Movimiento de los Focolares
Desde Polonia: “Mi primer año en Sophia”

Desde Polonia: “Mi primer año en Sophia”

Małgorzata Szwarc (a sinistra) con due colleghe Entrevistamos a Małgorzata, para los amigos, Gosia, en la ciudadela de Loppiano, donde se desarrolla “la cultura de las relaciones”,  tal como lo recordó papa Francisco en su reciente video mensaje en ocasión de los primeros 50 años de su fundación. El Papa afirmó: “Hay una necesidad urgente de jóvenes, de hombres y mujeres que al mismo tiempo, además de estar oportunamente preparados en las distintas disciplinas, estén impregnados de la sabiduría que brota del amor de Dios”. ¿Cuáles son los primeros recuerdos de tu llegada al IUS, hace un año? “Cuando llegué a Sophia sólo sabía decir ‘Me llamo Gosia y vengo de Polonia. Aprender el italiano no ha sido ninguna broma… A la noche, cuando las demás se iban a la cama, yo me quedaba estudiando. Recuerdo que a menudo escuchaba palabras que en polaco tienen otro significado y esto lograba confundirme. ¿Qué le pondrías de relieve a un estudiante recién llegado? “El aspecto de la experiencia en Sophia que más me ha alegrado (¡y que no me esperaba!) es la intensidad de la vida en las residencias: es la clase más enriquecedora y concreta que haya jamás recibido sobre escucha y diálogo. El primer paso es saber olvidarse de sí mismos para acoger al otro, para lograr vivir lo que estudiamos en las aulas. En las clases estamos concentrados en su contenido, mientras que en las residencias esta elección es necesaria para lograr que convivan costumbres, culturas y pensamientos muy distintos”. ¿Algún ejemplo? Se hacen muchas cosas, se cocina, se arregla la casa, hay tiempo para muchas lindas conversaciones y obviamente se estudia. Luego hay también momentos de relax, como fiestas o películas. La vida juntos conlleva la necesidad de confrontarse sobre todos los aspectos y se dan también situaciones difíciles, incomprensiones. Sin embargo es a través de estos momentos que hemos crecido juntas, que hemos aprendido a acogernos tal y como somos.” ¿Qué ha significado para ti vivir fuera de tu país? “El hecho que Sophia esté ubicada en Italia, en Loppiano, me ha ayudado a buscar mi identidad fuera de Polonia. La relación con los demás me ha llevado a preguntarme si mis costumbres y mis características son lo que yo he elegido ser o simplemente el conjunto de las tradiciones y de las convicciones que me ha transmitido el lugar en el que crecí. Por ejemplo la fe, que es un aspecto muy importante en un país tan católico como Polonia. No he encontrado todavía todas las respuestas, tal vez sea necesaria toda la vida, pero ¡aún tengo un año entero para vivir en Sophia!” ¿Cuáles son los cursos que más han suscitado tu interés y por qué? “Sobre todo los del área teológica y de la ética y sociológica (como “Antropología y ética de la persona” y “Ética de la vida profesional”). En un determinado momento, a lo largo de cada uno de estos trayectos, había algo que me impactaba profundamente, que podía intentar hacer entrar también en mi vida cotidiana. Al inicio no entendía bien el significado del título que ofrece el IUS: “Fundamentos y perspectivas de una cultura de la unidad”, pero luego de un año sé que esas palabras no están ahí al azar. Han sido importantes también los cursos de Economía. Por primera vez comprendí que los bienes no deben ser únicamente multiplicados, adquiridos o vendidos, sino que pueden ser compartidos, según la lógica de una economía de comunión.” ¿Consideras que este programa de formación ofrece una preparación adecuada a las exigencias de la sociedad? “Es difícil contestar porque las preguntas cambian continuamente mientras se buscan las respuestas. Pero Sophia te abre la mente. Y con una mente abierta espero poder entender mejor lo que caracteriza mi sociedad, lo que se encuentra en el corazón de las relaciones entre las personas, para poder incidir en ellas. Pienso que un fruto sustancial que me llevaré conmigo es la búsqueda de la comunión.” Fuente: entrevista a Małgorzata Szwarc, Polonia – “Mi primer año al IUS”

