12 Jun 2014 | Sin categorizar
Burundi. «En 1994, esta área sufrió eventos dramáticos, cuentan los funcionarios de la Asociación AMU . La población se vio envuelta en homicidios, represalias, robos, destrucción masiva de casas y bienes. Las condiciones de vida y de higiene son todavía hoy muy deplorables, y afectan sobre todo a las mujeres y a los niños. Las familias vulnerables de estas municipalidades son muy numerosas y muchos de sus niños no van a la escuela; a menudo están conformadas por mujeres solas con hijos, debilitadas por años de guerra y de privaciones, y no tienen recursos de ningún tipo, ni perspectivas de mejoría». En el curso del 2014, se inició junto con la asociación local CASOBU, un nuevo proyecto en el área metropolitana de Buyumbura, en colaboración con la Asociación Hombre Mundo de Treviso (Italia) y con el co-financiamiento de la Región italiana de Véneto. En la elaboración del proyecto, en diálogo con los beneficiarios, las instituciones y el personal de CASOBU, identificaron algunas necesidades prioritarias. Para un total de 1.500 personas, se tratará de responder con una serie de actividades a favor de 250 familias vulnerables. Camerún. Se concluyó la construcción del pozo de agua de Nega (Camerún), que se ha convertido en un centro de encuentro donde compartir. «Se puede decir que todos, grandes, pequeños, ancianos, han participado en la construcción del pozo – “AMU Notizie” n. 4/2013) – mediante la mano de obra y el transporte de piedra y arena. Un pequeño aporte anual para el mantenimiento es solicitado a cada familia según las posibilidades de cada uno, gracias a la venta de cacao y otros productos cultivados. Esta participación directa hace que todos sientan el pozo como algo propio, como un bien que hay que tutelar». Anteriormente los habitantes de la aldea habían sido informados y formados, en los encuentros de la comunidad, sobre el cuidado del pozo y sobre cómo utilizar el agua con responsabilidad. El pozo además ha sido construido en un sitio de paso, de modo que los viajeros lo pueden aprovechar. El padre Simón Pierre, sacerdote de la parroquia local escribe: «Sin exagerar podemos decir que la construcción del pozo ha producido frutos visibles en la aldea. Todos beben agua potable y por lo tanto hay una mejoría en la salud. Por ejemplo, ha disminuido el número de personas con problemas abdominales. El pozo se ha convertido en un lugar de encuentro donde las personas comparten entre ellas y esto contribuye a unir a la comunidad». Fuente: AMU Notizie n. 2/2014
11 Jun 2014 | Sin categorizar
A principios de los años ’60, Sicilia se encontraba muy lejos de Trento, parecía inalcanzable. Sin embargo, desde aquellos años, a través de un primer grupo de focolarinos se difunde la espiritualidad de la unidad en muchas ciudades de la isla del extremo sur de Italia. Entre éstas, Scicli, un municipio italiano de 25 mil habitantes. Scicli es una joyita barroca declarada patrimonio de la humanidad. Un pueblo, que al igual que Agrigento, Pozzallo, y otros que escuchamos nombrar por la continua llegada de emigrantes del norte de África, se asoma al Canal de Sicilia y se encuentra en el centro del nuevo flujo migratorio de estos años. La gente del lugar es acogedora por naturaleza, pero la propuesta de Jesús del “Que todos sean uno” (Jn 17, 21) y la sugerencia de Chiara Lubich de trabajar para conquistar a Dios la propia ciudad, ha estimulado, con el transcurso de los años, a la comunidad sciclitana de los Focolares a aprovechar todas las ocasiones para acoger a muchos, a establecer un diálogo con los cristianospertenecientes a otras iglesias y a concretar el apoyo a jóvenes emigrantes.
