Movimiento de los Focolares
La alegría de vivir la fe

La alegría de vivir la fe

19772Sinopsis: La alegría de vivir la fe es el título que el arzobispo François-Xavier Nguyên Van Thuân (1928-2002), que fue presidente del Consejo Pontificio «Justicia y Paz», eligió para la serie de charlas aquí publicadas. Fueron recogidas por algunos jóvenes que tuvieron el privilegio de asistir a ellas en persona. Se trata de textos pronunciados en distintas ocasiones con el fin de educar en la fe a sus amados compatriotas, con quienes se reunió en distintas partes del mundo. Según dice el propio autor, este libro representa una especie de síntesis general, sencilla y humilde, de su experiencia de fe. Al publicar estos escritos del cardenal Van Thuân, el Consejo Pontificio «Justicia y Paz», mediante su enseñanza de la fe y su mensaje de amor y perdón, espera favorecer una nueva primavera no solo para el pueblo vietnamita, sino para toda la Iglesia. Sobre el autor: Monseñor François-Xavier Nguyên Van Thuân nace en 1928 en Hue, región central de Vietnam. Es ordenado sacerdote en 1953 y licenciándose en derecho canónico en Roma el año 1958. Obispo de Nhatrang de 1967 a 1975, ese año Pablo VI le nombra obispo coadjutor de Saigón, actualmente ciudad de Ho Chi-Minh. Algunos meses más tarde, con la llegada del régimen comunista es arrestado permaneciendo en la cárcel de 1975 a 1988, nueve de los cuales en régimen de aislamiento. Juan Pablo II le nombró Presidente del Pontificio Consejo de la Justicia y de la Paz y posteriormente le creó cardenal. «Ha fallecido un santo» explicó el obispo Gianpaolo Crepaldi, secretario de este mismo Consejo, al dar la noticia del fallecimiento del cardenal, el 16 de septiembre de 2002. De entre sus diversos libros están publicados «Plegarias de esperanza» (San Pablo, 1997), «El camino de la esperanza» (Città Nuova, 1992), publicado en ocho idiomas. «Testigos de esperanza», «Cinco panes y dos peces» y «El gozo de la esperanza» (Ciudad Nueva, Madrid). Editorial Ciudad Nueva, Madrid

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El alma de Etiopía

Con sus 98 millones de habitantes, Etiopía después de Nigeria, es el segundo país más poblado del continente africano. Desde hace casi veinte años conquistó la paz, luego de una terrible guerra con la aledaña Eritrea, que duró más de 17 años, y que prostró a ambos pueblos. Hoy se lo considera como el centro de África. Allí tiene su sede la Unión Africana y ahí se juegan los intereses de poblaciones enteras. Están también allí todas las embajadas del continente y están representadas también 115 Naciones extra-africanas. Quien nos relata este viaje es la periodista Liliane Mugombozi, directora de New City Africa, quien, junto a otros dos focolarinos , fueron invitados por el obispo de la diócesis de Meki, en el norte del país, desde el 10 al 23 de agosto pasados. «Acabo de regresar de Etiopía donde, con Charles y Legesse, hemos sido invitados por el obispo Abram. Ahora para mí, el Cuerno de África ya no es sólo el terrorismo en Somalia o la dictadura en Eritrea; ni Etiopía es sólo el aeropuerto de Addis Abeba donde hago escala en mis viajes hacia Roma. Ahora para mí, Addis es la sonrisa de ese chico que me ayudó a llevar la maleta, está en la mirada acogedora de la religiosa que me recibió en el centro en el que pude descansar antes de retomar el viaje al día siguiente. La encontré palpitante y viva en ese sacerdote que con esmero me introdujo en la realidad de este pueblo, en esa mujer leprosa, estigma de la sociedad, en ese joven deseoso de conocerme. Y también en el dolor, al que apenas logré acercarme, por los muros que todavía dividen la Iglesia Católica de la Ortodoxa. 20141003-01El encuentro con cuatro obispos, entre los cuales estaba el arzobispo de Addis Abeba, Bernhaneyesus Souraphiel, nos impactó profundamente. Tiene mucha esperanza en el aporte que los Focolares pueden brindar. En esos días pudimos compartir desde adentro la vida de la pequeña comunidad católica: ¡realmente una experiencia enriquecedora! El testimonio evangélico del pequeño grupo de católicos, alcanza no sólo a los cristianos de la Iglesia Ortodoxa antigua y a los de varias iglesias pentecostales que crecen por doquier, sino también a otras presencias religiosas del país, especialmente la musulmana. 20141003-02Encontramos una Iglesia viva y comprometida, que ha sabido hacerse caridad encarnada en las estructuras de la sociedad en varios niveles: educación, salud, agricultura… en una sociedad que cambia y evoluciona con ritmos muy acelerados. Recorriendo las calles, pasando entre la gente, se percibe un país que “vibra” en todos los frentes, político, social, de las comunicaciones, con enormes posibilidades de desarrollo. El anhelo expresado por los obispos es el de “buscar la clave para entrar en este mundo con los valores del Evangelio. La política no es suficiente; es necesario hacer nuestra parte. Desde hace mucho tiempo sentimos que la Iglesia necesita de laicos formados. Y ustedes ya lo son… El Movimiento de los Focolares aquí debe involucrarse en la formación de los laicos…”. Volvieron a mi mente las palabras que Juan Pablo II le dirigió a Chiara Lubich, hace unos años, cuando la invitó a contribuir a «dar un alma a Europa». También las palabras de los obispos de Etiopía me resonaban así, como si nos dijeran: «También aquí es necesario darle un alma a este país».

