22 Feb 2015 | Sin categorizar

«En un mundo racional el escritor debería situarse en el centro de la vida colectiva: como quien dirige e interpreta el alma del pueblo.
Para un grupo de personas el mundo está gobernado por la racionalidad, para otros muchos por el instinto, las pasiones irracionales: por ejemplo el miedo, y entonces el escritor se vuelve popular en la medida que capta y exacerba el instinto de la masa.
Hoy día prevalecen la técnica, la mecánica, el deporte, el cine por una parte, la demagogia, el comercio, la politiquería por otra: y el escritor –si no quiere quedarse al margen- tiene que ponerse al servicio de intereses materiales y pasionales; escribir para un periodismo que, debido a los costos enormes, a menudo se ve en la necesidad de someterse a grupos de industriales, a los partidos políticos, a las ideologías y a las profesiones que son más rentables. La libertad de prensa disminuye porque la prensa libre se disipa bajo la presión financiera; y así se reduce la libertad del escritor.
Esto puede explicar que cada vez encontremos menos al gran escritor; y ayuda a explicar por qué más de uno traslade su ejercicio a la arena política o busque salida en otros campos.
Por otra parte, si es la decadencia racional de los pueblos la que produce la disipación del escritor y su aislamiento, también es verdad que la decadencia espiritual, moral e intelectual de quien escribe aleja a los lectores. La verdad es que el escritor es la causa y el efecto de su ambiente social. Sería necesario que fuese más causa y menos efecto. Si fuese lo que tiene que ser: un maestro, o, casi diría, un apóstol o un profeta, el pueblo lo seguiría o lo lapidaría: en fin mostraría mucho interés en las manifestaciones de su espíritu. El lugar del escritor debería ser de vanguardia, casi el de un visionario, en todo caso, de alguien expuesto al riesgo.
De hecho, para realizar una misión apostólica, de formación y de elevación, el escritor corre el riesgo de quedarse pobre o de ser incomprendido.
La posición del escritor es relativa al valor del mensaje que ofrece y a la fuerza y la forma de la expresión artística con el que lo transmite.
En un mundo donde la técnica y la organización, la planificación y la centralización, la vulgaridad y la falta de libertad, han sofocado al alma humana, saturándola de ruido y de mandatos, un escritor libre que apunte a la liberación espiritual –a la redención del hombre-, ayudándolo a superar la “descompensación” entre el enorme mundo externo y el exiguo mundo interno, desarrolla una tarea aun mayor que la del estadista más en boga.
En un mundo desgastado por las rupturas y tembloroso por el miedo, explotado por el odio, una palabra de fraternidad y humanidad, es decir de caridad, dicha con claridad, belleza y potencia, consagraría a su autor por la gratitud de los pueblos, confiriéndole un lugar central en la órbita de la civilización».
