29 Sep 2014 | Sin categorizar
El 28 de septiembre, a las 12.30 una conexión en directo vía internet marcó la conclusión de los trabajos de la Asamblea general de los Focolares. Se retoma el camino con el compromiso de vivir como “hombres-mundo”, según la expresión acuñada por Chiara Lubich y mencionada por el papa Francisco en la audiencia del 26 de septiembre: «Hombres y mujeres con el alma, el corazón, la mente de Jesús y por lo tanto, capaces de reconocer e interpretar las necesidades, las preocupaciones y las esperanzas que anidan en el corazón de cada ser humano». Durante la audiencia pudieron saludarlo algunos focolarinos de varias Iglesias y personas de convicciones no religiosas presentes. Las palabras que dirigió a los Focolares tuvieron mucha resonancia en los 494 representantes de 137 países. De hecho, era evidente la consonancia con las conclusiones a las que llegó la Asamblea general 2014 después de tres semanas de intenso trabajo – a partir de las más de 3000 instancias previas que llegaron de todo el mundo – y resumidas en las líneas guía que orientarán el compromiso del Movimiento en los próximos seis años. Son tres las palabras en las que se concentró el discurso de Francisco: contemplar (“sumergidos en la multitud, hombre junto a hombre”, citando un escrito de Chiara Lubich), salir, hacer escuela, acompañadas por la fuerte invitación a la gratuidad, la creatividad y el arte del diálogo, “que no se aprende barato”. También tres las palabras contenidas en las líneas guías surgidas de la Asamblea: salir, juntos, oportunamente preparados. Se trata de orientaciones que llevan como título el fin específico de los Focolares “Que todos sean uno”, y que ahora las comunidades de los Focolares, esparcidas en los cinco continentes, aplicarán según las necesidades concretas y las exigencias específicas de cada área geográfica. Ver también: Contemplar, salir, hacer escuela: las tres palabras de Francisco a los Focolares Entrevista a María Voce y a Jesús Morán Asamblea Focolares: un camino de unidad que se ve Documentación asamblea
28 Sep 2014 | Palabra de vida, Sin categorizar
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás». Jesús se ve ya como pan. Ese es, pues, el motivo de su vida en esta tierra. Ser pan para ser comido. Y ser pan para comunicarnos su vida, para transformarnos en él. Hasta aquí está claro el significado espiritual de esta Palabra, con sus referencias al Antiguo Testamento. Pero el discurso se vuelve misterioso y peliagudo cuando, más adelante, Jesús dice de sí mismo: «El pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo» (Jn 6, 51b) y «si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn 6, 53). Es el anuncio de la Eucaristía lo que escandaliza y aleja a muchos discípulos. Pero es el regalo más grande que Jesús quiere hacer a la humanidad: su presencia en el sacramento de la Eucaristía, que da la saciedad al alma y al cuerpo, la plenitud de la alegría, para la íntima unión con Jesús. Alimentados por este pan, ninguna otra hambre tiene ya razón de existir. Cualquier deseo nuestro de amor y de verdad es saciado por quien es el Amor mismo, la Verdad misma. «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás». Así pues, este pan nutre de Él ya en esta tierra, pero se nos da para que podamos a nuestra vez saciar el hambre espiritual y material de la humanidad que nos rodea. El mundo no recibe el anuncio de Cristo mediante la Eucaristía, sino más bien mediante la vida de los cristianos, alimentados por ella y por la Palabra, los cuales, predicando el Evangelio con su vida y con su voz, hacen presente a Cristo en medio de los hombres. Gracias a la Eucaristía, la vida de la comunidad cristiana se convierte en la vida de Jesús, una vida capaz de dar el amor y la vida de Dios a los demás. «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás». Con la metáfora del pan, Jesús nos enseña también el modo más verdadero y más «cristiano» de amar a nuestro prójimo. En realidad, ¿qué significa amar? Amar significa «hacerse uno» con todos, hacerse uno en todo lo que los demás desean, en las cosas más pequeñas e insignificantes y en esas que puede que a nosotros nos importen poco pero que interesan a los demás. Y Jesús ejemplificó de manera estupenda este modo de amar haciéndose pan para nosotros. Él se hace pan para entrar en todos, para hacerse comestible, para hacerse uno con todos, para servir, para amar a todos. Así pues, hagámonos uno también nosotros hasta dejarnos comer. Esto es el amor, hacernos uno de modo que los demás se sientan alimentados por nuestro amor, reconfortados, aliviados y comprendidos.
CHIARA LUBICH
Palabra de vida publicada en Ciudad Nueva n. 368 (8-9/2000), p. 24.