Desde Polonia: “Mi primer año en Sophia”

Siete consejos para vivir una vida plena a los 93 años

20141006-011.- Dar – El espacio que se ocupa cuando uno envejece es más chico, y estoy constantemente eliminando las cosas que una vez consideraba que eran indispensables. Hace poco, me desprendí de algo que después precisé. Pero pensé que la persona que lo recibió iba a darle buen uso, y que Dios se ocuparía de mí. Pocos días después recibí de otra persona exactamente lo mismo  que había dado. Así decidí que dar es un estilo de vida que no envejece nunca, y el céntuplo es siempre nuevo. 2.- Nuevas amistades – Todos se preocupan por los niños cuando empiezan la escuela y se deben encontrar con nuevos compañeros, pero nadie piensa que una nonagenaria que entra en una casa para ancianos debe recomenzar desde cero. Tuve que aprender a escuchar a personas que pueden pensar de modo muy distinto y comprender cuánto cada uno quiere ser amado. 3.- Oración – Cuando se envejece es más fácil tener tiempo para rezar. Trato de estar al día sobre todo lo que ocurre y tengo una lista de intenciones por las cuales rezar. Se podría pensar que a los 93 años he logrado amortiguar  los defectos de mi carácter, pero me encuentro cometiendo los mismos errores que traté de corregir durante toda mi vida. Aprendí a recomenzar y ponerme a vivir bien el momento siguiente. 4.- Salud-  Soy consciente de que mi viaje se acerca a su fin, por lo cual es maravilloso estar todavía en condiciones de ir a hacer gimnasia, de comer bien, de lograr ponerme las gotas oftálmicas y tomar todos los medicamentos como me han recetado. Tengo una relación cercana con aquéllos que están en el más allá, en el Paraíso. Les confío distintas intenciones a cada uno y les pido  que me ayuden y me den fuerza cuando las cosas se ponen un poco más difíciles. Se precisa un verdadero acto de fe para creer en el valor de tu vida cuando muchos alrededor tuyo ven las cosas de forma distinta. 5.- Armonía – No tengo necesidad de mucha ropa o muebles, pero trato de mantener ordenado lo que tengo. Con mi vista ya escasa, no estoy segura si los colores combinan, y podría pensar: “¿Qué importa?”. Pero luego pienso que también a los 93 años, debo tratar de ser una expresión de la belleza de Dios en la manera que me visto y en la armonía y orden de mi apartamento. 6.- Learning – Siempre quise aprender nuevas cosas, entonces trato de estudiar los documentos del Santo Padre y mirar el DVD sobre el catecismo o sobre otros temas. Sé que no trabajaré nunca más como enfermera, pero forma parte de mi vocación el estar al día sobre los desarrollos de mi profesión: tal vez algo que leo puede ser útil para otras personas. Amo la sabiduría y le rezo a menudo al Espíritu Santo para que me ayude a no decir palabras inútiles. 7.- Conexiones – En el pasado trataba de mantenerme en contacto con otras personas enviando cartas o usando el teléfono. En cambio, ahora, los tiempos han cambiado, y si a los 50 años saqué el carné de conducir, ahora tuve que aprender a usar el email para poder tener noticias y permanecer en contacto con todos. Estoy aprendiendo poco a poco, porque hasta ahora sé mover el mouse ¡sólo en una sola dirección! ¿Mi conclusión? Sí, es un poco difícil tener la edad de 93 años, pero esto no significa que no se puede tener una vida plena y satisfactoria. Agatha O’ Donnell.