“En nuestras ciudades viven hermanos que pertenecen a la Iglesia Metodista”, cuenta Ignazio Ventura, de Scicli. Ya desde los años ’90 nació con ellos un profundo diálogo de comunión, de intercambio de ideas, Decidimos juntos realizar una comida semanal para los numerosos emigrantes que viven en nuestra ciudad”. “Hichem y Samia son una joven pareja tunecina que hace poco viven en Scicli. Los apoyamos en la construcción de su modesta casita. Con preocupación por su precariedad económica, nos confían que esperan un hijo, y que es el amor concreto de muchos lo que les da la confianza para llevar adelante el embarazo. A causa de una malformación, el nacimiento de Deyssem, después de los primeros momentos de alegría, se transforma en una preocupante carrera contra el tiempo. ¡Hay que operarlo de forma inmediata! Nos quedamos a su lado en ese delicado momento. Hay que organizar el traslado a Roma. Una persona de la comunidad se ofrece para acompañar al niño y a su papá. La operación resulta un éxito y ¡el pequeño se salva!. En ese periodo, junto con otras instituciones comienza el centro de acogida intercultural “La Sorgente” (La Naciente), que responde a la solicitud de la Municipalidad de impartir lecciones de italiano a los jóvenes inmigrantes, tres veces por semana, durante dos años consecutivos. Nace un espectáculo musical en el cual los jóvenes norafricanos y de Scicli dan lo mejor de sí mismos.
Inspirándose en el ‘Manifiesto’ “Una ciudad no basta”, que Chiara entregó a las nuevas generaciones, a partir del 2005 los Chicos por la Unidadse ocupan de los niños alojados en un centro diurno, que dirigen unas religiosas. Allí los niños que viven en situaciones especiales almuerzan y pasan la tarde. Se establecen turnos para pasar juntos momentos de juego y para realizar las tareas escolares. La trabajadora social y la psicóloga, afirman que la presencia de los Chicos por la Unidad es muy importante para los niños. En el 2006 solicitan a las familias de los Focolares que contribuyan con la formación de las familias de los niños del Centro. Son familias albanesas, con cultura y religión distintas; familias divididas con padres en la cárcel o con arresto domiciliario…. “Nuestra cercanía al Centro y a las Religiosas nos ha permitido establecer una relación de ayuda y apoyo recíprocos, también cuando no se podía hacer otra cosa que escuchar o acompañarlos ensus sufrimientos. Nace así el proyecto “Una mesa, una familia”, una comida para unas sesenta personas que se realiza un domingo al mes” “Estamos experimentando –concluye Ignazio- que el espíritu de familia se construye más allá de toda barrera cultural. Es verdad que donándose a los demás, se experimenta la paz en el alma, la libertad de los hijos de Dios”.
31 May 2014 | Sin categorizar
“Al concluir el año académico, es especialmente significativo que el Instituto Universitario Sophia (IUS), acoja como parte de las «Cátedras de Sophia» al prof. Donald Mitchell, profesor emérito de Filosofía Asiática y Comparada de la Purdue University (Indiana – USA)”. Así introdujo la velada del 16 de mayo Paolo Frizzi, primer doctor en investigación que concluye el Doctorado en Sophia, precisamente con un estudio sobre el diálogo interreligioso. “Es un año muy especial –prosiguió- por las perspectivas que se han abierto en este sector de estudio. Hace pocos meses iniciamos un nuevo curso, a cargo de varias personas, sobre Teología de las Religiones y del Diálogo Interreligioso, abriendo una original propuesta interdisciplinaria de investigación. No hace más de dos meses, el IUS acogió a dos delegaciones de budistas de Tailandia y de Japón. Y henos aquí, para proseguir la exploración de un horizonte de gran actualidad”. El 16 de mayo estuvieron presentes más de 150 personas interesadas e involucradas en el tema. Bastaron pocas palabras para describir el intenso itinerario de vida y los cargos de alto nivel del Prof. Mitchell: desde el descubrimiento de la mediación Zen al acercamiento a la Iglesia Católica, hasta el encuentro con la espiritualidad de los Focolares y con Chiara Lubich, precisamente en Loppiano (donde el IUS tiene su sede).