28 Sep 2014 | Sin categorizar

Foto: Antonio Oddi
“Pero a los ojos de Dios, ¿será más hermoso el niño que te mira con ojos inocentes, tan semejantes a la naturaleza límpida y tan vivos, o la jovencita que deslumbra como la lozanía de una flor apenas abierta, o el anciano marchito y encanecido, ya encorvado, casi del todo inhábil, quizá solamente en espera de la muerte? El grano de trigo es bello y está lleno de esperanza cuando -tan prometedor, más tenue que un tallito de hierba, agarrado a los granos hermanos que arracimados forman la espiga– espera madurar y desgajarse, solo e independiente, en la mano del agricultor o en el regazo de la tierra. Pero también lo es cuando, ya maduro, es escogido entre los otros, por ser mejor, para ser enterrado y dar vida a otras espigas: él contiene ahora la vida. Es bello, y es el elegido para las futuras generaciones de mieses. Pero cuando enterrado, marchitándose, su ser se reduce a poca cosa, más concentrada, y lentamente muere, pudriéndose, para dar vida a una plantita, distinta de él, pero que de él recibe la vida, tal vez entonces, es más bello todavía. Bellezas distintas. Y una más bella que la otra. Y la última, la más bella. ¿Verá Dios así las cosas? Esas arrugas que surcan la frente de la viejecita, ese andar curvo y tembloroso, esas pocas palabras llenas de experiencia y sabiduría, esa mirada dulce de niña y mujer a la vez, pero más buena que la una y la otra, es una belleza que nosotros no conocemos. Es el grano de trigo que, apagándose, está a punto de encenderse a una nueva vida, distinta de la primera, en cielos nuevos. Yo pienso que Dios ve así las cosas y que el aproximarse al Cielo es muchísimo más atrayente que las distintas etapas del largo camino de la vida, que en el fondo sirven sólo para abrir aquella puerta”. Chiara Lubich, QUIZÁ MÁS BELLO AÚN, Meditaciones, en Escritos Espirituales /1, Ciudad Nueva, Madrid, 1995, pp. 112.
26 Sep 2014 | Sin categorizar
Alegría, emoción, sorpresa y también curiosidad. Muchos y distintos sentimientos y también gran expectativa de los 500 participantes de la Asamblea general de los Focolares en audiencia con el Papa Francisco. El grupo, en efecto, está compuesto por personas procedentes de 137 países. Entre ellos hay católicos, cristianos de otras iglesias; hay también alguno que no tiene referencias religiosas.
Así se ha expresado la Presidente Maria Voce presentando a la Asamblea. Estaban reunidos en la Sala Clementina, en el Vaticano, y dirigiéndose al Papa le dijo: «Las personas aquí presentes, de varias edades, culturas, vocaciones, laicos y consagrados, vírgenes y casados, vivieron una experiencia apasionante de comunión en la cual, por el constante y siempre renovado amor recíproco, recorrieron un camino de discernimiento comunitario, en escucha del Espíritu, en la distinción de las líneas a seguir para poder responder a los dolores y a las esperanzas de la humanidad de hoy con nuestro específico carisma de la unidad» Fue significativa su mención a la Evangelii Gaudium: «Ésta fue casi una escuela-laboratorio para ejercitarnos en compartir, en pensar y trabajar con Jesús entre nosotros, redescubriéndonos el pueblo nacido del Evangelio y llamado por lo tanto, a vivir y testimoniar nuestro carisma y donarlo a todos. Su exhortación apostólica fue, sin duda, uno de los faros que iluminó nuestros trabajos». Otra nota significativa que testimonia el carácter “ecuménico” de la Asamblea de los Focolares: «Nos hemos sentido particularmente solicitados (llamados, interpelados) a buscar con fe nueva los posibles caminos para unirnos y que se produzca una participación cada vez más plena en la vida y en la conducción del Movimiento de los hermanos y hermanas cristianas de las varias Iglesias que lo integran» Y el Papa Francisco, alentando a vivir el carisma de la unidad hasta el fondo, se expresó de esta forma: «Queridos hermanos y hermanas: Os saludo a todos los que formáis la Asamblea General de la Obra de María y queréis vivirla plenamente insertados en el «hoy» de la Iglesia. Saludo de especial manera a Maria Voce, que ha sido ratificada como presidenta durante otro sexenio. Al darle las gracias por las palabras que me ha dirigido también en vuestro nombre, formulo a ella y a sus más estrechos colaboradores mis cordiales deseos de una provechosa labor al servicio del Movimiento, que durante estos años ha ido creciendo y enriqueciéndose con nuevas obras y actividades, incluso en la Curia Romana. Cincuenta años después del Concilio, la Iglesia está llamada a recorrer una etapa de la evangelización testimoniando el amor de Dios por toda persona humana, empezando por los más pobres y por los excluidos, y para fomentar con la esperanza, la fraternidad y la alegría el camino de la humanidad hacia la unidad.
