¿Cómo surgió la oportunidad de trabajar en el CMI?
Wehrle: El Dr. Lukas Vischer, el conocido teólogo suizo que fue director de la Comisión de Fe y Constitución del CMI durante muchos años, conoció a Chiara Lubich en 1962, en Roma. A su regreso a Ginebra, relató su encuentro con una mujer católica romana que, según dijo, sentía un profundo anhelo de dedicar su vida a un movimiento por la unidad. Habló con sus colegas del CMI y decidieron, en 1967, invitarla a Ginebra para que compartiera con ellos esa espiritualidad de la unidad. En esa reunión, con el fin de facilitar, mantener y profundizar la relación con Chiara Lubich y el Movimiento de los Focolares, preguntaron si alguien del movimiento podría incorporarse al CMI. Así fue como empecé a trabajar allí en 1969.
Yo estaba muy entusiasmada con la idea de poder dar mi aporte a la misión del CMI. Tenía 23 años. Yo pensaba que viviendo esta espiritualidad de la unidad y compartiéndola, el sueño de ser uno, la oración de Jesús “para que todos sean uno”, iba a volverse una realidad. Le escribí eso a Chiara Lubich. Ella me respondió enseguida: “Poco a poco, Luzia, solo tienes que amar –no tienes otras responsabilidades–. María no estaba preocupada por mantenerse activa, sino por dejar sitio y hacer visible a Jesús, a través del amor”. Esa frase me liberó de toda presión y me acompañó durante los años en los que trabajé en el CMI. No lo era, y no lo soy todavía, una teóloga ni una ecumenista. Chiara no se fijó en ello cuando me pidió que fuera a Ginebra. Para ella fue suficiente decirme “solo tienes que amar”, lo que único que se necesita es amar y amar a Jesús en cada prójimo.
De hecho, estos 40 años han sido un regalo inmenso y han dejado en mi corazón una marca indeleble. Y ello no solo por la experiencia ecuménica que fui adquiriendo a través de las numerosas conferencias en todo el mundo, sino sobre todo por la hermosa posibilidad de vivir por la unidad de las Iglesias. Ha sido un verdadero privilegio y, en un cierto sentido, un continuo agradecimiento a Dios, porque me parece que me permitió experimentar su amor personal a través de este período. Por cierto, ha sido un período precioso de mi vida en el CMI de Ginebra. Lo que me ha impactado profundamente ha sido ver en mis compañeros de trabajo la generosidad de haber dedicado años de su vida al movimiento ecuménico. Es más, muchos de ellos dejaron sus países de origen junto con sus familias, la propia vida cultural, sus comodidades e incluso sus carreras profesionales. ¡Qué riqueza haber vivido junto a tantas culturas distintas!
Wehrle: Chiara Lubich volvió a visitar el CMI en 1982, invitada por el que era en ese entonces el secretario general, Philip Potter, para hablar de su espiritualidad a los miembros del equipo del CMI. Philip Potter acuñó la frase: “Usted tiene un estilo de vida ecuménico”, que desde ese momento se ha utilizado a menudo para describir la labor de los Focolares.
Durante la reunión plenaria, cuando un miembro del equipo dirigente le preguntó a Chiara cómo poner en práctica esta espiritualidad en la vida cotidiana, ella propuso “La Palabra de Vida”, un opúsculo mensual –quizás ustedes lo conozcan– que contiene una frase del Evangelio con un comentario (en ese momento lo hacía Chiara Lubich) sobre cómo vivirla. Alrededor de 120 miembros del equipo pidieron recibirlo todos los meses.
A veces, algunas personas externas al Consejo me preguntaban si no me veía influenciada por las diferentes mentalidades protestantes y ortodoxas. Yo respondía que sí. De hecho, me han influenciado mucho y me han ayudado a ser una mejor católica, un miembro más fiel de mi Iglesia. Han reforzado mi fe a través de sus testimonios. Me conmovió también el gran respeto que mostraban por la práctica de mi fe católica romana. Los miembros de la comunidad católica de los Focolares participamos todos los días de la Misa. Por lo tanto, el CMI me permitía empezar a trabajar un poco más tarde al comenzar el día, para que yo pudiera asistir a la Misa de las 8 de la mañana. Me hacían el mismo favor todas las veces que viajábamos para asistir a conferencias.
