Movimiento de los Focolares
Nuevo compromiso ecuménico de los Focolares

Nuevo compromiso ecuménico de los Focolares

StefanKiefer

María Voce con el Dr. Stefan Kiefer, 3° alcalde de Augsburg.

¿Por qué la exigencia de una Declaración así? Es una exigencia que nace desde dentro, porque el hecho de encontrarnos aquí en Ottmaring, donde existe un testimonio ecuménico evidente –el de dos comunidades que conviven en forma estable, una nacida en la  Iglesia católica y la otra en el ámbito evangélico, ambas con miembros de varias Iglesias- nos impulsa también a un compromiso concreto del Movimiento que ha de llegar a todo el mundo, que no debe quedarse aquí detenido. Esta Declaración quiere despertar en todos la conciencia de que el ecumenismo es realmente una de nuestras finalidades y que es necesario trabajar por esto. ¿A quién va dirigida la Declaración? Es un compromiso asumido a nombre del Movimiento y por lo tanto está dirigido en primera instancia a éste para volver a darle la conciencia del valor del ecumenismo, es decir, del valor de dar testimonio juntos de lo que ya nos une para acelerar el camino y superar los obstáculos. En el Movimiento todos estamos llamados a vivir esto y ahora lo asumimos con una mayor responsabilidad. No puede haber una persona de los Focolares que, desde el momento en que conozca esta Declaración, piense, en conciencia, que el compromiso con el ecumenismo se refiera solo a esos países donde hay cristianos de varias Iglesias y no se refiere a su nación, que no lo involucra personalmente, porque está bien en su Iglesia y no le interesan estos problemas. ¿A partir de mañana qué debería cambiar en el Movimiento? Creo que es necesaria una conversión del corazón, es decir empezar a pensar ecuménicamente. Empezar a pensar que cualquier hermano que encuentro, ya sea de mi Iglesia o de otra Iglesia, pertenece al Cuerpo de Cristo, al cuerpo por el cual Cristo dio la vida. Es por lo tanto mi hermano de sangre, por lo tanto lo que le interesa a él me interesa a mí, lo que lo hace sufrir me hace sufrir a mí. Quizás se tratará solamente de rezar por este fin, donde no se puede hacer otra cosa. Pero sólo rezar no basta. Es necesario interesarse por todos los hermanos cristianos. Con todas las posibilidades de contacto que existen hoy, será cada vez más fácil encontrarse y hablar, acoger a personas que no son de nuestra Iglesia. Y no podemos acogernos de otra forma sino como a hermanos pertenecientes al cuerpo de Cristo. Sólo si nos acogemos así, tendremos la posibilidad de acoger a quienes no pertenecen al cuerpo de Cristo en sentido estricto, porque no han recibido el bautismo que une a los cristianos. IMG_7804_01¿Un compromiso del corazón que conlleva un testimonio público? Hoy ya no tiene sentido que los cristianos se presenten fragmentados. Ya inciden poco, e incidirán cada vez menos si no están unidos dando testimonio del único Evangelio, del mandamiento del amor recíproco. Y si nosotros cristianos no sabemos dar este testimonio, el mundo no podrá encontrar a Dios, porque no podrá encontrar a ese Jesús que está presente donde hay cristianos unidos en el amor recíproco. Si lo encuentran, nacerá en ellos la fe, cambiará su actitud, la forma de comportarse, cambiará la forma de buscar la paz y las soluciones en favor de la justicia, el compromiso solidario entre los pueblos. ¿Cuál es el punto central de la Declaración de Ottmaring? Llama a poner atención sobre el encuentro de Lund, Suecia, que tuvo lugar el 31 de octubre pasado, porque fue un evento extraordinario, del cual –quizás- no se ha tomado suficiente conciencia. Como Movimiento, advertimos la necesidad de hacer emerger el espíritu del Lund, sintetizado en la Declaración conjunta que pide que crezcamos en la confianza recíproca y en el testimonio común del mensaje del Evangelio para testimoniar a los hombres el amor de Dios. Éste es el compromiso absoluto que asumimos. En Lund asistimos a un gesto importante realizado por los responsables de la Iglesia católica y de la Federación luterana mundial, y por lo tanto de máximo nivel. Pero si queda sólo en el más alto nivel, y no baja a lo concreto de la vida de las comunidades, queda sólo como un lindo recuerdo histórico, pero no podrá incidir en la realidad de hoy. ¿Por lo tanto el Movimiento se compromete a recoger la herencia de Lund y a difundir su espíritu? Ciertamente. Y después queremos que nuestra Declaración llegue también a los responsables de las Iglesias, para darles un motivo de esperanza más, haciendo saber que en el mundo hay personas que quieren vivir de este modo. El ecumenismo es una necesidad de los tiempos. No podemos preguntarnos si va adelante o no. Tiene que ir adelante. Porque responde a la necesidad de Dios que tienen las personas, aunque no lo sepan. Una respuesta eficaz es estar unidos, por lo menos entre cristianos. De lo contrario es una grave omisión. Usted se puso enseguida en acción, entregando la Declaración al alcalde de Augsburg y a la responsable de la iglesia luterana de la ciudad. Empezamos por lo local. Lund fue de altísimo nivel, con los responsables mayores. Nosotros podemos hacer bajar el espíritu de la Declaración de Ottmaring a la dimensión local, de hoy, de lo que se puede hacer enseguida. Lee la Declaración de Ottmaring