La Obra de María –de todos conocida con el nombre de Movimiento de los Focolares– nació, en el seno de la Iglesia católica, de una pequeña semilla, que con el paso de los años ha dado vida a un árbol que ahora extiende sus ramas por todas las expresiones de la familia cristiana e incluso entre miembros de las diferentes religiones y entre muchos que cultivan la justicia y la solidaridad junto con la búsqueda de la verdad. Esta Obra surgió de un don del Espíritu Santo –¡sin duda!–, el carisma de la unidad que el Padre quiere dar a la Iglesia y al mundo para contribuir a realizar con incisividad y profecía la oración de Jesús: «Para que todos sean uno» (Jn 17, 21). Nuestro pensamiento va con gran afecto y gratitud a Chiara Lubich,, testigo extraordinaria de este don, quien durante su fecunda existencia llevó el perfume de Jesús a tantas situaciones humanas y a tantas partes del mundo. Fiel al carisma del que nació y del que se alimenta, el Movimiento de los Focolares se encuentra hoy ante la misma tarea que aguarda a toda la Iglesia: aportar, con responsabilidad y creatividad, su peculiar contribución a esta nueva época de la evangelización. La creatividad es importante: no se puede seguir adelante sin ella. ¡Es importante! Y, en este contexto, quisiera transmitir tres palabras a los que pertenecéis al Movimiento de los Focolares y a quienes, de diferentes maneras, comparten su espíritu y sus ideales: contemplar, salir y hacer escuela. (leer más el texto íntegro del Papa) (RV).- (Con audio)
26 Sep 2014 | Sin categorizar
Las tres historias que les presentamos nos abren un horizonte de vida completamente distinto a lo que estamos acostumbrados. No sólo la cárcel en sí misma, sino también la soledad, el abandono, la corrupción, la dificultad en acceder a los bienes de primera necesidad. Ante esta realidad, una oleada de vida que llega de parte de comunidades enteras, grupos de niños y de familias. Experiencias iluminadas por el Evangelio, y por una sola palabra: «Estaba encarcelado y me visitaste» (Mt. 25,37). Kikwit. La primera visita a la cárcel, este año, fue la de las comunidades locales, todos juntos, aproximadamente unas 300 personas. «Luego de haber puesto en común nuestros bienes – escriben Jean Kuvula y Nicole – vestidos, zapatos, mandioca, maíz, verduras, pondu (verdura preparada con las hojas de la mandioca), jabón, sal, nos dimos cita en la entrada de la penitenciaría. El conjunto musical “Gen Unité” se había preparado bien para las canciones de la Misa. Apenas nos ubicamos, entraron los detenidos, por grupos. Después de la Misa, solemne y muy bonita, el director nos presentó. ¿El motivo de nuestra visita? “Queremos compartir con ustedes el momento doloroso que están viviendo, y decirles que Dios los ama. Nosotros rezamos por ustedes. Quisiéramos que estén seguros de que Jesús les permitirá salir de aquí y que no volverán a cometer nada malo”. Una vez repartida la ropa a quienes la necesitaba, las demás cosas las entregamos al director. Luego compartimos con ellos experiencias sobre la Palabra de Vida, con la propuesta de hacer llegar cada mes la hojita con la explicación de la Palabra de Dios. Muchos lloraban de la emoción. Agradeciéndonos, el director nos dijo que muchos de los presos están completamente abandonados». También los y las gen 4 (los niños de los Focolares) de Kikwit, cada año, en la víspera del día de Navidad, tienen la costumbre de visitar a los presos de la cárcel central. «Los niños habían llevado ropa, zapatos, alimentos – escribe Jean – y era raro ver que había muchos zapatos para adultos, lo que demostraba que los padres apoyaban esta iniciativa. Un gen 4 tomó la palabra y explicó: “Tenía hambre y tú me diste de comer. Tenía sed y tú me diste de beber. Estaba preso y tú me visitaste. Es éste el motivo por el cual venimos aquí. Ustedes son Jesús a quien venimos a visitar”. Y otro gen 4: “Maman Chiara nos dice que tenemos que amar a todos y celebrar el cumpleaños de Jesús. Jesús mañana nacerá y él quiere consolarlos a ustedes que están sufriendo. Les dice que tienen que perseverar en Su amor y quiere que puedan salir. Jesús desea que se arrepientan y que no vuelvan a hacer cosas malas, para no volver a la cárcel”. Después de estas palabras hubo un gran silencio. Un detenido preguntó de dónde veníamos, y dijo que nunca había visto que tantos niños (alrededor de 200) en representación de todas las parroquias de Kikwit, fueran a visitar a los presos. El director, agradeciendo a todos los gen 4, dijo que Dios los había enviado, porque el día anterior ya no había nada que comer».