Recuerdo en particular una conferencia en Tailandia. Al llegar, una de las primeras preguntas que mi director me hizo fue dónde y cuándo iba a poder ir a Misa. Entonces, el horario del encuentro con la comisión directiva se fijaba teniendo en cuenta ese compromiso mío. Cuando volvía de la iglesia, mi director solía preguntarme cómo había sido la celebración y qué lecturas de las Escrituras habíamos leído. Una vez le tuve que decir, con franqueza, que no lograba recordar los textos leídos. ¡Les puedo asegurar que desde aquel día escuché la Palabra de Dios con mucha mayor atención!
¿Qué otros momentos te impactaron en especial?
Wehrle: Otro pequeño episodio: mi director tenía una cita importante con el secretario general. Unos pocos minutos antes, ese director vino a mi oficina y me pidió si podía decirle a la señora que hacía la limpieza que fuera a su oficina porque la había sorprendido llorando. Como él no hablaba francés, me pidió que la acompañara a su oficina. Quería saber si podía ayudarla. Le recordé su cita, pero me preguntó si podía llamar al asistente del secretario para postergarla. Le respondí que yo creía que sería difícil y que podría verse con la señora de la limpieza después del encuentro con el secretario general. Pero él insistió y habló con ella durante una hora, ayudándola a resolver su problema. Muy a menudo esa experiencia me sirvió en varias situaciones de mi vida.
Seguramente las numerosas asambleas del CMI han sido una experiencia única, especialmente durante las oraciones. La alegría de celebrar la presencia de Dios que nos une a todos ha sido y sigue siendo un evento tangible e inolvidable que refuerza mi fe.
Si bien a veces durante una conferencia había opiniones diferentes que podrían haber provocado tensiones, el hecho de rezar juntos nos ayudaba a mantener la presencia de Jesús entre nosotros y sanaba esas heridas, y así se encontraban las soluciones. Quizás un momento particularmente triste fue cuando uno de nuestros compañeros del equipo falleció en circunstancias trágicas; pero, incluso esa vez, el haber podido vivir la experiencia de la familia ecuménica nos reconfortó y nos permitió curar el dolor que todos teníamos dentro de nuestro corazón.
¿Cuándo tuvo lugar la tercera visita de Chiara Lubich?
Wehrle: Me impresionó profundamente cómo fueron los preparativos de la tercera visita de Chiara Lubich al Centro ecuménico en 2002. La visita fue preparada con gran esmero y eficiencia. Durante un año, los miembros de alto nivel del equipo del CMI organizaron encuentros mensuales con los miembros de la Iglesia protestante local y con los miembros del Movimiento de los Focolares en Suiza. Siempre con la mira en ese evento, en calidad de intérprete, acompañé al Doctor Raiser, en ese momento secretario general, cuando fue a ver a Chiara. Ella se encontraba de vacaciones en Suiza, en el cantón del Valais. La idea era decidir con Chiara el programa. Me quedé muy impactada viendo con qué atención Chiara escuchaba a Konrad Raiser; percibía yo su interés por el CMI y me di cuenta de la estima que tenía por el trabajo de esta organización. Le habló también de Jesús crucificado y abandonado como la clave para alcanzar la unidad. Le preguntó luego a Konrad Raiser cuál de los dos temas él quería que afrontara: “Una espiritualidad de la unidad” o “La unidad y Jesús crucificado y abandonado, fundamento de una espiritualidad de comunión”. Recuerdo que Raiser no dudó un instante y escogió el segundo tema.
Al terminar la visita, Konrad Raiser y Chiara Lubich redactaron y firmaron una reflexión conjunta, cuyo título era “Espiritualidad de la unidad”, que hacía hincapié en la renovada esperanza para nuestro común camino ecuménico.
Los numerosos encuentros y contactos entre el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y el Movimiento de los Focolares han dado como fruto un creciente deseo de mayor colaboración. Se concretó en una participación recíproca en eventos (en Roma, en Ginebra y en otras ciudades) y en distintos ámbitos como la espiritualidad, la teología, la economía, las relaciones internacionales, la instrucción, la justicia, la paz y los jóvenes. Además, El CMI se vio involucrado en un proyecto, “Juntos por Europa”. El grupo musical de los Focolares “Gen Rosso” fue invitado a dar un concierto en el ámbito de la “Década para superar la violencia”, que se llevó a cabo en el Caribe en 2009.