Especializado ya en los años ’70 en budismo, cristianismo y en el diálogo budista-cristiano, en un momento histórico en el que el diálogo se prefiguraba cada vez más como un método privilegiado de encuentro interreligioso, a partir de ese momento, Mitchell puso su experiencia y competencia al servicio de numerosas realidades que se fueron desarrollando en ese ámbito. A lo largo de los años, su actividad lo ha conducido a calificarse en el más alto nivel; es conocido como uno de los asesores más estimados, y promotor de importantes Cumbres internacionales Cristiano-Budistas. Ha estrechado así relaciones con reconocidos exponentes de las distintas áreas del budismo. Entre ellos, Gishin Tokiwa, profesor de budismo Zen en Japón y presidente de la F.A.S. Society, fundada por Shin’ichi Hisamatsu, en cuya historia y pensamiento encontró una profunda consonancia con el itinerario y el espíritu de Chiara Lubich y de los Focolares. Una viva sintonía ha caracterizado también el encuentro y el diálogo con Keiji Nishitani, uno de los más famosos filósofos japoneses del siglo XX, y con muchos otros, incluso el Dalai Lama. El sabio equilibrio que caracteriza la producción del Prof. Mitchell, entre el desafío teológico y la experiencia en el campo, presentó un aspecto original: lo que muchas veces falta, de hecho en la literatura y en el debate sobre las relaciones interreligiosas, es precisamente ese equilibrio, esencial para quien quiera comprender qué significa encontrarse realmente con el otro.
Desde esta perspectiva, en su discurso se hizo evidente cómo el diálogo interreligioso, que a menudo, actualmente, responde a situaciones de conflicto, lleva consigo un gran potencial de paz y de progreso social y espiritual, siempre y cuando –como afirmaba en su tiempo el Card. Jean-Louis Tauran, presidente con Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso– “sea patrimonio de todos y no de una élite”. “Mi esperanza –concluyó el profesor- es que los movimientos religiosos laicos de hoy, de todas las religiones, que comparten muchos valores, puedan colaborar en la construcción de una única familia humana, haciéndose cargo también de los niños y de la naturaleza. Chiara Lubich escribió “Sean una familia”. Pienso que tenemos necesidad de ver un llamado profético en esto”.
29 May 2014 | Sin categorizar
Concluyendo el viaje del Papa Francisco en Tierra Santa, reportamos un escrito de Igino Giordani que expresa la gran conmoción y expectativa por aquellas jornadas verdaderamente históricas de cincuenta años atrás. Nuestro autor se compenetra en la peregrinación de Pablo VI dentro del marco más amplio del evento conciliar, que en aquéllos días concluía la segunda sesión de sus trabajos. Es extraordinaria la actualidad de los puntos de vista y de reflexión, muy en consonancia con el momento actual de la Iglesia. «Juan XXIII instauró un espíritu joven en la convivencia eclesial, y Pablo VI resume juvenilmente todos los aportes más espiritualmente innovadores, conduciendo con firmeza el Concilio hacia conclusiones vitales, para católicos y no católicos, para blancos y personas de color, para bautizados, judíos, paganos de cualquier país y casta. Su genial iniciativa de trasladarse a Tierra Santa muestra el espíritu con el cual espera lanzar un puente en el mundo. En Palestina, en Belén, en Nazaret, en Jerusalén, el Papa vuelve al origen: allá donde Jesús predicó la verdad simple, entera, el gran mandamiento nuevo, instituyó los sacramentos y dio su vida para devolvernos a nosotros la vida. En esa tierra, donde está el origen de la religión, no existen contrastes entre cristianos: los contrastes llegaron después. En el Cenáculo, alrededor de Pedro y María, los fieles formaban un corazón sólo y un alma sola: ellos escuchaban el testamento de Jesús para que fuesen “todos uno”. Y en cierto sentido, no hay contrastes ni siquiera entre cristianos, judíos y musulmanes, dado que para las tres religiones, esos lugares son sagrados.