(De: Igino Giordani, Il compito dello scrittore, «La Via», 2.2.1952, p. 3)
21 Feb 2015 | Sin categorizar
«Después de una dolorosa y destructiva desilusión, por el fracaso de la relación con su pareja, nuestra hija vino a vivir con nosotros junto con su niña. A menudo estaba amargada y agresiva. Una mañana, por una tontería, me trató mal a mí y a sus hermanos, gritó y se fue al trabajo dando un portazo. Me quedé mal, me parecía que había superado todo límite. No nos merecemos este trato. Pero, ¿qué hacer para que ella sienta mi amor? Preparé un almuerzo como para una fiesta, hice un postre, puse el mantel más lindo… Cuando volvió, la saludé como si no hubiese pasado nada. Ella sonrió, sentí que no sólo la había perdonado sino que también había olvidado todo. La armonía volvió a reinar entre todos» (R. B. – Italia)
«El sábado, mis padres y yo estábamos cerrando nuestro almacén cuando entraron dos hombres encapuchados que nos obligaron a abrir la caja fuerte. Mi papá, pensando que era la enésima rapiña con armas de juguete, los invitó a irse. Y en cambio recibió un balazo que lo hirió no gravemente. Después que los delincuentes huyeron, en un momento recordé que existe gente distinta, que se prodiga por los muchachos de un barrio en riesgo de otra ciudad siciliana. Decidí entonces, junto con algunos amigos, hacer también yo alguna cosa para impedir que los muchachos entren en el ambiente de la delincuencia. Un poco titubeante, ingresé en un barrio marginal, y, cuando conocí los problemas reales del lugar, me puse en contacto con la administración municipal, con las familias de algunos agentes de seguridad asesinados… Nació un grupo que quiere demostrar, sobre todo a los más jóvenes, que existe un mundo sin violencia, mejor. Ese sábado me cambió la vida». (M. – Sicilia, Italia )
«Tenía 12 años cuando mis padres se separaron. Entre tanto dolor, existía uno en especial que no me dejaba en paz: no lograba perdonar a mi papá por habernos dejado para formar otra familia. Al principio, cuando llamaba por teléfono, no quería ni siquiera responderle. Hasta que un día, le pedí ayuda a Jesús y encontré el valor para demostrarle que no le guardaba rencor. El cumpleaños de mi papá me dio la oportunidad de demostrarle algo porque cuando le llevé mi regalo, vi que se conmovió. Me confesó, que más allá de todo, para él lo más importante eran y seguían siéndo los hijos. Desde ese momento fue como que se abrió para él la puerta de mi corazón. A continuación, sabiendo que estaba muy solo, me resultó espontáneo hablarle de Dios, decirle que Dios ama a cada uno inmensamente. Se tranquilizó y expresó el deseo de profundizar el tema. La experiencia con mi papá me está haciendo comprender que todos se pueden equivocar, pero que cada uno tiene que tener la posibilidad de volver a levantarse». (H. – Brasil)
18 Feb 2015 | Sin categorizar

Paolo Giusta
«La vida y el pensamiento de Chiara Lubich introdujeron una novedad radical, que supera de una vez para siempre la concepción del poder como dominio. El concepto del poder como la cima solitaria de una pirámide está siempre presente, y a veces domina: a menudo tendemos a pensar que un hombre sólo en el poder, con una visión clara y la fuerza de imponerla sea la mejor solución, la más segura [….]. Chiara tuvo siempre un concepto elevado y un respeto absoluto del poder […]. Al mismo tiempo, sus relaciones con las personas que estaban en la cúspide de la jerarquía, civiles (jefes de Estado y de gobierno, presidentes de las instituciones europeas) o religiosas (Papas, patriarcas…) no tuvieron nunca nada de servilismo. Al contrario, su respeto por la autoridad se expresaba de forma creativa, ofreciendo ideas y propuestas, en una actitud de diálogo y de estímulo, y poniendo su persona y los recursos del Movimiento [de los Focolares ndr] a disposición de proyectos a favor de la sociedad, sobre todo de los más pobres.
Corresponsabilidad. En el ejercicio del poder, dentro del Movimiento que ella fundó, Chiara quiso que exista […] una gestión colectiva de la responsabilidad, en línea con la espiritualidad de comunión, típica de su carisma. Solo en la presidencia del Movimiento, especialmente por motivos jurídicos, existe una sola persona, y Chiara quiso que fuese una mujer, según el modelo de María, Madre de Jesús, que no tenía ningún poder excepto el de amar […] Esta es una de las ideas clave del carisma de Chiara: existe la jerarquía, tiene un rol insustituible, pero es un trasfondo. Lo que emerge es que todos somos, antes que nada, hermanos y hermanas, todos hijos de un único Dios, que es amor […]. Todos en la escuela de Jesús, único y verdadero maestro.
