5 Oct 2016 | Sin categorizar

Anne junto con su mamá, Eleanor.
«Habiendo nacido prematuramente a las 14 semanas de gestación, en el momento de mi nacimiento pesaba sólo un kilo y medio. Los médicos dijeron que tenía una mínima posibilidad de sobrevivir y por ello mi madre llamó a un sacerdote para que me bautizara. Estuve en la incubadora durante cuatro meses y, a causa de la excesiva exposición al oxígeno, mi audición sufrió una pérdida del 80% en los dos oídos. Durante mi adolescencia empecé a preguntarme por qué no morí enseguida, por el enorme sufrimiento que esta grave pérdida auditiva me provocaba. Mis padres, que viven la espiritualidad de los Focolares, siempre me daban la misma respuesta: “Anne, Dios te ama inmensamente y te tiene reservado un proyecto sólo para ti”. Esta frase me hizo nacer el deseo de descubrir cuál era el proyecto que Él me reservaba. A los 18 años comencé a trabajar en la oficina de correos. Mi tarea era, entre otra cosas, la de responder al teléfono y esto me resultaba difícil porque era complicado para mí lograr entender las diferentes solicitudes. Muchas veces las personas, en el otro extremo de la línea telefónica, me tomaban el pelo diciendo que era estúpida y por eso volvía a casa llorando y le gritaba a mi mamá preguntándole ¡por qué la vida tenía que ser tan difícil para mí!
Su respuesta me tomó por sorpresa: “Prueba a dar tú el primer paso. Mañana, cuando respondas al teléfono, explica con sencillez a quien te escucha que tienes una deficiencia auditiva e invita a las personas a hablar lentamente y vocalizando”. Estas palabras me obligaron a enfrentarme sobre todo conmigo misma, pues no quería que se supiera que era sorda; de hecho quería mostrarme “normal” como todos los demás. Al día siguiente cuando el teléfono sonó, al mismo tiempo una voz en mi corazón me dijo “da el primer paso”. Por primera vez en mi vida respondí al teléfono invitando a hablar de forma clara porque tenía un déficit auditivo. Para mi sorpresa, la persona que me hablaba desde la otra parte del teléfono fue muy amable y comprensiva y, desde ese momento, esto me animó a llevar a cabo mi trabajo con más seguridad. Mis colegas, viendo mis dificultades y los esfuerzos que hacía para superarlas, trataron también ellos de ayudarme, respondiendo inmediatamente a las llamadas. Fue como tirar un guijarro en el agua que provocó un efecto en cadena. Recuerdo que fui a casa y le dije a mi mamá: “¡Funcionó!” Aquel día marcó un cambio radical en mi vida: entendí que tenía que aceptar mis límites día tras día y, tratando de dar el primer paso, siendo “la primera en amar” a los demás como Dios hizo con nosotros, encontraría una relación con el mundo y con las personas, además de una paz interior y una nueva libertad. 
Anne en Melbourne con las focolarinas con las que vive.
El sufrimiento me ha llevado cerca de Dios, quien me ayuda siempre a ponerme a disposición de los demás. Después de un tiempo, sentí el deseo de darle mi vida en el camino del focolar. Las dificultades no faltaron, como la de aprender la lengua italiana para recibir mi formación. Pero he experimentado que no hay nada imposible para Dios. Aún ahora no es fácil. Por ejemplo, con las amigas con las que vivo en el focolar, hemos tenido que dar cotidianamente pequeños pasos. Quien hablaba casi murmurando, ahora se esfuerza en pronunciar bien las palabras de manera que pueda leerle los labios. ¡Al final vence el amor recíproco! Recibí de mi padre, fallecido hace nueve años, un mensaje personal que tenía que abrir después de su muerte, en el que estaba escrita esta frase: “Mi noche no conoce oscuridad”. Esta es mi experiencia diaria: cada vez que opto por amar y servir a quien está a mi lado, no existen tinieblas y experimento el amor que Dios me tiene».