Pablo VI va a rezar a las iglesias y en monumentos, que los hombres han convertido en centros de discordia, sacando de recuerdos de paz y perdón noticias de conflictos armados y de odios fratricidas. Y en cambio el Santo Padre va a pedir inspiración para reencender fuerzas de renovación y de unión, desde el Cenáculo, donde Jesús proclamó la ley de la unidad y donde el Espíritu Santo animó a la primera Iglesia. Y con ella la unión y la paz, fruto de la renovación de los espíritus, que Juan XXIII recordó al mundo a través de la Encíclica Pacem in terris. “Veremos aquél suelo bendito, desde donde Pedro partíó y al cual no volvió nunca un sucesor suyo –escribe Pablo VI-: nosotros humildemente y brevísimamente volveremos allí como un signo de oración, de penitencia y de renovación espiritual para ofrecerle a Cristo su Iglesia; para convocar a ella, única y santa, a los hermanos separados; para implorar la divina misericordia en favor de la paz entre los hombres, la paz que en estos días aparece débil y vacilante; para suplicar a Cristo Señor por la salvación de toda la humanidad”. Así pues, los objetivos de la peregrinación son los objetivos del Concilio, que en la persona del Papa se traslada a Palestina: renovación, unidad, paz…. Su peregrinación, de oración y penitencia, es exclusivamente por motivos religiosos, señala la voluntad de la Iglesia de los pobres de referirse al fundamento de las virtudes evangélicas, condicionadas por la humildad; esa humildad que en la casita de Nazaret encontró la más pura expresión y la más conmovedora exaltación en el “Magnificat del Ancilla Domini”. Desde este fundamento floreció la caridad: Cristo, que da amor y quiere amor: “¿Me amas tú más que éstos?…”. Este amor más grande de Pedro, explica el acto de humildad por el cual Pablo VI pidió perdón a los hermanos separados, si hubo culpa de la parte católica, en el discurso a los observadores católicos del Concilio. Volver a los orígenes (…) es retomar fuerza: renacer»
27 May 2014 | Palabra de vida, Sin categorizar
Jesús se refería también a todos nosotros, que tendríamos que vivir en medio de la vida compleja de cada día. Como Amor encarnado que es, habrá pensado: yo quisiera estar siempre con los hombres, quisiera compartir con ellos sus preocupaciones, quisiera aconsejarles, quisiera caminar con ellos por los caminos, entrar en las casas, reavivar su alegría con mi presencia. Por eso quiso permanecer con nosotros y hacer que sintiésemos su cercanía, su fuerza y su amor. El Evangelio de Lucas cuenta que después de haberlo visto ascender al cielo, sus discípulos «se volvieron a Jerusalén con gran alegría» (Lc 24, 52). ¿Cómo podía ser? Porque habían experimentado la realidad de esas palabras suyas. También nosotros estaremos llenos de alegría si creemos de verdad en la promesa de Jesús: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo». Estas palabras, las últimas que Jesús dirige a sus discípulos, marcan el final de su vida terrena y, al mismo tiempo, el inicio de la vida de la Iglesia, en la cual está presente de muchos modos: en la Eucaristía, en su Palabra, en sus ministros (los obispos, los sacerdotes), en los pobres, en los pequeños, en los marginados…, en todos los prójimos. A nosotros nos gusta subrayar en particular una presencia de Jesús: la que Él mismo nos indicó en este mismo Evangelio, el de Mateo: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). Mediante esta presencia, Él quiere poder establecerse en cualquier lugar. Si vivimos lo que Él manda, especialmente su mandamiento nuevo, también podemos experimentar esta presencia suya fuera de las iglesias, en medio de la gente, en los lugares donde la gente vive, por todas partes. Lo que se nos pide es ese amor mutuo, de servicio, de comprensión, de participación en los dolores, en las ansias y en las alegrías de nuestros hermanos; ese amor que todo lo cubre y que todo lo perdona y que es propio del cristianismo. Vivamos así para que todos tengan la oportunidad de encontrarse con Él ya en esta tierra.
Chiara Lubich
Palabra de vida publicada en Ciudad Nueva n. 387 (5/2002), p. 24.
26 May 2014 | Sin categorizar