Un liderazgo colectivo. Tuve la oportunidad de ver personalmente –cuenta Paolo Giusta–la forma como Chiara ejercía su papel de líder en la preparación de dos encuentros de los movimientos y comunidades cristianas de distintas Iglesias en Estocolmo en el 2004 y en el 2007 […]. Me impactó su actitud con la que daba espacio a cada uno, a sus ideas y a sus preguntas. Era como si estuviese a la escucha de una palabra que Dios habría podido pronunciar a través de alguno de los participantes […]. Tomaba cada palabra en serio y la sometía a la decisión común, un verdadero ejemplo de liderazgo colectivo en acción […].
Ejercer el propio rol y dar espacio al otro. Es la esencia del concepto del poder que tiene Chiara, como también su aspecto paradójico: la persona que mantiene una posición de poder debe ejercer plenamente su rol (ser) y contemporáneamente dar total espacio al otro, incluido el sometimiento (no ser). Al mismo tiempo todos, cualquiera que sea su papel o posición jerárquica, ofrecen un aporte indispensable (ser) y, donándolo, lo pierden porque no pueden imponerlo (no ser). Es un dinamismo que crea comunión, la unidad en la diversidad. En efecto para Chiara la unidad no es nunca estática, algo que anula a los integrantes de la misma, sino que cada vez es nuevo y sorprendente porque está en un movimiento vital, a imagen de Dios y de la relación de amor entre las tres personas de la Trinidad […].
Resolver juntos los conflictos. Un ejemplo práctico del ejercicio del poder como amor, como Chiara lo concibe, es la gestión y la resolución de los conflictos. Frente a un conflicto existen distintas posibilidades: evitar la dificultad de enfrentarlo, dejar que el responsable decida por todos, o bien decidir ponerse juntos en camino, con todas las personas involucradas en el conflicto: una marcha larga y tal vez dolorosa, para atravesar el conflicto y salir de él, no con una decisión individual, sino habiendo hecho una experiencia entre todos. Esta solución no viene desde arriba ni simplemente desde abajo, sino que es el resultado de un esfuerzo común en la que cada uno da su aporte de verdad, a fin de alcanzar una solución común».
Lee el texto integral (italiano(
Chiara Lubich
Politcs for Unity
Making a world of difference
Marzo 2015
Info: http://www.politicsforunity.com/
14 Feb 2015 | Sin categorizar

«Una predicación que no denuncia el pecado no es predicación del Evangelio», afirmaba Mons. Romero en uno de sus discursos. Su martirio ocurrió el 24 de marzo de 1980, mientras celebraba la Eucaristía en la capilla del hospital para enfermos terminales en el que residía. Este hechodio fuerza a muchas familias salvadoreñas que perdieron familiares y amigos durante la guerra civil que estalló de forma despiadada después de su muerte. Aún hoy su testimonio es un fuerte llamado a la paz, a la fraternidad y a la reconciliación de la que el pueblo tiene tanta necesidad.
«La noticia de que el papa Francisco firmó el decreto que reconoce el martirio por “odium fidei” de Mons. Oscar Arnulfo Romero, hizo exultar al pueblo. Los obispos hicieron repicar las campanas de todas las iglesias de El Salvador en señal de fiesta para manifestar el gran júbilo», escribe Filippo Casabianca, desde la sede de los Focolares en Centro América. «Desde que Bergoglio fue elegido Papa – explica – muchos empezaron a esperar que él, que conoce las urgentes necesidades de los pobres y los oscuros entramados de algunos regímenes dictatoriales latinoamericanos, podía desbloquear el trámite de la causa. Pronto se hará la proclamación solemne, en fecha por definir, en San Salvador».
¿Cuáles son los antecedentes detrás de bastidores de este bloqueo? «La obra misionera de la Iglesia, en ese periodo, estaba atravesada por tensiones que oscilaban entre una fidelidad genuina a las indicaciones del Concilio que invitaban a acercarse a los últimos, y la tentación de quien consideraba legítima la asociación con los movimientos de matriz marxista. Precisamente de esto último se le acusó a Romero, hasta llegar a callar su voz».
También la espiritualidad de los Focolares ha echado sus raíces, en El Salvador, en el humus de los horrores de la guerra. De hecho, las primeras visitas de los focolarinos provenientes de Colombia se remontan a finales de los años ‘70, hasta las primeras Mariápolis, en 1982, en Santiago de María.