Uno de los momentos más destacados de estos 40 años lo viví a finales de enero de 2008 –pocas semanas antes de la muerte de Chiara Lubich–. Una vez más, como intérprete, acompañé al Doctor Sam Kobia, quien en ese momento era el secretario general del CMI. Este, junto con Yorgo Lemopoulos[1] y Martin Robra[2], fueron a visitar a Chiara a su casa de Roma. Querían agradecerle por todo lo que había hecho para promover la unidad, no solo de las Iglesias, sino de la toda la humanidad, fundada sobre todo en Jesús Crucificado. Además, querían alentar a Chiara para que prosiguiera por su camino. Esa visita fue un momento único de alegría y de honda comunión.
[1] Vice-Segretario Generale del Consiglio Ecumenico delle Chiese
2 Direttore esecutivo del Consiglio ecumenico delle Chiese
Cuando Chiara falleció, Samuel Kobia le rindió homenaje diciendo: “Nuestro amor por Chiara y la inmensa gratitud por el regalo de Dios que ella ha sido para el movimiento ecuménico seguirán motivándonos e inspirándonos en nuestro trabajo en pos de la unidad visible de la Iglesia”.
¿Qué es lo que sigues esperando para el movimiento ecuménico?
Wehrle: Soy muy optimista en lo que se refiere al movimiento ecuménico, en gran medida porque durante mis 40 años de trabajo en el MCI –participando en numerosas conferencias en todo el mundo– comprendí lo que significa la unidad de los cristianos: construir relaciones personales que no nos separen, sino que promuevan el interés por la diversidad de las numerosas denominaciones cristianas y que nos enriquezcan recíprocamente. Por otra parte, cuando había tensiones, a veces graves incluso, hablábamos entre nosotros, nos escuchábamos los unos a los otros, reforzando la fe en una unidad visible y muy a menudo abriendo nuevas puertas a través de las cuales ¡la luz de Dios era tangible!
¿Quisieras compartir algún otro recuerdo?
Wehrle: Ricordo la mia festa di addio. Quando ho guardato le persone presenti, ho sentito profondamente – e l’ho anche detto ad alta voce – che nulla potrà mai separarci dall’amore di Dio, perché se cerco di rimanere nel Suo amore, di viverlo, il nostro rapporto non può che crescere e non sarà mai dimenticato. Per me era ed è tuttora quella famiglia con la presenza di Dio in mezzo a noi. “Perché dove sono due o tre riuniti nel mio nome, lì sono io in mezzo a loro” (Matteo 18,20). Questa realtà di Gesù in mezzo a noi mi ha aiutato in molte situazioni.
Entrevista original publicada en el sitio del World Council of Churches:https://www.oikoumene.org Photo: Albin Hillert e Valter Muniz/CEC
[1] Vice-Segretario Generale del Consiglio Ecumenico delle Chiese [2] Direttore esecutivo del Consiglio ecumenico delle Chiese
«Esta iniciativa me llena el corazón de emoción». Después de haber vivido 24 años en Jerusalén, Margaret Karram regresa a la Ciudad Santa para participar en la inauguración del foro «Within Your Gates», promovido por el patriarca Pizzaballa y la Universidad de Notre Dame. El foro pretende ser un espacio abierto a académicos, intelectuales, líderes de movimientos y personas de distintas religiones, convocados a reunirse y trabajar juntos. El objetivo es ambicioso, pero también necesario: recuperar la misión universal de Jerusalén como ciudad de reconciliación y paz para toda la humanidad.
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Para ver la grabación completa de la inauguración del foro «Within Your Gates», promovido por el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, y organizado en colaboración con el centro académico de la Universidad de Notre Dame en Jerusalén, haz clic aquí.
Tonadico, un pequeño pueblo en las Dolomitas, al norte de Italia, se convirtió en un lugar de inmensa importancia para el Movimiento de los Focolares en 1949. La experiencia mística vivida en esas montañas por la fundadora del Movimiento, Chiara Lubich, junto con sus primeros compañeros y el renombrado parlamentario y periodista italiano Igino Giordani, continúa marcando la espiritualidad del Movimiento en todo el mundo. Ahora, 77 años después, el municipio de Primiero en Italia y el Movimiento de los Focolares han otorgado el primer premio internacional “Tonadico – Ciudad del Pacto”. El premio fue entregado a Gerhard Pross, de la YMCA de Esslingen, Alemania. Evangélico luterano, es cofundador y antiguo moderador del movimiento ecuménico «Insieme per l’Europa».
Un pacto que sigue vigente.
