable, pero aún más significativa fue la maduración de su vocación. Su compromiso cristiano siguió guiando cada una de sus opciones, y durante su viaje de regreso a Italia, con paradas en los santuarios de Guadalupe, Lourdes y Montserrat, maduró la decisión de consagrar su vida totalmente a Dios en el focolar, una aventura que comenzó en mayo de 1961.
Al aceptar la invitación de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, de no abandonar el arte y la escultura, sino de ponerlos plenamente al servicio de Dios, sintió un profundo deseo de dejar de crear sola y trabajar en comunión con otras artistas que compartían el mismo camino espiritual. Así, junto con Tecla Rantucci, escultora, y Marika Tassi, pintora, fundó el Centro Ave, el primer taller, llamado así por la Lubich para que cada obra pudiera ser vivida como un regalo a la Virgen María. Fue entonces cuando Silvana adoptó el nombre de Ave, tanto en su vida como en su arte. El taller abrió inicialmente en un sencillo garaje romano, para luego trasladarse a Grottaferrata, una ciudad cerca de la capital, y posteriormente a Loppiano (Florencia).
Bajo su dirección, el Centro Ave se convirtió con el paso de los años en un importante laboratorio internacional de arte sacro. Allí se crearon obras que se han convertido en referentes para numerosos ambientes eclesiásticos, como la Bella Accoglienza, la Madonna del Buon Cammino, la Madonna della Neve y numerosas representaciones de Cristo y la Virgen, que se han difundido por todo el mundo. Al mismo tiempo, se desarrollaron estudios de diseño arquitectónico y litúrgico, que propiciaron la construcción de iglesias, complejos parroquiales e importantes proyectos de remodelación eclesiástica.
El Centro Ave fue reconocido como un claro referente estilístico por la crítica y en la iglesia, donde la arquitectura abraza la escultura y se ve envuelta por la luz de los vitrales, en un equilibrio perfecto entre las artes. Y Ave fue siempre el primer e incansable guardián de esta experiencia de unidad, que comenzó con el compromiso de cada una de dejar que el Maestro, Dios, viviera entre ellas, partiendo precisamente de esta dimensión comunitaria.
“Sacia esta sed de belleza que el mundo siente – afirmó Chiara Lubich en 1961, refiriéndose a esta realidad – manda grandes artistas, pero plasma con ellos grandes almas que, con su esplendor, puedan guiar a los hombres hacia el más bello de los hijos de los hombres: ¡Jesús!”.
Esta visión encontró una de sus máximas expresiones en el Santuario de María Theotokos en Loppiano, donde su contribución especial se hace evidente, considerada por ella como la culminación de una vida artística y espiritual. Incluso en sus últimos días, según cuentan quienes la conocieron de cerca, su rostro se iluminaba con solo oír el nombre.
Además de su creatividad, quienes trabajaron con ella a lo largo de los años recuerdan sobre todo su capacidad para valorar a los demás. Ave sabía reconocer la bondad oculta en las personas y fomentarla. Para muchas generaciones de artistas, fue una maestra no solo de la técnica, sino, ante todo, de la visión: una visión capaz de ver la belleza incluso en las realidades más simples y cotidianas.
En 1999, junto con Michel Pochet y Liliana Cosi, contribuyó a la creación de la Comisión Central para la Inundación del Arte, una hermosa expresión acuñada por Chiara Lubich para describir el impacto de la espiritualidad de la unidad en la cultura artística contemporánea. Esta iniciativa se ha extendido hasta convertirse en una vibrante red mundial itinerante de artistas.
Con su partida, Ave Cerquetti deja un legado vivo de obras, comunidades artísticas y relaciones humanas. Una vida entera dedicada a traducir al lenguaje de la materia, la forma y la luz la Palabra del Evangelio que se convirtió en el propósito de su vida: “Amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios” (1Jn 4,7).