«Las carreteras estaban patrulladas a veces por los guerrilleros y a veces por el ejército – sigue Filippo – de manera que era necesario utilizar medios de trasporte camuflados para desplazarse so pena de someterse a interrogatorios que podían terminar con el reclutamiento forzado. La guerra estalló después de la muerte de Romero y su mensaje estaba vivo en todos». «Las palabras, la doctrina y el testimonio de Mons. Romero – cuenta Reynaldo, uno de los primeros jóvenes del Movimiento – resonaban con fuerza en quien tuvo la suerte de encontrar el Ideal de la unidad, especialmente por la invitación a realizar la opción preferencial por los pobres». Eran un fuerte llamado a la coherencia cristiana, vista por algunos con perplejidad, abrazada por muchos, a veces manipuladas por otros. «El ejemplo de Mons. Romero, junto con el encuentro con la experiencia de Chiara Lubich y sus compañeras, durante la segunda guerra mundial en Trento, nos llevó a acoger de forma más pura el Carisma de la unidad y nos ayudó a ir contracorriente».
Una contracorriente que se manifiesta aún hoy en el compromiso social del Movimiento de los Focolares en El Salvador. La atención a los presos, por ejemplo, se desarrolla en el ámbito de la Pastoral carcelaria de la Iglesia e involucra a un equipo de los Focolares que visitan periódicamente la cárcel di Mariona, tristemente famosa, que hospeda a los más peligrosos jefes de la criminalidad y del narcotráfico. Actualmente, tienen contacto con unas 180 personas que cumplen distinto tipo de penas, a través de encuentros sobre la “Palabra de Vida”, con grupos de 18 personas cada uno. En el último encuentro alguien decía: «Les pido disculpas a mis compañeros de celda, porque los traté con violencia, pero quiero cambiar».
Otras actividades están dirigidas a la inclusión social en un pueblito marginal. La situación se volvió peligrosa y el párroco recomendó mucha prudencia a los miembros del Movimiento. En otras dos ciudades se apoyan guarderías y actividades extra curriculares orientadas a detener la deserción escolar, condición que favorece el reclutamiento criminal.
Siguiendo el ejemplo de Romero, en El Salvador y no sólo allí, se reaviva el deseo de ser fieles al Evangelio que impulsa a vivir por todos y en especial, por los pequeños, los pobres y los últimos.
12 Feb 2015 | Sin categorizar
El padre Mychayl Melnyk es un sacerdote greco-católico que vive la espiritualidad de los Focolares. Las páginas de la Revista Cittá Nuova nos han ayudado a seguir los acontecimientos de su amado y devastado país. Un año después del estallido del conflicto le pedimos que hiciera una lectura de lo sucedido. «Desde la revuelta en el Plaza Maidan al conflicto en el sur-este ha pasado casi un año y hasta el momento hay un saldo de cinco mil muertos y más de un millón de refugiados. La guerra en Donbass ya lleva meses. La gente está muriendo, las estructuras están colapsando, cientos de miles de personas han escapado. En el mosaico de los territorios controlados por los ucranianos y los separatistas, en el caos de las bandas, en los comandos en guerra entre ellos, en los ejércitos mal armados y mal adiestrados, todo podría ser un efecto colateral de una guerra de todos contra todos». Por todo esto, según el Padre Mychayl, hoy más que nunca Ucrania necesita una educación a la paz, en donde todos sean protagonistas: adultos y jóvenes, educadores y niños, padres e hijos: «Una pedagogía de paz sencilla, pero cautivadora, basada en la coherencia entre la teoría y la práctica, en los valores y las experiencias. Una educación para consolidar la cultura de la Paz, es la única que puede respetar y responder a las más auténticas exigencias de todos, en el arduo camino hacia la fraternidad universal en Ucrania». Ante la pregunta sobre cuáles son los pasos necesarios que hay que dar en Ucrania, afirma: «Me permito responder con lo que Chiara Lubich dijo en Londres en el 2004: (…) se debería proponer a todos los actores políticos que