La alegría de vivir la fe

Birmania, Tailandia, Vietnam: la esperanza de los jóvenes

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Yangon

El amor por la libertad es uno de los mensajes más fuertes que nos llega del pueblo birmano, también a través de la líder pacifista Aung San Suu Kyi, Premio Nobel por la paz de 1991, que hizo conocer a todo el mundo la vida de un pueblo recientemente salido del aislamiento. Más silenciosa pero igualmente tenaz es la acción de los Jóvenes por un mundo unido que en Yangon, ex-capital del país, organizaron en la primavera pasada: un mini Genfest, recordando el Genfest mundial desarrollado en Budapest en el 2012 que en aquélla oportunidad había reunido a 12.000 jóvenes. Partiendo del lema “Let’s Bridge” (Construyamos puentes), presentaron, la imagen del puente en sus diversas fases de construcción de  relaciones entre personas, culturas, pueblos. Las historias que contaron eran fruto del compromiso de los jóvenes en el tema de la ecología, la paz, la cultura del dar, las relaciones en la familia. Hubo algunos momentos de incertidumbre por la electricidad defectuosa, que varias veces hizo saltar la instalación eléctrica. Pero el mensaje se transmitió: dar el primer paso para lanzar un puente hacia cada persona. Después del Genfest de Yangon, los jóvenes de Myanmar se dirigieron hacia el norte, respondiendo a la invitación de un grupo de 80 estudiantes de Mandalay, para realizar otro Genfest local. Eran 14 jóvenes los que partieron desde Yangon hacia el norte y después de una noche de viaje alcanzaron a los demás. “Vivimos momentos muy lindos con los jóvenes de Mandalay – cuentan-. Gracias a su amistad y sencillez, nos sentíamos ya como hermanos y hermanas. Con esta atmósfera, todos  pudieron comprender fácilmente lo que queríamos transmitir”. Y la construcción de ‘puentes’ con todos es algo concreto: visitaron tres veces asilos de niños y casas de ancianos para compartir su amor y apoyo. Organizaron un post Genfest tanto en Yangon como en Mandalay, para promover la fraternidad y la paz. Actividades que, como un tam-tam, involucraban a otros amigos.
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Sport for Peace (Vietnam)

En Vietnam, hay un espacio para el deporte con una jornada de “Sport for Peace”. El llamado a la paz – en el trasfondo de la grave situación mundial- fue recibido con el corazón. También los más jovencitos, adhiriendo a la invitación del Papa Francisco de amar y ocuparse de los más ancianos y de los más pequeños, se dieron cita para visitar una casa de ancianos y un asilo. En Bangkok, en Tailandia, “Connect” es la iniciativa promovida por los jóvenes. Tiene el significado de vincularse a otros y el instrumento elegido fueron los talleres: de arte, de canto, de danza y de cocina. «Vimos que participaron no sólo jóvenes, sino también algunas familias con sus niños – cuentan-. Éramos más de 60, también de otras nacionalidades: Pakistán, Myanmar, China y un numeroso grupo de Timor Este». Posteriormente, se realizaron visitas a los niños del slum de Bangkok, involucrando a un grupo de estudiantes universitarios. Hubo también  actividades para recolectar fondos para las víctimas de las catástrofes naturales: el alma era la creatividad juvenil por un lado y el espíritu de solidaridad, contando por otro lado, con la certeza de que el amor de Dios vence todo. Y luego partieron hacia el norte.
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Tailandia