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La alegría de vivir la fe

19772Sinopsis: La alegría de vivir la fe es el título que el arzobispo François-Xavier Nguyên Van Thuân (1928-2002), que fue presidente del Consejo Pontificio «Justicia y Paz», eligió para la serie de charlas aquí publicadas. Fueron recogidas por algunos jóvenes que tuvieron el privilegio de asistir a ellas en persona. Se trata de textos pronunciados en distintas ocasiones con el fin de educar en la fe a sus amados compatriotas, con quienes se reunió en distintas partes del mundo. Según dice el propio autor, este libro representa una especie de síntesis general, sencilla y humilde, de su experiencia de fe. Al publicar estos escritos del cardenal Van Thuân, el Consejo Pontificio «Justicia y Paz», mediante su enseñanza de la fe y su mensaje de amor y perdón, espera favorecer una nueva primavera no solo para el pueblo vietnamita, sino para toda la Iglesia. Sobre el autor: Monseñor François-Xavier Nguyên Van Thuân nace en 1928 en Hue, región central de Vietnam. Es ordenado sacerdote en 1953 y licenciándose en derecho canónico en Roma el año 1958. Obispo de Nhatrang de 1967 a 1975, ese año Pablo VI le nombra obispo coadjutor de Saigón, actualmente ciudad de Ho Chi-Minh. Algunos meses más tarde, con la llegada del régimen comunista es arrestado permaneciendo en la cárcel de 1975 a 1988, nueve de los cuales en régimen de aislamiento. Juan Pablo II le nombró Presidente del Pontificio Consejo de la Justicia y de la Paz y posteriormente le creó cardenal. «Ha fallecido un santo» explicó el obispo Gianpaolo Crepaldi, secretario de este mismo Consejo, al dar la noticia del fallecimiento del cardenal, el 16 de septiembre de 2002. De entre sus diversos libros están publicados «Plegarias de esperanza» (San Pablo, 1997), «El camino de la esperanza» (Città Nuova, 1992), publicado en ocho idiomas. «Testigos de esperanza», «Cinco panes y dos peces» y «El gozo de la esperanza» (Ciudad Nueva, Madrid). Editorial Ciudad Nueva, Madrid

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El alma de Etiopía

Con sus 98 millones de habitantes, Etiopía después de Nigeria, es el segundo país más poblado del continente africano. Desde hace casi veinte años conquistó la paz, luego de una terrible guerra con la aledaña Eritrea, que duró más de 17 años, y que prostró a ambos pueblos. Hoy se lo considera como el centro de África. Allí tiene su sede la Unión Africana y ahí se juegan los intereses de poblaciones enteras. Están también allí todas las embajadas del continente y están representadas también 115 Naciones extra-africanas. Quien nos relata este viaje es la periodista Liliane Mugombozi, directora de New City Africa, quien, junto a otros dos focolarinos , fueron invitados por el obispo de la diócesis de Meki, en el norte del país, desde el 10 al 23 de agosto pasados. «Acabo de regresar de Etiopía donde, con Charles y Legesse, hemos sido invitados por el obispo Abram. Ahora para mí, el Cuerno de África ya no es sólo el terrorismo en Somalia o la dictadura en Eritrea; ni Etiopía es sólo el aeropuerto de Addis Abeba donde hago escala en mis viajes hacia Roma. Ahora para mí, Addis es la sonrisa de ese chico que me ayudó a llevar la maleta, está en la mirada acogedora de la religiosa que me recibió en el centro en el que pude descansar antes de retomar el viaje al día siguiente. La encontré palpitante y viva en ese sacerdote que con esmero me introdujo en la realidad de este pueblo, en esa mujer leprosa, estigma de la sociedad, en ese joven deseoso de conocerme. Y también en el dolor, al que apenas logré acercarme, por los muros que todavía dividen la Iglesia Católica de la Ortodoxa. 20141003-01El encuentro con cuatro obispos, entre los cuales estaba el arzobispo de Addis Abeba, Bernhaneyesus Souraphiel, nos impactó profundamente. Tiene mucha esperanza en el aporte que los Focolares pueden brindar. En esos días pudimos compartir desde adentro la vida de la pequeña comunidad católica: ¡realmente una experiencia enriquecedora! El testimonio evangélico del pequeño grupo de católicos, alcanza no sólo a los cristianos de la Iglesia Ortodoxa antigua y a los de varias iglesias pentecostales que crecen por doquier, sino también a otras presencias religiosas del país, especialmente la musulmana. 20141003-02Encontramos una Iglesia viva y comprometida, que ha sabido hacerse caridad encarnada en las estructuras de la sociedad en varios niveles: educación, salud, agricultura… en una sociedad que cambia y evoluciona con ritmos muy acelerados. Recorriendo las calles, pasando entre la gente, se percibe un país que “vibra” en todos los frentes, político, social, de las comunicaciones, con enormes posibilidades de desarrollo. El anhelo expresado por los obispos es el de “buscar la clave para entrar en este mundo con los valores del Evangelio. La política no es suficiente; es necesario hacer nuestra parte. Desde hace mucho tiempo sentimos que la Iglesia necesita de laicos formados. Y ustedes ya lo son… El Movimiento de los Focolares aquí debe involucrarse en la formación de los laicos…”. Volvieron a mi mente las palabras que Juan Pablo II le dirigió a Chiara Lubich, hace unos años, cuando la invitó a contribuir a «dar un alma a Europa». También las palabras de los obispos de Etiopía me resonaban así, como si nos dijeran: «También aquí es necesario darle un alma a este país».