Taiwán – 1° Simposio budista-cristiano

El Congreso es promovido por la  Providence University en colaboración con el Dharma Drum Arts, el Instituto Universitario Sophia de Italia, la Fu Jen Catholic University de Taiwán y otras instituciones académicas de Taiwán y del extranjero. Entre los participantes figuran, el profesor Dharma Drum de Artes y Ciencias, docentes de Sophia de Italia, profesores e investigadores de los Estados Unidos, monjes y expertos provenientes de Tailandia, Japón, Corea del Sur y de otros grupos religiosos. Desde el 2004, el  Movimiento de los Focolares realiza simposios budistas cada dos años en distintas ciudades. Los simposios entre budistas (Mahayana y Theravada) y cristianos han sido etapas importantes para reforzar la confianza recíproca y sobre esta base de respeto al otro se está trabajando en forma conjunta para realizar este primer encuentro en Taiwán.

Italia: la ciudad de Fermo se mueve

Italia: la ciudad de Fermo se mueve

20170221-01Un concentrado de ciudades y burgos medievales entre los más hermosos de Italia, con tradiciones antiguas, tesoros naturales y de arte, además de signos de una cultura milenaria que ha entrelazado la Historia con las historias de una población industriosa, vinculada a sus propios orígenes. Éste es el centro de Italia, asolado por una triste secuencia de terremotos que desde el pasado verano sigue sacudiendo la tierra. La provincia de Fermo, en Italia central, abarca unos cuarenta Municipios, desde la cadena de los Montes Sibilinos hasta las playas de arena y grava de la costa, bañadas por el Mar Adriático. Desde la catedral de Fermo, edificación del siglo mil doscientos, se pueden ver incluso las luces de Croacia, cuando las noches son tersas. También la Arquidiócesis tiene un origen antiguo. Fue constituida a finales del 1500, pero se remonta al siglo III. Es la más poblada de las diócesis de la región y cuenta con más de 120 parroquias, que pertenecen a los 58 municipios de tres provincias, Ascoli Piceno, Fermo y Macerata. Es precisamente en este contexto, que en 1973 dio sus primeros pasos el Movimiento diocesano, ramificación del Movimiento de los Focolares, que trabaja a servicio de la Iglesia local y se propone irradiar el carisma de la unidad, para así colaborar a la realización, junto con otras realidades eclesiales, de una “Iglesia comunión”. En todo el territorio que rodea la ciudad de Fermo, el terremoto produjo derrumbes, evacuaciones y mucho miedo. También 200 iglesias fueron cerradas por ser inseguras. Loredana, del movimiento diocesano, cuenta la experiencia vivida codo a codo con las personas que han sido víctimas del terremoto. «En la costa, numerosos campamentos y complejos turísticos alojan a unas 25 mil personas. En un campamento de Porto S. Elpidio, se instaló el centro operativo de la Protección Civil para esta zona. Esta pequeña ciudad recibió a más de mil personas, familias completas con niños y ancianos, pero otros miles pasaron por aquí antes de dirigirse a otras estructuras de la costa. Para adquirir los bienes de primera necesidad recogimos plata entre nosotros, los animadores, y luego organizamos una pequeña cafetería que estaba a disposición de los damnificados y de los voluntarios. Una vez superada esta fase de emergencia, el alcalde y el secretario de cultura convocaron a los representantes de los institutos escolares pidiéndoles colaboración para la organización de actividades lúdicas y talleres. En esta ocasión estábamos presentes tres miembros del Movimiento Diocesano, pero sabíamos que podíamos contar con la ayuda de muchos otros. Con ellos organizamos actividades para los niños y clases para los adolescentes, encontrándonos todos los días con las educadoras y llevando galletas preparadas por nuestras madres y abuelas. Durante este periodo, entablamos relaciones muy fuertes con los docentes, los niños, los jóvenes y sus familias. Muchos de los damnificados son personas ancianas. En Monte san Giusto, por ejemplo, se han alojado unos 120 damnificados, y entre ellos hay 42 abuelitos de una residencia de ancianos, 30 de los cuales están en silla de ruedas. Dos de nosotros (una trabajadora social y un policía municipal) se ocupan de ellos, poniéndose en profunda escucha de sus exigencias. Ha habido también un sinnúmero de iniciativas personales. Los jóvenes de Porto S. Elpidio, por ejemplo, en Navidad realizaron muchos pequeños arbolitos que regalaron a las familias alojadas en un campamento. Finalmente, recogimos unos 1200 euros para el proyecto “RImPRESA”, para sostener pequeñas actividades productivas en la zona rural».