El 16 de julio de 1949, Chiara Lubich e Igino Giordani establecieron un pacto de unidad durante una celebración eucarística en la iglesia, lo que dio origen a una experiencia mística recordada como Paraíso 49 . Los compañeros de Chiara Lubich se unieron posteriormente a este pacto. Este “momento histórico” es mucho más que un simple recuerdo, subrayó el alcalde de Primiero, Daniele Depaoli, durante la ceremonia de entrega de premios. Gracias a una espiritualidad que “penetra en el mundo secular, en la vida civil y política”, este pacto sigue vigente, afirmó Depaoli, según recoge Vatican News.
La decisión de otorgar el premio, de reciente creación, en primera instancia al alemán Gerhard Pross fue explicada por el sociólogo Bruno Turra durante el evento: Pross es un “ingeniero de relaciones”, un “maestro tejedor de comunidades”.
Un ecumenismo de corazones
Durante la ceremonia, Pross rememoró los inicios del movimiento ecuménico “Juntos por Europa”, describiendo una reunión en el centro ecuménico del Movimiento de los Focolares en Ottmaring, Alemania, inmediatamente después de la firma de la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación por representantes de la Iglesia Católica Romana y la Federación Luterana Mundial en Augsburgo. Allí, cerca de 50 líderes de diversas iglesias y movimientos cristianos, en presencia de Chiara Lubich, oraron juntos y se pidieron perdón por los sufrimientos del pasado. “Después, fue como si los cielos se hubieran abierto y un mar de gracia se hubiese derramado sobre nosotros”, recordó Pross en Tonadico. Nunca había vivido un momento tan profundo. Allí nació un “verdadero ecumenismo de corazón”.
No existen fronteras entre el cielo y la tierra.
Para él, fue un momento tan místico como el pacto entre Chiara Lubich e Igino Giordani: “Aquí en Tonadico, el cielo y la tierra se han unido, porque la experiencia mística de Chiara Lubich ha abolido las fronteras entre el cielo y la tierra”.
Me llamo Sarra Marta Lupășteanu, tengo diecinueve años y nací en Trento (Italia). Cada vez que digo esta frase me doy cuenta de que mi historia entrelaza lugares, culturas y creencias que por lo general no se encuentran fácilmente. Soy una chica ítalo-rumana, y sobre todo soy ortodoxa, hija del Padre Ioan, sacerdote de la iglesia rumana aquí en la ciudad, y de la presbítera Delia Rodica. Nuestra iglesia se encuentra en la calle San Marco, en el corazón del centro histórico; es un pequeño mundo rumano incrustado en las cercanías del Castillo del Buonconsiglio, entre calles y casas que cuentan siglos de catolicismo tridentino.
Crecer aquí ha significado, ya desde niña, vivir con naturalidad la conciencia de ser una minoría. No una minoría cerrada o aislada, sino una presencia distinta, que muchas veces hay que explicar. Cuando mis compañeros me preguntaban por qué en Pascua seguíamos un calendario diferente o por qué en nuestra iglesia había tantos íconos, entendía que mi cotidianeidad y la de ellos no coincidían. Sin embargo, nunca me he sentido dividida, pues católicos y ortodoxos creemos en el mismo Dios, sólo con tradiciones, ritos y sensibilidades distintas. Justamente en este punto es donde nace una reflexión que llevo siempre conmigo: es necesario un diálogo entre las comunidades pero también buena voluntad, porque la comprensión no nace sola, hay que desearla.
Ahora estoy estudiando Filosofía en la Universidad de Trento, y esta elección que he hecho ha amplificado mi capacidad de observar y comprender lo que vivo. Entrar en un ambiente universitario, en donde las identidades se mezclan y se chocan, me ha hecho reflexionar aún más acerca de lo que significa pertenecer a una iglesia cristiana que se percibe como “otra” respecto a la de la mayoría.
Castillo del BuonconsiglioIglesia de San Marcos
A veces me siento como si caminase por un puente; por un lado está mi comunidad ortodoxa, con sus raíces, sus cantos y las tradiciones que he ido absorbiendo desde pequeña y por el otro la sociedad tridentina en la que he nacido, he estudiado y crecido y que, desde hace ya dos años, es también mi patria oficial tras haber obtenido la ciudadanía italiana. Hablo rumano, conozco las tradiciones de mi país de origen y mi familia me ha enseñado a custodiarlas, pero también soy una chica profundamente vinculada a Trento, a sus ritmos y sus costumbres. Cuando entro a mi iglesia de la calle San Marco me siento envuelta por una familiaridad que ningún otro sitio me da. Me refiero a los íconos dorados, a las voces del coro durante la Liturgia; o la comunidad que saluda a mi padre llamándolo “Părinte” (en un contexto religioso es como decir: Reverendo o Padre). Sin embargo, esta diferencia nunca me ha hecho sentir ajena a Trento. Por el contrario, me ha enseñado a mirar el mundo desde más de un solo punto de vista. En una ciudad de fuerte tradición católica, la presencia de otras tradiciones eclesiales cristianas demuestra que la fe puede ser pluralidad sin que se pierda nada en lo concierne a la verdad.