formulen un pacto de fraternidad a favor de su país, que ponga el bien del mismo por encima de cualquier interés parcial, ya sea individual, de grupo, de clase o de partido. Porque la fraternidad ofrece posibilidades sorprendentes: permite apuntar siempre a valorar las exigencias que de lo contrario pueden llegar a convertirse en conflictos incurables. Armoniza, por ejemplo, las experiencias de las autonomías locales con el sentido de la historia común; consolida la conciencia de la importancia de los organismos internacionales y de todos esos procesos que buscan superar las barreras y alcanzan importantes etapas hacia la unidad de la familia humana». La crisis ucraniana ha generado, después de la guerra de los Balcanes, la más grande ola de refugiados: más de 900.000 son sólo los desplazados dentro del territorio. «En la ciudad de Donetsk es imposible tener una vida normal. Los ancianos –testigos por segunda vez de los horrores de la guerra- mueren por falta de tratamiento médico o tienen que dejar sus casas. Muchos no reciben la pensión estatal. En las áreas controladas por los separatistas hay de todo en las tiendas y en las farmacias, pero no hay dinero. Los bancos y la oficina del correo cerraron». ¿Cómo reconstruir las casas, las calles y esos puentes que no son sólo los de las conexiones estructurales, para sanar esas heridas invisibles? «No es algo fácil. Brindar una ayuda psicológica a las poblaciones afectadas es más difícil que reconstruir una calle o mandar ayuda humanitaria. Ya desde hace algunos años los docentes del Instituto Universitario Sophia, en colaboración con el Dicasterio de Justicia y Paz, están haciendo cursos para formar a los jóvenes para que puedan dar su aporte como ciudadanos, para construir el bien común de Ucrania». «Después de la ola de protestas y de la guerra, el país necesita estas “Escuelas de participación” que forman al compromiso civil y político, radicadas dentro de tejido ciudadano; lugares en donde se experimente una acción política basada en valores compartidos y nutrida por el ideal de la “fraternidad universal”. Ucrania, gracias a las manifestaciones de la plaza Maidan, se ha convertido en una auténtica nación, un pueblo que quiere construir su vida sobre los valores cristianos”. Ahora se trata de transformar los valores vividos durante las protestas en la plaza en cosas concretas de la vida cotidiana; de hacerse cargo de las expectativas y de las necesidades más profundas del país, para no caer definitivamente en la apatía». Las escuelas de Participación ofrecen, de hecho, modelos de interpretación y propuestas operativas dirigidas a difundir la cultura de la paz: «Uno de los principales desafíos para Ucrania es la situación de los emigrantes dentro del territorio, su integración a otras regiones de Ucrania, y la superación de las consecuencias de las hostilidades. Una formación basada en conocimientos y competencias flexibles, es lo que se necesita, para promover el diálogo intercultural e interreligioso, los derechos humanos, la mediación, la prevención y la resolución de conflictos, la educación a la no violencia, la tolerancia, la aceptación y el respeto recíprocos y a la reconciliación, son los objetivos que queremos plantearnos en el centro educativo para el futuro».
11 Feb 2015 | Sin categorizar
Centro Chiara Lubich – Video (en italiano)
«Si nosotros ponemos a la base de las leyes o de las iniciativas sociales la mentalidad de irrespeto al que sufre, al incapacitado, al anciano, poco a poco creamos una falsa sociedad, porque damos importancia solamente a algunos valores, como la salud física, la fuerza, la productividad exasperada, el poder y alteramos el fin por el que vive un Estado, que es el bien del hombre y de la sociedad.
La salud, como se sabe, es un don precioso que es necesario salvaguardar.
Por eso, es necesario hacer de manera que nuestro físico y el de nuestros hermanos se nutra, descanse, no se exponga a enfermedades, a accidentes, a un deporte exagerado.