Después de 5-6 horas de viaje desde la ciudad de Chiang Mai se llega a un lugar perdido en el mundo donde está naciendo un nuevo centro de recepción de jóvenes de las aldeas tribales. «Fuimos para visitar a los 18 jóvenes que hacen “home schooling” que están construyendo este centro con sus propias manos. El objetivo de este viaje era ver juntos como instalar un programa de formación basado en vivir la Palabra de Vida. Así comenzamos a trabajar con una nueva “periferia” – los jóvenes de las tribus- que la Iglesia local tiene en lo más profundo de su corazón»    

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La bendición de la larga vida

20140930-01El 28 de septiembre, en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco se encontró con los ancianos y los abuelos en la primera jornada internacional dedicada a la tercera edad, promovida por el Pontificio Consejo para la Familia. El encuentro tuvo como título: “La bendición de la larga vida”,  y coincidió con la Jornada de oración por el Sínodo de la Familia, inspirándose en las numerosas intervenciones del Papa que muchas veces recordó la tragedia de la “cultura del descarte” típica de “un pueblo que no cuida a sus ancianos”, descartándolos “con actitudes detrás de las cuales existe una eutanasia escondida” Francisco abrazó con afecto a Benedicto XVI, que estuvo presente durante la primera parte del encuentro: «Dije muchas veces que me gustaba mucho que él viviera aquí en el Vaticano, porque era como tener al abuelo sabio en casa. ¡Gracias!» «Como cristianos y como ciudadanos, -afirmó el Papa en su discurso – estamos llamados a imaginar, con fantasía y sabiduría, los caminos para afrontar este reto. Un pueblo que no custodia a los abuelos y no los tratan bien no tiene futuro: pierde la memoria, y se desarraiga de sus propias raíces. Pero cuidado: ¡ustedes tienen la responsabilidad de mantener vivas estas raíces en ustedes mismos!». 20140930-02El encuentro fue una ocasión para reafirmar que –como dijo Mons. Paglia, Presidente del Dicasterio para la Familia, «La ancianidad no es un naufragio sino una vocación: se prolongaron  los años de vida pero sobre este tema no se ha desarrollado una reflexión adecuada en la política ni tampoco en la economía, ni en la sociedad ni mucho menos en la cultura» «Se debe considerar la ancianidad y se debe considerar también el compromiso de los ancianos en el mundo y el de la Iglesia hacia ellos. Además de todos los aspectos civiles, existe una cultura que los ancianos pueden transmitir. Ellos pueden transmitir una cultura que esté especialmente atenta a no concebir la fragilidad de la vida como la tragedia final sino como un testimonio de esperanza en el más allá» El evento del 28 de septiembre está situado en la jornada de oración por el Sínodo sobre la familia, “lugar fundamental y primario donde los ancianos pueden vivir dentro de una trama de relaciones que los sostienen”, continúa diciendo Mons. Paglia – y que a su vez está llamado a dar vida a estas relaciones nuevas y a enriquecerlas. Los ancianos no son solamente objeto de atención y de cuidados sino también son sujetos de una nueva perspectiva de vida» Para acercarnos a esta dimensión de la vida aconsejamos della Ciudad Nueva di Buenos Aires: Y después… la luz  Pensamientos sobre la Eternidad  de Wilhelm Mühs.