Hoy, como joven que construye su propio futuro, sé que mi identidad nace del encuentro de dos dimensiones; es una lente a través de la cual me descubro a mí misma y descubro el mundo. Es la conciencia de que las raíces no impiden que crezcamos en otro sitio. Soy un “puente”, y ya he dejado de tener miedo a quedarme suspendida en el aire, pues es justamente allí, entre dos orillas, en donde he aprendido a vivir. En ese espacio he encontrado mi más auténtica libertad, que es la de tener dentro de mí ambos mundos sin tener que optar por uno de ellos. Debo dejar que esos mundos dialoguen, que se complementen y hagan de mí una persona entera, arraigada, y en camino, con el corazón abierto al futuro.
de Sarra Marta Lupășteanu Artículo publicado en el periódico de las Parroquias de los santos Pedro y Pablo y de San Martín en Trento, diciembre de 2025 Foto: Chiesa romena di Trento – e Magda Ehlers by Pexels
El 22 de abril unos treinta líderes de Iglesias y organizaciones cristianas mundiales han visitado el Centro Internacional del Movimiento de los Focolares en Rocca di Papa, Italia. La visita se integraba en el programa del encuentro anual de la Comisión Internacional del Global Christian Forum (GCF – Foro Cristiano Mundial), que se llevó a cabo en Roma en esos días, y ha sido una ocasión significativa para conocerse recíprocamente y para el diálogo ecuménico.
El encuentro permitió profundizar la historia, el carisma y el compromiso del Movimiento de los Focolares por la unidad de los cristianos. Tras una presentación introductoria, se abrió un diálogo intenso y participado, animado por numerosas preguntas y reflexiones. Al terminar, Margaret Karram, Presidente del Movimiento de los Focolares, les dirigió un breve saludo, compartiendo al mismo tiempo un testimonio personal que suscitó una fuerte resonancia en los presentes.
Los miembros de la Comisión expresaron su gratitud por la acogida recibida y por la luz que surgió en el encuentro. La Commissioner Jane Paone del Ejército de Salvación Internacional comentó: “Para mí ha sido una experiencia muy ‘vibrante’”: me ha impactado la alegría y la hospitalidad”. El doctor Hanns Lessing, representante de la Comunión Mundial de las Iglesias Reformadas, decía: “Me ha impresionado en particular de qué manera el mandato evangélico‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’ se puede traducir hoy en “una invitación a amar a la otra comunidad eclesial como a la propia”. El profesor Dirk Lange de la Federación Luterana Mundial hizo hincapié en el vínculo entre las narraciones escuchadas y la identidad del Global Christian Forum: “Las historias de fe de Chiara Lubich y de Margaret Karram nos han llevado al corazón del GCF: construir relaciones a través de la donación de uno mismo, en la confianza de que Dios siempre proveerá. El amor de Dios está en el centro y el amor recíproco une”.
Los participantes en la reunión anual del Comité Internacional del Global Christian Forum
Fundado en 1998 por iniciativa del Consejo Ecuménico de las Iglesias, durante el mandato del entonces Secretario general, el doctor Konrad Raiser, el Global Christian Forum es un espacio ecuménico único que reúne a todas las principales corrientes del cristianismo mundial, incluidas las Iglesias pentecostales y libres. Su carisma específico es compartir las historias de fe personales como camino privilegiado para construir relaciones, superar las distancias históricas y promover la unidad en la diversidad. Tal como ha puesto de relieve en esos días el doctor David Wells de la Pentecostal World Fellowship: “el GCF favorece un diálogo que no parte de posturas doctrinales o políticas, sino de las personas”.
La Comisión Internacional, compuesta por alrededor de unos 30 responsables eclesiales –entre los cuales, desde el año 2026, también el Movimiento de los Focolares– ha reflexionado acerca de los retos del futuro, en un mundo marcado por crecientes polarizaciones que atraviesan incluso las Iglesias. Surgió una pregunta central: ¿cómo podemos ser hoy reconciliadores?