En Goma, por otra parte, empieza el proyecto de un comedor en la cárcel central. André Katoto y Julie, responsables del lugar, cuentan: «Durante nuestra última visita a la cárcel central, en abril de 2014, descubrimos la falta de porciones regulares de comida. Los detenidos reciben alimentos de parte de sus familias y están autorizados a venderlos dentro de la penitenciaría, donde quedan esparcidos por el patio y en el suelo. Este método, tolerado por la dirección, justifica a las autoridades provinciales que no proveen la comida. Nació así la idea de crear un comedor en la cárcel, pero ¿cómo realizarla? Tratamos de comunicarnos con el Ministro provincial de Justicia. Lo encontramos por casualidad en el hospital. Ésta fue la ocasión para presentar nuestra idea como una solución duradera al problema de acceso a los bienes de primera necesidad. El ministro nos ha asegurado su apoyo y nos ha enviado donde dos de sus consejeros para estudiar la factibilidad. Ahora estamos esperando la apertura del comedor».
25 Sep 2014 | Sin categorizar
Hablan delante de Mons. Maradiaga, presidente de Caritas internationalis, de Mons. Paglia, del Pontificio Consejo para la Familia, y de los 150 participantes al seminario (Roma 18 de Septiembre de 2014), provenientes de varias partes del mundo. A esta familia de Maddaloni (Caserta-Italia), ciudad definida “en riesgo” – marcada por la dolorosa experiencia de la pérdida de un hijo de 3 años de edad – se le pide dar un testimonio sobre cómo reconstruir la esperanza y la solidaridad en las familias de hoy. De hecho, su tercer hijo, José, muere tras las complicaciones de una banal gripe, con sólo 3 años y tres meses de edad. «Cuando me dieron la noticia pensé que estaba soñando. Luego, un dolor desgarrador y la seguridad de que antes que nada Gino y yo teníamos que vivir esa situación unidos. Viví esos momentos sintiendo una fuerte presencia de Dios que, aún permitiendo ese dolor, me tenía entre sus brazos. Una familia, con la que compartíamos un camino de fe, nos propuso pasar un tiempo juntos en Loppiano, la ciudadela de los Focolares, cerca de Florencia». Para Gino fue distinto: «Con la muerte de José, me sentí defraudado no sólo como padre, sino también como médico. Yo por mi trabajo ayudo a muchos a recuperarse, y… ¡no pude hacer nada por mi hijo! Por lo tanto, sentí oscuridad y dolor. Sin embargo quise dejarme guiar por Elisa y con gusto la acompañé». Sumergidos en la vida de la ciudadela «sentimos crecer en nosotros la fuerza de transformar nuestro dolor en Amor». Nacieron otros 2 niños. «Si no hubiéramos tenido bien firme la certeza de que todo lo que había pasado, también la pérdida José, era por un designio de Dios que nos amaba, nunca hubiéramos tenido la fuerza de dar a luz a otros hijos». Con algunos parientes y amigos, Elisa y Gino decidieron dar vida a una Fundación que llevara el nombre de José, indicando entre las finalidades el desarrollo de la cultura de la adopción temporal «para responder a un llamado de Chiara Lubich, que invitaba a las familias a vaciar los orfanatos y a dar una familia a cada niño». Esto «no nacía para recordar a nuestro hijo, sino de la exigencia de seguir donando ese amor que ya no le podíamos dar a él. Queríamos que el motor de la Fundación fuera la “cultura del dar”». Este tipo de adopción consiste en el acoger temporalmente a un niño en la propia familia, en espera de que se resuelvan las dificultades de la de origen. En la mitad de los años ’90, cuando empezó esta experiencia, en Italia era una propuesta de vanguardia. Se empezó con la formación de las familias adoptantes (a la fecha son un centenar), con el apoyo sicológico y material, hasta realizar una casa-familia para los niños en situación de abandono. Fue una de las primeras estructuras de la Región Campania. Desde entonces trabaja en sinergia con las administraciones locales y las instituciones religiosas, pidiendo espíritu de acogida y servicio a cada miembro de la Fundación. «Aún recordamos nuestra primera adopción temporal – nos confían los cónyuges Ferraro -: una niña de 9 meses, Adjaratu. Todavía resuenan en nosotros las palabras del entonces dirigente de los servicios sociales: “¡Ustedes no saben qué camino peligroso están abriendo!” Para decir la verdad no hemos encontrado peligros. Pero sí dificultades y fatigas, superadas tratando de vivir con radicalidad ese amor evangélico que nos había impulsado a trabajar y que, con sus increíbles ramificaciones, en estos 20 años se ha vuelto cada vez más visible».