La alegría de vivir la fe

La Asamblea 2014 llega a su conclusión

El 28 de septiembre, a las 12.30 una conexión en directo vía internet marcó la conclusión de los trabajos de la Asamblea general de los Focolares. Se retoma el camino con el compromiso de vivir como “hombres-mundo”, según la expresión acuñada por Chiara Lubich y mencionada por el papa Francisco en la audiencia del 26 de septiembre: «Hombres y mujeres con el alma, el corazón, la mente de Jesús y por lo tanto, capaces de reconocer e interpretar las necesidades, las preocupaciones y las esperanzas que  anidan en el corazón de cada ser humano». Durante la audiencia pudieron saludarlo algunos focolarinos de varias Iglesias y  personas de convicciones no religiosas presentes. Las palabras que dirigió a los Focolares tuvieron mucha resonancia en los 494 representantes de 137 países. De hecho, era evidente la consonancia con las conclusiones a las que llegó la Asamblea general 2014 después de tres semanas de intenso trabajo – a partir de las más de 3000 instancias previas que llegaron de todo el mundo – y resumidas en las líneas guía que orientarán el compromiso del Movimiento en los próximos seis años. Son tres las palabras en las que se concentró el discurso de Francisco: contemplar (“sumergidos en la multitud, hombre junto a hombre”, citando un escrito de Chiara Lubich), salir, hacer escuela, acompañadas por la fuerte invitación a la gratuidad, la creatividad y el arte del diálogo, “que no se aprende barato”. También tres las palabras contenidas en las líneas guías surgidas de la Asamblea: salir, juntos, oportunamente preparados. Se trata de orientaciones que llevan como título el fin específico de los Focolares “Que todos sean uno”, y que ahora las comunidades de los Focolares, esparcidas en los cinco continentes, aplicarán según las necesidades concretas y las exigencias específicas de cada área geográfica. Ver también: Contemplar, salir, hacer escuela: las tres palabras de Francisco a los Focolares Entrevista a María Voce y a Jesús Morán Asamblea Focolares: un camino de unidad que se ve Documentación asamblea  

Octubre 2014

«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás». Jesús se ve ya como pan. Ese es, pues, el motivo de su vida en esta tierra. Ser pan para ser comido. Y ser pan para comunicarnos su vida, para transformarnos en él. Hasta aquí está claro el significado espiritual de esta Palabra, con sus referencias al Antiguo Testamento. Pero el discurso se vuelve misterioso y peliagudo cuando, más adelante, Jesús dice de sí mismo: «El pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo» (Jn 6, 51b) y «si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn 6, 53). Es el anuncio de la Eucaristía lo que escandaliza y aleja a muchos discípulos. Pero es el regalo más grande que Jesús quiere hacer a la humanidad: su presencia en el sacramento de la Eucaristía, que da la saciedad al alma y al cuerpo, la plenitud de la alegría, para la íntima unión con Jesús. Alimentados por este pan, ninguna otra hambre tiene ya razón de existir. Cualquier deseo nuestro de amor y de verdad es saciado por quien es el Amor mismo, la Verdad misma. «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás». Así pues, este pan nutre de Él ya en esta tierra, pero se nos da para que podamos a nuestra vez saciar el hambre espiritual y material de la humanidad que nos rodea. El mundo no recibe el anuncio de Cristo mediante la Eucaristía, sino más bien mediante la vida de los cristianos, alimentados por ella y por la Palabra, los cuales, predicando el Evangelio con su vida y con su voz, hacen presente a Cristo en medio de los hombres. Gracias a la Eucaristía, la vida de la comunidad cristiana se convierte en la vida de Jesús, una vida capaz de dar el amor y la vida de Dios a los demás. «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás». Con la metáfora del pan, Jesús nos enseña también el modo más verdadero y más «cristiano» de amar a nuestro prójimo. En realidad, ¿qué significa amar? Amar significa «hacerse uno» con todos, hacerse uno en todo lo que los demás desean, en las cosas más pequeñas e insignificantes y en esas que puede que a nosotros nos importen poco pero que interesan a los demás. Y Jesús ejemplificó de manera estupenda este modo de amar haciéndose pan para nosotros. Él se hace pan para entrar en todos, para hacerse comestible, para hacerse uno con todos, para servir, para amar a todos. Así pues, hagámonos uno también nosotros hasta dejarnos comer. Esto es el amor, hacernos uno de modo que los demás se sientan alimentados por nuestro amor, reconfortados, aliviados y comprendidos.

CHIARA LUBICH

 Palabra de vida publicada en Ciudad Nueva n. 368 (8-9/2000), p. 24.