Fue claro para todos que el GCF ocupa un sitio único en el panorama ecuménico. Utilizando una metáfora eficaz, David Wells añadió también el siguiente concepto: “El GCF es como un fertilizante: trabaja debajo de la superficie. No siempre se lo ve enseguida, pero sus frutos surgen con el tiempo, orientados hacia la unidad visible”.
Por todo ello, se puso de manifiesto una fuerte consonancia entre el objetivo y método de diálogo del Global Christian Forum y el carisma y “diálogo de la vida” del Movimiento de los Focolares, abriendo perspectivas de colaboración ricas de esperanza para el camino de la unidad de la Iglesia y de toda la familia humana.
Del 16 al 18 de abril de 2026, la Comisión de Orientación de la red «Juntos por Europa» (JpE) se ha reunido para su retiro anual, esta vez en el Centro Schoenstatt de Viena, Austria, en la colina de Kahlenberg. Han sido 26 los participantes, en representación de ocho de los Movimientos que componen la red. Han trazado un balance del año transcurrido y han definido los objetivos para los proyectos futuros.
Un aspecto central del encuentro de este año fue la alternancia de algunas personas de la Comisión de Orientación. Este traspaso ha sido preparado en los últimos dos años en un clima de escucha del Espíritu, para garantizar al mismo tiempo continuidad y nuevos impulsos.
Margaret Karram, Presidente del Movimiento de los Focolares, expresó en una carta su profundo agradecimiento a los miembros salientes, por el gran compromiso que brindaron en las últimas décadas al plasmar JpE. Saludaron al grupo: Gerhard Pross (CVJM Esslingen), cofundador de JpE y su moderador durante muchos años, junto a Thomas Römer y Walter Kriechbaum (ambos del CVJM Monaco, comprometidos con JpE ya desde sus comienzos).
Diego Goller (de Italia) e Ilona Toth (de Hungría), representantes de la Presidente del Movimiento de los Focolares en la Comisión de Orientación, dieron la bienvenida a sus sucesores: Liz Taite (de Gran Bretaña), con una larga experiencia en el ecumenismo, y Alberto Lo Presti (de Italia). Las tareas de Secretaría General las asumirá Maria Wienken (de Alemania), asistida por Elisabeth Danner (de Austria), ambas del Movimiento de los Focolares. El traspaso de funciones se celebró solemnemente durante un momento de oración vespertina y fue “sellado” por el “Pacto del amor recíproco”. Gerhard Pross destacó la grandeza de la misión de JpE y sus ricos frutos, que han marcado etapas importantes en la historia de la Iglesia, así como está descrito en el libro “Sternstunden der Einheit” (Momentos destacados de unidad).
El rol de moderador de JpE será desempeñado por un grupo compuesto por tres miembros de la actual Comisión: Sor Nicole Grochowina (Communität Christusbruderschaft Selbitz), el Padre Raffael Rieger (Movimiento de Schönstatt) y Matthias Bühlmann (Vineyard). «Este cambio no marca solamente el final de una era, sino también el comienzo de una nueva fase de colaboración a nivel europeo», comentó uno de los participantes.
Otro miembro añadió: «Estos días en la colina de Kahlenberg han demostrado que nuestra diversidad es nuestra fuerza. Con el nuevo equipo damos una señal clara de continuidad y de nuevos horizontes«. Otro participante afirmó: «JpE escribe una historia de esperanza en estos tiempos nuestros aparentemente sin esperanza. Por ello, hoy más que nunca, es importante caminar juntos«.
Agenda y perspectivas
Otro punto focal de las conversaciones fue el trabajo de las Comisiones Nacionales, que están asumiendo una responsabilidad creciente en la implementación de JpE en los respectivos países.
Además, se han discutido los próximos encuentros de relieve:
9-13 de mayo de 2026: Con ocasión de la Fiesta de Europa, 120 jóvenes europeos visitarán el Parlamento Europeo. Impactados por la unidad cristiana vivida en JpE, los jóvenes han elaborado un «Pacto entre las generaciones» que presentarán a los parlamentarios.
29-31 de octubre de 2026: Próximo «Encuentro de los Amigos” en el Centro Vineyard de Würzburg, Alemania.
4-6 de mayo de 2028 (fecha prevista): Gran evento en Castel Gandolfo y Roma, Italia.
El encuentro de 2026 de la Comisión de Orientación ha marcado así un hito importante para la orientación futura de la red, que sigue comprometiéndose por la unidad y la fraternidad en todo el continente.
Beatriz Lauenroth Foto: cortesía de «Juntos por Europa»