3 Oct 2016 | Sin categorizar
Un poco de historia. En 1982, Juan Pablo II puso a disposición del Movimiento de los Focolares la sala de las audiencias papales en Castel Gandolfo (Roma). A partir de esa estructura grande y vacía, se construyó, con la colaboración de todos los miembros del Movimiento (también de los más pequeños), el actual Centro Mariápolis Internacional, que, desde 1986, recibe cada año a millares de personas. Llegan de las más variadas procedencias, jóvenes y adultos, que se reúnen en congresos, simposios, cursos de formación y de todo tipo, también con espacios calificados de diálogo ecuménico e interreligioso. Todos mancomunados por el mismo objetivo: contribuir a realizar y hacer visible la fraternidad; vivir a la luz de los valores universales del Evangelio, laboratorios de fraternidad; “una ciudad-casa”, como escribía en aquel entonces Chiara Lubich.
invito
3 Oct 2016 | Sin categorizar
Personalidades de la Iglesia Católica, representantes del mundo islámico, autoridades civiles, representantes de asociaciones y personas de Brescia y de las ciudades cercanas, el pasado 23 de septiembre llenaron la catedral de la ciudad italiana para participar en el evento “Pablo VI, un retrato espiritual”, con el testimonio de Maria Voce, presidente del Movimiento de los Focolares, presentado por Rosi Bertolassi del mismo Movimiento. La intervención toca tres aspectos de la personalidad de Giovanni Battista Montini: profeta, apóstol, mediador. En ella, la presidente de los Focolares expresa, ante todo, una profunda gratitud que une el Movimiento que ella representa al beato Pablo VI, “uno de los dones que Dios ha querido hacer a la Humanidad en nuestro tiempo”. Y recuerda el periodo en el cual la Iglesia estudiaba el Movimiento naciente: «Siendo Papa, su función fue determinante para discernir acerca del carisma de Chiara Lubich y para hacer posible lo que a inicios de los años sesenta parecía todavía “imposible”, individuando sapientemente vías jurídicamente factibles para expresar la fisonomía específica de esta Obra nueva en la Iglesia». Por tanto, subraya que, precisamente porque «impregnada de la Palabra, la figura de Giovanni Battista Montini – Pablo VI – se nos presenta en su triple dimensión de profeta, apóstol, mediador. En la dimensión profética, Maria Voce evidencia «la capacidad de abrir con valor y sabiduría nuevos caminos» y de «derribar muros y expresar la renovación de la Iglesia que su alma anhelaba». Como el histórico abrazo de paz con el patriarca Atenágoras en enero de 1964 en Tierra Santa; en 1970, cuando con una histórica decisión, elevó a doctora de la Iglesia – título otorgado desde siempre sólo a los hombres – a dos mujeres: Teresa de Ávila y Catalina de Siena; o todavía cuando, en el Año Santo de 1975, se arrodilló para besar los pies del metropolita ortodoxo Melitón. «Pablo VI fue verdaderamente el Papa del diálogo» así se expresó Juan Pablo II en Concesio durante su visita pastoral en 1982, subrayando en su predecesor la capacidad de dialogar con la Humanidad entera». Maria Voce subraya también su dimensión apostólica: «En Ecclesiam Suam (…) sentimos vibrar el pensamiento y el ánimo del apóstol del cual había elegido el nombre, el apóstol misionero y el primer teólogo de Cristo, aquél que se había hecho todo a todos y nada se había ahorrado para que el anuncio del Evangelio llegase a todas las gentes». A este respecto, Maria Voce recuerda los viajes apostólicos «que lo acercaron a los pueblos de la Tierra, haciendo a Iglesia más una y más “católica” como le gustaba subrayar a Pablo VI, en el sentido etimológico del término. De gran nivel y significación universal permanece el histórico y profundamente humano discurso pronunciado en la ONU. Me gusta señalar todavía la innovadora inserción de los laicos en puntos vitales de la institución eclesiástica, su confianza en las aportaciones de las ideas de ellos y su reconocimiento, en la Octogesima adveniens, de la legitimidad de la pluralidad de opciones en el campo político aun en la fidelidad a los principios evangélicos». Por último, su capacidad de “Mediador en el único Mediador”: después de haber recordado la sorprendente carta a las Brigadas Rojas «brotada de su alma en el tiempo doloroso del secuestro del diputado y amigo Aldo Moro», la presidente afirma su función de mediador y añade: «Pablo VI – siguiendo las huellas del Maestro – toma sobre sí la angustia y el tormento del mundo sintiéndolo profundamente suyo, carga con su pecado advirtiendo realmente el peso de éste y sufriéndolo hasta el fondo, como a menudo delata su rostro. Y es así como, en él, la paternidad de Dios se manifiesta nítidamente, anulando toda distancia entre el Cielo y la Tierra, sanando heridas, enjugando lágrimas, llevando paz y unidad». Lee el discurso integral.