Leopolda Blasi: comunión entre las religiosas

Leopolda Blasi: comunión entre las religiosas

SrLeopoldaBlasi-01Nacida en una prestigiosa familia de Roma que elige para su educación el Instituto Espíritu Santo regido por las Hijas de la Inmaculada Concepción. Allí conoce personalmente a la fundadora, ahora beata, y muy pronto en su corazón se enciende el deseo de donarse totalmente a Dios. La familia no acepta su elección y dos veces, después de haberse escapado de su casa, llega al noviciado, de donde la devuelven. Después, gracias a su firme decisión, logra convencer a sus papás de que la dejen realizar su sueño. Concluida la formación en el norte de Italia, regresa a Roma para dar clases en la escuela que la había visto de niña y adolescente. Jovial y bromista, Sor Leopolda se conquista la simpatía de las alumnas y con sus comentarios divertidos logra desdramatizar incluso las situaciones más complicadas. En los años ’70 se encuentra con la espiritualidad de los Focolares y en ella descubre un signo de los tiempos para la Iglesia. Fascinada por la visión de Chiara Lubich quien considera a cada carisma como un don de amor para los demás, se siente impulsada a hacer nacer una corriente de comunión entre las consagradas de familias religiosas diferentes. Por sus dotes morales y espirituales, su vasta cultura y una gran capacidad de valorar a las personas, en 1983 le piden que sea la guía de su Congregación durante 12 años. Conoce personalmente a la fundadora de los Focolares quien, en 1989, le pide que se encargue de las actividades del Movimiento de las Religiosas a nivel internacional y de promover la comunión entre las Madres Generales que aprecian la espiritualidad de la unidad. La Madre Leopolda acoge la invitación de Chiara con alegría y responsabilidad, tejiendo una densa red de religiosas vinculadas por el espíritu de comunión. Convoca y prepara encuentros anuales de consagradas y para madres generales. Concluida su responsabilidad como responsable de su congregación, regresa a su trabajo en el campo educativo. Los padres de sus alumnos la consideran “la Directora más dulce y simpática de todas las escuelas del mundo”. Cuando llega la enfermedad la encuentra lista para decir su sí a ese Dios que había seguido desde su juventud. Y se deja conducir de Su mano, ofreciendo todo por la Iglesia, por su congregación, por todas las religiosas que había encontrado en su vida. En los momentos más difíciles le resulta un consuelo sumergirse en los escritos espirituales de Chiara, rodeada de sus hermanas y de las focolarinas que la acompañan hasta el final. Los médicos y el personal donde fue internada quedan impresionados por su testimonio de serenidad y de total abandono en Dios. Sor Leopolda se apaga el 1º de enero de 2017, a la edad de 87 años. El Movimiento de los Focolares la recuerda con inmensa gratitud por su vida, toda dedicada a difundir entre las religiosas, el espíritu de comunión que nace del Carisma de la Unidad.  