También el cuerpo, de hecho, es importante para un cristiano.
Pero, si la integridad del cuerpo estuviese en peligro, tenemos que recordar que hay una Vida que no está condicionada por nuestro estado de salud, sino por el amor sobrenatural que arde en nuestro corazón.
Y esta Vida superior es la que da valor a la vida física también durante la enfermedad.
De hecho, si las enfermedades se consideran sólo bajo el punto de vista humano sólo se pueden definir como desgracias. Pero si se miran con la perspectiva cristiana, vemos que son pruebas en las que nos entrenamos para la gran prueba que nos espera cuando debamos afrontar el paso a la Otra vida.
¿No ha dicho recientemente el Santo Padre que las enfermedades son ejercicios espirituales que Dios mismo nos predica?
Los enfermos tienen mayor fortuna, de otro tipo, que los demás.
La Iglesia, en ascética y mística, habla de las enfermedades no sólo como de algo que pertenece al campo de la Medicina, sino como purificaciones que Dios envía, por lo tanto, como peldaños hacia la unión con Dios.
La fe nos dice, además, que el hombre en las enfermedades participa de los sufrimientos de Cristo. Es, pues, otro Cristo crucificado que puede ofrecer su sufrimiento por lo que más vale: la salvación eterna de los hombres.
Nosotros, en el torbellino del trabajo y de la vida cotidiana a veces nos vemos tentados de considerar a las personas que sufren sólo como casos marginales a los que hay que ayudar para que superen rápidamente la enfermedad y vuelvan pronto a la actividad y no pensamos que ellos son, desde ahora, los que más pueden hacer y obrar.
Pero los enfermos son capaces de desarrollar bien su función en favor de la humanidad, si se sienten comprendidos y amados. Con el amor se les podrá ayudar a dar un significado a su estado, a ser conscientes de lo que ellos representan.
Y lo que vale para los enfermos, vale para los discapacitados. También el que tiene una incapacidad de cualquier tipo necesita amor.
Siente la exigencia de ser reconocido por el valor que tiene su vida: sagrada como cualquier otra vida, con toda la dignidad que de ello deriva. Necesita ser considerado como una persona que ha de vivir lo más posible conviviendo normalmente entre los demás hombres.
¿Y que podemos decir de los ancianos?
Toda vida necesita amor. También los ancianos necesitan amor.
Hoy en día, los ancianos constituyen incluso un problema, porque se nota un gran aumento de personas de edad avanzada, debido a que se prolonga el nivel medio de la vida.
Se advierte así que en la sociedad se tiende a marginar a los ancianos, a considerarlos, porque no producen, una carga social. Se habla de los ancianos como si fueran una categoría en sí, casi como si no se tratase de hombres.
Después, en los mismos ancianos, al desgaste físico acompaña, a menudo, un grave malestar psicológico: sentirse superados.
Hace falta volver a dar esperanza a los ancianos.
La vejez no es otra cosa que la tercera etapa de la existencia. La vida que nace, la vida que crece, la vida que declina no son sino tres aspectos del misterio de la existencia que proviene de Dios-Amor.
En ciertos países asiáticos y africanos el anciano es valorizado porque se le considera un maestro de vida, porque posee la sabiduría.
El anciano, efectivamente, es una persona que pone de relieve lo esencial, lo más importante. Recordemos lo que se dice de San Juan Evangelista que con más de 80 años, cuando visitaba las comunidades cristianas y le preguntaban cuál había sido el mensaje de Jesús, siempre respondía: «Amaos recíprocamente», como si no tuviese nada más que añadir. Pero con esta frase verdaderamente centraba el pensamiento de Cristo.
Privarse de los ancianos es privarse de un patrimonio.
Es necesario valorizarlos, amándolos. Y valorizarlos también cuando están enfermos, incluso de gravedad; cuando humanamente no existen esperanzas y la necesidad de asistencia es más exigente.
Ante Dios no existe vida, ni hay etapa de la vida, que sea indigna de ser vivida».