2 Oct 2016 | Sin categorizar

1980 – Aquarell – Matterhorn mit Zermatt, Schweiz. http://www.klaus-hemmerle.de
«Durante estos paseos, recorría un camino ubicado a 1.250 metros de altitud, que gira alrededor de una cumbre. Se podía observar el valle y las cimas de las montañas. ¡Era hermoso! Pensaba que, de regreso a casa, pintaría todo aquello. Me detenía cada diez metros para fijar en mi alma una situación, una bella perspectiva. Y después de otros cinco metros, otra vista completamente distinta. Jamás en mi vida había observado con qué rapidez cambian las perspectivas. Y no era capaz de determinar cuál de ellas podía ser la más hermosa. Cada combinación, cada constelación era un evento distinto y una sorpresa nueva cada vez. Así vi el mundo de una forma completamente distinta. Vi un pedazo de cielo, y entendí que estas relaciones, este relacionarse de cada cosa con las otras, estos trazos en los que las líneas se dividen y luego se cruzan nuevamente, todo esto es realmente una plenitud infinita de todos los posibles encuentros de una sola y única realidad: esta montaña, esta otra montaña, esta otra y este valle. Pero siempre en nuevas perspectivas, por lo que no puedo decir: “Ésta es la perspectiva correcta y aquella otra no lo es”, sino que tengo que ir adelante, dejando que estas perspectivas y estas líneas distintas se encuentren. Así tengo que ver que en el único Dios en el que creemos, todas las realidades creadas, todas las personas creadas, todas las cosas, se topan allá para vivir un encuentro siempre nuevo y un siempre nuevo cruzarse, para crear múltiples bellezas que no se excluyen, sino que se incluyen recíprocamente y son un único encanto y un único canto de la Belleza. Entre nosotros sucede lo mismo: tengo que estar dispuesto a dejar un punto de vista y una perspectiva para poder adquirir otro. En Dios dejo una perspectiva, pero ésta permanece. De tal suerte que existe una simultaneidad que no me oprime con su universalidad, sino que es una única danza, un único encuentro, un único juego, un canto nuevo. Y pensé para mis adentros: aunque entre las Iglesias haya obstáculos y barreras, hay cosas que se contraponen y que deben ser vividas y sufridas para que puedan resolverse, hay también un encontrarse siempre nuevo de carismas, luz y gracia. […] Nosotros deberíamos permitir, el uno al otro, palpar un fragmento de ese infinito que posee el paraíso y de este juego celeste y trinitario de las relaciones recíprocas. Cuanto más nos encontramos en esta belleza, estamos el uno dentro del otro, y nos apreciamos recíprocamente, tanto más atraeremos sobre la tierra un fragmento de Paraíso. Un fragmento de la Jerusalén celestial aquí en medio nuestro, es un primer anticipo de lo que tendrá que desarrollarse. Naturalmente también me pregunté dónde de hecho se puede encontrar un punto en el que se encuentren todas estas líneas tan distintas, donde también las realidades de dolor y las contradicciones se crucen, donde alcanza un punto de encuentro incluso lo que no se puede resolver con una especie de síntesis hegeliana, o también, aquellas cosas que quedan ahí como un grito, y que sin embargo deben ser vividas y sostenidas. Descubrí que este punto de cruce es Jesús en su abandono: Él se hace contemporáneo con lo que no es contemporáneo, es aceptación y acuerdo de aquello que no se acepta y no se pacta, es convivir con aquello que resulta ser la muerte del uno por el otro. Esto, precisamente, no es una simple idea especulativa, sino que es una posibilidad de vivir y aceptar las tensiones y los dolores y todo lo que no es posible resolver». Klaus Hemmerle Extraído del libro Klaus Hemmerle, innamorato della Parola di Dio de Wilfried Hagermann, Città Nuova Ed. 2013, pagg. 297-98.