Iraq: han destruido mi ciudad

Iraq: han destruido mi ciudad

2017-02-17-02Hasta los 18 años viví una vida normal, entre la casa, la escuela, el deporte; alguna actividad parroquial, escolar y mis sueños. Pero un día, después de la retirada del ejército curdo, la resistencia no duró mucho y mi ciudad, Qaraqosh, se rindió. El así llamado Estado Islámico (ISIS), tomó posesión y destruyó todo. Ocupada durante dos años por las banderas negras del ISIS, mi ciudad natal fue denominada la capital del ISIS por la Plana de Nínive. Qaraqosh era la ciudad cristiana más importante de Iraq. Contaba con más de 60 mil habitantes, y aunque fue liberada en octubre del 2016, ahora es una ciudad fantasma. Pero ahora volvamos atrás. El 6 de agosto de 2014 tuvimos que dejar nuestra casa sin tener el tiempo de preparar las maletas, sólo con la ropa que llevábamos puesta. De hecho nos pusieron frente a una decisión: volvernos musulmanes, pagar un rescate o que nos cortaran la cabeza. ¡Tuvimos la fortuna de salir con vida! Desde ese momento empezó una dura aventura. Me preguntaba si lo que estaba sucediendo era para destruirnos, para exterminar a nuestro pueblo. Dentro de mí había una mezcla de sentimientos: rabia, resignación y desesperación; hasta llegué a preguntarme por qué Dios podía permitir que viviéramos una prueba tan dura. Sin embargo fue una lección importante para mi vida que me llevó, no sin esfuerzo, a hacer un gran descubrimiento. 20170217-02Primero fuimos al Kurdistán iraquí junto a una multitud de refugiados que caminaba a pie… Todavía veo las lágrimas, los soldados, las personas que dormían por la calle… El camino para llegar a Erbil que normalmente se recorre en media hora, debido a los numerosos bloqueos y a pesar de tener la fortuna de tener automóvil lo hicimos en 12 horas. Proseguimos hacia Dohuk, donde estuvimos alrededor de 2 meses. Fue un período doloroso vivido con la esperanza de regresar a casa. En esos momentos difíciles, entendí que si me quedaba encerrado en mi sufrimiento nada cambiaría y yo no lograría ir adelante. Entonces decidí vivir el momento presente, decidí tratar de dibujar una sonrisa en el rostro del hermano que tenía cerca, para cambiar algo, a pesar de todo. A mi lado, había fieles de la religión Yazidi que tenían más necesidad que nosotros. Es un pueblo que ha sido martirizado por el ISIS porque no ha tenido la posibilidad de huir: hombres asesinados y mujeres abusadas y listas para ser vendidas. Los que lograron escapar estaban en un estado penoso. Viví por ellos tratando de olvidar mis heridas para consolarlos. Después de los meses de exilio, mis papás decidieron ir a Francia, porque este país nos había tendido la mano. La decisión fue difícil: quedarnos en nuestro país en la incertidumbre del futuro, o aceptar el asilo y volver a empezar la vida en un nuevo país, con una cultura distinta, bien conscientes de los desafíos y las dificultades que nos esperaban, empezando por el idioma. Llegamos a Francia el 26 de octubre de 2014. Al inicio no fue fácil, pero nunca nos sentimos abandonados. Alguien se encargaba de nosotros y nos aclaraba el camino. Su mano imperceptible secó nuestras lágrimas y alivió nuestros sufrimientos. ¡Si Jesús murió por cada uno de nosotros! ¿Cómo responder a Su amor? Vivimos una sola vez. Nosotros jóvenes tenemos un potencial enorme, podemos cambiar el mundo. Ahora que esta dolorosa aventura me ha hecho descubrir que Dios es amor, que Él es quien da sentido a mi vida, quiero ser un constructor de paz, empezando por las pequeñas cosas.