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Birmania, Tailandia, Vietnam: la esperanza de los jóvenes

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Yangon

El amor por la libertad es uno de los mensajes más fuertes que nos llega del pueblo birmano, también a través de la líder pacifista Aung San Suu Kyi, Premio Nobel por la paz de 1991, que hizo conocer a todo el mundo la vida de un pueblo recientemente salido del aislamiento. Más silenciosa pero igualmente tenaz es la acción de los Jóvenes por un mundo unido que en Yangon, ex-capital del país, organizaron en la primavera pasada: un mini Genfest, recordando el Genfest mundial desarrollado en Budapest en el 2012 que en aquélla oportunidad había reunido a 12.000 jóvenes. Partiendo del lema “Let’s Bridge” (Construyamos puentes), presentaron, la imagen del puente en sus diversas fases de construcción de  relaciones entre personas, culturas, pueblos. Las historias que contaron eran fruto del compromiso de los jóvenes en el tema de la ecología, la paz, la cultura del dar, las relaciones en la familia. Hubo algunos momentos de incertidumbre por la electricidad defectuosa, que varias veces hizo saltar la instalación eléctrica. Pero el mensaje se transmitió: dar el primer paso para lanzar un puente hacia cada persona. Después del Genfest de Yangon, los jóvenes de Myanmar se dirigieron hacia el norte, respondiendo a la invitación de un grupo de 80 estudiantes de Mandalay, para realizar otro Genfest local. Eran 14 jóvenes los que partieron desde Yangon hacia el norte y después de una noche de viaje alcanzaron a los demás. “Vivimos momentos muy lindos con los jóvenes de Mandalay – cuentan-. Gracias a su amistad y sencillez, nos sentíamos ya como hermanos y hermanas. Con esta atmósfera, todos  pudieron comprender fácilmente lo que queríamos transmitir”. Y la construcción de ‘puentes’ con todos es algo concreto: visitaron tres veces asilos de niños y casas de ancianos para compartir su amor y apoyo. Organizaron un post Genfest tanto en Yangon como en Mandalay, para promover la fraternidad y la paz. Actividades que, como un tam-tam, involucraban a otros amigos.
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Sport for Peace (Vietnam)