29 Sep 2016 | Sin categorizar

Carlo Grisolia / Alberto Michelotti
Alberto Michelotti, nació en Génova el 14 de agosto de 1958. Estudió ingeniería, era responsable de un grupo de jóvenes del Movimiento de los Focolares. Le gustaba ponerse en el último lugar para poder servir… Enamorado de la montaña, durante una escalada se cayó en una zanja helada en los Alpes Marítimos y murió el 20 de agosto de 1980. Al día siguiente de su muerte, se le diagnosticó a Carlo Grisolia, otro joven de su mismo grupo, un tumor, caracterizado por ser de los más malignos. Comenzó así su carrera que duró 40 días “para encontrarse con Jesús”, y a menudo Carlo afirmaba que Alberto estaba allí con él sosteniéndolo, como siempre lo hizo.
Ambos son verdaderos campeones de la espiritualidad de comunión y todavía hoy continúan influyendo en el alma de las personas que los conocieron. La Iglesia introdujo su causa de beatificación (blog de los Santos Beatos). ¿Cuál fue el secreto de su vida? El descubrimiento y el haber puesto en práctica la espiritualidad de la unidad de Chiara Lubich, un camino colectivo que lleva a una santidad que se construye junto con los demás. Éstas son algunas de las impresiones espontáneas que se encuentran en su sitio web: Sara: “Ellos son para mí el modelo de personas a las cuales puedo referirme porque juntos se hicieron santos, ayudándose y amándose, pero sin ser “distintos” de los demás. Carlo y Alberto me dieron la esperanza de poder recomenzar siempre, de poder también yo, viviendo como ellos, apuntar a la santidad”. Donatello: “Siento la necesidad de no perder el contacto con ellos y con su extraordinaria experiencia de vida. Siento también el deseo de comunicar a la mayor cantidad de personas que pueda, esta historia de jóvenes abiertos con entusiasmo a su prójimo, sin incertidumbres”. Ornella: “Conocí sus historias por casualidad. Los busqué en internet y leí todo sobre ellos. La historia de ellos es extraordinaria dentro de la normalidad. Son un camino luminoso que lleva a Dios…. deseo que muchos puedan conocer sus historias. Hoy existe necesidad de testimonios ¡fuertes como los de ellos!”. E. “Como dos rayos en un cielo sereno Carlo y Alberto fueron imprevistos y veloces. Fueron como una descarga eléctrica para mí y a la vez radiantes y pienso que fue así también para las personas que los conocieron”. A.A.: “Carlo y Alberto, en pocos años realizaron gestos y acciones que muchas personas no lograron realizar en toda su vida. Ellos tenían la voluntad, el deseo, la garra y el sacrificio de donar plenamente su vida al proyecto que Dios tenía reservado para ellos. Eran una tela blanca para pintar. Dios lo hizo y ellos abrazaron la fe también en el momento de morir Yo, que soy muy joven, admiro mucho a estos dos muchachos. Ellos son un modelo para todos nosotros”. Para conocerlos más: Alberto e Carlo santos juntos Carlo Grisolia – Alberto Michelotti Documental sobre su vida Trailer https://www.youtube.com/watch?v=yI4jmG-pwsk En el sitio web http://www.albertoecarlo.it , otros videos en italiano, info, foto y la posibilidad de descargarlos gratis, también en formato DVD.
28 Sep 2016 | Sin categorizar
Ayer, 28 de septiembre, Maria Voce, presidente del Movimiento de los Focolares, ha sido operada en Milán (Italia). Se ha tratado de una intervención cardioquirúrgica, programada ya dede hace un tiempo y que se ha concluído exitosamente. La fase post-operatoria, en estas primeras horas, resulta positiva y se desarrolla normalmente. Il Movimiento de los Focolares agradece a cuantos han rezado y se han interesado por su salud, mientras sigue acompañando con la oración el curso de la convalecencia, pidiendo la pronta y completa recuperación de Maria Voce. Maria Voce recibida en Milán por miembros de los Focolares