En Vietnam, hay un espacio para el deporte con una jornada de “Sport for Peace”. El llamado a la paz – en el trasfondo de la grave situación mundial- fue recibido con el corazón. También los más jovencitos, adhiriendo a la invitación del Papa Francisco de amar y ocuparse de los más ancianos y de los más pequeños, se dieron cita para visitar una casa de ancianos y un asilo. En Bangkok, en Tailandia, “Connect” es la iniciativa promovida por los jóvenes. Tiene el significado de vincularse a otros y el instrumento elegido fueron los talleres: de arte, de canto, de danza y de cocina. «Vimos que participaron no sólo jóvenes, sino también algunas familias con sus niños – cuentan-. Éramos más de 60, también de otras nacionalidades: Pakistán, Myanmar, China y un numeroso grupo de Timor Este». Posteriormente, se realizaron visitas a los niños del slum de Bangkok, involucrando a un grupo de estudiantes universitarios. Hubo también  actividades para recolectar fondos para las víctimas de las catástrofes naturales: el alma era la creatividad juvenil por un lado y el espíritu de solidaridad, contando por otro lado, con la certeza de que el amor de Dios vence todo. Y luego partieron hacia el norte.
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Tailandia

Después de 5-6 horas de viaje desde la ciudad de Chiang Mai se llega a un lugar perdido en el mundo donde está naciendo un nuevo centro de recepción de jóvenes de las aldeas tribales. «Fuimos para visitar a los 18 jóvenes que hacen “home schooling” que están construyendo este centro con sus propias manos. El objetivo de este viaje era ver juntos como instalar un programa de formación basado en vivir la Palabra de Vida. Así comenzamos a trabajar con una nueva “periferia” – los jóvenes de las tribus- que la Iglesia local tiene en lo más profundo de su corazón»    

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La bendición de la larga vida

20140930-01El 28 de septiembre, en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco se encontró con los ancianos y los abuelos en la primera jornada internacional dedicada a la tercera edad, promovida por el Pontificio Consejo para la Familia. El encuentro tuvo como título: “La bendición de la larga vida”,  y coincidió con la Jornada de oración por el Sínodo de la Familia, inspirándose en las numerosas intervenciones del Papa que muchas veces recordó la tragedia de la “cultura del descarte” típica de “un pueblo que no cuida a sus ancianos”, descartándolos “con actitudes detrás de las cuales existe una eutanasia escondida” Francisco abrazó con afecto a Benedicto XVI, que estuvo presente durante la primera parte del encuentro: «Dije muchas veces que me gustaba mucho que él viviera aquí en el Vaticano, porque era como tener al abuelo sabio en casa. ¡Gracias!» «Como cristianos y como ciudadanos, -afirmó el Papa en su discurso – estamos llamados a imaginar, con fantasía y sabiduría, los caminos para afrontar este reto. Un pueblo que no custodia a los abuelos y no los tratan bien no tiene futuro: pierde la memoria, y se desarraiga de sus propias raíces. Pero cuidado: ¡ustedes tienen la responsabilidad de mantener vivas estas raíces en ustedes mismos!». 20140930-02El encuentro fue una ocasión para reafirmar que –como dijo Mons. Paglia, Presidente del Dicasterio para la Familia, «La ancianidad no es un naufragio sino una vocación: se prolongaron  los años de vida pero sobre este tema no se ha desarrollado una reflexión adecuada en la política ni tampoco en la economía, ni en la sociedad ni mucho menos en la cultura» «Se debe considerar la ancianidad y se debe considerar también el compromiso de los ancianos en el mundo y el de la Iglesia hacia ellos. Además de todos los aspectos civiles, existe una cultura que los ancianos pueden transmitir. Ellos pueden transmitir una cultura que esté especialmente atenta a no concebir la fragilidad de la vida como la tragedia final sino como un testimonio de esperanza en el más allá» El evento del 28 de septiembre está situado en la jornada de oración por el Sínodo sobre la familia, “lugar fundamental y primario donde los ancianos pueden vivir dentro de una trama de relaciones que los sostienen”, continúa diciendo Mons. Paglia – y que a su vez está llamado a dar vida a estas relaciones nuevas y a enriquecerlas. Los ancianos no son solamente objeto de atención y de cuidados sino también son sujetos de una nueva perspectiva de vida» Para acercarnos a esta dimensión de la vida aconsejamos della Ciudad Nueva di Buenos Aires: Y después… la luz  Pensamientos sobre la Eternidad  de Wilhelm Mühs.